El discreto encanto de un corrupto
![[Img #29675]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/6768_img_20260124_103926.jpg)
Hace unas semanas, un amigo, visto el gran número de casos de corrupción que salpican la política en los países democráticos (no le preocupaban las dictaduras ni las teocracias religiosas o políticas, porque en ellas la corrupción es parte de su esencia y no una anomalía), como sabe que me gusta la historia, me preguntó qué caso de político corrupto en una democracia me parecía más singular.
Entre tantos casos a elegir, decidirse por uno, como especial, era difícil.
Tras darle muchas vueltas encontré un ejemplo “de libro” leyendo a Julio Camba, escritor gallego de la primera mitad del siglo XX.
En su divertido libro La ciudad automática describe las costumbres y manías de los Estados Unidos de los años 20 y 30, durante la época de la "ley seca" contra el consumo de bebidas alcohólicas, un momento en el que la corrupción alcanzó cotas difíciles de superar, como suele suceder cuando se aprueban absurdas prohibiciones para fomentar la "virtud" (o lo que llaman “virtud” sus promotores) y la mayoría de la gente trampea para saltárselas, generándose de rebote todo un entramado mafioso mucho peor que el “vicio” que se persigue.
Así “descubrí” al honesto alcalde William Hale Thompson, conocido popularmente como “Big Bill” Thompson, una de las figuras más controvertidas y corruptas de la historia política de Chicago y los Estados Unidos (lo que, dada la fauna política que han tenido y gozan es decir mucho).
Su trayectoria, que les voy a relatar porque sus actuaciones y estrategias les “sonarán” muy modernas pues las practican sus imitadores actuales, es un perfecto ejemplo de los peligros de permitir la fusión del populismo, el clientelismo y el crimen organizado.
Nacido en 1869 en Boston y criado en Chicago, Thompson se presentó como un político “antisistema”, hostil a las élites económicas, a los reformistas progresistas y a la influencia "civilizadora" británica en la cultura estadounidense.
Su estilo era deliberadamente provocador, vulgar y teatral, lo que le permitió conectar con facilidad con amplios sectores populares norteamericanos, de escasa cultura política.
Fue elegido alcalde por primera vez en 1915 como republicano, derrotando a candidatos reformistas. Durante sus dos mandatos consecutivos, hasta 1923, Thompson gobernó una ciudad en rápido crecimiento, marcada por la corrupción estructural y la violencia política.
Bajo su administración, el clientelismo se convirtió en la norma. Los cargos se repartían a cambio de lealtad política absoluta a su persona.
A la vez, el gobierno de Thompson debilitó y corrompió de forma deliberada la policía, la justicia y la administración para favorecer sus intereses políticos y económicos evitando sus controles.
Su gestión estuvo caracterizada por el despilfarro e incompetencia. Aunque fue pronto acusado de corrupción, "Big Bill" logró mantener su peso político en Chicago gracias a sus tentáculos internos de control del aparato municipal y a su retórica pública populista hasta lograr ser reelegido en 1927.
El rasgo más infame de su segundo periodo como alcalde de Chicago entre 1927 y 1931 fue su connivencia con el crimen organizado, durante la “ley seca” en los Estados Unidos. Mantuvo una relación normalizada y pública con Al Capone, al que protegió mediante la inacción policial y la manipulación de la justicia local. Debido a ello, en aquellos años, Chicago se convirtió en sinónimo de violencia, contrabando y corrupción política.
Durante toda su vida política, Thompson explotó un discurso nacionalista y xenófobo, atacando a intelectuales, reformistas y a la herencia cultural británica en los Estados Unidos. Big Bill llegó a prometer que expulsaría de las escuelas los libros “pro-británicos” y que abofetearía simbólicamente al rey de Inglaterra si el mismo visitaba Chicago. Estas salidas grotescas reforzaban su fama y popularidad entre su electorado.
Su segundo mandato terminó en 1931 en medio de escándalos financieros, caos administrativo y una ciudad prácticamente ingobernable. Ese año fue derrotado electoralmente y se retiró de la política, desacreditado y, aparentemente, arruinado. Como aún conservaba partidarios, intentó volver a la primera línea política pero no lo consiguió.
Después de la derrota de Thompson, el Chicago Tribune escribió lo siguiente:
"Para Chicago, Thompson ha significado inmundicia, corrupción, obscenidad, idiotez y bancarrota... Le ha dado a la ciudad una reputación internacional por sus bufonadas idiotas, crímenes bárbaros, matonismo triunfante, sobornos sin control y una ciudadanía abatida. Casi arruinó la propiedad y destruyó por completo el orgullo de la ciudad. Hizo de Chicago un sinónimo del colapso de la civilización estadounidense. En su intento de continuar esto, se destacó a sí mismo como un mentiroso y difamador de carácter".
