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Lunes, 02 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Autor del libro “Canon"

Laureano Benítez investiga la verdad histórica de los Evangelios

[Img #29935]

 

Laureano Benítez Grande-Caballero es historiador, autor de 45 libros, cuyo denominador común es la defensa de la fe católica y los valores tradicionales,  y el combate contra el Nuevo Orden Mundial.

 

Dentro de su bibliografía destaca una trilogía dedicada a la defensa de la veracidad de los Evangelios: Crucifixio (una investigación sobre los enigmas de la Pasión de Jesús), Resurrectio (el sepulcro vacío de Jesús de Nazaret), y Canon (una investigación que demuestra la verdad histórica de los Evangelios), libro sobre el cual le entrevistamos:

 

¿Cómo surgió la idea de publicar una obra sobre la veracidad de los Evangelios?

 

En estos tiempos en los que se habla tanto de la inicua «memoria histórica», hay otra memoria, otro «Himalaya de mentiras» con el que también se quiere manipular una historia para que encaje en los falsos postulados de la ideología modernista y el laicismo: la de la veracidad histórica de los Evangelios canónicos, afirmando que son una colección de fábulas, de mitos, de leyendas, de historias cuyo contenido apologético les priva de su veracidad.

 

Canon es la tercera parte de una trilogía de obras que he dedicado al estudio de temas bíblicos. Los dos trabajos anteriores fueron Crucifixio —sobre la Pasión y Muerte de Cristo—, y Resurrectio —sobre la Resurrección—. El objetivo que persigo en  estas tres obras es el de recusar los postulados modernistas y laicistas sobre la veracidad histórica de la figura de Jesús, los cuales son otra modalidad de persecución a la Iglesia, poco conocida, sin embargo.

 

El efecto mancomunado de estos postulados críticos ha dado como resultado  que, si tuviéramos que eliminar todos los episodios evangélicos que han sido cuestionados por los investigadores, solamente nos quedaríamos con unos cuantos. Todo lo demás, según estos críticos, es invención, apología, profecía, simbolismo, exageración…

 

Usted no es teólogo, ni biblista, ni tenía ningún conocimiento especializado que le ayudara en esta labor investigadora. ¿Cómo superó este obstáculo?

 

Pues como se superan todos los impedimentos a las actividades que acometemos: con infinita paciencia, y con una ímproba dedicación. Pienso que, más que un obstáculo, el ser un lego en la materia me ayudó en mi trabajo, ya que pude desarrollarlo sin prejuicios, sin ideas preconcebidas, sin estar mediatizado por el academicismo. Pienso que el gran mérito de Canon ha sido que es una obra escrita por un simple creyente, pues esto me ha dado libertad para exponer ideas nuevas, sin importarme que vayan contra las hipótesis más menos «oficiales» que mantienen los académicos en la materia.

 

¿Por qué es tan importante para el creyente de hoy creer en la veracidad histórica de los Evangelios? ¿No es suficiente solo con tener fe en ellos, en que son textos revelados por Dios?

 

La irrelevancia de los datos históricos se puede aplicar a otras religiones, pero no a la cristiana, ya que ésta tiene como pilar fundamental la encarnación de Dios en nuestra historia, la intervención divina en nuestras circunstancias espacio-temporales, fenómeno que dio lugar a que el Eterno se involucró en nuestro tiempo, a que el reino de Dios se implementó en nuestra tierra. Así pues, la historicidad del NT es una garantía fundamental para la veracidad de la fe cristiana, ya que los Evangelios cristianos no son ni un sistema metafísico ni un código de conducta, sino que, por encima de todo, son «Buenas Nuevas» que hacen del cristianismo una religión histórica:

 

[Img #29936]¿Cuáles son los principales ataques  a la veracidad histórica de los Evangelios que expone la corriente crítica laicista?

 

Los argumentos que la mentalidad escéptica maneja a la hora de desarrollar su análisis crítico de los Evangelios son variados: su cronología es muy posterior a los hechos (más de 30 años para el texto más antiguo, el de Marcos); sus autores no fueron testigos directos, sino de «segunda generación», lo cual les otorga una datación más tardía, les resta credibilidad y les añade fantasía y leyenda; los Evangelios están manipulados y deformados para adaptarlos a las exigencias apologéticas de las primeras comunidades cristianas, por lo cual son más catequesis que narración histórica; los textos canónicos presentan tantas divergencias y contradicciones entre los distintos evangelistas, que el conjunto se hace confuso y difícil de creer; un conjunto de episodios de las narraciones evangélicas están extraídas de textos del AT, por lo cual pueden considerarse «profecía historiada».

 

En Canon se desmontan esas manipulaciones mediante una rigurosa investigación. ¿Cuáles son sus principales conclusiones?

 

Con la ayuda metodológica del método histórico-crítico, en Canon se rebaten uno por uno todos esos argumentos, demostrando con pruebas y evidencias que es necesario adelantar la cronología evangélica, hasta situarla en épocas muy próximas a los hechos que relata el Canon; que sus autores, o fueron testigos directos, o contaron documentalmente con testimonios transmitidos por testigos oculares; que la perspectiva apologética de los textos canónicos no es en absoluto una excusa para restarles  validez histórica;  que las divergencias en las narraciones evangélicas  son precisamente  un criterio de autenticidad; y, por último que los textos canónicos se escribieron primitivamente en arameo, antes de su versión griega.

 

La veracidad histórica del Canon no se apoya en conjeturas, suposiciones, hipótesis vagas e imaginativas, sino que cuenta con un claro conjunto de evidencias. Un grupo importante de éstas proviene de los mismos textos canónicos, donde hay versículos que demuestran meridianamente su verdad histórica, siempre que se consideren de manera objetiva y libre de prejuicios. Por ejemplo, no hay ninguna referencia en los Evangelios a la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70, lo cual quiere decir que se escribieron antes de esa fecha, pues de lo contrario habrían incluido un suceso que fue catastrófico para los judíos  de aquel tiempo, y que además era una manera de probar la veracidad de la profecía que Jesús hizo sobre su destrucción. Junto a ésta, hay muchas evidencias que prueban que hay que adelantar la cronología evangélica, lo cual aumenta su credibilidad, al estar más cerca de los hechos que relatan.

 

¿Cómo se podría resumir la conclusión final de CANON, la idea central que preside el libro?

 

Al final de nuestra investigación, demostramos fehacientemente la total exactitud de las siguientes palabras, con las que el exégeta Latourelle concluye su obra Criterios de autenticidad histórica de los evangelios: «A medida que las investigaciones van avanzando, el material reconocido como auténtico crece sin cesar y tiende a alcanzar al Evangelio entero  El prejuicio sistemático de sospecha que ha recaído sobre los evangelios, durante casi un siglo, recae actualmente, gracias al estudio de los criterios de autenticidad, sobre quienes niegan dicha autenticidad. Esta inversión de las posiciones no es un retorno a la ingenuidad acrítica, sino la consecuencia de que los evangelios han encontrado de nuevo crédito a los ojos de la crítica histórica».

 

La cuestión más grave y decisiva es si se cree o no en la historicidad de los Evangelios. O dicho, con perdón, más claramente: la cuestión central está en si se cree o no en el Evangelio».

 

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