Lunes, 16 de Febrero de 2026

Actualizada Lunes, 16 de Febrero de 2026 a las 15:16:40 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 16 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

Analicemos causas, no efectos. Ya es tarde

Un medio de comunicación vasco hace un análisis de situación en las aulas en este trozo parasitado de España que el Estatuto de Autonomía llama Euskadi, País Vasco o Euskal Herria, en su artículo primero. (Nunca he llegado a entender cómo un territorio de naturaleza política puede tener tantos nombres; y otros que no contempla el marco jurídico positivo, como Vasconia o provincias vascongadas).

 

Cito partes del texto: “Aulas ruidosas y diversas, familias conflictivas y papeleo asfixiante. Un cóctel explosivo” “Los profesores dedican el 80 % de su tiempo a gestionar conflictos de convivencia […], a gestionar ese 20 % de las familias que dan problemas, no ayudan y están en permanente exigencia […], a resolver diferencias con los compañeros [profesores], […] 15 % del tiempo [de trabajo] a papeleo, a atender las exigencias de la Administración, [...] apenas el 5 % a preparar las clases […].  “El problema migratorio tiene su impacto[…]. Uno de cada cinco adolescentes tiene ansiedad […]. A ello se añade el problema de salud mental del alumnado […]. […] y afloran nuevas dificultades, incluido el propio idioma. […] Muchos de estos nuevos alumnos arrastran problemas emocionales, […] son habituales las dificultades para escuchar al profesor[…]  ruido y desorden en el aula. [...]  […] [se dedican] prevenir conductas suicidas.”   Etc.

 

En la filmografía existen muchos títulos de películas provenientes del mundo normalmente estadounidense que reflejan esta fenomenología disruptiva y complicada para la función educacional. En los años 70 y 80 nos parecía que eso no iba a poder suceder en un ambiente característicamente propio de nuestra piel de toro. Pues no. No iba a ser así. Nosotros superamos el listón. ¡Qué le vamos a hacer!

 

En fin, sí podríamos resolverlo si quisieran nuestras administraciones públicas. No es tan difícil arreglarlo. Otra cosa es querer hacerlo. A lo mejor es de lo que se trata... de que aumente la población con analfabetismo funcional. Porque una población que no se entere de la “fiesta” es fácilmente controlable y dominable. Y no precisamente poniendo tres profesionales en cada aula para 20 o 25 alumnos, creando una inflación del profesorado jamás vista en la historia de los sistemas educativos. Esto es de locura -nunca mejor dicho-.

 

La solución viene de hacer un diagnóstico del problema, ver las causas de la disfunción sistémica del contexto educativo y resolver los inductores de la disrupción.

 

Este señor que escribe estas reflexiones que usted lee tiene 75 diciembres y se jubiló hace 15 años. Trabajó en un centro de secundaria que tenía 22 nacionalidades entre el alumnado; y, por tanto, los que inapropiadamente llamábamos “normales” desde el punto de vista de arraigo se iban a centros más tranquilos. Y les aseguro a ustedes que abordábamos las situaciones con bastante solvencia. Mucho de nuestro alumnado tenía un mal pronóstico escolar y, sin embargo, muchos acabaron estudiando carreras, otros no, pero casi todos (que me conste) acabaron situándose en la sociedad de forma constructiva y positiva. Costaba esfuerzo, pero se lograba. Era un centro de modelo A (asignaturas en castellano).  (Espero que los inteligentes lectores de este medio deduzcan por qué esos alumnos llegaban a tener éxito pese a las dificultades de partida).

 

Tras tantas décadas, bueno sería que los sistemas educativos, que se supone tienen excelentes profesionales, analizaran las causas de los problemas y la búsqueda consiguiente de soluciones. Por ejemplo… reforzar la autoridad del profesorado, aumentar las medidas que permitan la disciplina en las aulas (el alumno no es un colega, menos aún el profesor), reglamentos disciplinarios efectivos que no dejen despojados de capacidad represiva (digo bien, represiva) al profesorado, reducir la carga burocrática inane y mejorar los cursos de formación que ni forman ni sirven para nada, salvo para dar justificación a algunos enchufados y cobren sin tener alumnado a su cargo. Establecer horarios de trabajo del profesorado al margen de las exigencias sindicales absurdas que limitan la dedicación del profesorado a su intrínseca función, etc. 

 

Pero hay una esencial que nadie se atreve a enunciar y menos ese medio de comunicación que “se la coge con papel de fumar” y nunca aborda la causa clave del problema: que es el absurdo de obligar a una inmersión lingüística en una lengua que no es de contexto, a un alumnado que ya arrastra de por sí una dificultad importante de aprendizaje por la falta de dominio de la lengua ambiental y natural del alumnado, que habitualmente ya sabemos cuál es… Sí, bingo. Es el castellano. Ha acertado usted.

 

Y, por otra parte, lo normal en estos casos es que esos supongo que magníficos profesionales que son los orientadores en los centros deberán hacer un “despistaje” para detectar de forma temprana aquellos alumnos con conflictos emocionales, déficits de atención en el seno familiar, transtornos potenciales de personalidad y factores de desestebilización que llevan al alumnado a problemas de integración en el aula. Y no es solamente una detección temprana, sino la elaboración de planes de abordaje pedagógico, que para eso están los tutores, que, a su vez, han de ser orientados en su función.

 

Pero no se preocupen ustedes, señores nacionalistas y “a…sociados” que eso no se ha de tocar. Lo importante es la prevalencia del estatus quo de esta Euskadi euskadiana que no tiene su punto de mira en los ciudadanos y sus dificultades de todo orden, sino en la hegemonía de dominio y control.

 

Es el cuento de nunca acabar.

 

https://amzn.to/3CEnYI8

 

 

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.