Pradales y su miedo a Vox
El lendacari Imanol Pradales, transmutado en Charles de Gaulle durante su exilio en Londres, dirigiéndose a la nación vasca en su lucha de resistencia y supervivencia frente al invasor verde que pretende usurparles el poder, ha pronunciado estas aladas palabras en su perfil de X el pasado miércoles 11 de febrero, fecha que quedará para los anales de las advertencias y admoniciones. Para que luego nadie se llame a engaño con que no se le avisó de lo que podía ocurrir:
“Me preocupan las dinámicas políticas y los resultados electorales que estamos viendo en el Estado durante estos últimos meses.
Por una parte, el auge de la extrema derecha, una derecha autoritaria unionista que niega la propia existencia de la entidad y de la nación vasca y que cuestiona sin disimulo el autogobierno vasco y nuestras instituciones y por otra parte una derecha conservadora desnortada, obsesionada con su flanco derecho, cada vez más alejada de posiciones moderadas y cada vez más cautiva de los postulados reaccionarios y contrarios a la libertad.
Debemos ser conscientes del momento político que estamos viviendo y debemos trabajar para evitar que dichas corrientes aumenten su caudal porque las consecuencias políticas y sociales serían nefastas para Euskadi.
Ante los tiempos oscuros que puedan llegar siempre defenderemos la casa y la causa vasca: democracia frente autoritarismo, libertad frente a imposición, autogobierno frente a subordinación.
Por eso reitero hoy el llamamiento a toda la sociedad vasca en el compromiso de la defensa de la casa vasca.”
Habló un nacionalista. En fin, que nos hemos quedado todos muy preocupados por estas declaraciones y que nos llevan a analizarlas de la manera más mesurada y objetiva posible, sin apasionamiento, pero sin miedo, que bastante miedo llevamos metido en el cuerpo mientras aquí campeó una versión del nacionalismo a la que le dio por matar a todo aquel que se manifestara en su contra. Aquello no era imposición, qué va, aquello era simplemente que había gente descarriada, tirada al monte, que hacía cosas poco presentables. Y de aquel desastre vivimos todavía, en una sociedad adormecida donde no se puede ni intentar siquiera sacar un símbolo que recuerde que esto es España.
Pero, por mucho que les pese, todos los nacionalistas llevan la bandera de España en su cartera, en forma de DNI, que es la garantía de los derechos y libertades de que disfrutan y de la preponderancia política, así como de la solvencia económica que ostentan. Todo eso les viene gracias a que son españoles. Lo que les ocurriera en otra condición nacional ni ellos mismos lo saben ni se lo imaginan siquiera. Prefieren que continúe todo así, porque les va bien así. Despotricando contra España y, mientras tanto, viviendo a su costa. Bonito programa. España es la garantía de su estatus privilegiado y no se dignan siquiera a nombrarla: dicen “el Estado”. No se conoce desagradecimiento ni soberbia mayores.
Bien. Empecemos por el principio. Dice Pradales que le preocupan los resultados electorales en el Estado durante los últimos meses. Suponemos que se refiere a las elecciones de Extremadura y de Aragón, donde ganó el PP, pero sin subir casi nada (en Extremadura un escaño y en Aragón perdiendo dos), mientras que en ambos casos Vox dobló los resultados. Creo que esto es lo que le preocupa a Pradales. Define a Vox como “una derecha autoritaria unionista que niega la propia existencia de la entidad y de la nación vasca y que cuestiona sin disimulo el autogobierno vasco y nuestras instituciones”. Bueno, estaríamos entonces con Vox en el mismo caso que el del señor Pradales y su partido, que niega la existencia de la nación española y que cuestiona sin disimulo la presencia de España aquí. Que considera que el sistema político español es manifiestamente mejorable (no se cansan de repetir lo de la democracia de baja calidad), como si ellos no contribuyeran al bloqueo que hoy ejerce el Gobierno de Sánchez y su “mayoría progresista”, que no es capaz de sacar los presupuestos y que tiene paralizado el progreso del país, a lo que el PNV contribuye con entusiasmo y a conciencia con sus votos, impidiendo una moción de censura. Un PNV que desprecia las instituciones españolas, a las que casi nunca acude (decimos casi nunca porque la única vez que tenemos recuerdo de que asistiera fue con motivo de la visita del presidente de Alemania, cuando Pradales acudió vestido de frac a una cena en Madrid, porque sabía que quedaría en evidencia ante el presidente alemán para que luego viniera aquí al día siguiente). Pero lo que es ir a Madrid con motivo de la Hispanidad, por ejemplo, o del aniversario de la Constitución de 1978, eso nunca se ha visto que lo haga un lendacari. Y lo de decir España, ¿cuándo menciona un lendacari en sus discursos el nombre de España? Dicen Estado, como ahora. Estado. Entonces que se lo coman con patatas cuando Vox llama al País Vasco región de España. Si ellos no respetan a los demás, por qué tienen los demás que respetarles a ellos. Por qué quieren que se les acepte que son una nación si ellos no respetan la existencia de la nación española. Piden respeto cuando ellos no lo tienen por los demás.
