La noche en que cayó el hombre más temido de México
![[Img #29899]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/02_2026/2774_screenshot-2026-02-24-at-09-31-59-mexico-abate-a-el-mencho-con-ayuda-de-eeuu.png)
La noticia no llegó en forma de comunicado solemne. Llegó como un estallido.
Primero fueron detonaciones en la sierra. Luego el despliegue aéreo. Después el silencio. Y, finalmente, la confirmación oficial: Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), había muerto en un operativo federal.
No detenido. No extraditado. No juzgado. Abatido.
Durante más de una década fue el nombre más repetido en los informes de la Drug Enforcement Administration, el rostro invisible detrás de convoyes armados, ejecuciones múltiples y una expansión criminal sin precedentes. Su figura creció al mismo ritmo que el poder del CJNG: rápido, brutal, vertical.
Y ahora yacía muerto en la misma geografía que lo vio ascender.
El operativo final
De acuerdo con fuentes oficiales, el enfrentamiento se produjo tras semanas de inteligencia militar y seguimiento satelital apoyado por Estados Unidos. Elementos de las fuerzas especiales cercaron una propiedad en una zona montañosa de Jalisco. El intercambio de fuego fue intenso. La resistencia, feroz.
Las autoridades describieron el operativo como “legítima defensa ante agresión armada”. El resultado fue inmediato: el objetivo prioritario cayó en el lugar.
Las imágenes que circularon después —helicópteros artillados sobrevolando la zona, columnas de humo en caminos rurales, patrullas bloqueando accesos— confirmaban que no se trató de una captura limpia, sino de una batalla.
La reacción: fuego y advertencia
En cuestión de horas, varias carreteras de Jalisco y estados vecinos registraron bloqueos con vehículos incendiados. En algunos municipios, hombres armados obligaron a transportistas a atravesar tráileres en autopistas estratégicas. La señal era inequívoca: el cártel seguía operativo.
Guadalajara amaneció con presencia reforzada de fuerzas federales. Las escuelas suspendieron actividades en ciertos puntos del estado. Comerciantes bajaron persianas antes del anochecer.
La muerte del líder no significaba la desarticulación inmediata de la organización.
El vacío de poder
El Cártel Jalisco Nueva Generación se construyó alrededor de una figura centralista y temida. A diferencia de otras estructuras fragmentadas, el CJNG operó durante años con disciplina vertical y expansión territorial agresiva.
La pregunta que domina ahora los análisis de seguridad es quién asume el mando.
En los círculos especializados se mencionan lugartenientes regionales con autonomía suficiente para disputar el liderazgo. Y en el mundo del narcotráfico, las transiciones rara vez son pacíficas.
El riesgo inmediato es doble: guerra interna y ofensiva contra rivales históricos.
El factor Estados Unidos
Washington reaccionó con un mensaje medido. Durante años, el Mencho figuró entre los objetivos prioritarios del Gobierno estadounidense por el tráfico masivo de metanfetamina y fentanilo. Su muerte cierra la posibilidad de una extradición que podría haber revelado rutas, redes financieras y presuntas complicidades.
Algunos analistas sostienen que un juicio habría tenido implicaciones políticas más profundas que su eliminación física. Otros señalan que la prioridad operativa era neutralizar la amenaza directa. El debate apenas comienza.
¿Golpe estructural o símbolo?
La experiencia mexicana obliga a la prudencia. La caída de líderes como Joaquín Guzmán Loera no eliminó el narcotráfico; lo reconfiguró. Fragmentó estructuras, multiplicó células y diversificó violencias.
El CJNG no es solo un jefe. Es una red de producción, transporte, lavado de dinero, control territorial y coerción social. Su músculo financiero no desaparece con una sola muerte.
Sin embargo, la figura de Oseguera Cervantes era un elemento de cohesión y autoridad interna difícil de reemplazar.
El país ante otra encrucijada
En comunidades rurales donde el cártel imponía orden mediante miedo —y, en algunos casos, mediante empleo ilegal— la incertidumbre es palpable. Para unos, la caída del líder representa una oportunidad de debilitamiento. Para otros, el inicio de un periodo más imprevisible.
El Gobierno federal presenta el hecho como un hito en la lucha contra el crimen organizado. Pero el verdadero examen no está en el comunicado oficial, sino en las semanas siguientes: reducción sostenida de violencia o recrudecimiento territorial.
El final del mito
Durante años, el Mencho fue el hombre invisible. No concedía entrevistas. No aparecía en público. Su poder se medía por la intensidad de los ataques y la velocidad de su expansión.
Su muerte pone fin al mito del intocable.
Pero en México, los mitos criminales rara vez mueren solos. Dejan herederos. Dejan fracturas. Dejan cuentas pendientes.
La noche en que cayó el hombre más temido no fue el cierre de una historia. Fue el inicio de otra. Y esa historia, como tantas veces, se escribirá entre el silencio de la sierra y el eco de las balas.