Tras su muerte en 1944, se descubrieron dos cajas de seguridad a su nombre que contenían aproximadamente 1,8 millones de dólares en efectivo (el equivalente a casi treinta y dos millones de dólares actuales), probando sus años de sobornos y cohecho.
Hoy “Big Bill” Thompson es recordado como el arquetipo del político corrupto: un líder carismático que utilizó el populismo y la demagogia para encubrir una administración profundamente corrompida, aliada con el crimen organizado y responsable del deterioro institucional de Chicago.
Se le considera un ejemplo de cómo el poder político, la administración y la justicia pueden ser controlados por redes clientelares y mafiosas cuando se debilitan los controles democráticos.
¿Cómo una sociedad que aparentemente vive en democracia puede elegir (y reelegir a veces) a individuos de esta calaña, cuyo carácter inmoral no es un secreto, por mucho encanto que tengan?
Me temo que la explicación es que este tipo de gente corrompen los valores democráticos de gran parte de sus propios electores, hasta hacerles dar por aceptables acciones vergonzosas, que verían reprobables en cualquier otro candidato.
Los políticos corruptos no solo son inmorales y malos gestores, sino que son el germen de una enfermedad más profunda: el electorado que les apoya, sabiendo cómo son, no lo hace engañado, sino porque rechaza la necesidad de dar paso a otras alternativas, pues se ha acomodado al sistema corrupto.
Y a los corruptos les basta atizar periódicamente los enfrentamientos que ellos mismos provocan, navegando en el caos, pues, como bien sabía "Big Bill" Thompson, "a río revuelto, ganancia de pescadores".
¿Cómo enfrentar con éxito este tipo de estrategias que se basan en el caos y las falsedades? Lo primero es no caer en su juego de convertir la vida política en un lodazal, pues a el escándalo continuo les beneficia, lo segundo es no imitar su desprecio hacia los electores, propios y ajenos, mintiéndoles continuamente.
Sólo desde planteamientos éticos de la política se puede derrotar a este tipo de demagogos, nunca copiando sus artimañas, pues eso nos convertiría en sus imitadores.
Arturo Aldecoa Ruiz. Apoderado en las Juntas Generales de Bizkaia 1999 - 2019
![[Img #29675]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/01_2026/6768_img_20260124_103926.jpg)
Hace unas semanas, un amigo, visto el gran número de casos de corrupción que salpican la política en los países democráticos (no le preocupaban las dictaduras ni las teocracias religiosas o políticas, porque en ellas la corrupción es parte de su esencia y no una anomalía), como sabe que me gusta la historia, me preguntó qué caso de político corrupto en una democracia me parecía más singular.
Entre tantos casos a elegir, decidirse por uno, como especial, era difícil.
Tras darle muchas vueltas encontré un ejemplo “de libro” leyendo a Julio Camba, escritor gallego de la primera mitad del siglo XX.
En su divertido libro La ciudad automática describe las costumbres y manías de los Estados Unidos de los años 20 y 30, durante la época de la "ley seca" contra el consumo de bebidas alcohólicas, un momento en el que la corrupción alcanzó cotas difíciles de superar, como suele suceder cuando se aprueban absurdas prohibiciones para fomentar la "virtud" (o lo que llaman “virtud” sus promotores) y la mayoría de la gente trampea para saltárselas, generándose de rebote todo un entramado mafioso mucho peor que el “vicio” que se persigue.
Así “descubrí” al honesto alcalde William Hale Thompson, conocido popularmente como “Big Bill” Thompson, una de las figuras más controvertidas y corruptas de la historia política de Chicago y los Estados Unidos (lo que, dada la fauna política que han tenido y gozan es decir mucho).
Su trayectoria, que les voy a relatar porque sus actuaciones y estrategias les “sonarán” muy modernas pues las practican sus imitadores actuales, es un perfecto ejemplo de los peligros de permitir la fusión del populismo, el clientelismo y el crimen organizado.
Nacido en 1869 en Boston y criado en Chicago, Thompson se presentó como un político “antisistema”, hostil a las élites económicas, a los reformistas progresistas y a la influencia "civilizadora" británica en la cultura estadounidense.
Su estilo era deliberadamente provocador, vulgar y teatral, lo que le permitió conectar con facilidad con amplios sectores populares norteamericanos, de escasa cultura política.
Fue elegido alcalde por primera vez en 1915 como republicano, derrotando a candidatos reformistas. Durante sus dos mandatos consecutivos, hasta 1923, Thompson gobernó una ciudad en rápido crecimiento, marcada por la corrupción estructural y la violencia política.
