Estudio
Tener perro podría reducir hasta un 24% el riesgo de muerte, según un metaanálisis de más de 3,8 millones de personas
Convivir con un perro no solo mejora el estado de ánimo: podría alargar la vida. Un metaanálisis publicado en la revista científica Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes, de la American Heart Association, concluye que los propietarios de perros presentan un 24% menos de riesgo de muerte por cualquier causa en comparación con quienes no conviven con estos animales.
La investigación, que analizó diez estudios prospectivos realizados entre 1950 y 2019 y que incluyó datos de 3.837.005 participantes, también detectó una reducción del 31% en la mortalidad cardiovascular entre dueños de perros. El efecto es especialmente llamativo en personas que ya habían sufrido un infarto u otro evento coronario: en este grupo, vivir con un perro se asoció a reducciones de riesgo aún mayores.
Los autores apuntan a varios posibles mecanismos: mayor actividad física —los propietarios caminan más—, mejor respuesta fisiológica al estrés, presión arterial más baja y mayor interacción social. Estudios previos ya habían sugerido que la compañía canina se asocia a perfiles lipídicos más favorables y menor activación del sistema nervioso simpático.
No obstante, los investigadores advierten que los resultados proceden de estudios observacionales y que no es posible descartar completamente otros factores asociados al estilo de vida de los propietarios. Reclaman ensayos clínicos específicos para determinar si la adopción de un perro puede considerarse una intervención de salud pública en poblaciones de riesgo cardiovascular.
Aun con estas cautelas, el trabajo abre una línea de investigación llamativa: la posibilidad de que un hábito cotidiano —convivir con un animal— tenga un impacto medible en la supervivencia a largo plazo.
Convivir con un perro no solo mejora el estado de ánimo: podría alargar la vida. Un metaanálisis publicado en la revista científica Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes, de la American Heart Association, concluye que los propietarios de perros presentan un 24% menos de riesgo de muerte por cualquier causa en comparación con quienes no conviven con estos animales.
La investigación, que analizó diez estudios prospectivos realizados entre 1950 y 2019 y que incluyó datos de 3.837.005 participantes, también detectó una reducción del 31% en la mortalidad cardiovascular entre dueños de perros. El efecto es especialmente llamativo en personas que ya habían sufrido un infarto u otro evento coronario: en este grupo, vivir con un perro se asoció a reducciones de riesgo aún mayores.
Los autores apuntan a varios posibles mecanismos: mayor actividad física —los propietarios caminan más—, mejor respuesta fisiológica al estrés, presión arterial más baja y mayor interacción social. Estudios previos ya habían sugerido que la compañía canina se asocia a perfiles lipídicos más favorables y menor activación del sistema nervioso simpático.
No obstante, los investigadores advierten que los resultados proceden de estudios observacionales y que no es posible descartar completamente otros factores asociados al estilo de vida de los propietarios. Reclaman ensayos clínicos específicos para determinar si la adopción de un perro puede considerarse una intervención de salud pública en poblaciones de riesgo cardiovascular.
Aun con estas cautelas, el trabajo abre una línea de investigación llamativa: la posibilidad de que un hábito cotidiano —convivir con un animal— tenga un impacto medible en la supervivencia a largo plazo.











