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Patxi Iribarri
Sábado, 17 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

Últimas noticias: la vaca, especie mitológica

[Img #29600]Yo ya lo tengo asumido. No lo digo con rabia, lo digo con cansancio, que es peor. Dentro de unos años, cuando un niño vea una vaca, preguntará si es de verdad o una recreación histórica subvencionada por la Unión Europea.

 

—Aita, ¿eso qué es?
—Una vaca.
—¿Y para qué servía?
—Para todo. Por eso la quitaron.

 

Ser ganadero hoy es como ser fumador en un quirófano. Todo está mal, todo molesta, todo contamina. La vaca respira mal, eructa mal, defeca fatal y encima no pide perdón. Imperdonable.

 

Antes el ganado daba leche. Ahora da problemas. Cada vaca viene con más papeles que un funcionario en prácticas. Que si trazabilidad emocional, que si bienestar psicológico del rumiante, que si el estiércol tiene sentimientos encontrados. Yo ya no sé si ordeño o hago terapia.

 

Las exigencias no paran. Que si menos emisiones, que si más espacio, que si menos antibióticos, que si más sensores, que si informes trimestrales sobre la autoestima del ternero. Todo muy científico, todo muy socialista, todo muy lejos del barro.

 

El resultado es sencillo: no habrá ganaderos. No porque no quieran, sino porque no podrán. Porque nadie puede vivir trabajando dieciséis horas para acabar debiendo dinero, pidiendo disculpas y rellenando formularios.

 

La Unión Europea dice que hay que modernizar el campo. Modernizar, en su idioma, significa hacerlo imposible. Que el ganadero sea ingeniero ambiental, abogado administrativo y experto en PowerPoint. Y si no puede, pues que cierre: ya traerán la leche de no sé dónde, producida por alguien que no cumple ninguna norma de las que aquí nos ahogan.

 

Eso sí, luego nos explicarán que es por el planeta. Siempre es por el planeta. El planeta debe de estar encantado viendo desaparecer a la gente que lo ha cuidado toda la vida.

 

Yo ya me imagino el futuro: parques temáticos rurales. “Aquí vivían ganaderos”. Audioguías, códigos QR y una vaca de plástico hecha con materiales reciclables. Los políticos vendrán a hacerse fotos con cara grave, prometiendo proteger lo que ellos mismos liquidaron.

 

Y mientras tanto, en el supermercado, carne sintética, leche de almendra que no ha visto una almendra en su vida y huevos de gallinas empoderadas que viven en LinkedIn.

 

Pero no pasa nada. Nos dirán que es progreso. Que es sostenible. Que es inevitable. Y que, por supuesto, es culpa nuestra.

 

Yo solo pido una cosa: cuando la última vaca desaparezca, que al menos nos dejen guardar el cencerro. Para que suene de vez en cuando y alguien recuerde que aquí hubo campo, hubo ganado… y hubo sentido común.

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