No hay dos sin tres
Santiago Abascal ya ha empezado a hacer en Castilla y León lo que tan bien se le ha dado en Extremadura y Aragón. Es decir, comenzar a recorrer la región de la mano de su candidato —Carlos Pollán, en este caso—, para así recoger votos en todos los pueblos de la comunidad.
O sea, que el líder de Vox cree que no hay dos sin tres y que el 15 de Marzo puede repetir el éxito de aumentar significativamente el número de votos, pese a que su anterior coyunda gubernamental bajo la presidencia del popular Fernández Mañueco acabó como el rosario de la aurora.
Sin embargo, ahora la situación es bien distinta, como han evidenciado las dos últimas elecciones autonómicas, en las que la derecha radical es más necesaria que antes para constituir gobiernos regionales y está más dispuesta a hacerlo para poder influir así en el rumbo de su comunidad respectiva.
Porque si los pasados comicios, en Aragón y Extremadura, han puesto algo de manifiesto es el hundimiento del PSOE y la incapacidad del PP de beneficiarse de ello. Aunque la transferencia de votos no haya sido directa, lo perdido por socialistas y populares ha ido a Vox, que se ha escapado de esta manera del "cordón sanitario" que quería aplicarle la izquierda.
No le queda, pues, otro remedio al Partido Popular que aliarse con los de Abascal, si quiere gobernar, ya que éstos se lo han impuesto como condición para votarle en las respectivas asambleas regionales.
Pero hay más: el PP no ha sabido beneficiarse de los sucesivos batacazos del Partido Socialista, lo que demuestra las limitaciones de Núñez Feijóo para hacerse por sí solo de una mayoría alternativa a la de Pedro Sánchez y la colocación de Vox como socio necesario si los populares aspiran en llegar a La Moncloa. Así que no sólo no hay dos sin tres, sino que inevitablemente no habrá tres sin cuatro, elecciones andaluzas y madrileñas al margen.
Santiago Abascal ya ha empezado a hacer en Castilla y León lo que tan bien se le ha dado en Extremadura y Aragón. Es decir, comenzar a recorrer la región de la mano de su candidato —Carlos Pollán, en este caso—, para así recoger votos en todos los pueblos de la comunidad.
O sea, que el líder de Vox cree que no hay dos sin tres y que el 15 de Marzo puede repetir el éxito de aumentar significativamente el número de votos, pese a que su anterior coyunda gubernamental bajo la presidencia del popular Fernández Mañueco acabó como el rosario de la aurora.
Sin embargo, ahora la situación es bien distinta, como han evidenciado las dos últimas elecciones autonómicas, en las que la derecha radical es más necesaria que antes para constituir gobiernos regionales y está más dispuesta a hacerlo para poder influir así en el rumbo de su comunidad respectiva.
Porque si los pasados comicios, en Aragón y Extremadura, han puesto algo de manifiesto es el hundimiento del PSOE y la incapacidad del PP de beneficiarse de ello. Aunque la transferencia de votos no haya sido directa, lo perdido por socialistas y populares ha ido a Vox, que se ha escapado de esta manera del "cordón sanitario" que quería aplicarle la izquierda.
No le queda, pues, otro remedio al Partido Popular que aliarse con los de Abascal, si quiere gobernar, ya que éstos se lo han impuesto como condición para votarle en las respectivas asambleas regionales.
Pero hay más: el PP no ha sabido beneficiarse de los sucesivos batacazos del Partido Socialista, lo que demuestra las limitaciones de Núñez Feijóo para hacerse por sí solo de una mayoría alternativa a la de Pedro Sánchez y la colocación de Vox como socio necesario si los populares aspiran en llegar a La Moncloa. Así que no sólo no hay dos sin tres, sino que inevitablemente no habrá tres sin cuatro, elecciones andaluzas y madrileñas al margen.











