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Miércoles, 25 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:
Documentos desclasificados

Así se vivió, minuto a minuto, el 23-F en el Palacio de la Zarzuela: la noche en la que el Rey dijo no

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A las 18:22 horas del 23 de febrero de 1981, el silencio en el Palacio de la Zarzuela se rompió como un cristal. La radio —la Cadena SER retransmitía en directo— dejó oír los disparos. El Congreso había sido asaltado. El teniente coronel Antonio Tejero acababa de entrar pistola en mano en el hemiciclo.

 

Un documento ahora desclasificado, titulado  “Sucinto relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero de 1981 a raíz del asalto al Congreso de los Diputados según fueron conocidos en el Palacio de la Zarzuela”, lo resume con sobriedad: “A las 18’22 horas se produce el impacto de la noticia rápidamente se transmite de unos a otros en este Palacio. S.M. El Rey también oyó por radio la novedad” .

 

Pero detrás de esa frase seca se esconde el vértigo.

 

En cuestión de minutos, comienzan las llamadas. Militares, capitanías generales, mandos intermedios. El personal que estaba fuera del Palacio regresa apresuradamente. Nadie sabe aún si aquello es una intentona aislada o el comienzo de algo mayor.

 

Entre las 18:30 y las 19:00 ocurre uno de los momentos más inquietantes de la noche. El general Alfonso Armada llama a Zarzuela. Quiere incorporarse al Palacio.

 

La respuesta del Rey es tajante: no. El documento lo recoge con claridad: “S.M. le contesta que NO, que continúe en su puesto” .

 

Poco después, el general Juste pregunta insistentemente si Armada está en Zarzuela. Cuando se le confirma que no, responde: “Esto cambia totalmente la situación” .

 

¿Qué sabía Juste? ¿Qué papel se estaba fraguando para Armada?

 

En esos primeros compases se dibuja ya una línea roja: el Rey no permitirá que su nombre sea utilizado.

 

A las 19:00 aproximadamente se logra comunicación con la III Región Militar. El teniente general Jaime Milans del Bosch informa de que está “a las órdenes del Rey”, pero ya ha tomado medidas y sus tropas patrullan Valencia. El documento señala que el Rey decide entonces contactar personalmente con todas las Capitanías Generales para conocer la situación. Es una operación de contención directa.

 

La decisión es estratégica: cortar cualquier duda sobre quién manda. Mientras tanto, TVE está ocupada por una unidad militar. El mensaje que el Rey prepara para la nación podría no emitirse. Hay que negociar incluso eso. El coronel al mando del regimiento implicado acaba comprometiéndose a retirar la unidad.

 

El tiempo corre.

 

A las 20:20, el secretario general de la Casa del Rey logra hablar con Tejero en el Congreso.

 

—“¿Qué es lo que pretendes? Depón tu actitud inmediatamente.”

 

La respuesta es seca: no recibe órdenes más que de Milans del Bosch .

 

La fractura es evidente. Tejero ya no invoca obediencia institucional. Invoca una cadena paralela.

 

Entre las 20:00 y las 21:00 se producen conversaciones tensísimas entre el Rey, Armada y otros mandos. El documento habla de “conversación muy tensa” . Armada insiste en su “solución”. Esa solución consistía en formar un gobierno de concentración presidido por él mismo, una salida “legalizada” al golpe. Zarzuela se niega.

 

A las 21:35 (hora zulú), sale un télex inequívoco: 

 

“He ordenado que autoridades civiles y Junta de Jefes de Estado Mayor tomen medidas necesarias para mantener orden constitucional dentro legalidad vigente. Cualquier medida de carácter militar (…) deberá contar con la aprobación de la JUJEM” .

 

Es un cierre formal al golpe.

 

No hay ambigüedad.

 

A las 24:00 horas, el Rey entra en su despacho vestido con uniforme de Capitán General. Se inicia la grabación del mensaje .

 

A la 01:12 del día 24 de febrero, el mensaje sale al aire .

 

Minutos después, el Rey llama personalmente a Milans del Bosch.

 

El documento transcribe la orden:

 

—“Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey.”
 

—“Te ordeno que retires todas las unidades.”
 

—“Juro que ni abdicaré la Corona ni abandonaré España.”

 

No es solo una orden militar. Es una declaración política y moral.

 

Milans responde que cumplirá, pero añade algo inquietante: “Tejero ya no le obedece” .

 

El golpe ha perdido dirección.

 

A las 05:10 (hora zulú) llega el télex desde Valencia anulando el bando militar .

 

La estructura del golpe se desmorona.

 

Horas después, Tejero acepta rendirse bajo ciertas condiciones. El resto, como dice el propio documento, “es conocido por la prensa” .

 

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