Bajo su administración, el clientelismo se convirtió en la norma. Los cargos se repartían a cambio de lealtad política absoluta a su persona.
A la vez, el gobierno de Thompson debilitó y corrompió de forma deliberada la policía, la justicia y la administración para favorecer sus intereses políticos y económicos evitando sus controles.
Su gestión estuvo caracterizada por el despilfarro e incompetencia. Aunque fue pronto acusado de corrupción, "Big Bill" logró mantener su peso político en Chicago gracias a sus tentáculos internos de control del aparato municipal y a su retórica pública populista hasta lograr ser reelegido en 1927.
El rasgo más infame de su segundo periodo como alcalde de Chicago entre 1927 y 1931 fue su connivencia con el crimen organizado, durante la “ley seca” en los Estados Unidos. Mantuvo una relación normalizada y pública con Al Capone, al que protegió mediante la inacción policial y la manipulación de la justicia local. Debido a ello, en aquellos años, Chicago se convirtió en sinónimo de violencia, contrabando y corrupción política.
Durante toda su vida política, Thompson explotó un discurso nacionalista y xenófobo, atacando a intelectuales, reformistas y a la herencia cultural británica en los Estados Unidos. Big Bill llegó a prometer que expulsaría de las escuelas los libros “pro-británicos” y que abofetearía simbólicamente al rey de Inglaterra si el mismo visitaba Chicago. Estas salidas grotescas reforzaban su fama y popularidad entre su electorado.
Su segundo mandato terminó en 1931 en medio de escándalos financieros, caos administrativo y una ciudad prácticamente ingobernable. Ese año fue derrotado electoralmente y se retiró de la política, desacreditado y, aparentemente, arruinado. Como aún conservaba partidarios, intentó volver a la primera línea política pero no lo consiguió.
Después de la derrota de Thompson, el Chicago Tribune escribió lo siguiente:
"Para Chicago, Thompson ha significado inmundicia, corrupción, obscenidad, idiotez y bancarrota... Le ha dado a la ciudad una reputación internacional por sus bufonadas idiotas, crímenes bárbaros, matonismo triunfante, sobornos sin control y una ciudadanía abatida. Casi arruinó la propiedad y destruyó por completo el orgullo de la ciudad. Hizo de Chicago un sinónimo del colapso de la civilización estadounidense. En su intento de continuar esto, se destacó a sí mismo como un mentiroso y difamador de carácter".
Tras su muerte en 1944, se descubrieron dos cajas de seguridad a su nombre que contenían aproximadamente 1,8 millones de dólares en efectivo (el equivalente a casi treinta y dos millones de dólares actuales), probando sus años de sobornos y cohecho.
Hoy “Big Bill” Thompson es recordado como el arquetipo del político corrupto: un líder carismático que utilizó el populismo y la demagogia para encubrir una administración profundamente corrompida, aliada con el crimen organizado y responsable del deterioro institucional de Chicago.
Se le considera un ejemplo de cómo el poder político, la administración y la justicia pueden ser controlados por redes clientelares y mafiosas cuando se debilitan los controles democráticos.
¿Cómo una sociedad que aparentemente vive en democracia puede elegir (y reelegir a veces) a individuos de esta calaña, cuyo carácter inmoral no es un secreto, por mucho encanto que tengan?
Me temo que la explicación es que este tipo de gente corrompen los valores democráticos de gran parte de sus propios electores, hasta hacerles dar por aceptables acciones vergonzosas, que verían reprobables en cualquier otro candidato.
Los políticos corruptos no solo son inmorales y malos gestores, sino que son el germen de una enfermedad más profunda: el electorado que les apoya, sabiendo cómo son, no lo hace engañado, sino porque rechaza la necesidad de dar paso a otras alternativas, pues se ha acomodado al sistema corrupto.
Y a los corruptos les basta atizar periódicamente los enfrentamientos que ellos mismos provocan, navegando en el caos, pues, como bien sabía "Big Bill" Thompson, "a río revuelto, ganancia de pescadores".
¿Cómo enfrentar con éxito este tipo de estrategias que se basan en el caos y las falsedades? Lo primero es no caer en su juego de convertir la vida política en un lodazal, pues a el escándalo continuo les beneficia, lo segundo es no imitar su desprecio hacia los electores, propios y ajenos, mintiéndoles continuamente.
Sólo desde planteamientos éticos de la política se puede derrotar a este tipo de demagogos, nunca copiando sus artimañas, pues eso nos convertiría en sus imitadores.
Arturo Aldecoa Ruiz. Apoderado en las Juntas Generales de Bizkaia 1999 - 2019














