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Miércoles, 04 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Liberación de Irán. Día 5

Trump amenaza con cortar el comercio con España, Irán ataca la embajada en Riad y el fantasma de la invasión terrestre no cede

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Cinco días. Solo han pasado cinco días desde que el humo se alzó sobre Teherán aquel sábado por la mañana, y el mapa de la guerra ya no cabe en un solo país. Lo que comenzó como un "ataque preventivo" contra Irán se ha expandido con una lógica propia y aterradora, como una mancha de aceite sobre el Golfo Pérsico, hasta tocar casi todos los rincones de Oriente Medio, las bolsas globales, los aeropuertos de tres continentes y, de manera vergonzosa, a la agenda política de La Moncloa.

 

Antes de cualquier análisis, los muertos. Porque son ellos los que dan la medida real de lo que está ocurriendo. Más de 742 civiles han muerto en Irán, según la organización de derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos. Más de 900 civiles han resultado heridos, y al menos 85 murieron en las últimas 24 horas. Del lado estadounidense, el balance también sangra: seis soldados de EE.UU. murieron en un ataque iraní que alcanzó un centro de operaciones improvisado en Kuwait.

 

Y el contador no se detiene. En sus cuatro primeros días de ofensiva, el ejército israelí ha llevado a cabo 1.600 incursiones aéreas y lanzado 4.000 bombas sobre Irán, más que las que lanzó durante toda la guerra de los doce días del pasado junio.

 

Irán no puede ganar en el aire, pero puede hacer que todos pierdan en el suelo. Esa parece ser la doctrina que guía la respuesta de Teherán: si no puedo defender mi territorio, haré que el tuyo no esté seguro.

 

Arabia Saudita confirmó que la embajada de Estados Unidos en Riad fue atacada por drones, tras lo cual Washington pidió a sus ciudadanos abandonar de inmediato 14 países y territorios de Oriente Medio. El Departamento de Estado autorizó también a personal no esencial y sus familias en Arabia Saudita, Omán y Chipre a abandonar esos países.

 

En Catar, el golpe fue directamente al corazón militar americano. Irán lanzó dos misiles contra la base aérea de Al Udeid, la mayor instalación de EE.UU. en Oriente Medio. Las defensas catarís interceptaron uno; el otro impactó en las instalaciones. En el Estrecho de Ormuz, la tensión es máxima: el mando central estadounidense confirmó que "hoy no hay un solo barco iraní en movimiento en el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz o el Golfo de Omán". Lo cual no significa calma, sino que la batalla naval está siendo aplastante para Irán en el mar.

 

Y en el norte, el Líbano vuelve a arder. Nuevas oleadas de ataques israelíes impactaron en la madrugada de este miércoles sobre Baalbek y las afueras de Beirut, con al menos cuatro muertos, en respuesta a los proyectiles de Hezbolá.

 

La CIA arma a los kurdos: la guerra por dentro

 

El conflicto tiene también una dimensión clandestina que va tomando forma. La CIA está trabajando para armar a las fuerzas kurdas con el objetivo de fomentar un levantamiento popular en Irán. El Gobierno de Trump ha estado en discusiones activas con grupos de oposición iraníes y líderes kurdos en Iraq sobre la posibilidad de brindarles apoyo militar. Los grupos armados kurdos iraníes cuentan con miles de fuerzas operando a lo largo de la frontera entre Iraq e Irán.

 

Es la clásica estrategia de cambio de régimen: si los bombardeos no derrumban al gobierno, quizás lo haga una insurgencia alimentada desde fuera. La misma lógica que se aplicó en Siria, en Libia, en Afganistán. Con resultados siempre imprevisibles.

 

La República Islámica ha perdido a su líder supremo, a su ministro de Defensa, al comandante de la Guardia Revolucionaria y a decenas de altos mandos. Y sin embargo, sigue combatiendo. Un consejo de liderazgo de tres personas ocupa el poder hasta que se nombre al nuevo líder supremo: el presidente moderado Masoud Pezeshkian, el duro jefe del poder judicial Gholamhossein Mohseni Ejei, y el alto clérigo Alireza Arafi.

 

Tres hombres, tres visiones distintas del Islam y de la guerra, gobernando un país bajo bombardeo. La pregunta que todo el mundo se hace en los pasillos diplomáticos es la misma: ¿quién tiene el dedo en el gatón de los misiles?

 

Y luego está la España infecta de Pedro Sánchez. Un capítulo que cada día se complica más y que este miércoles alcanzó una nueva cota de tensión.

 

Después de que el Gobierno de Sánchez, amigo de etarras, talibanes y yihadistas de Hamas, prohibiera el uso de las bases de Rota y Morón para la operación Furia Épica, Trump respondió con la contundencia que lo define: amenazó con cortar todo el comercio de EEUU con España. Pedro Sánchez ha comparecido con un mensaje tan inane como simplista, digno de un fanático ignorante como él: "No a la guerra".

 

La posición española —única en la OTAN en este sentido— tiene defensores y críticos a partes iguales en Europa. Francia, Alemania y el Reino Unido se han comprometido a combatir los lanzamientos de misiles iraníes. Madrid mira hacia otro lado. Y ahora tendrá que responder ante Washington de su estúpido comportamiento.

 

¿Qué quiere exactamente Estados Unidos de esta guerra? La pregunta no tiene una respuesta clara, ni siquiera en el propio Senado americano. El senador demócrata Mark Warner, principal miembro de la Comisión de Inteligencia, afirmó que ha escuchado "al menos cuatro objetivos diferentes": destruir las capacidades nucleares de Irán, eliminar sus misiles balísticos, un cambio de régimen, o hundir su flota naval.

 

Cuatro objetivos distintos que implican cuatro tipos de guerra distintos. Cuatro duraciones distintas. Cuatro facturas distintas —en sangre y en dólares. Trump, mientras tanto, lo resume todo en una frase: "Esta era nuestra última gran oportunidad para atacar y eliminar las amenazas intolerables que plantea este régimen enfermizo y siniestro."

 

La gran oleada de ataques, dice, aún no ha llegado.

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