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Patxi Iribarri
Lunes, 09 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

Cansados de esconder los cuerpos

[Img #29796]

 

Este fin de semana me acerqué a un pueblo cercano de la provincia de Burgos. De esos tranquilos, con iglesia, panadería rústica y silencio del bueno. Iba a lo mío: comer bien, andar poco y no hablar con nadie más de la cuenta. Pero nada más llegar, en la puerta de una casa rural, me encontré con un cartel que decía:

 

“PROHIBIDO EL PASO. ESTAMOS CANSADOS DE ESCONDER LOS CUERPOS.”

 

Así, sin anestesia.

 

Yo me quedé un rato mirando, por si era broma, por si había una cámara, por si había letra pequeña o por si salía alguien a explicarlo. Nada. El cartel seguía allí, firme, honesto y sin matices. Como diciendo: no insistas.

 

En la ciudad, un cartel así provocaría un comité, un comunicado institucional y tres expertos en humor contextual. Aquí no. Aquí el mensaje es claro: no pases y no preguntes. Que bastante hemos hecho ya.

 

Porque en los pueblos el humor es así: seco, negro y con fundamento. No necesita emojis ni disculpas posteriores. Se pone el cartel y punto. El que entienda, bien. El que no, que siga camino.

 

Yo pensé que ese aviso resume mejor que ningún informe sociológico la vida rural actual. Estamos cansados. De esconder cuerpos, problemas, ruinas, expedientes y promesas incumplidas. Cansados de hacer ver que todo va bien mientras el pueblo se vacía, el bar cierra y el último joven se va porque aquí no hay futuro, solo tranquilidad.

 

Ese cartel no habla de crímenes. Habla del hartazgo. De decir basta con una sonrisa torcida. De no decorar la realidad. En el fondo, es una declaración de principios: aquí no se engaña a nadie.

 

Me dio por pensar que si en Bruselas pusieran carteles así, ahorraríamos mucho tiempo. “Prohibido el paso: estamos cansados de esconder las consecuencias.” Pero no. Allí prefieren informes, eufemismos y fotos con chaleco.

 

Así que hice lo sensato: respeté el cartel. No pasé. Y me fui pensando que ese pueblo, con su humor bruto y su puerta cerrada, era más sincero que muchos discursos bien peinados.

 

A veces un cartel dice más que cien leyes.
 

Y este, desde luego, avisa.

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