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Martes, 20 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:
Inteligencia animal

Una vaca revoluciona el dogma científico al usar herramientas con inteligencia flexible, como los primates

[Img #29615]Una investigación experimental demuestra por primera vez que el ganado bovino puede emplear una misma herramienta para distintos fines, adaptando su uso según el contexto. El hallazgo obliga a replantear décadas de prejuicios sobre la inteligencia animal… y sobre nuestra relación con los animales de granja.

 

Durante más de un siglo, la ciencia ha reservado el uso inteligente de herramientas para una élite cognitiva: primates, córvidos y, en contadas ocasiones, elefantes. Las vacas —símbolo histórico de docilidad, rutina y explotación— jamás habían sido invitadas a ese club. Hasta ahora.

 

Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio (en inglés) por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502

 

Un estudio publicado en la prestigiosa revista Current Biology acaba de documentar algo que hasta hace poco habría parecido una broma: una vaca que utiliza una herramienta de forma flexible, anticipando su efecto y adaptando su técnica según la parte del cuerpo que quiere tratar. No se trata de un comportamiento anecdótico ni de una observación casual, sino de un experimento controlado, repetido y analizado estadísticamente .

 

La protagonista se llama Veronika, es una vaca doméstica (Bos taurus) y ha demostrado una capacidad cognitiva que rompe un viejo tabú científico.

 

Una herramienta, dos funciones, una decisión consciente

 

El experimento fue tan sencillo como revelador. Los investigadores colocaron frente a Veronika una escoba de limpieza con dos extremos claramente distintos:

 

  • un cepillo de cerdas duras,

  • y un palo liso.

 

La vaca debía usarla —si quería— para rascarse zonas de su propio cuerpo que no podía alcanzar de otro modo. Lo que ocurrió dejó atónitos a los científicos. Veronika no solo usó la herramienta de forma repetida y eficaz. Eligió conscientemente qué extremo emplear según la zona del cuerpo:

 

  • Usó las cerdas para zonas altas y de piel más dura.

  • Cambió deliberadamente al palo liso cuando se rascaba áreas sensibles como la ubre o el abdomen.

 

No fue un gesto automático ni aleatorio. El análisis estadístico confirmó que la elección del extremo dependía del objetivo, no del azar. Además, Veronika ajustaba su agarre antes de actuar, anticipando el efecto de la herramienta y modificando su técnica de uso según la tarea.

 

En términos cognitivos, esto tiene un nombre muy serio: uso flexible y multipropósito de herramientas. Y hasta ahora, ese comportamiento solo se había demostrado de forma consistente en chimpancés.

 

El estudio va más allá de ser una anécdota curiosa. Su conclusión es incómoda: no es que las vacas no sean inteligentes, es que nunca les hemos dado la oportunidad de demostrarlo. 

 

Durante milenios, el ganado ha sido criado en entornos empobrecidos, diseñados para la productividad, no para la exploración ni el aprendizaje. En ese contexto, capacidades cognitivas complejas simplemente no emergen. Pero cuando las condiciones lo permiten, estaban ahí.

 

El trabajo recuerda que las dos grandes especies de ganado bovino —Bos taurus y Bos indicus— se separaron evolutivamente hace más de 500.000 años, lo que sugiere que esta capacidad no es un efecto reciente de la domesticación, sino una herencia profunda del linaje bovino .

 

El artículo lanza una pregunta incómoda, casi moral:
si una vaca puede planificar, elegir, anticipar y usar herramientas…
¿qué dice eso de la forma en que tratamos a los animales que comemos?

 

Los autores apuntan directamente al llamado “paradigma de negación mental”: la tendencia humana a subestimar la mente de los animales destinados al consumo para reducir el conflicto ético. Veronika no solo desafía un dogma científico; desafía una coartada cultural.

 

La investigación se cierra con una frase que parece escrita para la historia de la ciencia:

 

“Quizá lo verdaderamente absurdo no sea imaginar una vaca usando herramientas, sino haber asumido durante tanto tiempo que eso era imposible”.

 

A partir de ahora, esa excusa ya no sirve.

 

 

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