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Enrique Arias Vega
Martes, 27 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

Las andanzas autoritarias de Donald Trump

Las muertes en Minneapolis a manos de las fuerzas antiinmigración de pacíficos manifestantes ha hundido aún más el índice de popularidad de Donald Trump y puesto de manifiesto el belicismo del Presidente de Estados Unidos en todo lo que se refiere al orden público.

 

La acción de Trump no es la excepción sino la regla de los comportamientos políticos del personaje, a quien no gusta ninguna limitación o contrapoder a su autoridad. En un país fundamentalmente democrático, en el que funciona correctamente la compensación de las instituciones públicas, nuestro personaje se las ha apañado para emitir, en lo que lleva de mandato, 227 órdenes ejecutivas (decretos), sin pasar por el Congreso; más en un solo año que todas las firmadas durante su anterior mandato.

 

Esto pone de manifiesto la deriva autocrática de nuestro hombre, al que no le van las limitaciones que todo poder lleva consigo. Así se explican las acciones militares sin respaldo parlamentario desde Siria a Irán, pasando por su original política con Venezuela. En ella detuvo por la brava a Nicolás Maduro y ha permitido la vigencia bajo tutela del régimen chavista para evitar así una transición democrática que no le habría traído más que problemas.

 

Hablando de Venezuela, la que le ha cogido el tranquillo al autócrata de Washington ha sido María Corina Machado, quien viendo el menosprecio hacia ella y la megalomanía del individuo, se ha dedicado a halagarle como a un niño y hasta darle la medalla de su Premio Nobel de la Paz, consiguiendo subir puntos en el curioso baremo de Trump.

 

La consecuencia de todo ello es la misma en Ucrania o Gaza, donde es él solo quien impone las condiciones para acabar sendos conflictos, suponiendo de hecho la derrota de una de las partes. Allí, lo mismo que en Groenlandia, lo que busca Trump es su propio beneficio y no el restablecimiento de la democracia que en el caso de la isla del norte sólo ha sido amenazada por él.

 

La conducta del mandatario norteamericano no es la excepción, sino el caso más extremo en el que hoy día el autoritarismo pretende sustituir a la democracia.

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