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Domingo, 01 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
El ayatolá Alí Jamenei, eliminado en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel

Donald Trump fulmina a otro tirano

[Img #29926]Por primera vez en 47 años, Irán no tiene Líder Supremo.

 

El ayatolá Alí Jamenei, 86 años, arquitecto de uno de los sistemas teocráticos más longevos del siglo XXI, fue eliminado en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que sacudió Teherán en las primeras horas del sábado. No fue un rumor, como tantas veces antes. Esta vez, la propia televisión estatal iraní —la voz del régimen— lo confirmó con una fórmula que mezcla el duelo y la épica revolucionaria: el ayatolá fue "martirizado".

 

El mundo llevaba décadas esperando este momento, sin saber exactamente cuándo ni cómo llegaría.

 

Llegó con un estruendo.

 

Israel bautizó la operación como "Rugido del León". Fue un ataque de precisión quirúrgica y alcance devastador: 24 provincias iraníes golpeadas simultáneamente, con el corazón de Teherán como objetivo prioritario. Según fuentes militares israelíes, el compuesto residencial de Jamenei fue destruido en el primer golpe. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, lo confirmó: "El tirano Jamenei fue eliminado en el golpe de apertura de la Operación Rugido del León, y con él otros altos cargos del bastión terrorista iraní."

 

No murió solo. Junto a él cayeron el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, el comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, el secretario del Consejo de Defensa y el ministro de Defensa, reunidos en lo que debía ser una sesión de crisis. La sala de guerra se convirtió en tumba.

 

Su hija, su yerno y su nieto también murieron en los ataques.

 

Donald Trump, que hace unas semanas acababa con la vida política de otro tirano, Nicolás Maduro, lo anunció él mismo, sin matices, en Truth Social: "Jamenei, uno de los hombres más malvados de la Historia, está muerto. Esto no es solo justicia para el pueblo de Irán, sino para todos los grandes americanos y para las personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de sanguinarios matones."

 

En una llamada telefónica con la NBC, el presidente añadió que "mucha" de la cúpula iraní había desaparecido en los ataques. No quiso precisar nombres. "Las personas que toman todas las decisiones —la mayoría han desaparecido", dijo.

 

Trump también lanzó un mensaje insólito al pueblo iraní en un discurso nocturno: que permaneciera en casa durante la campaña de bombardeos, pero que se levantara y "tomara su gobierno" cuando terminara. Reza Pahlavi, el hijo del último sha y figura central de la oposición en el exilio, hizo eco de ese llamamiento desde el exterior, instando a las fuerzas de seguridad a abandonar el barco: "Únanse a la nación y ayuden a garantizar una transición estable y segura. De lo contrario, se hundirán con el barco de Jamenei y su régimen en derrumbe."

 

Jamenei tomó el poder en 1989 tras la muerte del fundador de la revolución, el ayatolá Ruhollah Jomeini, y pasó 35 años consolidando un control casi total sobre el Estado iraní. Controlaba la judicatura, los medios de comunicación estatales, todas las fuerzas de seguridad. Era el árbitro último de cada gran decisión del país, desde la política nuclear hasta la represión de las protestas callejeras.

 

Su régimen aplastó la revolución verde de 2009, sofocó las protestas de 2019, masacró a los manifestantes del movimiento "Mujer, Vida, Libertad" en 2022. Sobrevivió a sanciones, a magnicidios de sus generales —entre ellos Qasem Soleimani, abatido por un dron estadounidense en 2020—, a guerras por procuración en cuatro frentes simultáneos. Parecía indestructible.

 

Ayer sábado, por la mañana, dejó de serlo.

 

Una experta del Stimson Center en Washington advirtió a Al Jazeera que Irán "tiene un plan" para el caso de muerte del líder supremo: probablemente un consejo de gobierno que podría ya estar operando en la sombra. Pero la teoría y la práctica rara vez coinciden en los momentos de convulsión máxima.

 

La muerte de Jamenei desencadena una crisis de sucesión inmediata sin una respuesta clara dentro de un sistema que él mismo diseñó para evitar el colapso repentino. La ironía es brutal: el arquitecto de la permanencia ha dejado una arquitectura sin inquilino.

 

Irán ha declarado 40 días de luto oficial. Siete días de festivo nacional. Las calles de Teherán, según los primeros reportes, mezclan el espanto, el duelo y la alegría que muchos llevan décadas sin poder expresar en voz alta.

 

En Los Ángeles, en el barrio conocido como "Tehrangeles" —la mayor diáspora iraní fuera de Irán—, la escena era radicalmente distinta. Decenas de personas se concentraron frente al edificio federal de Wilshire portando banderas iraníes, americanas e israelíes. Los cánticos incluían "Libertad para Irán" y "No más ayatolá".

 

El hombre que gobernó Irán durante más tiempo que cualquier otro líder desde la revolución de 1979 murió un sábado de febrero, en el derrumbe de su propio búnker, rodeado de sus generales. No hubo despedida. No hubo transición planificada. Solo el estruendo de los misiles y, después, el silencio extraño de un poder que, de repente, ya no existe.

 

Lo que viene después, nadie lo sabe todavía. Y eso, en sí mismo, es la noticia más grande del mundo esta noche.

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