Por no hablar de Aitor Esteban, que ha perdido dieciocho kilos desde que volvió de Madrid y dice que es porque allí estaba con sobrepeso debido a las comidas desordenadas. Aquí, en cambio, está mucho mejor. Y resulta que los periodistas que le entrevistan no hacen más que preocuparse y preguntarle por el aspecto que tiene. Pero, en fin, él dice que eso es justo al revés. Antes, cuando estaba en Madrid, su situación física era de preocupar, según él, cuando en realidad mostraba un aspecto sonrosado y orondo y ahora, en cambio, debe creerse que está exuberante, con sus ojeras y su aspecto demacrado. Así es el nacionalismo. Que lo ve todo de distinta manera que la gente normal. Un nacionalismo que hasta se preocupa en las noticias de decirnos qué tiempo hace en Mauleón, como si a la gente normal que ve las noticias le importara el tiempo que hace en Mauleón. La suerte que tiene la gente normal es que no ve la cadena donde dan las noticias que les dicen qué tiempo hace en Mauleón.
Y luego Pradales entra con el PP, a quien define así: “una derecha conservadora desnortada, obsesionada con su flanco derecho, cada vez más alejada de posiciones moderadas y cada vez más cautiva de los postulados reaccionarios y contrarios a la libertad”. ¿Esto lo dice porque lo ve o porque le interesa que sea así? Porque los nacionalistas ya sabemos que solo ven lo que quieren ver. Como cuando vino el presidente de Alemania acompañado del rey de España a presentar sus respetos ante el pueblo de Guernica por el tema del bombardeo y los nacionalistas, con el rey de España delante, decían que venía de mero acompañante. Yo más bien pienso que al PNV le interesa que la derecha sea así como la pintan ellos. En esto se comporta Pradales exactamente igual que Sánchez. Pensará que no hay maniqueísmo en sus palabras. Pradales se suma así al proyecto sanchista de cavar una zanja entre la derecha y el resto, estableciendo una suerte de cordón sanitario y considerando a toda la derecha cortada por el mismo patrón, sin matices, sin diferencias entre partidos, sin posibilidad alguna de establecer relación con ningún partido de ese ámbito, es más, interesándole que eso sea así e impidiendo por todos los medios que sea de otra forma.
La verdad, aparte de lo que diga interesadamente Pradales, es que el PP tiene un problema, porque siempre quiso ser como el PSOE de Felipe González y su mayor sueño sería que Felipe González se hiciera del PP. Pero eso será cuando las ranas críen pelo. Ese es el problema del PP, su acomplejamiento confeso respecto del PSOE de Felipe González. Hasta Feijóo reconoce que en su juventud votó al PSOE de Felipe González. Qué mayor reconocimiento de subordinación ideológica. A dónde van así. Cuando Felipe González fue el que trajo el reconocimiento de los nacionalismos como las ideologías de referencia en sus comunidades respectivas, poniendo al PNV aquí y a CiU en Cataluña como los partidos dominantes en las elecciones autonómicas, dejándole a él vía libre en las generales. Pacto de conveniencia que conllevó el sometimiento al nacionalismo de las poblaciones no nacionalistas de País Vasco y Cataluña, a las que votar en las generales por Felipe González no les libraba de estar a merced de lo que quisieran hacer los nacionalismos en sus territorios respectivos, con el consentimiento, el aplauso y el apoyo de Madrid.
