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Winston Galt
Miércoles, 28 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:

¿Te gusta ser esclavo? (I)

¿Te gusta ser esclavo? es un manifiesto contra la política que sufrimos y que nos encadena, nos esclaviza y nos roba hasta el alma. Se compone de varios capítulos que iremos publicando en este periódico con frecuencia. Si aún así, quieres leerlo completo, puedes encontrar el texto íntegro en utopyc.net


 

Te dicen que naces libre. Y así lo crees durante mucho tiempo. Tal vez toda la vida. Pero, ¿es cierto? ¿Eres una persona libre?

 

Te dicen que la sociedad en la que vives ha sido conformada por un contrato social en el que todos somos parte. Pero, ¿tú has firmado ese contrato?

 

Te dicen, si las cosas van mal, que es culpa de otros, y que ese mal momento no es sino una transición hacia un paraíso en la Tierra. Incentivan tus frustraciones para que esas emociones no te permitan ver la realidad y, con ello, la verdad. Te engañan diciéndote que pronto llegará un mundo mejor, que ellos lo crearán para tí, pero debes ser consciente de que jamás ha habido un mundo perfecto y jamás lo habrá, que nunca ha habido una sociedad perfecta y nunca la habrá, que nunca ha habido personas perfectas y nunca las habrá. Madura. Mira la vida de frente y despréndete de los dogmas que te han inculcado con una educación que sólo pretendía convertirte en lo que eres: un eslabón más de la cadena de esclavos, individuos sin entidad propia que pueden ser intercambiados como los ladrillos de un muro.

 

¿Aún no adivinas por qué eres un esclavo aunque no lo sepas?

 

Antes de nacer, el Estado ya ha impuesto a tu madre una serie de regulaciones que te afectan, como vacunaciones obligatorias o un sistema de salud imperativo en algunos países; cuando naces, el Estado obliga a inscribirte en un registro, como si fueras una propiedad. A partir de ahí tendrás un número que te acompañará toda la vida, como si fueras ganado, de modo que no puedas escapar jamás al control estatal.

 

Cuando eres un niño te imponen una educación igualitaria. ¿Por qué crees que el Estado paga tu educación? ¿Para hacerte inteligente y crítico y libre o para convertirte en un convencido de sus bondades? El Estado quiere una mano de obra dócil. Te educan para hacerte buen ciudadano, que pagues tus impuestos y mantengas la Industria Política de la que viven y cuyo poder ostentan a costa de tu trabajo, tu esfuerzo, tu sudor y tu sangre.

 

Y si tienes suerte y tus padres te pagan una educación privada tampoco puedes escapar del sistema porque los contenidos de esa educación también son regulados y controlados por el Estado. No puedes ayudar en el negocio familiar, o en la agricultura de tu hacienda, porque para el Estado, que te quiere sólo para él, eso es explotación infantil, en lugar de convenir que se trata de aprender un oficio y de desarrollar en tí un sentimiento de responsabilidad que el Estado debilita porque incrementa tu dependencia.

 

Cuando llegas a la adolescencia la cosa no mejora. Aunque tengas aptitudes y ganas no te dejarán trabajar hasta cierta edad. Por supuesto, como el Estado vela por tí, tampoco te dejará consumir sustancias como alcohol o tabaco y te impondrá regulaciones y te impedirá entrar en lugares como bares, clubes o eventos, o simplemente conducir un coche, aunque esas decisiones deberías tomarlas tú.

 

Pero es en el momento en que llegas a la madurez cuando el grado de esclavitud alcanza su cima. El Estado no te permitirá trabajar en lo que quieras sino que impondrá limitaciones al acceso a muchas profesiones, desde médico o abogado hasta conductor o peluquero; y quienes decidirán si puedes o no ejercer la actividad que desees no serás tú sino un grupo de burócratas. Para cualquier trabajo tendrás que firmar un contrato regulado por el Estado, con unos costes y unas prestaciones estatales forzosas que no podrás discutir libremente con tu jefe o tu empresa, e impondrán unas horas determinadas de trabajo por un precio y unas condiciones tasadas burocráticamente. No podrás usar tu propiedad, en caso de que tengas la suerte de poder adquirir una, a tu satisfacción, salvo que ellos te lo permitan, porque el derecho de propiedad privada no existe para el Estado, sólo un derecho de usufructo, pues tu propiedad está sometida al "interés general" o "bien común" que, por supuesto, sólo los burócratas del Estado determinarán en cada momento en qué consiste, pudiendo llegar incluso a expropiarte tu propiedad poniendo ellos el precio. Ni siquiera podrás modificar tu casa salvo que pidas una licencia, previo pago de su importe y sujeta a la autorización de algún burócrata.

