Autor de "El último secreto"
Dan Brown: “Robert Langdon es el hombre que me gustaría ser”
Durante más de dos décadas, Dan Brown ha convertido el thriller intelectual en un fenómeno global. Desde El código Da Vinci, sus novelas han paseado a millones de lectores por catedrales, bibliotecas secretas, sociedades iniciáticas y laboratorios de ciencia puntera, siempre con una premisa: el conocimiento puede ser tan peligroso como fascinante.
Ahora regresa con una nueva aventura de Robert Langdon, publicada en español como El último secreto, una novela que traslada al célebre simbólogo a la enigmática ciudad de Praga y que gira en torno a una cuestión aún más ambiciosa que los códigos religiosos o las conspiraciones históricas: la naturaleza de la conciencia humana y la posibilidad de que esta no esté limitada por el cuerpo.
A partir de diversas conversaciones concedidas por el autor con motivo del lanzamiento de la novela, presentamos aquí una entrevista única, que reúne sus reflexiones sobre la obra, su proceso creativo, el papel de la ciencia y la espiritualidad, su relación con el personaje de Langdon y su visión sobre el mundo actual.
Han pasado varios años desde la última novela de Robert Langdon. ¿Cómo se siente al volver al personaje?
Es como si nunca me hubiera ido. Langdon y yo compartimos muchas pasiones: la historia, el arte, los códigos, las búsquedas de tesoros intelectuales. Yo estoy solo, en la oscuridad, escribiendo frente a un ordenador, mientras él corre por el mundo viviendo aventuras. Me divierte vivir esas experiencias a través de él.
Siempre digo que Langdon es el hombre que me gustaría ser: más valiente y rápido mentalmente. Lo que él dice espontáneamente, yo tengo que investigarlo durante días para poder escribirlo.
¿Por qué decidió centrar esta su última novela en la conciencia humana?
Siempre he escrito sobre grandes temas: la religión, la ciencia, la inteligencia artificial, el origen de la humanidad… pero sentía que había uno mayor que todos: la conciencia humana, el filtro a través del cual experimentamos la realidad.
El problema es que es un tema muy etéreo. Convertir algo tan abstracto en un thriller rápido fue un enorme desafío. Por eso el libro llevó tantos años de trabajo.
¿Hubo algún momento en que comprendió que debía escribir esta historia?
Sí. Leí sobre un experimento en el que ciertas zonas del cerebro se activaban antes de que una persona viera una imagen. Es decir, el cerebro reaccionaba antes de recibir el estímulo visual.
Eso plantea preguntas enormes: ¿está el cerebro anticipando lo que va a ocurrir? ¿Existe algún tipo de conocimiento previo? ¿Fluye el tiempo en dos direcciones?
Nada de eso parece tener sentido desde nuestra comprensión actual, pero me hizo sentir que debía entender mejor la conciencia y encontrar una forma entretenida de compartir ese misterio con los lectores.
¿Por qué eligió la ciudad de Praga como escenario de su nueva historia?
La localización es fundamental; el lugar es un personaje más. Praga ha sido durante siglos el centro místico de Europa. El emperador Rodolfo II reunió allí alquimistas, ocultistas y pensadores que intentaban comprender lo invisible.
La ciudad está llena de pasadizos, criptas, catedrales, callejones oscuros… Es perfecta para una historia de Langdon.
La novela aborda disciplinas como la noética, poco reconocidas académicamente. ¿Qué representan para usted?
La noética estudia la conciencia y cómo la mente puede influir en el mundo físico. Examina cuestiones como el efecto de la oración o si el pensamiento colectivo puede alterar procesos físicos. No digo que tengamos todas las respuestas, pero sí que existen experimentos y fenómenos que merecen estudiarse con mente abierta y escepticismo al mismo tiempo.
¿Cree que la conciencia podría sobrevivir a la muerte física?
Es una idea fascinante. El miedo a la muerte es universal. Si pudiéramos aceptar que la conciencia continúa de algún modo, ese temor podría disminuir, y muchos comportamientos negativos nacidos del miedo perderían fuerza.
Si comprendemos que esta vida es solo una etapa dentro de un viaje mayor, podríamos superar muchas divisiones humanas como nacionalidad, raza o ideología.
Langdon no es un héroe de acción tradicional. ¿Es esa la clave de su éxito?
Sí. Crecí en un entorno lleno de profesores. Mis héroes eran académicos, no soldados. Quería crear un protagonista que resolviera problemas con su mente, no con violencia.
Por eso siempre he insistido en que Langdon no debe convertirse en experto en armas ni en un personaje autodestructivo. Su fuerza es intelectual.
Sus novelas contienen mucha información histórica y científica. ¿Cómo evita que el relato se vuelva pesado?
