Javier Urcelay: “La irrupción de la Inteligencia Artificial es el cambio más transcendental de nuestro tiempo”
Javier Urcelay Alonso (Madrid, 1954) es autor de diversos libros de investigación histórica, centrados fundamentalmente en la historia del Carlismo, y es fundador del Museo Carlista de Madrid, situado en San Lorenzo del Escorial. Ha publicado también varios libros y múltiples artículos e impartido conferencias sobre cuestiones de doctrina social cristiana. Ahora, acaba de alumbrar su última obra: Cómo la Inteligencia Artificial cambiará nuestras vidas. El mundo que viene.
¿Por qué ha decidido abordar uno de los grandes temas de actualidad, el impacto de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas?
La irrupción de la Inteligencia Artificial es el cambio más transcendental de nuestro tiempo, cuyo impacto social, económico, político y, sobre todo, antropológico, será mucho mayor que el de cualquier otro avance tecnológico hasta la fecha. Entender el porqué de ello es tarea urgente, si no queremos convertirnos en víctimas pasivas de alguno de los riesgos que trae consigo.
No me parece casualidad que, nada más acceder al solio pontificio, León XIV se refiriera a la IA como el gran desafió de su pontificado, como la llamada Cuestión Social lo fue de su predecesor León XIII.
¿Qué enfoque del tema espera aportar como novedoso, tras lo mucho que se ha escrito ya a estas alturas sobre el tema?
Ante la IA hay a veces posturas radicales: para los escépticos, es poco más que un Internet mejorado. Para los apocalípticos, la IA es poco menos que el Anticristo. En mi caso procuro no dejarme llevar por estas visiones extremas, pero si muestro una honda preocupación por los riesgos que la IA trae consigo, y sobre los que mucha gente está en babia. Por eso, opto por un estilo moderado en la forma, pero creo que suficientemente insinuante en el fondo, con la esperanza de que el lector sabrá hacerse cargo de las implicaciones de lo dicho y extraerá sus propias consecuencias.
El planteamiento del libro es una entrevista simulada a ChatGPT, y todo su contenido tiene el valor de la confesión de parte, y no de una opinión personal mía. Las respuestas a las primeras preguntas tienen ese tono políticamente correcto característico de los chatbots de Inteligencia Artificial, pero según avanzaba la entrevista, otra forma de hacer las preguntas -lo que fue para mí un aprendizaje inesperado- dio lugar a respuestas sorprendentemente cándidas, profundamente perturbadoras y mucho más acordes con los riesgos reales que la IA puede traer consigo. En ocasiones, como en lo referente al cambio climático, respuestas que ponen de manifiesto el inmenso cinismo de la industria de la IA.
¿Por qué afirma que la IA no es simplemente un Internet mejorado?
Internet se limita a proporcionar información. La IA no solo transmite información, sino que interpreta, decide y actúa. Su impacto es mucho más profundo y estructural.
Tres elementos de la IA no deben perderse de vista. El primero es el sesgo oculto de diseño y entrenamiento que pueden tener los algoritmos. El segundo es el elevado grado de personalización -acompañado de simulación emocional- que tiene la IA. Y el tercero es que los algoritmos están diseñados para aumentar el engagement, que es la forma fina de llamar a la adicción.
¿Por qué tendrá un fuerte impacto social, económico, político y sobre todo antropológico?
La aplicación de la IA en el entorno laboral destruirá millones de puestos de trabajo en todo el mundo, y otros muchos quedarán significativamente modificados. También creará otros, pero con un desfase temporal y también cuantitativo. La IA cambiará la geopolítica mundial, dando lugar a potencias autosuficientes y dejando a otros países en situación de dependencia. Cambiará el valor de ciertos recursos y la competencia por los mismos, y la naturaleza de las guerras. La IA concentrará el poder en unos pocos Estados y unas cuantas grandes empresas tecnológicas, que multiplicarán su capacidad para modificar la opinión pública e influir sobre las decisiones a escala planetaria, pero también local. Y la IA alterará nuestra autonomía personal, nuestra capacidad de enjuiciamiento, nuestra experiencia subjetiva, nuestras relaciones interpersonales, nuestro ocio y hasta el interior de nuestros hogares.
