El conflicto se expande por todo Oriente Medio mientras Teherán amanece sin Internet, sin liderazgo y sin certeza sobre su futuro
Irán en llamas: segundo día de una guerra sin precedentes
Teherán amaneció este lunes por segunda vez consecutiva bajo el rugido de los misiles. Pero si el sábado fue el día en que murió el ayatolá, el domingo fue el día en que el mundo comprendió que aquello no era el fin de nada, sino el principio de algo mucho más grande y mucho más peligroso.
La guerra ha salido de Irán.
Israel lanzó más de 1.200 ataques sobre 24 de las 31 provincias iraníes en las primeras 24 horas de la operación conjunta con Estados Unidos. Irán respondió atacando 27 bases militares estadounidenses desplegadas por todo Oriente Medio, así como objetivos militares israelíes. Lo que comenzó como un ataque de precisión quirúrgica se ha convertido en una guerra de teatro amplio que amenaza con desestabilizar toda la región.
Bahréin, sede de la V Flota de la Armada estadounidense, fue alcanzada por misiles y drones iraníes. Kuwait interceptó proyectiles balísticos sobre su territorio. Jordania derribó 49 misiles y drones que cruzaron su espacio aéreo. Omán reportó un ataque con drones sobre el puerto de Duqm.
Y el conflicto sigue expandiéndose. Explosiones fueron escuchadas en Doha, la capital de Catar, que alberga bases militares norteamericanas. Reuters reportó detonaciones también en los alrededores de Dubái. El Golfo Pérsico, arteria energética del planeta, se ha convertido en zona de guerra.
Tres soldados estadounidenses murieron el domingo y al menos cinco resultaron gravemente heridos. Son las primeras bajas americanas desde el inicio de la Operación "Furia Épica" el pasado sábado. Trump no intentó suavizar la noticia. "Habrá más", dijo en un vídeo desde la Casa Blanca, con la frialdad calculada de quien ya ha asumido el coste humano de una guerra esperada.
Al mismo tiempo, el presidente intensificó su doble mensaje: guerra total sobre el régimen, mano tendida al pueblo iraní. En Truth Social, advirtió a Teherán con el tono hiperbólico que le caracteriza: "NO SE ATREVAN A HACERLO. SI LO HACEN, LES GOLPEAREMOS CON UNA FUERZA QUE NUNCA HAN VISTO."
rán experimentó un corte de Internet casi total desde las primeras horas del sábado. La conectividad nacional cayó al 4% de sus niveles habituales, según el grupo de monitorización independiente NetBlocks. El apagón digital coincidió con el inicio de las operaciones militares.
En las calles de Teherán, el silencio es elocuente. Un productor de NBC sobre el terreno describió una ciudad paralizada, expectante, sin saber aún hacia dónde mirar. Los negocios, las escuelas y las universidades han cerrado. Las calles que normalmente estarían atestadas de gente en la cuenta atrás hacia el Año Nuevo persa —el Nowruz se celebra el 20 de marzo— están vacías. Solo en la plaza Enghelab, en el centro de la capital, hay una multitud: los seguidores del ayatolá, golpeándose el pecho y llorando a su líder religioso.
Pero en otras ciudades, la imagen es radicalmente distinta. En Isfahan, Karaj y Babul, la muerte del ayatolá fue recibida con bailes callejeros, música y fuegos artificiales. Irán lleva décadas siendo dos países en uno. Esta semana, esa fractura se ha vuelto imposible de ignorar.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, anunció que un consejo de liderazgo transitorio de tres miembros "ha comenzado su trabajo". Lo integran él mismo, el jefe del poder judicial Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, y el ayatolá Alireza Arafi, miembro del Consejo de Guardianes. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, aseguró a Al Jazeera que el proceso de sucesión debería completarse en cuestión de días.
Sin embargo, el régimen que sobrevive lo hace decapitado. Entre los muertos del sábado figuran el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, el jefe del Consejo de Defensa y el ministro de Defensa. Quedaron reunidos en lo que debía ser una sesión de crisis. La sala de guerra se convirtió en tumba colectiva.
Los supervivientes del régimen cierran filas y prometen venganza. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió en una alocución televisada: "Habéis cruzado nuestra línea roja y debéis pagar el precio. Os asestraremos golpes tan devastadores que vosotros mismos suplicaréis."
