El orden mundial entra en fase de demolición: el informe de Múnich alerta de un sistema internacional al borde de la ruptura
El sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial atraviesa su momento más crítico en ocho décadas. Así lo advierte el Munich Security Report 2026, presentado en vísperas de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que describe un escenario global marcado por lo que denomina una política de “demolición”: líderes y gobiernos que prefieren romper estructuras existentes antes que reformarlas gradualmente.
Según el informe, el auge de movimientos políticos que capitalizan el descontento social y la desconfianza hacia las instituciones democráticas está erosionando tanto la gobernanza nacional como los mecanismos de cooperación internacional. En numerosos países occidentales, amplios sectores de la población dudan de que sus gobiernos puedan garantizar prosperidad o estabilidad para las próximas generaciones, lo que ha abierto la puerta a políticas más disruptivas.
El documento señala además que el repliegue parcial de Estados Unidos de su tradicional papel de garante del orden internacional ha generado inquietud en Europa y Asia. La percepción de que Washington prioriza acuerdos bilaterales y decisiones transaccionales frente a compromisos multilaterales ha obligado a numerosos aliados a replantearse su propia autonomía estratégica y su capacidad de defensa.
En paralelo, el comercio internacional y los mecanismos de cooperación para el desarrollo y la ayuda humanitaria atraviesan fuertes tensiones. Las disputas comerciales, las sanciones y la creciente instrumentalización económica entre grandes potencias están debilitando el sistema global de intercambios, mientras que los recortes presupuestarios y la redefinición de prioridades nacionales amenazan programas de ayuda en países vulnerables que se habían revelado como una forma de control globalsocialista.
El informe apunta además a la aparición de un mundo más fragmentado, dominado por esferas de influencia regionales y acuerdos entre potencias, en detrimento de normas universales y mecanismos multilaterales. En este contexto, conflictos como la guerra en Ucrania o la inestabilidad en Oriente Medio se convierten en escenarios donde prevalecen los equilibrios de poder sobre los principios jurídicos internacionales.
Aun así, los autores del estudio sostienen que el deterioro no es irreversible. Señalan que los países y bloques que aún defienden un orden internacional basado en reglas pueden contener la dinámica de ruptura si refuerzan sus capacidades económicas y militares, intensifican la cooperación entre aliados y ofrecen reformas políticas capaces de restaurar la confianza ciudadana.
La advertencia final del informe es clara: si las democracias no logran demostrar que pueden reformarse y ofrecer soluciones reales a las crisis económicas, sociales y geopolíticas actuales, la política de demolición podría convertirse en la norma de un nuevo orden mundial todavía incierto.
El sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial atraviesa su momento más crítico en ocho décadas. Así lo advierte el Munich Security Report 2026, presentado en vísperas de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que describe un escenario global marcado por lo que denomina una política de “demolición”: líderes y gobiernos que prefieren romper estructuras existentes antes que reformarlas gradualmente.
Según el informe, el auge de movimientos políticos que capitalizan el descontento social y la desconfianza hacia las instituciones democráticas está erosionando tanto la gobernanza nacional como los mecanismos de cooperación internacional. En numerosos países occidentales, amplios sectores de la población dudan de que sus gobiernos puedan garantizar prosperidad o estabilidad para las próximas generaciones, lo que ha abierto la puerta a políticas más disruptivas.
El documento señala además que el repliegue parcial de Estados Unidos de su tradicional papel de garante del orden internacional ha generado inquietud en Europa y Asia. La percepción de que Washington prioriza acuerdos bilaterales y decisiones transaccionales frente a compromisos multilaterales ha obligado a numerosos aliados a replantearse su propia autonomía estratégica y su capacidad de defensa.
En paralelo, el comercio internacional y los mecanismos de cooperación para el desarrollo y la ayuda humanitaria atraviesan fuertes tensiones. Las disputas comerciales, las sanciones y la creciente instrumentalización económica entre grandes potencias están debilitando el sistema global de intercambios, mientras que los recortes presupuestarios y la redefinición de prioridades nacionales amenazan programas de ayuda en países vulnerables que se habían revelado como una forma de control globalsocialista.
El informe apunta además a la aparición de un mundo más fragmentado, dominado por esferas de influencia regionales y acuerdos entre potencias, en detrimento de normas universales y mecanismos multilaterales. En este contexto, conflictos como la guerra en Ucrania o la inestabilidad en Oriente Medio se convierten en escenarios donde prevalecen los equilibrios de poder sobre los principios jurídicos internacionales.
Aun así, los autores del estudio sostienen que el deterioro no es irreversible. Señalan que los países y bloques que aún defienden un orden internacional basado en reglas pueden contener la dinámica de ruptura si refuerzan sus capacidades económicas y militares, intensifican la cooperación entre aliados y ofrecen reformas políticas capaces de restaurar la confianza ciudadana.
La advertencia final del informe es clara: si las democracias no logran demostrar que pueden reformarse y ofrecer soluciones reales a las crisis económicas, sociales y geopolíticas actuales, la política de demolición podría convertirse en la norma de un nuevo orden mundial todavía incierto.












