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Patxi Iribarri
Miércoles, 04 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

Entre Irán y los marcianos

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Uno enciende la radio por la mañana pensando que va a escuchar el tiempo y el precio de la leche, y acaba enterándose de que el mundo se está poniendo otra vez nervioso. Que si guerra con Irán, que si movimientos militares, que si no sé qué de misiles que vuelan más rápido que las excusas de los políticos.

 

Y, por si fuera poco, ahora dicen que Trump va a desclasificar documentos sobre los ovnis.  Yo ya no sé si reír o preparar el refugio en el gallinero.

 

Porque estas cosas me tocan de cerca. Hace muchos años —hablo de cuando uno todavía confiaba en las explicaciones sencillas— yo llegué a pensar que los marcianos me robaban las vacas. No se rían. Tenía su lógica.

 

Una mañana desapareció una. Al mes siguiente otra. Y luego otra más. Sin ruido, sin huellas, sin explicación. Yo miraba al cielo por la noche y pensaba: aquí hay tecnología avanzada.

 

Además, en aquella época ya se hablaba de luces raras en el cielo, de platillos volantes y de cosas que el Gobierno sabía, pero no contaba. Todo cuadraba. Un plan extraterrestre para estudiar el ganado vasco. Hasta que un día descubrí la verdad.

 

Había sido mi primo Iñaki.

 

Iñaki siempre ha tenido mano larga y conciencia flexible. Vendía las vacas en el pueblo de al lado y luego venía a tomar café conmigo como si nada. Cuando lo pillé, me dijo que lo hacía “por dinamizar la economía local”.

 

Desde entonces, cada vez que oigo hablar de conspiraciones, documentos secretos o tecnologías alienígenas, yo primero miro alrededor. Porque a veces el misterio no está en Marte. Está en la familia.

 

Eso no quiere decir que no haya cosas raras por ahí. A ver si ahora resulta que sí existen los ovnis y yo me quedé con la explicación equivocada. Con lo que está saliendo últimamente, tampoco me sorprendería demasiado.

 

Pero mientras en las noticias hablan de Irán, de conflictos globales y de archivos secretos que van a ver la luz, yo sigo pensando lo mismo que entonces: el mundo es complicado, pero el caserío lo es más.

 

Porque los marcianos, si existen, por lo menos no te piden prestado el tractor.

 

Iñaki sí.

 

Y nunca lo devuelve.

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