Rusia y China emitieron declaraciones condenando a Estados Unidos, pero ninguna está en posición de ofrecer apoyo material significativo. Los años de guerra en Ucrania han agotado la capacidad de Moscú de proyectar poder más allá de sus fronteras.
Pekín instó a Washington y Tel Aviv a "cesar de inmediato las acciones militares" y restaurar el diálogo. Analistas apuntan que China podría intentar usar la crisis iraní como palanca en sus negociaciones con Trump sobre Taiwán y comercio.
Europa, por su parte, pide una "solución negociada" mientras observa impotente. Alemania, Freancia y Gran Bretaña han emitido discretos mensajes de apoyo a la labor de Estados Unidos e Israel. A pesar de ello, el senador republicano Lindsey Graham fue claro: "Nuestros amigos europeos han perdido el rumbo. Han perdido el sentido de quiénes son y qué les hace diferentes. Son patéticamente débiles."
Quizás la consecuencia más inmediata para el resto del planeta no sea política, sino económica. Al menos tres petroleros en el Golfo han sufrido daños desde el inicio de las operaciones. La naviera Maersk suspendió todos sus tránsitos por el estrecho de Bab el-Mandeb y anunció el desvío de sus rutas alrededor del Cabo de Buena Esperanza. Los cruces de buques por el Estrecho de Ormuz también están suspendidos. Por ese estrecho transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial.
En dos días de operaciones, el Mando Central de Estados Unidos ha atacado más de 1.000 objetivos en Irán: barcos, submarinos, instalaciones de misiles, infraestructuras de comunicaciones y centros de mando de los Guardianes de la Revolución. Trump advierte que los bombardeos continuarán y que el ataque primal se adelantó porque los ayatolás estaban a punto de conseguir una bomba atómica.
Irán, sin su líder supremo por primera vez en 37 años, sin Internet, con la mitad de su cúpula militar eliminada y con misiles cayendo sobre Teherán por tercer día consecutivo, sigue lanzando proyectiles contra Israel, contra bases norteamericanas, contra el orden establecido en la región.
Es una guerra que nadie sabe exactamente cómo terminar. Y eso es, esta mañana del 2 de marzo de 2026, lo más inquietante de todo.
Teherán amaneció este lunes por segunda vez consecutiva bajo el rugido de los misiles. Pero si el sábado fue el día en que murió el ayatolá, el domingo fue el día en que el mundo comprendió que aquello no era el fin de nada, sino el principio de algo mucho más grande y mucho más peligroso.
La guerra ha salido de Irán.
Israel lanzó más de 1.200 ataques sobre 24 de las 31 provincias iraníes en las primeras 24 horas de la operación conjunta con Estados Unidos. Irán respondió atacando 27 bases militares estadounidenses desplegadas por todo Oriente Medio, así como objetivos militares israelíes. Lo que comenzó como un ataque de precisión quirúrgica se ha convertido en una guerra de teatro amplio que amenaza con desestabilizar toda la región.
Bahréin, sede de la V Flota de la Armada estadounidense, fue alcanzada por misiles y drones iraníes. Kuwait interceptó proyectiles balísticos sobre su territorio. Jordania derribó 49 misiles y drones que cruzaron su espacio aéreo. Omán reportó un ataque con drones sobre el puerto de Duqm.
Y el conflicto sigue expandiéndose. Explosiones fueron escuchadas en Doha, la capital de Catar, que alberga bases militares norteamericanas. Reuters reportó detonaciones también en los alrededores de Dubái. El Golfo Pérsico, arteria energética del planeta, se ha convertido en zona de guerra.
Tres soldados estadounidenses murieron el domingo y al menos cinco resultaron gravemente heridos. Son las primeras bajas americanas desde el inicio de la Operación "Furia Épica" el pasado sábado. Trump no intentó suavizar la noticia. "Habrá más", dijo en un vídeo desde la Casa Blanca, con la frialdad calculada de quien ya ha asumido el coste humano de una guerra esperada.