Pradales dice luego en su arenga eso de la defensa de la casa vasca. La casa vasca era un restaurante que había en el barrio de Deusto en Bilbao y que cerró. No conocí otro lugar que se llamara así. Pero también puede ser el chiringuito que se tienen montado los Pradales y compañía y que no tiene nada que ver con el País Vasco real. Desde que Sabino Arana definió su proyecto político, que no olvidemos que surgió contra las gentes como Pradales, procedentes de Allendelebro, sabemos que el nacionalismo vasco es lo peor que le ha podido ocurrir al País Vasco en toda su historia contemporánea, discriminando a la gente que llegaba aquí por el hecho de venir del Ebro para abajo, como si los que hubiera aquí de antes fueran la culminación de la especie humana en todos sus aspectos, potencias y facultades.
Pradales se sumó –creo que impulsado por sus padres, que regentaban un bachoqui en Santurce– a ese proyecto que excluía la identidad de sus ancestros, a medias por el interés y a medias por la ignorancia. Y ahora se pone a defender a los que excluían a sus antepasados como si le fuera la vida en ello. Bueno, a decir verdad, sí que le va la vida en ello porque el chollo que se ha buscado es de los que marcan de por vida. Sabemos que la mayoría de los nacionalistas actuales, empezando por él y por el presidente del partido Aitor Esteban Bravo, son gente que procede de la inmigración de otras partes de España y que tienen de vascos de pura cepa lo que yo. ¿No les parece un chiste que se pongan a defender una idea de la que no formaron parte en su origen, es más, de la que fueron excluidos en su origen, y a la que se han sumado con la mejor de las voluntades y con el mejor de los intereses pero que no es la suya? ¿Se imaginan un PNV conformado por una mayoría de maquetos que se pongan a defender con uñas y dientes lo que Pradales llama “la casa vasca”? Es lo que estamos viendo. Por cierto, ¿saben por qué Pradales dice “la casa vasca” y ya no dice “la casa del padre”, que es lo que siempre se habría dicho en estos casos, desde la poesía de Gabriel Aresti: nire aitaren etxea defendituko dut, defenderé la casa de mi padre? Pues sí, lo han adivinado, por eso mismo, sí, porque lo consideran heteropatriarcal, y el PNV está ya por encima de eso, hay que actualizarse. Adiós a la casa del padre. Bienvenida la casa vasca, o la casa, sin más. Como el Estado. Todos lo entendemos porque vivimos aquí. Alguien que llegue de fuera tendría que pedir asistencia inmediata para descifrar la logomaquia.
Que la gente no se sume a su proyecto es algo que le viene muy bien, a esa gente quiero decir, sobre todo para su salud mental, aunque no salgan tan favorecidos económicamente. La gente que no se suma a su proyecto no tiene los sueldazos que se consiguen sumándose al mismo, sobre todo en la administración, que es la que acapara aquí la mayor parte de los trabajos, y si le sumas, a los puestos de trabajo directos, la multitud de los indirectos que genera el clientelismo y los chiringuitos de ayuntamientos, diputaciones, parlamento y gobierno vasco, ya ni te cuento. Pero la gente que no se suma a ese proyecto sale ganando en salud mental, como digo, y en dignidad y en autenticidad, eso sin duda. Y si Vox llegara algún día a arramplar con todo esto, yo lo sentiría en el caso de que pretendieran acabar con los Fueros, lo único auténtico que merecería salvarse y por lo que lucharía por mantenerlos vigentes con todas mis fuerzas. Pero no lo sentiría en absoluto porque acabaran con el nacionalismo, que es una peste de ideología que solo vino a dividir y a intentar acomplejar a la población, consiguiéndolo muchas veces, como es el caso de Pradales y Esteban y de tantos que votan nacionalista siendo originarios del Ebro para abajo. Es más, pienso que si Vox acabara con el nacionalismo sería lo mejor que le podría ocurrir a este país. Y después ya nos encargaríamos los demás de hacer que volvieran los Fueros tal como rigieron siempre, por provincias, representativos de la población, de la población real, sin pedir origen a nadie, sin forzar a nadie porque hablara vascuence o no. Es más, haciendo que todos los que fueran a las Juntas supieran castellano, que es la mejor manera de que todos se entiendan, por encima de los dialectos del eusquera. Un castellano además que se originó aquí mismo, en Valpuesta (que pertenece a Burgos por un capricho administrativo porque para llegar al pueblo hay que hacerlo sí o sí por Álava). El castellano fue el batúa del País Vasco durante siglos. Es más, pienso que si Vox acabara con el nacionalismo, volverían los Fueros de manera natural, los que fueron pervertidos y manipulados y tergiversados por el nacionalismo, porque los Fueros constituyeron la forma en la que se gobernó este país por siglos, sin cuestionar nunca su pertenencia a España.
