Martes, 03 de Marzo de 2026

Actualizada Martes, 03 de Marzo de 2026 a las 08:07:19 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Martes, 03 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Conflicto en Oriente Medio

La guerra se extiende, Trump no descarta la invasión y la España del ultra Pedro Sánchez, siempre junto a los criminales

[Img #29937]Han pasado apenas cuatro días desde que las primeras columnas de humo se alzaron sobre Teherán y el mundo ya no parece el mismo. Lo que el sábado 28 de febrero comenzó como un "ataque preventivo" israelí se ha convertido, con una velocidad que desafía cualquier análisis reposado, en la mayor conflagración de Oriente Medio desde al menos 2003. La guerra tiene ya nombre oficial: Operación Furia Épica. Y tiene también su primera víctima histórica: el ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán durante más de tres décadas, ha muerto.

 

Era la variable que ningún analista se atrevía a formular en voz alta. Las agencias de inteligencia de Israel y de Estados Unidos, incluida la CIA, habían estado siguiendo los movimientos de Jameneí durante meses, esperando el momento adecuado para atacar. El golpe llegó. El hombre de 86 años que había sobrevivido a revoluciones, guerras e incontables rondas de sanciones no sobrevivió a esta.

 

Su eliminación sacudió los cimientos del poder en Irán, pero no provocó el colapso del régimen instaurado tras la revolución de 1979. Teherán, lejos de desmoronarse, pasó rápidamente al contraataque. Ali Larijani, asesor clave del fallecido líder supremo, quedó al frente de una transición que nadie esperaba gestionar bajo bombardeos. Desde su primera declaración pública, el tono fue de desafío: Trump "ha sumido a la región en el caos con sus falsas esperanzas", dijo Larijani, afirmando que las fuerzas iraníes "no iniciaron la invasión".

 

El lunes 2 de marzo, el secretario de Defensa de EE.UU, Pete Hegseth compareció ante los medios en el Pentágono. Las preguntas convergían en un punto: ¿habrá tropas en el terreno? Hegseth se negó a descartar el despliegue de tropas terrestres en Irán, afirmando que Washington está preparado para que el conflicto se extienda hasta seis semanas bajo un nuevo paradigma de combate que prioriza la victoria rápida sobre la diplomacia. Su frase quedará en los libros de historia de este conflicto: "Iremos tan lejos como necesitemos ir".

 

El propio Trump fue más directo aún, con la contundencia que lo caracteriza. "No tengo ningún problema con el despliegue de tropas terrestres, como dicen todos los presidentes: 'No habrá tropas en el terreno'. Yo no digo eso", declaró. Aunque matizó que "probablemente no sean necesarias", la advertencia está lanzada.

 

¿Qué justificó el ataque ante la opinión pública? Trump reveló que la decisión de lanzar la masiva ofensiva se basó en informes de inteligencia que detectaron un programa secreto de enriquecimiento de uranio en un sitio previamente desconocido. "Querían fabricar un arma nuclear, así que los destruimos completamente", dijo.

 

Al menos 555 personas han muerto en Irán desde que comenzaron el sábado los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, según la Sociedad de la Media Luna Roja, con ataques reportados en 131 ciudades. Del lado estadounidense, seis militares han muerto desde el inicio de la Operación Furia Épica, según confirmó el Comando Central.

 

Irán no combate solo con su ejército. Combate con su geografía estratégica y con sus aliados. En la mañana del 1 de marzo, los informes confirmaron que Irán lanzó misiles y drones contra Israel, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Baréin, Jordania y Arabia Saudita. El incendio se extendía por el mapa del Golfo con una lógica propia e imparable.

 

Las consecuencias económicas son inmediatas y globales. La empresa estatal QatarEnergy suspendió toda su producción de gas natural licuado (GNL) tras sufrir ataques con drones en sus plantas de procesamiento, lo que disparó los precios del gas en Europa un 40%. Simultáneamente, la refinería saudí de Ras Tanura y petroleros en el Mar de Omán fueron alcanzados.

 

Y en el norte, el fantasma del pasado regresó. Hezbolá disparó seis proyectiles contra una base israelí al sur de Haifa "en venganza" por la muerte del ayatolá, lo que provocó una intensa ola de ataques de Israel en Beirut y el sur del Líbano. Israel ha advertido que todas las opciones siguen sobre la mesa, incluida una operación terrestre.

 

En medio del fragor bélico, una decisión europea llamó la atención del mundo. El Gobierno de extrema-izquierda de Pedro Sánchez, una vez más se puso al lado de los islamistas. Tras ser jaleado por Hamas, los talibanes, los terroristas de ETA y el Gobierno chino, también Iran ha saludado la decisión de los socialistas, única entre los miembros de la OTAN, de rechzar abiertamente sumarse a la operación, prohibiendo a Washington utilizar las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para la campaña contra Irán.

 

La ministra de Defensa, la socialista Margarita Robles, anunció que el Gobierno ha invocado el artículo del convenio bilateral de defensa con Washington que permite a la parte española cerrar ambas bases al despliegue aéreo. Tras ello, la Administración Trump empezó a trasladar a bases en Alemania una decena de aviones cisterna para el abastecimiento en vuelo de sus cazas y bombarderos.

 

El ministro José Manuel Albares fue taxativo: "No vamos a prestar nuestras bases para nada que no esté en el Tratado ni tenga encaje en la Carta de la ONU". El ultra Pedro Sánchez, por su parte, calificó los ataques de "atropello a la legalidad internacional" durante su intervención en el Mobile World Congress de Barcelona.

 

La posición española ha generado fricciones en varios frentes. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, denunció a Madrid sin rodeos, asegurando que el gobierno español estaba "del lado de todos los tiranos del mundo". En España, el Partido Popular tachó de "bochorno" que el embajador iraní aplaudiera públicamente la decisión española. Ese aplauso, en efecto, es políticamente incómodo: el régimen que bombardea a sus vecinos felicitando al gobierno que le cierra las puertas a sus atacantes es una imagen que ningún estratega de comunicación desearía.

 

Cuatro días han bastado para que el Medio Oriente entre en una fase sin precedentes desde la invasión de Irak. Jameneí ha muerto. Irán contraataca en varios frentes. El Golfo arde. El tráfico aéreo internacional está paralizado. El gas europeo se encarece un 40%. Y Trump advierte que "la gran oleada de ataques aún no ha comenzado".

 

Expertos advierten que el conflicto ya escaló a una dimensión regional, con riesgos de una guerra de guerrillas extendida por Oriente Medio, e incluso con posibilidades de acciones aisladas en Europa.

 

La pregunta que flota sobre todo esto es siempre la misma, la de siempre en estos momentos: ¿cuándo y cómo se detiene? Por ahora, nadie tiene una respuesta. Ni en Washington. Ni en Tel Aviv. Ni, desde luego, en lo que queda del gobierno de Teherán.

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.