Al mismo tiempo, el presidente intensificó su doble mensaje: guerra total sobre el régimen, mano tendida al pueblo iraní. En Truth Social, advirtió a Teherán con el tono hiperbólico que le caracteriza: "NO SE ATREVAN A HACERLO. SI LO HACEN, LES GOLPEAREMOS CON UNA FUERZA QUE NUNCA HAN VISTO."
rán experimentó un corte de Internet casi total desde las primeras horas del sábado. La conectividad nacional cayó al 4% de sus niveles habituales, según el grupo de monitorización independiente NetBlocks. El apagón digital coincidió con el inicio de las operaciones militares.
En las calles de Teherán, el silencio es elocuente. Un productor de NBC sobre el terreno describió una ciudad paralizada, expectante, sin saber aún hacia dónde mirar. Los negocios, las escuelas y las universidades han cerrado. Las calles que normalmente estarían atestadas de gente en la cuenta atrás hacia el Año Nuevo persa —el Nowruz se celebra el 20 de marzo— están vacías. Solo en la plaza Enghelab, en el centro de la capital, hay una multitud: los seguidores del ayatolá, golpeándose el pecho y llorando a su líder religioso.
Pero en otras ciudades, la imagen es radicalmente distinta. En Isfahan, Karaj y Babul, la muerte del ayatolá fue recibida con bailes callejeros, música y fuegos artificiales. Irán lleva décadas siendo dos países en uno. Esta semana, esa fractura se ha vuelto imposible de ignorar.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, anunció que un consejo de liderazgo transitorio de tres miembros "ha comenzado su trabajo". Lo integran él mismo, el jefe del poder judicial Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, y el ayatolá Alireza Arafi, miembro del Consejo de Guardianes. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, aseguró a Al Jazeera que el proceso de sucesión debería completarse en cuestión de días.
Sin embargo, el régimen que sobrevive lo hace decapitado. Entre los muertos del sábado figuran el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, el jefe del Consejo de Defensa y el ministro de Defensa. Quedaron reunidos en lo que debía ser una sesión de crisis. La sala de guerra se convirtió en tumba colectiva.
Los supervivientes del régimen cierran filas y prometen venganza. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió en una alocución televisada: "Habéis cruzado nuestra línea roja y debéis pagar el precio. Os asestraremos golpes tan devastadores que vosotros mismos suplicaréis."
Rusia y China emitieron declaraciones condenando a Estados Unidos, pero ninguna está en posición de ofrecer apoyo material significativo. Los años de guerra en Ucrania han agotado la capacidad de Moscú de proyectar poder más allá de sus fronteras.
Pekín instó a Washington y Tel Aviv a "cesar de inmediato las acciones militares" y restaurar el diálogo. Analistas apuntan que China podría intentar usar la crisis iraní como palanca en sus negociaciones con Trump sobre Taiwán y comercio.
Europa, por su parte, pide una "solución negociada" mientras observa impotente. Alemania, Freancia y Gran Bretaña han emitido discretos mensajes de apoyo a la labor de Estados Unidos e Israel. A pesar de ello, el senador republicano Lindsey Graham fue claro: "Nuestros amigos europeos han perdido el rumbo. Han perdido el sentido de quiénes son y qué les hace diferentes. Son patéticamente débiles."
Quizás la consecuencia más inmediata para el resto del planeta no sea política, sino económica. Al menos tres petroleros en el Golfo han sufrido daños desde el inicio de las operaciones. La naviera Maersk suspendió todos sus tránsitos por el estrecho de Bab el-Mandeb y anunció el desvío de sus rutas alrededor del Cabo de Buena Esperanza. Los cruces de buques por el Estrecho de Ormuz también están suspendidos. Por ese estrecho transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial.
En dos días de operaciones, el Mando Central de Estados Unidos ha atacado más de 1.000 objetivos en Irán: barcos, submarinos, instalaciones de misiles, infraestructuras de comunicaciones y centros de mando de los Guardianes de la Revolución. Trump advierte que los bombardeos continuarán y que el ataque primal se adelantó porque los ayatolás estaban a punto de conseguir una bomba atómica.
Irán, sin su líder supremo por primera vez en 37 años, sin Internet, con la mitad de su cúpula militar eliminada y con misiles cayendo sobre Teherán por tercer día consecutivo, sigue lanzando proyectiles contra Israel, contra bases norteamericanas, contra el orden establecido en la región.
Es una guerra que nadie sabe exactamente cómo terminar. Y eso es, esta mañana del 2 de marzo de 2026, lo más inquietante de todo.











