Una semana de guerra: más de mil muertos en Irán, la Marina de Teherán destruida y Washington sin plan de salida
Hace ya casi una semana desde que el primer misil cruzó el cielo de Teherán aquel sábado por la mañana. Siete días que han reconfigurado el mapa político, militar y energético de Oriente Medio con una velocidad que deja sin aliento. Y lo más perturbador es esto: según el secretario de Defensa Pete Hegseth, lo peor aún no ha llegado. "Si crees que ya has visto algo, solo espera", declaró el jueves en el Comando Central de EE.UU. Pocas frases resumen mejor el estado de ánimo de Washington en este séptimo día.
La flota iraní, liquidada
La Marina de guerra de la República Islámica ha dejado de existir como fuerza operativa. Los hechos son contundentes.
El Comando Central de EE.UU. anunció el jueves que un portadrones iraní —aproximadamente del tamaño de un portaaviones de la Segunda Guerra Mundial— fue atacado y puesto en llamas. "Las fuerzas estadounidenses no están reteniéndose en la misión de hundir toda la Marina iraní", declaró el Comando en X. Sumado al torpedeo del día anterior de un buque de guerra en el Océano Índico, el cuadro es de una destrucción naval sistemática y sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.
Para el 5 de marzo, 17 buques iraníes habían sido destruidos. Una armada entera, diezmada en menos de una semana.
Trump quiere elegir al próximo ayatolá
La declaración más llamativa de la jornada —y eso es mucho decir en esta guerra— la pronunció el propio Donald Trump. El presidente de EE.UU. advirtió que debe participar en la elección del sucesor del ayatolá Ali Jamenei y rechazó al hijo del líder religioso como candidato: "Es inaceptable".
Washington no solo quiere destruir el programa nuclear iraní, ni solo hundir su marina, ni solo eliminar a su liderazgo. Quiere elegir quién lo sustituye. Es una aspiración que, dicha en voz alta, resuena en los archivos de la historia: el mismo tipo de injerencia que en Irán dejó una herida que sangró durante décadas y acabó desembocando en la revolución de 1979. La ironía es tan densa que casi resulta difícil de procesar.
El Líbano: 77 muertos y 91.000 desplazados en seis días
Los ataques israelíes en Líbano hasta el 5 de marzo han causado 77 muertos y 527 heridos, y han obligado a huir de sus casas a 91.000 personas. Beirut vuelve a vivir escenas que creía haber dejado atrás. Los residentes de los suburbios del sur de la capital huyen en masa tras una orden de evacuación israelí que afecta a toda la zona de Dahiyeh, considerada bastión de Hezbolá. En Europa, Macron llamó a Netanyahu, a los líderes libaneses, y pidió el regreso al alto el fuego. Desde el terreno, la respuesta de Hezbolá fue clara: sus ataques contra Israel continuarán. Por su parte, el ultra inútil y fanático ignorante que dirige el Gobierno español, Pedro Sánchez, alza la pancarta del "No a la guerra" para tapar sus ya innumerables casos de corrupción, pero mientras lo hace permite que más de 20 vuelos de EEUU hacia Irán hallan despegado de bases española. Como siempre, de cada dos palabras que pronuncia el Presidente socialista español, tres son mentira.
La guerra se cuela en Azerbaiyán y Baréin
Lo que no es mentira es que el conflicto sigue ampliando su geografía de maneras que nadie anticipaba. Un dron lanzado desde territorio iraní golpeó un edificio en el aeropuerto del enclave azerbaiyano de Najicheván, ubicado entre Armenia, Turquía e Irán. Azerbaiyán, un país neutral que comparte frontera con Irán, se ve arrastrado de manera involuntaria a las consecuencias de la guerra.
En Baréin, la pequeña isla que alberga la Quinta Flota de EE.UU., ataques iraníes tuvieron como objetivo un hotel y dos edificios residenciales en la capital, Manama, provocando incendios. La guerra ya no respeta la distinción entre objetivos militares y civiles, si es que alguna vez lo hizo.