Imanol Pradales tiene miedo a Vox. Y piensa que haciéndoselo saber a la ciudadanía la gente se pondrá en guardia y votará más a los nacionalistas. Eso es lo único que le interesa. Pero a lo mejor le sale mal la jugada y la gente empieza a pensar por qué este hombre sale ahora con esas, si es que ve lo de Vox en serio, con posibilidades de amenazar su estatus privilegiado. Y lo dice cuando en el Parlamento vasco –ese organismo postizo e implantado por el nacionalismo y el socialismo– solo hay un representante de Vox al que los compañeros de partido y de gobierno de Pradales y sus aliados en la izquierda pusieron un cordón sanitario en tiempos de Urkullu que luego los tribunales echaron abajo. Vaya forma de entender la democracia. La democracia me gusta siempre y cuando no ponga en riesgo mis privilegios ni cuestione mi ideología. Y a eso le llaman democracia, libertad y autogobierno frente a autoritarismo, imposición y subordinación. Pues fíjese que quienes no comulgamos con sus ideas llevamos toda la vida sintiéndonos subordinados ante la bota del nacionalismo, la bota autoritaria que nos impone cómo tenemos que pensar y hablar, odiando a España por encima de todo. La bota nacionalista que es la que Pradales se pone para ir al Aberri Eguna y al Alderdi Eguna, sobre todo al Alderdi Eguna que se celebra en el monte, en las campas. El Aberri Eguna últimamente lo celebran en Bilbao, donde empezó todo.
El lendacari Imanol Pradales, transmutado en Charles de Gaulle durante su exilio en Londres, dirigiéndose a la nación vasca en su lucha de resistencia y supervivencia frente al invasor verde que pretende usurparles el poder, ha pronunciado estas aladas palabras en su perfil de X el pasado miércoles 11 de febrero, fecha que quedará para los anales de las advertencias y admoniciones. Para que luego nadie se llame a engaño con que no se le avisó de lo que podía ocurrir:
“Me preocupan las dinámicas políticas y los resultados electorales que estamos viendo en el Estado durante estos últimos meses.
Por una parte, el auge de la extrema derecha, una derecha autoritaria unionista que niega la propia existencia de la entidad y de la nación vasca y que cuestiona sin disimulo el autogobierno vasco y nuestras instituciones y por otra parte una derecha conservadora desnortada, obsesionada con su flanco derecho, cada vez más alejada de posiciones moderadas y cada vez más cautiva de los postulados reaccionarios y contrarios a la libertad.
Debemos ser conscientes del momento político que estamos viviendo y debemos trabajar para evitar que dichas corrientes aumenten su caudal porque las consecuencias políticas y sociales serían nefastas para Euskadi.
Ante los tiempos oscuros que puedan llegar siempre defenderemos la casa y la causa vasca: democracia frente autoritarismo, libertad frente a imposición, autogobierno frente a subordinación.
Por eso reitero hoy el llamamiento a toda la sociedad vasca en el compromiso de la defensa de la casa vasca.”
Habló un nacionalista. En fin, que nos hemos quedado todos muy preocupados por estas declaraciones y que nos llevan a analizarlas de la manera más mesurada y objetiva posible, sin apasionamiento, pero sin miedo, que bastante miedo llevamos metido en el cuerpo mientras aquí campeó una versión del nacionalismo a la que le dio por matar a todo aquel que se manifestara en su contra. Aquello no era imposición, qué va, aquello era simplemente que había gente descarriada, tirada al monte, que hacía cosas poco presentables. Y de aquel desastre vivimos todavía, en una sociedad adormecida donde no se puede ni intentar siquiera sacar un símbolo que recuerde que esto es España.