La información debe estar directamente ligada a la acción. Si Langdon explica algo, tiene que ayudar a resolver un enigma en ese momento. Si no sirve a la historia, se elimina.
La tecla de borrar es el mejor amigo del escritor. En este libro escribí cerca de un millón de palabras para quedarme con unas doscientas mil.
¿Qué importancia tiene el editor en ese proceso?
Es fundamental. El escritor pierde perspectiva. El editor lee como lector por primera vez y puede decirte dónde sobra información o dónde falta.
¿Cómo afecta la inteligencia artificial a su trabajo?
La IA es una herramienta impresionante, pero todavía es joven y no siempre fiable para obtener información precisa. Lo preocupante es que cada tecnología termina siendo utilizada como arma.
La tecnología avanza más rápido que nuestra filosofía y nuestra ética. Somos como niños jugando con granadas: creamos herramientas sin tener aún la madurez moral necesaria para manejarlas.
Langdon comienza siendo escéptico frente a lo paranormal. ¿Es también su propio recorrido?
Sí. El lector ve cómo Langdon cambia a lo largo de la historia, y eso refleja mi propia evolución durante años de investigación. Él vive ese proceso en un día; a mí me llevó mucho más tiempo.
¿Influyó la muerte de su madre en el tema de la novela?
Sin duda. Cuando alguien cercano muere, te preguntas qué ocurre después. Es difícil aceptar que todo lo que somos desaparezca sin más. Muchas religiones ofrecen respuestas, pero yo sigo buscando comprensión.
A pesar de su éxito, sigue recibiendo críticas duras. ¿Le afectan?
Claro que afectan. A cualquiera le gustaría que todos apreciaran su trabajo. Pero cuando publicas un libro es como lanzar un globo aerostático con una diana pintada y darle a todo el mundo un arma para disparar. Es parte del oficio creativo.
¿Qué espera que encuentren los lectores en El último secreto?
Espero que disfruten una aventura emocionante y, al mismo tiempo, se hagan preguntas sobre quiénes somos y qué es realmente la conciencia. Si logro que alguien termine el libro diciendo: “No sabía esto y quiero saber más”, entonces he cumplido mi objetivo.
Esta entrevista se ha construido a partir de diversas conversaciones mantenidas por Dan Brown con medios internacionales durante el lanzamiento de su novela, reunidas y editadas en un único diálogo coherente para el lector en español.
Durante más de dos décadas, Dan Brown ha convertido el thriller intelectual en un fenómeno global. Desde El código Da Vinci, sus novelas han paseado a millones de lectores por catedrales, bibliotecas secretas, sociedades iniciáticas y laboratorios de ciencia puntera, siempre con una premisa: el conocimiento puede ser tan peligroso como fascinante.
Ahora regresa con una nueva aventura de Robert Langdon, publicada en español como El último secreto, una novela que traslada al célebre simbólogo a la enigmática ciudad de Praga y que gira en torno a una cuestión aún más ambiciosa que los códigos religiosos o las conspiraciones históricas: la naturaleza de la conciencia humana y la posibilidad de que esta no esté limitada por el cuerpo.
A partir de diversas conversaciones concedidas por el autor con motivo del lanzamiento de la novela, presentamos aquí una entrevista única, que reúne sus reflexiones sobre la obra, su proceso creativo, el papel de la ciencia y la espiritualidad, su relación con el personaje de Langdon y su visión sobre el mundo actual.
Han pasado varios años desde la última novela de Robert Langdon. ¿Cómo se siente al volver al personaje?
Es como si nunca me hubiera ido. Langdon y yo compartimos muchas pasiones: la historia, el arte, los códigos, las búsquedas de tesoros intelectuales. Yo estoy solo, en la oscuridad, escribiendo frente a un ordenador, mientras él corre por el mundo viviendo aventuras. Me divierte vivir esas experiencias a través de él.
Siempre digo que Langdon es el hombre que me gustaría ser: más valiente y rápido mentalmente. Lo que él dice espontáneamente, yo tengo que investigarlo durante días para poder escribirlo.
¿Por qué decidió centrar esta su última novela en la conciencia humana?
Siempre he escrito sobre grandes temas: la religión, la ciencia, la inteligencia artificial, el origen de la humanidad… pero sentía que había uno mayor que todos: la conciencia humana, el filtro a través del cual experimentamos la realidad.
El problema es que es un tema muy etéreo. Convertir algo tan abstracto en un thriller rápido fue un enorme desafío. Por eso el libro llevó tantos años de trabajo.
¿Hubo algún momento en que comprendió que debía escribir esta historia?
Sí. Leí sobre un experimento en el que ciertas zonas del cerebro se activaban antes de que una persona viera una imagen. Es decir, el cerebro reaccionaba antes de recibir el estímulo visual.
