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Patxi Iribarri
Viernes, 23 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

Mercosur entra en el caserío

[Img #29651]Me he enterado de que la Unión Europea ha firmado un acuerdo con Mercosur. No sé muy bien qué es Mercosur, pero suena a sitio lejano donde las vacas todavía no rellenan formularios. Con eso ya lo digo todo.

 

Dicen que es una gran oportunidad. Siempre lo es. Una oportunidad histórica, estratégica y sostenible. Cuando un acuerdo trae tantos adjetivos, conviene agarrar bien la cartera… y la vaca.

 

Según parece, a partir de ahora llegará carne de allí, mucha, barata y sonriente. Carne que ha cruzado medio planeta en barco, pero que curiosamente contamina menos que la mía, que no ha salido nunca del valle. Misterios de la ciencia europea.

 

Yo, mientras tanto, seguiré aquí, midiendo emisiones con la cinta métrica y pidiendo perdón a la vaca cada vez que respira. Porque la mía no puede comer según qué pienso, no puede pastar según qué día y no puede mirar mal al inspector, no vaya a ser que eso compute como estrés animal.

 

La carne de Mercosur, en cambio, viene libre. Sin culpa. Sin normas. Sin inspecciones creativas. Criada en extensiones tan grandes que Bruselas solo las conoce por satélite. Eso sí, luego llegará con un sello verde pegado y todos tranquilos.

 

A mí me dicen que tengo que competir. Competir, dicen. Yo con mi caserío, mis costes, mis tasas, mis normativas y mis multas potenciales, contra una ganadería que funciona con reglas distintas. Eso no es competir: eso es desaparecer con elegancia.

 

Pero no pasa nada. Nos explicarán que es el mercado, que es el mundo global, que hay que adaptarse. Adaptarse significa cerrar, claro, pero con dignidad europea y memoria histórica.

 

Dentro de unos años, cuando ya no quede ningún ganadero por aquí, harán jornadas sobre “el valor cultural del caserío”. Pondrán paneles informativos, fotos antiguas y quizá una recreación virtual de una vaca. La de verdad estará en un contenedor refrigerado, con acento brasileño.

 

Y yo, si sigo vivo, iré a la inauguración. Miraré el cartel, asentiré despacio y pensaré: menos mal que firmaron el acuerdo. Si no, igual todavía estaríamos produciendo alimentos.

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