Vox, más y menos que un partido
Hasta hace poco tiempo, Vox era un tema marginal en la discusión política y sólo se referían a él para denostarlo y aludir a su presunta condición de ultraderecha. En los últimos tiempos, sin embargo, Vox asume un protagonismo que le dan sus crecientes éxitos en las urnas. ¿Es éste un fenómeno a preocupar?
Lo cierto es que el partido de Santiago Abascal se ha buscado un lugar propio con sus críticas al bipartidismo y un mensaje político claro, con pocos eslóganes básicos que conectan con un gran número de ciudadanos. Este hecho, junto a su desapego manifiesto a sentarse en las poltronas del poder a cualquier precio, le ha llevado a aumentar su aprecio entre los electores.
Es decir, que el partido de la derecha más radical no ha venido comportándose como una formación política, sino como una agrupación de ciudadanos que, como dice su mantra electoral, buscan que prime el sentido común.
Ésa es, pues, la cara del éxito de Vox, más allá de su caracterización ideológica extrema. Los recientes resultados electorales de Extremadura y Aragón lo avalan, así como los sondeos para los próximos comicios de Castilla y León.
Pero Vox, en su afán de no ser un partido político al uso, ha caído en un cesarismo común a otros partidos a los que denuesta. Así se explica la paulatina y creciente purga de elementos fundacionales como Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Rocío Monasterio, Sánchez del Real, Ortega Smith y algunos más. En el partido apenas quedan fundadores, porque quien discrepa o adopta posturas críticas es laminado.
O sea, que para no ser un partico político como los demás, Vox ha caído en peores excesos de estas formaciones, en las que prima más la disciplinada obediencia y el anonimato, que la expresión de criterios propios no siempre coincidentes con los del líder.
Por eso, el partido de Abascal está llegando al máximo de sus posibilidades y empieza a mostrarse ante los ciudadanos con unos comportamientos de la vieja política que seguro que frenan su continuo crecimiento electoral y acabarán por reducirlo a un partido más en el que la democracia interna no existe.
Hasta hace poco tiempo, Vox era un tema marginal en la discusión política y sólo se referían a él para denostarlo y aludir a su presunta condición de ultraderecha. En los últimos tiempos, sin embargo, Vox asume un protagonismo que le dan sus crecientes éxitos en las urnas. ¿Es éste un fenómeno a preocupar?
Lo cierto es que el partido de Santiago Abascal se ha buscado un lugar propio con sus críticas al bipartidismo y un mensaje político claro, con pocos eslóganes básicos que conectan con un gran número de ciudadanos. Este hecho, junto a su desapego manifiesto a sentarse en las poltronas del poder a cualquier precio, le ha llevado a aumentar su aprecio entre los electores.
Es decir, que el partido de la derecha más radical no ha venido comportándose como una formación política, sino como una agrupación de ciudadanos que, como dice su mantra electoral, buscan que prime el sentido común.
Ésa es, pues, la cara del éxito de Vox, más allá de su caracterización ideológica extrema. Los recientes resultados electorales de Extremadura y Aragón lo avalan, así como los sondeos para los próximos comicios de Castilla y León.
Pero Vox, en su afán de no ser un partido político al uso, ha caído en un cesarismo común a otros partidos a los que denuesta. Así se explica la paulatina y creciente purga de elementos fundacionales como Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Rocío Monasterio, Sánchez del Real, Ortega Smith y algunos más. En el partido apenas quedan fundadores, porque quien discrepa o adopta posturas críticas es laminado.
O sea, que para no ser un partico político como los demás, Vox ha caído en peores excesos de estas formaciones, en las que prima más la disciplinada obediencia y el anonimato, que la expresión de criterios propios no siempre coincidentes con los del líder.
Por eso, el partido de Abascal está llegando al máximo de sus posibilidades y empieza a mostrarse ante los ciudadanos con unos comportamientos de la vieja política que seguro que frenan su continuo crecimiento electoral y acabarán por reducirlo a un partido más en el que la democracia interna no existe.











