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Jueves, 29 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:
Autor de “¿Existe la locura”

Rafal Palacios: “La perversión, la violencia inhumana, la tortura y la locura son los valores dominantes de la cultura de masas actual”

[Img #29717]Rafael Palacios (Rafapal) no requiere presentación. Es un conocido pensador e investigador que indaga sobre lo que hay tras las distopías y fenómenos que están detrás de los ataques que en las sociedades del siglo XXI se ciernen sobre las personas en un mundo supuestamente representativo de la libertad y de la democracia, siendo, sin embargo, un oxímoron en sí mismo.

 

Conocido periodista, con una trayectoria de investigación en ámbitos donde otros prefieren no entrar para eludir materias crípticas y en el espacio del misterio, ha escrito un libro cuyo contenido puede ser cuestionado, pero que no por ello carece del rigor necesario en el planteamiento de realidades que pasan desapercibidas para el común de la gente. El libro se titula Fuera de sí. Respuestas a la epidemia de trastornos mentales.

 

Por mi formación académica creo que estoy capacitado para tener un criterio sobre ese libro y me permito asegurar que no dice ninguna tontería y que su análisis tiene rigor, aunque podamos pensar que un periodista, simplemente por no pertenecer al ámbito de la sanidad, pueda abordar temas como el que hoy tratamos.

 

Rafael, ¿cuál es la motivación que ha tenido para abordar un tema tan complicado?

 

-La psicología es una de mis pasiones, de hecho, antes de hacer la carrera de periodismo comencé la de psicología y durante mi etapa como periodista “freelance” publiqué unos cuantos artículos de psicología en diferentes revistas. Aunque soy más conocido por otro tipo de investigaciones, la indagación sobre el alma humana es una tarea que me acompaña desde hace décadas; quizás por el problema que tuvo mi hermano (que sufrió un coma cuando era pequeño y padeció un raro trastorno llamado “daño cerebral sobrevenido”), pero también por familiares y amigos que han padecido trastornos psiquiátricos o psicológicos, y he conocido de cerca, hasta que ya en el siglo XXI se ha convertido en una tendencia casi que mayoritaria. He visto la evolución de esta “tendencia” y he correlacionado esa evolución con la apoteosis que hemos vivido de la ingeniería social, que es, como se sabe, uno de mis “fuertes”. Viviendo esos cambios “en directo”, no hay duda alguna de que una parte muy importante de las locuras que la gente padece hoy día son producto de la pervertida cultura de masas, manejadas por los poderes oscuros que rigen el Planeta y sus sicarios sin escrúpulos: los políticos que nos gobiernan.

 

¿Existen las enfermedades psíquicas?

 

La locura existe; he estado con comunidades indígenas o premodernas en Centroamérica, el Caribe, África y Asia y he visto locos, entendido esto como una persona que ha perdido la conexión con la realidad compartida y, como tal, queda apartada, marginada, aunque entre algunos pueblos se les considera como “seres especiales” por el “espíritu” que les ha poseído o le ha “bajado”; esto lo he visto en África y en una ceremonia de santería en Cuba, por ejemplo. Lo cual es lo mismo que nuestra propia cultura entendía por la locura: una enfermedad del alma/espíritu, entendiendo como tal una desconexión de su ser. Aunque parezca lo mismo, lo que la ciencia moderna considera “enfermedades psíquicas” es un universo prácticamente infinito, que aumenta cada año en función de los intereses de la industria farmacéutica. Ahora bien, es cierto que existen trastornos de la conducta y mentales, y algunos de ellos están bien tipificados por la psiquiatría, el problema es que, al no considerar la existencia del alma y el espíritu, la ciencia oficial es incapaz de ver el origen del trastorno y llegan hasta a ¡proponer que sea algo biológico o incluso genético! O sea: ¡no creen en el espíritu, pero creen que una persona nace esquizofrénica! ¿Qué es lo que nace con ese estigma? ¿Está en el cerebro? ¿En qué momento “crece” esa “enfermedad y cómo? Mira: lo que los psiquiatras y neurólogos creen estar viendo de los esquizofrénicos en el cerebro es la consecuencia y no la causa del problema. El trauma vivido hace que ese ser evite una zona del cerebro donde reside el trauma y por eso el cerebro se acaba reconfigurando: ¡es la consecuencia, no la causa!

