Matanza en Vancouber
Hace unos días, en Canadá, una mujer que había nacido como hombre biológico ha sido la autora de la muerte de 10 personas –incluido su propio suicidio– y de 25 heridos. Y posteriormente, en un partido de hockey en Rodhe Island, un individuo convertido en mujer asesinó a 3 personas e hirió a 2. Es decir, siguiendo los patrones del comportamiento masculino han desplegado una agresividad poco frecuente con su actual personalidad de mujer. O sea que su comportamiento ha sido más acorde a su identidad genética que a su identidad adquirida.
Hasta ahora este tipo de matanzas habían sido llevadas a cabo por hombres, algo mas propio de este sexo que del femenino. Si echamos mano de estadísticas veremos que, por ejemplo, en las cárceles españolas o de cualquier país el porcentaje de delincuentes masculinos es superior al de mujeres de forma abrumadora. Las mujeres por lo general prefieren formas de actuar en que no se utilice la violencia física para conseguir algo. Ahí están las estadísticas. Todos estos atentados de muertes masivas se han llevado a cabo por hombres y las poquísimas mujeres contabilizados en Estado Unidos eran mujeres transgénero, o sea, hombres biológicos. Pueden cambiar sus cuerpos, pero no sus genes y hormonas –aunque esto último se intente de manera artificial–y estos suponen unas determinadas tendencias de comportamiento, o rasgos característicos de su sexo biológico.
El prestigioso psicólogo Steven Pinker en su libro La tabla rasa, puso de manifiesto, a través de estudios y pruebas, que las diferencias psicológicas entre hombre y mujer no son solo debidas a una determinada socialización, y que multitud de pruebas indican que la diferencia entre hombres y mujeres va mucho más allá de los genitales. Estamos ante una gran falsedad respecto a los cambios de sexo, pero aquí la realidad no importa, solo la ideología. Da igual que todas estas “transformaciones” acaben, con más frecuencia de lo normal, en tragedias de diverso tipo.
Por otra parte, estamos viendo episodios de gran violencia, desconocidos antes, por parte de jóvenes. Y eso pese al sermoneo continuo en la educación y la pretensión del fomento de “valores”, que no virtudes, como “cooperación”, “solidaridad”, “respeto”, “inclusión” y otros.
Así que, en esta línea ideológica, el Parlamento Europeo, en su faceta más totalitaria o ideologizada –el constructivismo de identidades múltiples– ha aprobado una recomendación dirigida al Consejo para que “defienda como prioridad el reconocimiento de los hombres trans como mujeres y su inclusión en las políticas feministas”. Sí, “prioridad”, asunto urgente –que afecta alrededor del 2% de los hombres de la CE reconvertidos en mujeres y que en la mayoría de los casos perjudica a las mujeres de verdad – que los hombres trans sean incluidos en las políticas feministas. Será en virtud de los derechos establecidos por cierta clase política, esa que impone los nuevos valores contra la realidad. Derechos humanos se llaman, aunque “la humanidad” cada día esta más desdibujada, a juzgar por estas nuevas ideologías. Imponiéndonos sus criterios y nuevos derechos (ya se sabe los derechos crecen según las conveniencias o fines de ciertas élites).
Y nuestro país ha tenido la “fortuna” de que los dos principales partidos hayan votado a favor de tal recomendación urgente. Efectos de la biopolítica. Una vez que el Estado decide lo que es bueno, en este caso para los cuerpos, instrumenta las políticas que lleven a la felicidad –supuestamente– de las identidades.
Hace unos días, en Canadá, una mujer que había nacido como hombre biológico ha sido la autora de la muerte de 10 personas –incluido su propio suicidio– y de 25 heridos. Y posteriormente, en un partido de hockey en Rodhe Island, un individuo convertido en mujer asesinó a 3 personas e hirió a 2. Es decir, siguiendo los patrones del comportamiento masculino han desplegado una agresividad poco frecuente con su actual personalidad de mujer. O sea que su comportamiento ha sido más acorde a su identidad genética que a su identidad adquirida.
Hasta ahora este tipo de matanzas habían sido llevadas a cabo por hombres, algo mas propio de este sexo que del femenino. Si echamos mano de estadísticas veremos que, por ejemplo, en las cárceles españolas o de cualquier país el porcentaje de delincuentes masculinos es superior al de mujeres de forma abrumadora. Las mujeres por lo general prefieren formas de actuar en que no se utilice la violencia física para conseguir algo. Ahí están las estadísticas. Todos estos atentados de muertes masivas se han llevado a cabo por hombres y las poquísimas mujeres contabilizados en Estado Unidos eran mujeres transgénero, o sea, hombres biológicos. Pueden cambiar sus cuerpos, pero no sus genes y hormonas –aunque esto último se intente de manera artificial–y estos suponen unas determinadas tendencias de comportamiento, o rasgos característicos de su sexo biológico.
El prestigioso psicólogo Steven Pinker en su libro La tabla rasa, puso de manifiesto, a través de estudios y pruebas, que las diferencias psicológicas entre hombre y mujer no son solo debidas a una determinada socialización, y que multitud de pruebas indican que la diferencia entre hombres y mujeres va mucho más allá de los genitales. Estamos ante una gran falsedad respecto a los cambios de sexo, pero aquí la realidad no importa, solo la ideología. Da igual que todas estas “transformaciones” acaben, con más frecuencia de lo normal, en tragedias de diverso tipo.
Por otra parte, estamos viendo episodios de gran violencia, desconocidos antes, por parte de jóvenes. Y eso pese al sermoneo continuo en la educación y la pretensión del fomento de “valores”, que no virtudes, como “cooperación”, “solidaridad”, “respeto”, “inclusión” y otros.
Así que, en esta línea ideológica, el Parlamento Europeo, en su faceta más totalitaria o ideologizada –el constructivismo de identidades múltiples– ha aprobado una recomendación dirigida al Consejo para que “defienda como prioridad el reconocimiento de los hombres trans como mujeres y su inclusión en las políticas feministas”. Sí, “prioridad”, asunto urgente –que afecta alrededor del 2% de los hombres de la CE reconvertidos en mujeres y que en la mayoría de los casos perjudica a las mujeres de verdad – que los hombres trans sean incluidos en las políticas feministas. Será en virtud de los derechos establecidos por cierta clase política, esa que impone los nuevos valores contra la realidad. Derechos humanos se llaman, aunque “la humanidad” cada día esta más desdibujada, a juzgar por estas nuevas ideologías. Imponiéndonos sus criterios y nuevos derechos (ya se sabe los derechos crecen según las conveniencias o fines de ciertas élites).
Y nuestro país ha tenido la “fortuna” de que los dos principales partidos hayan votado a favor de tal recomendación urgente. Efectos de la biopolítica. Una vez que el Estado decide lo que es bueno, en este caso para los cuerpos, instrumenta las políticas que lleven a la felicidad –supuestamente– de las identidades.











