Domingo, 25 de Enero de 2026

Actualizada Domingo, 25 de Enero de 2026 a las 09:59:22 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Miércoles, 21 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

Davos 2026 certifica el fin de la globalización

El Foro Económico Mundial se convierte en escenario de una ruptura histórica: Europa busca su independencia estratégica, Trump amenaza con aranceles a aliados, y China intenta sostener un modelo que se desmorona. La era del libre comercio sin fronteras ha quedado atrás.

 

[Img #29622]

 

En las gélidas calles de Davos, donde durante medio siglo la élite global celebró el evangelio del libre comercio, se escenifica esta semana el funeral de la globalización. No con lamentos, sino con la frialdad de quien certifica un deceso inevitable.

 

El termómetro marcaba siete grados bajo cero el martes por la mañana cuando Emmanuel Macron subió al estrado del Congreso de Davos. Sin temor al ridículo, llevaba gafas oscuras de aviador, como quien se prepara para un vuelo en solitario, y su mensaje fue tan gélido como el paisaje alpino: dijo que Europa prefiere "el respeto antes que a los matones" y, paradójicamente, invitó a China a hacerse con el control económico del viejo continente. Para el pequeño Napoleón francés, el presidente peor valorado de la reciente historia gala, todo vale para marchar contra Donald Trump.

 

El líder norteamericano, desde Washington, había elevado la temperatura geopolítica publicando imágenes generadas con inteligencia artificial donde planta la bandera estadounidense en Groenlandia. "Territorio de Estados Unidos, establecido en 2026", rezaba el cartel. No era humor. Era una declaración de intenciones en un mundo donde las viejas reglas ya no aplican.

 

El viceprimer ministro chino He Lifeng intentó el martes una defensa casi nostálgica del sistema que catapultó a su país a potencia mundial. "Los aranceles y las guerras comerciales no tienen ganadores", advirtió ante una audiencia que lo escuchaba con escepticismo cortés. China, arquitecto y beneficiario principal de la globalización durante tres décadas, se encuentra ahora en la paradoja de tener que defender un orden que Washington dinamita y Europa abandona por incapacidad.

 

Porque la capitulación europea es quizá la señal más elocuente del cambio de era. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, mientras lucha por superar una nuve amoción de censura en su contra, no habló de mantener el orden liberal. Habló de construir "una nueva forma de independencia europea". La semántica es reveladora: ya no se trata de interdependencia, sino de independencia. 

 

El mismo fin de semana, en Paraguay, Europa firmó el acuerdo comercial con Mercosur creando la mayor área de libre comercio del mundo. Pero nadie se equivoque: no fue un gesto de fe en la globalización. Fue un movimiento de ajedrez en un tablero fragmentado. Europa busca aliados económicos precisamente porque, según los caciquez sociasldemócratas de la UE, Estados Unidos ya no es un socio confiable.

 

El Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial lo certifica con frialdad estadística: la confrontación geoeconómica es la principal amenaza mundial, desplazando incluso al conflicto armado entre estados. El 68% de los líderes y expertos consultados prevé un mundo más fragmentado y multipolar durante la próxima década. Solo un 6% —una minoría casi testimonial— espera el resurgimiento del orden internacional de posguerra.

 

No son proyecciones abstractas. Son diagnósticos sobre un paciente terminal. La globalización, entendida como ese proyecto de integración económica que prometía elevar a todas las naciones mediante la eliminación de barreras comerciales, agoniza entre aranceles, restricciones a exportaciones de semiconductores, amenazas de guerras económicas a gran escala con bloqueos portuarios y amenzas totalitarias como la Agenda 2030.

 

Si algo evidencia la desglobalización es el debate sobre inteligencia artificial que ha dominado Davos. Dario Amodei, CEO de Anthropic, comparó la venta de chips avanzados a China con "vender armas nucleares a Corea del Norte". La tecnología, que prometía conectar al mundo, se convierte en el arma definitiva de la fragmentación.

 

Estados Unidos e Europa avanzan por caminos separados hacia la era de la IA. China construye su propio ecosistema tecnológico. Ya no hay estándares globales, sino bloques tecnológicos en competencia. La llamada "soberanía digital" —otro eufemismo para la fragmentación— es la nueva doctrina.

 

Incluso el FMI, tradicional guardián del orden económico liberal, reconoce que el repunte del crecimiento global previsto para 2026 (3,3%) se debe no a la integración comercial sino a inversiones nacionales en tecnología. El motor ya no es el comercio internacional, sino la carrera por el dominio tecnológico dentro de cada bloque.

 

Hay una ironía cruel en que este Foro se celebre bajo el lema "Espíritu de diálogo". El diálogo requiere un lenguaje común, valores compartidos, un mínimo de confianza. Nada de eso existe ya en Davos. Los líderes europeos denunciaban a Trump sin nombrarlo mientras el presidente estadounidense publicaba vergonzosos mensajes privados de Macron y filtraba no menos vergonzosas conversaciones con el secretario general de la OTAN.

 

Cuando Trump llegue al estrado, no vendrá a dialogar. Vendrá a dictar términos. Y Europa, China, y el resto del mundo tomarán nota y ajustarán sus estrategias en consecuencia. Así funciona un mundo fragmentado: no con negociaciones multilaterales, sino con imposiciones unilaterales y respuestas en espejo.

 

Los más próximos a Trump ya han caldeado el ambiente. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el de Comercio, Howard Lutnick, se expresaron con desprecio sobre la UE y sus dirigentes en sus intervenciones públicas. Bessent mostró estupor por la airada respuesta de la UE a las amenazas arancelarias de Trump si no se acepta su anexión. Además, dejó claro que en la cuestión de Groenlandia "no hay vuelta atrás" y que no pueden ceder a Dinamarca una cuestión de seguridad de Estados Unidos. 

 

Hay que tener en cuenta que no han asitido  figuras clave como el presidente chino Xi Jinping, los líderes de Brasil e India, ni inicialmente el presidente ucraniano Zelenskyy (quien finalmente confirmó su ausencia). Pedro Sánchez tampoco asiste debido al accidente ferroviario de Córdoba.

 

El foro se desarrolla con una tensión palpable entre el imperativo del diálogo que proclama su lema y la realidad de un orden internacional bajo presión máxima, donde las viejas certezas se desmoronan y las nuevas reglas del juego están aún por escribir.. El funeral ha comenzado. Los asistentes visten de riguroso traje oscuro y pronuncian elegías sobre un muerto que nadie se atreve a llorar de verdad.

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.