 

Y la guinda del pastel es que no podrás usar otra moneda que la que el Estado te impone, sujeta a fluctuaciones de valor en función de las decisiones de los políticos de turno, del mismo modo que todas tus actividades, ¡¡¡todas!!!, estarán sujetas a impuestos del gobierno. Pagarás impuestos por trabajar, consumir cualquier tipo de bien, heredar, ahorrar, transferir bienes; al comprar tu vivienda, por conducir tu coche, por viajar o por comer (y esto es sólo una relación superficial). Es evidente que para gravarte con tales impuestos es imprescindible que todos tus pasos en la vida estén controlados por el gobierno que te esquilma. A pesar de lo cual muchos piensan que el gobierno no se entromete en sus vidas.

 

Cuando alcanzas la vejez no cejan de someterte. Habrás tenido que pagar obligatoriamente por una pensión impuesta, cuyo importe está sujeto a las crisis provocadas por el gobierno y no está garantizada, aunque te mientan obligándote a creer que sí lo están. Si echas cuentas del dinero que has dado al Estado a lo largo de tu vida, o que vas a dar, comprenderás que es un negocio ruinoso pagar el cincuenta por ciento, más o menos, de lo que ganas en impuestos para tener una pensión mediocre. Del mismo modo, estarás sometido, en la mayoría de los países, y cuando más lo necesitas, a un sistema sanitario público que es deficiente e ineficaz, pues está regulado por los burócratas, y en el que no trabajan precisamente los mejores profesionales.

 

"Muérete, pero antes consigue un permiso", dijo Robert Heinlein con ironía. Y no es para menos. Ni siquiera serás libre cuando te mueras, pues tu herencia será gravada con altos impuestos que tendrán que pagar tus herederos, y tu final está tan regulado que tendrás que pagar por un hoyo en la tierra o por un fuego gubernamental que finalmente consuma el cuerpo del esclavo para que no deje rastro alguno en la historia.

 

Para que tu vida haya sido "de provecho" el Estado, durante toda ella, habrá regulado tu acceso a sustancias prohibidas, habrá regulado tus relaciones comerciales y habrá cobrado los correspondientes impuestos, te habrá censurado y vigilado. Hoy te pueden encarcelar por un twitt en algunos países supuestamente democráticos. No te habrá permitido disfrutar de actividades sin su permiso, como el juego o pilotar un barquito, y habrá censurado contenidos como la pornografía o ciertos discursos antiestatales, te habrá puesto barreras al comercio si quieres negociar con personas de otros países, te habrá impuesto controles de precios, como en el alquiler o la gasolina, habrá pagado discrecionalmente miles de millones de dólares en subsidios extraídos de tus impuestos, te habrá limitado el acceso a fuentes de riqueza ajenas al control del Estado, como las criptomonedas; habrá limitado el acceso a medicamentos que podrían salvarte la vida y a investigaciones técnicas y científicas que podrían suponer avances inimaginables, todo ello en función de criterios determinados por los burócratas; o te habrá impedido acceder a ciertos recursos, puesto que el Estado se guarda el control de los mismos (aguas, minerales, bosques, etc) porque de ello depende parte de su enorme control.

 

Todo ello se te impondrá salvo que te evapores. Todo ello impuesto bajo la amenaza de un monopolio opresivo de la violencia, pues ejerce el control de todo tipo de policía, del mismo modo que establece sin tu consentimiento ni anuencia las leyes que estima convenientes y te las impone a través de esa policía y de tribunales estatales que jamás traicionan los intereses del Estado y que te aplastarán si intentas salir de la jaula. Lo justifican bajo el disfraz de la democracia, que no es sino la tiranía de la mayoría, y que no impide que tengas la obligación de cumplir leyes por injustas o inmorales que sean. Has de cumplirlas por la misma razón que pagas impuestos: si no lo haces, te detienen, te juzgan y te condenan a las mazmorras del Estado.

 

Mencken dijo que todo hombre decente está avergonzado de su gobierno. Hemos de darnos cuenta de que todos los países están mal gobernados, precisamente porque están constituidos bajo esa forma incivilizada de organización que es el Estado.

 

Si Jung escribiera hoy, sin duda habría considerado la articulación de dos arquetipos más: el del esclavo feliz en que nos convierte el Estado y el del parásito, también feliz de vivir con cargo a los productores.

 

Uno de los políticos más malvados, pero sincero, ya dijo: "si hay libertad no hay Estado; si hay Estado, no hay libertad" (Lenin).

 

Si aún piensas que eres una persona completa y no un recipiente vacío que llena el Estado a su antojo, deja de leer.

 

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