Pero, por mucho que les pese, todos los nacionalistas llevan la bandera de España en su cartera, en forma de DNI, que es la garantía de los derechos y libertades de que disfrutan y de la preponderancia política, así como de la solvencia económica que ostentan. Todo eso les viene gracias a que son españoles. Lo que les ocurriera en otra condición nacional ni ellos mismos lo saben ni se lo imaginan siquiera. Prefieren que continúe todo así, porque les va bien así. Despotricando contra España y, mientras tanto, viviendo a su costa. Bonito programa. España es la garantía de su estatus privilegiado y no se dignan siquiera a nombrarla: dicen “el Estado”. No se conoce desagradecimiento ni soberbia mayores.
Bien. Empecemos por el principio. Dice Pradales que le preocupan los resultados electorales en el Estado durante los últimos meses. Suponemos que se refiere a las elecciones de Extremadura y de Aragón, donde ganó el PP, pero sin subir casi nada (en Extremadura un escaño y en Aragón perdiendo dos), mientras que en ambos casos Vox dobló los resultados. Creo que esto es lo que le preocupa a Pradales. Define a Vox como “una derecha autoritaria unionista que niega la propia existencia de la entidad y de la nación vasca y que cuestiona sin disimulo el autogobierno vasco y nuestras instituciones”. Bueno, estaríamos entonces con Vox en el mismo caso que el del señor Pradales y su partido, que niega la existencia de la nación española y que cuestiona sin disimulo la presencia de España aquí. Que considera que el sistema político español es manifiestamente mejorable (no se cansan de repetir lo de la democracia de baja calidad), como si ellos no contribuyeran al bloqueo que hoy ejerce el Gobierno de Sánchez y su “mayoría progresista”, que no es capaz de sacar los presupuestos y que tiene paralizado el progreso del país, a lo que el PNV contribuye con entusiasmo y a conciencia con sus votos, impidiendo una moción de censura. Un PNV que desprecia las instituciones españolas, a las que casi nunca acude (decimos casi nunca porque la única vez que tenemos recuerdo de que asistiera fue con motivo de la visita del presidente de Alemania, cuando Pradales acudió vestido de frac a una cena en Madrid, porque sabía que quedaría en evidencia ante el presidente alemán para que luego viniera aquí al día siguiente). Pero lo que es ir a Madrid con motivo de la Hispanidad, por ejemplo, o del aniversario de la Constitución de 1978, eso nunca se ha visto que lo haga un lendacari. Y lo de decir España, ¿cuándo menciona un lendacari en sus discursos el nombre de España? Dicen Estado, como ahora. Estado. Entonces que se lo coman con patatas cuando Vox llama al País Vasco región de España. Si ellos no respetan a los demás, por qué tienen los demás que respetarles a ellos. Por qué quieren que se les acepte que son una nación si ellos no respetan la existencia de la nación española. Piden respeto cuando ellos no lo tienen por los demás.
Por no hablar de Aitor Esteban, que ha perdido dieciocho kilos desde que volvió de Madrid y dice que es porque allí estaba con sobrepeso debido a las comidas desordenadas. Aquí, en cambio, está mucho mejor. Y resulta que los periodistas que le entrevistan no hacen más que preocuparse y preguntarle por el aspecto que tiene. Pero, en fin, él dice que eso es justo al revés. Antes, cuando estaba en Madrid, su situación física era de preocupar, según él, cuando en realidad mostraba un aspecto sonrosado y orondo y ahora, en cambio, debe creerse que está exuberante, con sus ojeras y su aspecto demacrado. Así es el nacionalismo. Que lo ve todo de distinta manera que la gente normal. Un nacionalismo que hasta se preocupa en las noticias de decirnos qué tiempo hace en Mauleón, como si a la gente normal que ve las noticias le importara el tiempo que hace en Mauleón. La suerte que tiene la gente normal es que no ve la cadena donde dan las noticias que les dicen qué tiempo hace en Mauleón.