Y no estamos hablando de un futuro lejano. Algunas de estas cosas empiezan a ser perceptibles, y serán plenamente operativas en los próximos dos, cinco u ocho años, no dentro de décadas.
¿En qué medida está presente la ideología del transhumanismo y una visión antropocéntrica, al margen de Dios?
El sueño último del transhumanismo, la creación de un Homo technus posthumano, seguirá siendo probablemente una quimera, pero la IA posibilitará mejorar algunas capacidades humanas, en unos casos de forma muy positiva y en otras con el riesgo de generar dependencias o servidumbres implícitas.
La relación de la IA con la religión es una de las cuestiones que se aborda en el libro. La IA no acabará con la religión, pero en ciertos aspectos, y en sociedades altamente secularizadas, podrá para algunas personas obrar como sustitutivo.
¿Considera que no debemos demonizar la IA en su totalidad y qué puede tener muchas aplicaciones al servicio del hombre?
La IA es una herramienta, y como tal no es buena ni mala, sino que dependerá de su uso. Sus posibilidades, bien utilizada, son inmensas y con capacidad para mejorar nuestra vida en muchos terrenos. Pero también puede ser una tecnología extraordinariamente peligrosa utilizada sin cortapisas éticas o regulatorias. Un martillo es estupendo si se utiliza para clavar un clavo, y un arma letal si con él le doy a alguien un martillazo en la cabeza. En este sentido, la IA se ha comparado, por ejemplo, con la energía atómica. Sin embargo, hay una diferencia importante. Todos somos conscientes de que a nadie nos beneficiaría una energía nuclear mal utilizada. Incluso los que poseen armamento nuclear, están lejos de querer utilizarlo. En cambio, habrá muchos interesados en usar la IA para su beneficio -que puede ser inmenso-, aunque sea a costa del daño que pueda causar a otros.
El capítulo dedicado al “contenido adulto” de la IA me parece, en ese sentido, particularmente desasosegante. Ahora que se habla de “emergencia climática”, “emergencia ocupacional” y tantas otras urgencias, lo que si constituye una verdadera emergencia social es hacer frente a la “pornografización” de nuestra intimidad que la IA va a intensificar. A la que no solo los adultos están y estarán cada vez más expuestos. Este es -por su impacto en nuestra capacidad de amar y de establecer relaciones interpersonales equilibradas - uno de esos riesgos antropológicos a los que me he referido anteriormente.
¿Qué aplicaciones podría tener la IA en la industria farmacéutica, que le es tan familiar?
La contribución de la IA en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, y en el descubrimiento de nuevos fármacos, será determinante. Es una de las áreas en las que podemos esperar grandes avances para bien de la humanidad.
¿Cómo los grandes ideales nos pueden inmunizar contra los peligros de la tecnología?
Si tuviera que señalar alguna clave para inmunizarnos contra los peligros de la IA, como usted dice, creo que serían sobre todo la capacidad de juicio crítico y la de discernimiento ético. En mi opinión, sobre ellos recaerá la posibilidad de enfrentar con éxito los desafíos de la IA, y son estos elementos los que deberíamos transmitir en las escuelas y las familias a nuestros hijos o nietos, que serán los que inevitablemente están llamados a vivir en el mundo que viene.
El problema, recuérdese, no es la tecnología, sino el uso que la sociedad y cada uno de nosotros hagamos de ella.
¿Quiere añadir algo para finaliza?
Recomiendo vivamente la lectura de este librito, con la tranquilidad de hacerlo quien realmente no es su autor, por las razones dichas. El libro puede leerse casi de una sentada. Esas dos o tres horas que dediquemos a su lectura nos alertaran contra la fascinación inicial que suscita la IA, advirtiéndonos de sus riesgos, pero también nos ayudarán a no renunciar a una herramienta que, queramos o no, marcará nuestras vidas.
Estoy seguro que cuando lo hayas leído querrás comentarlo en familia, y darás este librito a otros para que sepan a qué atenerse respecto a la IA. Con ello, habré cubierto con creces la razón que me ha llevado a publicarlo.