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La noticia no llegó en forma de comunicado solemne. Llegó como un estallido.
Primero fueron detonaciones en la sierra. Luego el despliegue aéreo. Después el silencio. Y, finalmente, la confirmación oficial: Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), había muerto en un operativo federal.
No detenido. No extraditado. No juzgado. Abatido.
Durante más de una década fue el nombre más repetido en los informes de la Drug Enforcement Administration, el rostro invisible detrás de convoyes armados, ejecuciones múltiples y una expansión criminal sin precedentes. Su figura creció al mismo ritmo que el poder del CJNG: rápido, brutal, vertical.
Y ahora yacía muerto en la misma geografía que lo vio ascender.
El operativo final
De acuerdo con fuentes oficiales, el enfrentamiento se produjo tras semanas de inteligencia militar y seguimiento satelital apoyado por Estados Unidos. Elementos de las fuerzas especiales cercaron una propiedad en una zona montañosa de Jalisco. El intercambio de fuego fue intenso. La resistencia, feroz.
Las autoridades describieron el operativo como “legítima defensa ante agresión armada”. El resultado fue inmediato: el objetivo prioritario cayó en el lugar.
Las imágenes que circularon después —helicópteros artillados sobrevolando la zona, columnas de humo en caminos rurales, patrullas bloqueando accesos— confirmaban que no se trató de una captura limpia, sino de una batalla.
La reacción: fuego y advertencia
En cuestión de horas, varias carreteras de Jalisco y estados vecinos registraron bloqueos con vehículos incendiados. En algunos municipios, hombres armados obligaron a transportistas a atravesar tráileres en autopistas estratégicas. La señal era inequívoca: el cártel seguía operativo.
Guadalajara amaneció con presencia reforzada de fuerzas federales. Las escuelas suspendieron actividades en ciertos puntos del estado. Comerciantes bajaron persianas antes del anochecer.
La muerte del líder no significaba la desarticulación inmediata de la organización.
El vacío de poder
El Cártel Jalisco Nueva Generación se construyó alrededor de una figura centralista y temida. A diferencia de otras estructuras fragmentadas, el CJNG operó durante años con disciplina vertical y expansión territorial agresiva.
La pregunta que domina ahora los análisis de seguridad es quién asume el mando.
En los círculos especializados se mencionan lugartenientes regionales con autonomía suficiente para disputar el liderazgo. Y en el mundo del narcotráfico, las transiciones rara vez son pacíficas.
El riesgo inmediato es doble: guerra interna y ofensiva contra rivales históricos.
El factor Estados Unidos
Washington reaccionó con un mensaje medido. Durante años, el Mencho figuró entre los objetivos prioritarios del Gobierno estadounidense por el tráfico masivo de metanfetamina y fentanilo. Su muerte cierra la posibilidad de una extradición que podría haber revelado rutas, redes financieras y presuntas complicidades.
Algunos analistas sostienen que un juicio habría tenido implicaciones políticas más profundas que su eliminación física. Otros señalan que la prioridad operativa era neutralizar la amenaza directa. El debate apenas comienza.
¿Golpe estructural o símbolo?
La experiencia mexicana obliga a la prudencia. La caída de líderes como Joaquín Guzmán Loera no eliminó el narcotráfico; lo reconfiguró. Fragmentó estructuras, multiplicó células y diversificó violencias.
El CJNG no es solo un jefe. Es una red de producción, transporte, lavado de dinero, control territorial y coerción social. Su músculo financiero no desaparece con una sola muerte.
Sin embargo, la figura de Oseguera Cervantes era un elemento de cohesión y autoridad interna difícil de reemplazar.
El país ante otra encrucijada
En comunidades rurales donde el cártel imponía orden mediante miedo —y, en algunos casos, mediante empleo ilegal— la incertidumbre es palpable. Para unos, la caída del líder representa una oportunidad de debilitamiento. Para otros, el inicio de un periodo más imprevisible.
El Gobierno federal presenta el hecho como un hito en la lucha contra el crimen organizado. Pero el verdadero examen no está en el comunicado oficial, sino en las semanas siguientes: reducción sostenida de violencia o recrudecimiento territorial.
El final del mito
Durante años, el Mencho fue el hombre invisible. No concedía entrevistas. No aparecía en público. Su poder se medía por la intensidad de los ataques y la velocidad de su expansión.
Su muerte pone fin al mito del intocable.
Pero en México, los mitos criminales rara vez mueren solos. Dejan herederos. Dejan fracturas. Dejan cuentas pendientes.
La noche en que cayó el hombre más temido no fue el cierre de una historia. Fue el inicio de otra. Y esa historia, como tantas veces, se escribirá entre el silencio de la sierra y el eco de las balas.