Y luego Pradales entra con el PP, a quien define así: “una derecha conservadora desnortada, obsesionada con su flanco derecho, cada vez más alejada de posiciones moderadas y cada vez más cautiva de los postulados reaccionarios y contrarios a la libertad”. ¿Esto lo dice porque lo ve o porque le interesa que sea así? Porque los nacionalistas ya sabemos que solo ven lo que quieren ver. Como cuando vino el presidente de Alemania acompañado del rey de España a presentar sus respetos ante el pueblo de Guernica por el tema del bombardeo y los nacionalistas, con el rey de España delante, decían que venía de mero acompañante. Yo más bien pienso que al PNV le interesa que la derecha sea así como la pintan ellos. En esto se comporta Pradales exactamente igual que Sánchez. Pensará que no hay maniqueísmo en sus palabras. Pradales se suma así al proyecto sanchista de cavar una zanja entre la derecha y el resto, estableciendo una suerte de cordón sanitario y considerando a toda la derecha cortada por el mismo patrón, sin matices, sin diferencias entre partidos, sin posibilidad alguna de establecer relación con ningún partido de ese ámbito, es más, interesándole que eso sea así e impidiendo por todos los medios que sea de otra forma.
La verdad, aparte de lo que diga interesadamente Pradales, es que el PP tiene un problema, porque siempre quiso ser como el PSOE de Felipe González y su mayor sueño sería que Felipe González se hiciera del PP. Pero eso será cuando las ranas críen pelo. Ese es el problema del PP, su acomplejamiento confeso respecto del PSOE de Felipe González. Hasta Feijóo reconoce que en su juventud votó al PSOE de Felipe González. Qué mayor reconocimiento de subordinación ideológica. A dónde van así. Cuando Felipe González fue el que trajo el reconocimiento de los nacionalismos como las ideologías de referencia en sus comunidades respectivas, poniendo al PNV aquí y a CiU en Cataluña como los partidos dominantes en las elecciones autonómicas, dejándole a él vía libre en las generales. Pacto de conveniencia que conllevó el sometimiento al nacionalismo de las poblaciones no nacionalistas de País Vasco y Cataluña, a las que votar en las generales por Felipe González no les libraba de estar a merced de lo que quisieran hacer los nacionalismos en sus territorios respectivos, con el consentimiento, el aplauso y el apoyo de Madrid.
Pradales dice luego en su arenga eso de la defensa de la casa vasca. La casa vasca era un restaurante que había en el barrio de Deusto en Bilbao y que cerró. No conocí otro lugar que se llamara así. Pero también puede ser el chiringuito que se tienen montado los Pradales y compañía y que no tiene nada que ver con el País Vasco real. Desde que Sabino Arana definió su proyecto político, que no olvidemos que surgió contra las gentes como Pradales, procedentes de Allendelebro, sabemos que el nacionalismo vasco es lo peor que le ha podido ocurrir al País Vasco en toda su historia contemporánea, discriminando a la gente que llegaba aquí por el hecho de venir del Ebro para abajo, como si los que hubiera aquí de antes fueran la culminación de la especie humana en todos sus aspectos, potencias y facultades.
Pradales se sumó –creo que impulsado por sus padres, que regentaban un bachoqui en Santurce– a ese proyecto que excluía la identidad de sus ancestros, a medias por el interés y a medias por la ignorancia. Y ahora se pone a defender a los que excluían a sus antepasados como si le fuera la vida en ello. Bueno, a decir verdad, sí que le va la vida en ello porque el chollo que se ha buscado es de los que marcan de por vida. Sabemos que la mayoría de los nacionalistas actuales, empezando por él y por el presidente del partido Aitor Esteban Bravo, son gente que procede de la inmigración de otras partes de España y que tienen de vascos de pura cepa lo que yo. ¿No les parece un chiste que se pongan a defender una idea de la que no formaron parte en su origen, es más, de la que fueron excluidos en su origen, y a la que se han sumado con la mejor de las voluntades y con el mejor de los intereses pero que no es la suya? ¿Se imaginan un PNV conformado por una mayoría de maquetos que se pongan a defender con uñas y dientes lo que Pradales llama “la casa vasca”? Es lo que estamos viendo. Por cierto, ¿saben por qué Pradales dice “la casa vasca” y ya no dice “la casa del padre”, que es lo que siempre se habría dicho en estos casos, desde la poesía de Gabriel Aresti: nire aitaren etxea defendituko dut, defenderé la casa de mi padre? Pues sí, lo han adivinado, por eso mismo, sí, porque lo consideran heteropatriarcal, y el PNV está ya por encima de eso, hay que actualizarse. Adiós a la casa del padre. Bienvenida la casa vasca, o la casa, sin más. Como el Estado. Todos lo entendemos porque vivimos aquí. Alguien que llegue de fuera tendría que pedir asistencia inmediata para descifrar la logomaquia.
