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Pedro Chacón
Viernes, 06 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

Vencedores y vencidos con ETA y con la Guerra Civil

Toda la cuestión que se dirime en la política de memoria en la España actual se podría reducir a esta cuestión. Qué es lo que entendemos por vencedores y vencidos en el tema de ETA y qué es lo que entendemos por vencedores y vencidos en el caso de la Guerra Civil y por qué la izquierda quiere, en connivencia con los amigos de ETA, que no haya vencedores ni vencidos en el caso de ETA, mientras que en el caso de la Guerra Civil nos están todo el día hablando de la memoria de los vencidos y de que hay que seguir diferenciando claramente entre vencedores y vencidos y que el golpe de Estado del General Franco, luego vencedor, es el único culpable de que hubiera Guerra Civil y cuarenta años de dictadura insoportable.

 

Pues bien, eso no es de recibo. No podemos aceptar semejante planteamiento, porque eso supone que con un argumento pretendidamente moral se nos está obligando a aceptar algo que no es aceptable, porque no es verdad y porque tampoco es moralmente aceptable. Aquí la verdad y la moral van íntimamente de la mano.

 

La Guerra Civil vino provocada por un ambiente político y social irrespirable, deteriorado en grado sumo y donde el partido político que era la columna vertebral de aquel régimen, el PSOE, había decidido llevarnos a la dictadura del proletariado. Y aceptar que en el caso de ETA la sociedad vasca debía de hacer borrón y cuenta nueva y no aceptar que hubiera ni vencedores ni vencidos suponía que teníamos que conformarnos con la misma situación que teníamos mientras ETA existía, esto es, que en el País Vasco no podíamos hacer la más mínima ostentación de ningún símbolo que recordara que el País Vasco pertenece políticamente al Estado español. Sacar una bandera española en el País Vasco supone un riesgo físico y la gente lo tiene interiorizado. El final de ETA supuso que aquí hubo unos vencedores por medio de la violencia y el terror, que son los que defienden los postulados de ETA y del nacionalismo en general. Unos vencedores que, tras el final de ETA, siguen siendo los vencedores. Y se nos quiere decir que renunciemos a que aquí haya habido vencedores o vencidos para que los vencidos aceptemos la realidad que ha venido dada por la imposición intolerante y violenta de un ideario sobre cualquier otro, es decir, por el ideario nacionalista.

 

En cambio, para el caso de la Guerra Civil tenemos que aceptar que hubo vencedores y vencidos para que los vencidos ahora sean los que dominan toda la realidad política y social, con un franquismo demonizado y estigmatizado como compendio de todo lo malo y unas izquierdas, perdedoras de la Guerra Civil, que hacen ostentación del régimen derrotado, el republicano, como si fuera el compendio de todo lo bueno y lo democrático.

 

ETA habría sido, según este discurso memorialístico de la izquierda, una consecuencia de aquel franquismo opresor que se habría encarnado en liberadora del pueblo vasco, por lo que su derrota debe ser contextualizada y normalizada de modo que la violencia ejercida por esa organización quede diluida en el contexto de un postfranquismo y de la necesaria respuesta que se requiere dar ante la derrota padecida en la Guerra Civil. Los métodos terroristas de ETA que le hacen decir al PNV que los verdaderos gudaris no son los terroristas sino los soldados de la Guerra Civil no afectan a que el motivo de ambos tipos de gudaris sea el mismo y sea aceptable en el fondo, aunque no en la forma. Se trata, en todo caso, de una diferencia menor, comparada con el beneficio mayor que se saca de ambos tipos de gudaris: el mantenimiento del nacionalismo vasco como dominante en el País Vasco de entonces y de ahora.

 

Dos distintas formas de interpretar el asunto de los vencedores y los vencidos que en el fondo nos vienen a decir que los vencidos de la Guerra Civil deben ser permanentemente resarcidos, porque fueron oprimidos por el franquismo, mientras que los vencidos del terrorismo de ETA, es decir, toda la sociedad vasca que no puede expresar su españolidad en el País Vasco a riesgo de ser reprimida y excluida, calle y oculte su condición de vencida y que no pueda expresar que mediante el terror de entonces, interiorizado ahora, se encuentra amordazada y oprimida.

 

ETA hereda la condición de vencida en la Guerra Civil y se resarce en la Transición, asesinando a todo lo que representa, según ella, el régimen franquista en el País Vasco, que ellos asimilan a todo lo que representa a España en el País Vasco. Por eso, cuando termina ETA, se nos exige que en ese tema no haya vencedores ni vencidos. Porque con la ley de memoria histórica los vencidos en la Guerra Civil siguen presentes, pasando por encima de la historia de ETA y convirtiéndola en un episodio más de la posguerra española. ETA sería una respuesta de los vencidos de la Guerra Civil, que provoca a su vez otra espiral de violencia que, cuando ETA es derrotada, se engulle por la antigua dicotomía de vencedores y vencidos. De modo que los vencidos en la Guerra Civil lo tapan todo. La realidad es que ETA formó parte desde el principio de los vencidos de la Guerra Civil y, al finalizar su etapa de provocar dolor y terror, se incorporó de nuevo a ese bando de los vencidos, para continuar así en el lado de los que necesitan ser reparados, de los que demandan justicia por una vulneración de derechos que es la madre de todas las vulneraciones, como fue la Guerra Civil y el franquismo.

 

Se podría decir que los cincuenta años de terrorismo de ETA no han resarcido, ni siquiera en una mínima parte, a los vencidos de la Guerra Civil de toda la injusticia que padecieron con su derrota a manos del franquismo. Se podría decir que la historia de ETA no ha sido más que un pequeño episodio incapaz de compensar, ni en una mínima parte, todo el dolor provocado por la derrota de la Segunda República en la Guerra Civil. Por eso es por lo que se nos exige que al finalizar ETA no haya ni vencedores ni vencidos, porque ese episodio quedaría subsumido en el mucho más amplio de los vencedores y vencidos de la Guerra Civil, que continúa su vigencia entre nosotros, desde la Ley de Memoria Histórica de 2006, transformada en 2022 en Ley de Memoria Democrática. Los partidarios de ETA y todo el nacionalismo vasco en general, tras el final de la banda terrorista, habrían pasado a formar parte del bando en el que estaba antes de que surgiera ETA, el bando de los vencidos en la Guerra Civil, que continúa siendo el que desde 1978 en adelante predomina en la política y la sociedad vasca y española, representado por el PSOE en el ámbito español y el nacionalismo vasco en el ámbito vasco.

 

Pero teniendo en cuenta que desde 1978 en adelante llevamos viviendo bajo un régimen de los vencidos de la Guerra Civil y que ya ha durado más que el régimen de Franco, ¿hasta cuándo dichos vencidos seguirán considerándose vencidos y seguirán exigiendo ser resarcidos por la injusticia padecida con su derrota en la Guerra Civil? ¿Cabe imaginar que dichos vencidos llegará el día en que piensen que ya se han resarcido lo suficiente, o toda su reivindicación de la dicotomía entre vencedores y vencidos no es más que un subterfugio para considerarse vencidos de por vida y no encontrar ni interesarles encontrar el momento en que por fin consideren que ya se han resarcido lo suficiente de aquella derrota padecida por unos antepasados de los que no guardan ni recuerdo siquiera?

 

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