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Jueves, 12 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:
En 1976

Un nuevo estudio indica que la NASA encontró vida en Marte y no supo reconocerla

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Cincuenta años después de las históricas misiones Viking de la NASA, un grupo de científicos acaba de publicar un análisis que cuestiona uno de los consensos más arraigados de la exploración espacial: que aquellos experimentos demostraron la ausencia de vida en Marte. Según el nuevo trabajo, lo ocurrido podría ser exactamente lo contrario.

 

El estudio, liderado por el bioquímico Steven A. Benner y publicado en Astrobiology, sostiene que los resultados obtenidos por las sondas Viking en 1976 eran compatibles con la existencia de actividad biológica, pero fueron descartados prematuramente debido a una interpretación errónea de uno de los instrumentos clave.

 

Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio (en inglés) por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502

 

El experimento que pudo cambiar la historia

 

Las misiones Viking 1 y Viking 2 aterrizaron en dos regiones marcianas con un objetivo revolucionario: buscar vida microbiana activa en el suelo del planeta rojo.

 

Tres experimentos biológicos distintos produjeron resultados que, según los criterios de diseño, podían interpretarse como positivos:

 

  • Se detectó fijación de carbono, proceso típico de organismos vivos.

 

  • Se liberó CO₂ tras añadir nutrientes al suelo, algo compatible con metabolismo microbiano.

 

  • Al humedecer muestras de suelo se liberaron oxígeno y otros gases, fenómeno coherente con actividad biológica.

 

Sin embargo, otro instrumento —un cromatógrafo de gases con espectrómetro de masas— no detectó compuestos orgánicos claros. Esa ausencia fue interpretada como prueba definitiva de que no había vida.

 

La famosa frase atribuida al director científico del programa resumió el consenso que se impuso: “Se acabó el partido: no hay orgánicos, no hay vida.”

 

El posible error que cambió décadas de exploración

 

El nuevo estudio recuerda que en aquel momento no se conocía la presencia de percloratos en el suelo marciano, compuestos altamente oxidantes descubiertos décadas después.

 

Hoy se sabe que, al calentar muestras marcianas —como hacía el instrumento Viking—, estos percloratos destruyen los compuestos orgánicos, generando gases que pueden confundirse con contaminación o productos químicos simples. Es decir, los instrumentos pudieron haber destruido las posibles huellas orgánicas antes de detectarlas.

 

Desde entonces, varios rovers han encontrado compuestos orgánicos en Marte, lo que refuerza la idea de que la interpretación original pudo ser incorrecta.

 

Una hipótesis provocadora: vida adaptada a Marte

 

El nuevo artículo propone incluso un modelo hipotético para explicar cómo podría sobrevivir vida en la superficie marciana: microorganismos capaces de almacenar oxígeno y activarse brevemente cuando aparece humedad, permaneciendo la mayor parte del tiempo en estado casi dormido debido al frío extremo y la escasez de agua.

 

Esta hipótesis, denominada BARSOOM (acrónimo técnico inspirado en el nombre de Marte en las novelas de Edgar Rice Burroughs), no pretende demostrar que haya vida, sino reactivar el debate científico que quedó cerrado demasiado pronto.

 

Un asunto urgente antes de enviar humanos

 

El punto más inquietante del estudio es estratégico: si existen microorganismos marcianos, las futuras misiones tripuladas podrían contaminar Marte antes de que se haya resuelto la cuestión.

 

Además, las normas internacionales de protección planetaria impedirían que astronautas regresaran a la Tierra si hubieran entrado en contacto con formas de vida desconocidas hasta demostrar que no representan peligro biológico.

 

Por eso, los autores piden retomar con urgencia la investigación sobre vida marciana antes de que lleguen misiones humanas.

 

Medio siglo después, la pregunta sigue abierta

 

Durante décadas, los manuales de ciencia enseñaron que Viking demostró que Marte era un mundo estéril. Este nuevo análisis sugiere que quizá cerramos el caso demasiado rápido.

 

Si es así, la mayor pregunta de la exploración espacial —si estamos solos— podría haber quedado enterrada bajo una interpretación científica que ahora comienza a revisarse.

 

Y Marte, silencioso, podría llevar medio siglo esperando que volvamos a mirar con más atención.

 

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