Javier Urcelay Alonso (Madrid, 1954) es autor de diversos libros de investigación histórica, centrados fundamentalmente en la historia del Carlismo, y es fundador del Museo Carlista de Madrid, situado en San Lorenzo del Escorial. Ha publicado también varios libros y múltiples artículos e impartido conferencias sobre cuestiones de doctrina social cristiana. Ahora, acaba de alumbrar su última obra: Cómo la Inteligencia Artificial cambiará nuestras vidas. El mundo que viene.
¿Por qué ha decidido abordar uno de los grandes temas de actualidad, el impacto de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas?
La irrupción de la Inteligencia Artificial es el cambio más transcendental de nuestro tiempo, cuyo impacto social, económico, político y, sobre todo, antropológico, será mucho mayor que el de cualquier otro avance tecnológico hasta la fecha. Entender el porqué de ello es tarea urgente, si no queremos convertirnos en víctimas pasivas de alguno de los riesgos que trae consigo.
No me parece casualidad que, nada más acceder al solio pontificio, León XIV se refiriera a la IA como el gran desafió de su pontificado, como la llamada Cuestión Social lo fue de su predecesor León XIII.
¿Qué enfoque del tema espera aportar como novedoso, tras lo mucho que se ha escrito ya a estas alturas sobre el tema?
Ante la IA hay a veces posturas radicales: para los escépticos, es poco más que un Internet mejorado. Para los apocalípticos, la IA es poco menos que el Anticristo. En mi caso procuro no dejarme llevar por estas visiones extremas, pero si muestro una honda preocupación por los riesgos que la IA trae consigo, y sobre los que mucha gente está en babia. Por eso, opto por un estilo moderado en la forma, pero creo que suficientemente insinuante en el fondo, con la esperanza de que el lector sabrá hacerse cargo de las implicaciones de lo dicho y extraerá sus propias consecuencias.
El planteamiento del libro es una entrevista simulada a ChatGPT, y todo su contenido tiene el valor de la confesión de parte, y no de una opinión personal mía. Las respuestas a las primeras preguntas tienen ese tono políticamente correcto característico de los chatbots de Inteligencia Artificial, pero según avanzaba la entrevista, otra forma de hacer las preguntas -lo que fue para mí un aprendizaje inesperado- dio lugar a respuestas sorprendentemente cándidas, profundamente perturbadoras y mucho más acordes con los riesgos reales que la IA puede traer consigo. En ocasiones, como en lo referente al cambio climático, respuestas que ponen de manifiesto el inmenso cinismo de la industria de la IA.
¿Por qué afirma que la IA no es simplemente un Internet mejorado?
Internet se limita a proporcionar información. La IA no solo transmite información, sino que interpreta, decide y actúa. Su impacto es mucho más profundo y estructural.
Tres elementos de la IA no deben perderse de vista. El primero es el sesgo oculto de diseño y entrenamiento que pueden tener los algoritmos. El segundo es el elevado grado de personalización -acompañado de simulación emocional- que tiene la IA. Y el tercero es que los algoritmos están diseñados para aumentar el engagement, que es la forma fina de llamar a la adicción.
¿Por qué tendrá un fuerte impacto social, económico, político y sobre todo antropológico?
La aplicación de la IA en el entorno laboral destruirá millones de puestos de trabajo en todo el mundo, y otros muchos quedarán significativamente modificados. También creará otros, pero con un desfase temporal y también cuantitativo. La IA cambiará la geopolítica mundial, dando lugar a potencias autosuficientes y dejando a otros países en situación de dependencia. Cambiará el valor de ciertos recursos y la competencia por los mismos, y la naturaleza de las guerras. La IA concentrará el poder en unos pocos Estados y unas cuantas grandes empresas tecnológicas, que multiplicarán su capacidad para modificar la opinión pública e influir sobre las decisiones a escala planetaria, pero también local. Y la IA alterará nuestra autonomía personal, nuestra capacidad de enjuiciamiento, nuestra experiencia subjetiva, nuestras relaciones interpersonales, nuestro ocio y hasta el interior de nuestros hogares.