Que la gente no se sume a su proyecto es algo que le viene muy bien, a esa gente quiero decir, sobre todo para su salud mental, aunque no salgan tan favorecidos económicamente. La gente que no se suma a su proyecto no tiene los sueldazos que se consiguen sumándose al mismo, sobre todo en la administración, que es la que acapara aquí la mayor parte de los trabajos, y si le sumas, a los puestos de trabajo directos, la multitud de los indirectos que genera el clientelismo y los chiringuitos de ayuntamientos, diputaciones, parlamento y gobierno vasco, ya ni te cuento. Pero la gente que no se suma a ese proyecto sale ganando en salud mental, como digo, y en dignidad y en autenticidad, eso sin duda. Y si Vox llegara algún día a arramplar con todo esto, yo lo sentiría en el caso de que pretendieran acabar con los Fueros, lo único auténtico que merecería salvarse y por lo que lucharía por mantenerlos vigentes con todas mis fuerzas. Pero no lo sentiría en absoluto porque acabaran con el nacionalismo, que es una peste de ideología que solo vino a dividir y a intentar acomplejar a la población, consiguiéndolo muchas veces, como es el caso de Pradales y Esteban y de tantos que votan nacionalista siendo originarios del Ebro para abajo. Es más, pienso que si Vox acabara con el nacionalismo sería lo mejor que le podría ocurrir a este país. Y después ya nos encargaríamos los demás de hacer que volvieran los Fueros tal como rigieron siempre, por provincias, representativos de la población, de la población real, sin pedir origen a nadie, sin forzar a nadie porque hablara vascuence o no. Es más, haciendo que todos los que fueran a las Juntas supieran castellano, que es la mejor manera de que todos se entiendan, por encima de los dialectos del eusquera. Un castellano además que se originó aquí mismo, en Valpuesta (que pertenece a Burgos por un capricho administrativo porque para llegar al pueblo hay que hacerlo sí o sí por Álava). El castellano fue el batúa del País Vasco durante siglos. Es más, pienso que si Vox acabara con el nacionalismo, volverían los Fueros de manera natural, los que fueron pervertidos y manipulados y tergiversados por el nacionalismo, porque los Fueros constituyeron la forma en la que se gobernó este país por siglos, sin cuestionar nunca su pertenencia a España.
Imanol Pradales tiene miedo a Vox. Y piensa que haciéndoselo saber a la ciudadanía la gente se pondrá en guardia y votará más a los nacionalistas. Eso es lo único que le interesa. Pero a lo mejor le sale mal la jugada y la gente empieza a pensar por qué este hombre sale ahora con esas, si es que ve lo de Vox en serio, con posibilidades de amenazar su estatus privilegiado. Y lo dice cuando en el Parlamento vasco –ese organismo postizo e implantado por el nacionalismo y el socialismo– solo hay un representante de Vox al que los compañeros de partido y de gobierno de Pradales y sus aliados en la izquierda pusieron un cordón sanitario en tiempos de Urkullu que luego los tribunales echaron abajo. Vaya forma de entender la democracia. La democracia me gusta siempre y cuando no ponga en riesgo mis privilegios ni cuestione mi ideología. Y a eso le llaman democracia, libertad y autogobierno frente a autoritarismo, imposición y subordinación. Pues fíjese que quienes no comulgamos con sus ideas llevamos toda la vida sintiéndonos subordinados ante la bota del nacionalismo, la bota autoritaria que nos impone cómo tenemos que pensar y hablar, odiando a España por encima de todo. La bota nacionalista que es la que Pradales se pone para ir al Aberri Eguna y al Alderdi Eguna, sobre todo al Alderdi Eguna que se celebra en el monte, en las campas. El Aberri Eguna últimamente lo celebran en Bilbao, donde empezó todo.