 

¿La clasificación de las taxonomías oficiales de los cuadros mentales responde realmente a los desequilibrios mentales o se configuran cuadros de enfermedades a la medida de los intereses de la industria farmacéutica?

 

Lo enunciaba en la pregunta anterior. El proceso de categorización de una “nueva enfermedad mental” es el siguiente: los laboratorios de investigación del cerebro primero detectan el proceso químico de un proceso mental, digamos, la timidez o la concentración y, una vez que se dispone de la pastilla para intervenir en ese proceso, se tipifica la “enfermedad mental”, se cataloga como enfermedad un trauma generado en la sociedad por la cultura de masas y las políticas para traumatizar a la población y mantenerla sometida. Que la enfermedad psíquica (no la locura, ojo) es una tomadura de pelo, lo prueba el que los nombres y los síntomas cambian cada año y diferentes psiquiatras dan diferentes diagnósticos a una misma persona. La locura final reside en la pretensión de que esas personas han nacido así; que una persona “es bipolar”, “es obesivo compulsivo”, etc, con lo que ya se les condena para toda su vida.

 

Un dato que he aprendido al escribir este libro es que el último manual de enfermedades psiquiátricas DSM-4 fue uno de los libros más vendidos en Amazon cuando se lanzó (¡y eso que costaba 80 dólares!). ¿Cómo es posible? La razón es que la industria farmacéutica compró miles de ejemplares para regalárselos a los psiquiatras de todo el mundo. Yo creo que con esto está dicho todo.

 

¿Hay una correlación entre el modelo cultural y los trastornos de la psique o de la personalidad?

 

Sin duda. Un amigo que ha trabajado varias décadas en un centro psiquiátrico de día me ha asegurado que en la época de las bombas de ETA en Madrid había locos (gente trastornada, se entiende) con ese tema en su cabeza, y más tarde, lo mismo con Al Qaeda. No hay más que ver las consecuencias que ha tenido la locura del Covid y la mascarilla, que ha dejado a mucha gente en estado de shock y se pone la mascarilla en cuanto oye hablar de la gripe.

 

Pero, sin duda, el caso más flagrante de la generación de trastornos mentales a través de la cultura pervertida lo encontramos en la inusual multiplicación de jóvenes que se querían castrar (conocidos como transgénero) durante la época de la pandemia. Un famosísimo tik toker llamado Oli London que hacía ese tipo de contenido (y más tarde se ha arrepentido) ha confesado que en 2020 se entrevistó con los jefazos de la empresa china y le contaron que el algoritmo de esa red social iba a potenciar ese tipo de contenidos para jóvenes y adolescentes; las consecuencias las hemos visto en estos últimos años con la extensión de esa locura. Por el contrario, ha sido regresar Donald Trump al poder, cortar financiación para las clínicas que realizan esas aberraciones y poner orden en las redes sociales, y las estadísticas de jóvenes que desean “transicionar” al otro sexo han experimentado una caída radical. Ahora estamos viendo una multiplicación del “síndrome del espectro autista”, y aventuro la razón: como la administración Trump ha abolido casi todas las vacunas obligatorias, se va a notar que era la causa del autismo; por eso se han inventado este síndrome para mantener la apariencia de “normalidad” en las cifras de autistas.

 

¿Hay más locos ahora que antes?

 

Como he dicho, he convivido con culturas indígenas de diferentes civilizaciones y en todos los pueblos había un loco: la desconexión de la realidad, producto de un trauma, es algo que entra de lo normal/excepcional en el género humano. Es normal que haya uno o dos en una colectividad, pero no que sea la norma, como pasa ahora, es decir; que la mayor parte de la población tenga problemas para controlar su mente, sus reacciones, que no encuentre la razón para vivir o se busque mundos alternativos para desconectarse de la realidad compartida. Si lo normal es estar “loco” (tener un trastorno psicológico) es que la que está loca es la sociedad, es decir, la cultura compartida, y uno no tiene más que intentar ver una película o la televisión para tener que reconocer que la perversión, la violencia inhumana, la tortura y la locura son los valores dominantes de la cultura de masas actual. Una vez que uno lo reconoce, entonces lo entiende todo.

 

¿Qué es estar loco?