Eso plantea preguntas enormes: ¿está el cerebro anticipando lo que va a ocurrir? ¿Existe algún tipo de conocimiento previo? ¿Fluye el tiempo en dos direcciones?
Nada de eso parece tener sentido desde nuestra comprensión actual, pero me hizo sentir que debía entender mejor la conciencia y encontrar una forma entretenida de compartir ese misterio con los lectores.
¿Por qué eligió la ciudad de Praga como escenario de su nueva historia?
La localización es fundamental; el lugar es un personaje más. Praga ha sido durante siglos el centro místico de Europa. El emperador Rodolfo II reunió allí alquimistas, ocultistas y pensadores que intentaban comprender lo invisible.
La ciudad está llena de pasadizos, criptas, catedrales, callejones oscuros… Es perfecta para una historia de Langdon.
La novela aborda disciplinas como la noética, poco reconocidas académicamente. ¿Qué representan para usted?
La noética estudia la conciencia y cómo la mente puede influir en el mundo físico. Examina cuestiones como el efecto de la oración o si el pensamiento colectivo puede alterar procesos físicos. No digo que tengamos todas las respuestas, pero sí que existen experimentos y fenómenos que merecen estudiarse con mente abierta y escepticismo al mismo tiempo.
¿Cree que la conciencia podría sobrevivir a la muerte física?
Es una idea fascinante. El miedo a la muerte es universal. Si pudiéramos aceptar que la conciencia continúa de algún modo, ese temor podría disminuir, y muchos comportamientos negativos nacidos del miedo perderían fuerza.
Si comprendemos que esta vida es solo una etapa dentro de un viaje mayor, podríamos superar muchas divisiones humanas como nacionalidad, raza o ideología.
Langdon no es un héroe de acción tradicional. ¿Es esa la clave de su éxito?
Sí. Crecí en un entorno lleno de profesores. Mis héroes eran académicos, no soldados. Quería crear un protagonista que resolviera problemas con su mente, no con violencia.
Por eso siempre he insistido en que Langdon no debe convertirse en experto en armas ni en un personaje autodestructivo. Su fuerza es intelectual.
Sus novelas contienen mucha información histórica y científica. ¿Cómo evita que el relato se vuelva pesado?
La información debe estar directamente ligada a la acción. Si Langdon explica algo, tiene que ayudar a resolver un enigma en ese momento. Si no sirve a la historia, se elimina.
La tecla de borrar es el mejor amigo del escritor. En este libro escribí cerca de un millón de palabras para quedarme con unas doscientas mil.
¿Qué importancia tiene el editor en ese proceso?
Es fundamental. El escritor pierde perspectiva. El editor lee como lector por primera vez y puede decirte dónde sobra información o dónde falta.
¿Cómo afecta la inteligencia artificial a su trabajo?
La IA es una herramienta impresionante, pero todavía es joven y no siempre fiable para obtener información precisa. Lo preocupante es que cada tecnología termina siendo utilizada como arma.
La tecnología avanza más rápido que nuestra filosofía y nuestra ética. Somos como niños jugando con granadas: creamos herramientas sin tener aún la madurez moral necesaria para manejarlas.
Langdon comienza siendo escéptico frente a lo paranormal. ¿Es también su propio recorrido?
Sí. El lector ve cómo Langdon cambia a lo largo de la historia, y eso refleja mi propia evolución durante años de investigación. Él vive ese proceso en un día; a mí me llevó mucho más tiempo.
¿Influyó la muerte de su madre en el tema de la novela?
Sin duda. Cuando alguien cercano muere, te preguntas qué ocurre después. Es difícil aceptar que todo lo que somos desaparezca sin más. Muchas religiones ofrecen respuestas, pero yo sigo buscando comprensión.
A pesar de su éxito, sigue recibiendo críticas duras. ¿Le afectan?
Claro que afectan. A cualquiera le gustaría que todos apreciaran su trabajo. Pero cuando publicas un libro es como lanzar un globo aerostático con una diana pintada y darle a todo el mundo un arma para disparar. Es parte del oficio creativo.
¿Qué espera que encuentren los lectores en El último secreto?
Espero que disfruten una aventura emocionante y, al mismo tiempo, se hagan preguntas sobre quiénes somos y qué es realmente la conciencia. Si logro que alguien termine el libro diciendo: “No sabía esto y quiero saber más”, entonces he cumplido mi objetivo.
Esta entrevista se ha construido a partir de diversas conversaciones mantenidas por Dan Brown con medios internacionales durante el lanzamiento de su novela, reunidas y editadas en un único diálogo coherente para el lector en español.