Y no estamos hablando de un futuro lejano. Algunas de estas cosas empiezan a ser perceptibles, y serán plenamente operativas en los próximos dos, cinco u ocho años, no dentro de décadas.
¿En qué medida está presente la ideología del transhumanismo y una visión antropocéntrica, al margen de Dios?
El sueño último del transhumanismo, la creación de un Homo technus posthumano, seguirá siendo probablemente una quimera, pero la IA posibilitará mejorar algunas capacidades humanas, en unos casos de forma muy positiva y en otras con el riesgo de generar dependencias o servidumbres implícitas.
La relación de la IA con la religión es una de las cuestiones que se aborda en el libro. La IA no acabará con la religión, pero en ciertos aspectos, y en sociedades altamente secularizadas, podrá para algunas personas obrar como sustitutivo.
¿Considera que no debemos demonizar la IA en su totalidad y qué puede tener muchas aplicaciones al servicio del hombre?
La IA es una herramienta, y como tal no es buena ni mala, sino que dependerá de su uso. Sus posibilidades, bien utilizada, son inmensas y con capacidad para mejorar nuestra vida en muchos terrenos. Pero también puede ser una tecnología extraordinariamente peligrosa utilizada sin cortapisas éticas o regulatorias. Un martillo es estupendo si se utiliza para clavar un clavo, y un arma letal si con él le doy a alguien un martillazo en la cabeza. En este sentido, la IA se ha comparado, por ejemplo, con la energía atómica. Sin embargo, hay una diferencia importante. Todos somos conscientes de que a nadie nos beneficiaría una energía nuclear mal utilizada. Incluso los que poseen armamento nuclear, están lejos de querer utilizarlo. En cambio, habrá muchos interesados en usar la IA para su beneficio -que puede ser inmenso-, aunque sea a costa del daño que pueda causar a otros.
El capítulo dedicado al “contenido adulto” de la IA me parece, en ese sentido, particularmente desasosegante. Ahora que se habla de “emergencia climática”, “emergencia ocupacional” y tantas otras urgencias, lo que si constituye una verdadera emergencia social es hacer frente a la “pornografización” de nuestra intimidad que la IA va a intensificar. A la que no solo los adultos están y estarán cada vez más expuestos. Este es -por su impacto en nuestra capacidad de amar y de establecer relaciones interpersonales equilibradas - uno de esos riesgos antropológicos a los que me he referido anteriormente.
¿Qué aplicaciones podría tener la IA en la industria farmacéutica, que le es tan familiar?
La contribución de la IA en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, y en el descubrimiento de nuevos fármacos, será determinante. Es una de las áreas en las que podemos esperar grandes avances para bien de la humanidad.
¿Cómo los grandes ideales nos pueden inmunizar contra los peligros de la tecnología?
Si tuviera que señalar alguna clave para inmunizarnos contra los peligros de la IA, como usted dice, creo que serían sobre todo la capacidad de juicio crítico y la de discernimiento ético. En mi opinión, sobre ellos recaerá la posibilidad de enfrentar con éxito los desafíos de la IA, y son estos elementos los que deberíamos transmitir en las escuelas y las familias a nuestros hijos o nietos, que serán los que inevitablemente están llamados a vivir en el mundo que viene.
El problema, recuérdese, no es la tecnología, sino el uso que la sociedad y cada uno de nosotros hagamos de ella.
¿Quiere añadir algo para finaliza?
Recomiendo vivamente la lectura de este librito, con la tranquilidad de hacerlo quien realmente no es su autor, por las razones dichas. El libro puede leerse casi de una sentada. Esas dos o tres horas que dediquemos a su lectura nos alertaran contra la fascinación inicial que suscita la IA, advirtiéndonos de sus riesgos, pero también nos ayudarán a no renunciar a una herramienta que, queramos o no, marcará nuestras vidas.
Estoy seguro que cuando lo hayas leído querrás comentarlo en familia, y darás este librito a otros para que sepan a qué atenerse respecto a la IA. Con ello, habré cubierto con creces la razón que me ha llevado a publicarlo.