 

La locura es la desconexión con la realidad compartida; ahora bien, si la realidad compartida es una locura, entonces puede que alguno a los que llaman loco puede estar más cuerdo que los otros, el problema es que el ser humano, si no tiene comunicación, se trastorna y eso es lo que le pasa a muchos catalogados como “locos”. A lo largo de mi vida, he estado en comunidades hippies y alternativas donde esos supuestos “locos”, estando con gente que los comprendía, mejoraban una barbaridad. Otra cosa son las voces que gran parte de ellos escuchan, y ahí nos metemos ya en terreno espiritual, donde es necesario el exorcista, por más que pueda sonar bizarro.

 

¿Curan realmente los medicamentos que abordan los desequilibrios psíquicos?

 

Curar no curan porque un medicamento que cura es aquél que lo tomas por un tiempo y ya no lo necesitas más; así que, dado que los “medicamentos psiquiátricos” son para toda la vida entonces no se puede afirmar que curen. Lo que hacen es “dormir” determinados aspectos de la personalidad, que dificultan o impiden la comunicación con el entorno o que sobrepasan el nivel de energía mental que esa persona puede soportar y se transforma en lo que conocemos como “ansiedad” o “estrés” y por ello le genera dolor. Pero, dado que el equilibrio bioquímico de nuestro cerebro es tan sutil, esta intervención química en los procesos mentales tiene muy a menudo un coste muy alto que es dejar a la persona en situación de dependencia que es (me temo) lo que pretenden los ingenieros sociales que han desarrollado esta locura colectiva.

 

Tiene un libro anterior que aborda la degeneración psicológica de las masas, al estilo de lo que predica Gustave Le Bon en su libro, escrito a finales del siglo XIX, La psicología de las masas. ¿Cree que se pueden abocar a las masas a desequilibrios cognitivos que las aboquen a una psicopatología colectiva?

 

Por supuesto, y lo hemos visto claramente ante nuestros ojos durante la pandemia, en donde había personas que iban por la calle con varias mascarillas y hasta una pantalla de plástico, la gente se ponía la mascarilla cuando conducía en coche en solitario, la mayoría se saludaba dándose el codo, delataban a las personas que no iban con mascarilla, apartaban a los no vacunados de las reuniones familiares… Todo por la histeria colectiva transmitida por los medios de manipulación de masas y que, por si alguien lo desconoce, seguían el “manual de distanciamento social” elaborado por el Instituto Tavistock de relaciones sociales de Londres, auténtica escuela de ingeniería social, fundado por un seguidor de Sigmund Freud a principios del año que viene. La pandemia ha sido “la Obra Maestra de la psicología social”, su sueño hecho realidad. Otro buen ejemplo es la anorexia: una paranoica femenina que se extendió por imitación a las escuálidas modelos que preferían los diseñadores que gustaban de los efebos masculinos. En cuanto las campañas publicitarias mostraron a mujeres con curvas, desapareció prácticamente la anorexia de las calles.

 

¿A su entender, cuáles son los factores y variables psicosociales y culturales que llevan a los individuos a la pérdida del sentido vital de la existencia, y, en consecuencia, a la destrucción de los parámetros de su equilibrio emocional y a su abatimiento psíquico y espiritual?

 

El primero es la ausencia de amor, la imposibilidad de establecer una pareja y fundar una familia, que están en el instinto de todo ser humano; es decir, abocar al individuo a la soledad, cosa que han conseguido gracias al peor de los movimientos terroristas que haya existido: el feminismo.

 

Íntimamente relacionado con esto: la ausencia de Dios en nuestras vidas, de hecho, el triunfo del feminismo y la guerra de sexos no podrían haberse dado si antes (o durante) no se hubiera sacado a Dios y la religión de nuestras vidas, con el sentimiento de comunidad que genera, que es la solución para el 90% de los trastornos mentales. Por último, pero relacionado con los dos argumentos anteriores; la ausencia de unos valores y una realidad compartida. Con la era de Internet, el telediario dejó de ser el lugar donde encontrábamos la realidad compartida y la sociedad se ha fragmentado muchísimo: cada cual vive en una realidad minoritaria, y eso conduce a la soledad (o a los amigos por Internet, que son otro tipo de soledad, si no se combinan con amistades en el plano físico).

 

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