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Lunes, 23 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

Nueva York se blinda ante la tormenta del siglo: estado de emergencia y ciudad paralizada por la nieve

[Img #29897]Nueva York, la gran metrópoli del Atlántico norte ha activado todos sus resortes de protección. New York City se prepara para lo que las autoridades describen como la peor tormenta de nieve en una década, un episodio meteorológico que amenaza con dejar acumulaciones superiores a los 40 o incluso 50 centímetros y convertir el corazón financiero del mundo en un territorio casi intransitable durante horas críticas.

 

El Ayuntamiento declaró el estado de emergencia local con antelación, suspendió las clases en las escuelas públicas y lanzó una orden tajante: prohibición de desplazamientos no esenciales durante el tramo más intenso del temporal. El mensaje es claro: despejar las calles antes de que la nieve y el viento reduzcan la visibilidad a mínimos y conviertan cualquier accidente en un colapso en cadena. La ciudad no quiere repetir imágenes del pasado, cuando autopistas bloqueadas y barrios aislados pusieron a prueba la resistencia de su infraestructura.

 

El despliegue logístico es de escala industrial. Más de dos mil vehículos equipados con arados y cadenas están listos para operar de forma escalonada, mientras centenares de camiones esparcen sal en las principales arterias antes incluso de que la tormenta alcance su punto álgido. Las autoridades han insistido en que la prioridad es mantener operativos los accesos a hospitales, estaciones de bomberos y centros neurálgicos de suministro energético. La nieve, en una ciudad vertical y densamente poblada, no es solo un impresionante fenómeno estético: es una amenaza directa a la movilidad, la seguridad y la economía.

 

El sistema de transporte también se ha visto alterado de forma preventiva. Cancelaciones masivas de vuelos en el corredor noreste, restricciones en carreteras estatales y ajustes en el metro forman parte del plan de contingencia. Las previsiones meteorológicas advierten de rachas de viento capaces de provocar ventiscas y episodios de “whiteout”, donde la visibilidad se reduce prácticamente a cero. En esas condiciones, un simple desplazamiento puede convertirse en un riesgo grave.

 

Al mismo tiempo, la ciudad ha reforzado los dispositivos de atención a personas vulnerables y sin hogar, conscientes de que el frío extremo puede resultar letal. Refugios ampliados, equipos de emergencia en alerta y comunicación constante con la población forman parte de una estrategia que combina prevención y control de daños.

 

Más allá de la dimensión climática, lo que se ensaya estos días en Nueva York es una demostración de gobernanza en tiempo real. La capacidad de anticipación, la coordinación entre departamentos y la disciplina social serán determinantes para que la tormenta no se traduzca en una crisis mayor. Cuando la nieve empiece a cubrir los rascacielos y las avenidas se transformen en corredores blancos, la ciudad que nunca duerme pondrá a prueba su músculo operativo frente a una naturaleza que, por unas horas, reclama el control absoluto del paisaje urbano.

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