100 horas de "Furia Épica": el vídeo propagandístico
El Comando Central de EE.UU. publicó un vídeo titulado "100 horas de la Operación Furia Épica", que muestra las operaciones militares conjuntas con Israel contra Irán. Trump advierte al final que los ataques continuarán hasta cumplir todos los objetivos. Es un documento de propaganda militar notable por su franqueza: Washington no solo hace la guerra, la escenifica y la distribuye en redes sociales como si fuera un tráiler de película.
La polémica Rubio y el origen real de la guerra
Una frase pronunciada días atrás por el secretario de Estado sigue generando ondas. Marco Rubio declaró: "Sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que ello precipitaría un ataque iraní contra fuerzas estadounidenses, y sabíamos que si no íbamos a por ellos preventivamente antes de que lanzasen estos ataques, sufriríamos fuertes bajas." Las palabras de Rubio abrieron una brecha: ¿fue EE.UU. arrastrado por Israel a la guerra, o tomó la decisión de forma soberana? Para cerrar la controversia, Trump dijo simplemente: "Creo que Irán iba a atacar primero. Así que quizás forcé la mano de Israel."
Una frase que no aclara nada, y que lo aclara todo.
Irán resiste, pero acumula fracturas
Teherán sigue en pie, pero el estado del régimen es el de alguien que sangra por varios frentes simultáneamente. Internet lleva más de 100 horas cortado en gran parte del país. La Marina ha sido destruida. La cúpula militar y de inteligencia ha sido decapitada. Un consejo de tres hombres con visiones divergentes gobierna sin líder supremo.
Y sin embargo, los misiles siguen saliendo. Los drones siguen volando. El régimen, herido y sin cabeza visible, sigue combatiendo. Es su mayor argumento, y también el más costoso: cada misil que lanza es una prueba de que sigue vivo; cada ciudad del Golfo que alcanza, un recordatorio de que puede hacer daño aunque no pueda ganar.
Una semana. ¿Y ahora qué?
Siete días después del primer bombardeo, la guerra ha producido más de 1.000 muertos civiles iraníes, decenas de víctimas en el Golfo y el Líbano, seis soldados estadounidenses muertos, la destrucción de la marina iraní y el asesinato del líder supremo junto a gran parte de su cúpula. Ha paralizado el tráfico aéreo regional, disparado el precio del petróleo y del gas, y fracturado la relación entre EE.UU. y España dentro de la OTAN.
Lo que no ha producido, al menos de momento, es un final visible. Trump ha prometido que la "gran oleada" aún está por llegar. Hegseth dice que lo que viene será mayor que lo visto hasta ahora. Y el sucesor de Jameneí —sea quien sea, si es que Washington lo permite— heredará un país bajo bombardeo, una marina hundida y un programa nuclear en estado desconocido.
El día 8 amanecerá mañana, como todos los días. Pero esta semana, ese amanecer tiene un peso diferente.
Hace ya casi una semana desde que el primer misil cruzó el cielo de Teherán aquel sábado por la mañana. Siete días que han reconfigurado el mapa político, militar y energético de Oriente Medio con una velocidad que deja sin aliento. Y lo más perturbador es esto: según el secretario de Defensa Pete Hegseth, lo peor aún no ha llegado. "Si crees que ya has visto algo, solo espera", declaró el jueves en el Comando Central de EE.UU. Pocas frases resumen mejor el estado de ánimo de Washington en este séptimo día.
La flota iraní, liquidada
La Marina de guerra de la República Islámica ha dejado de existir como fuerza operativa. Los hechos son contundentes.
El Comando Central de EE.UU. anunció el jueves que un portadrones iraní —aproximadamente del tamaño de un portaaviones de la Segunda Guerra Mundial— fue atacado y puesto en llamas. "Las fuerzas estadounidenses no están reteniéndose en la misión de hundir toda la Marina iraní", declaró el Comando en X. Sumado al torpedeo del día anterior de un buque de guerra en el Océano Índico, el cuadro es de una destrucción naval sistemática y sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.
Para el 5 de marzo, 17 buques iraníes habían sido destruidos. Una armada entera, diezmada en menos de una semana.
Trump quiere elegir al próximo ayatolá
La declaración más llamativa de la jornada —y eso es mucho decir en esta guerra— la pronunció el propio Donald Trump. El presidente de EE.UU. advirtió que debe participar en la elección del sucesor del ayatolá Ali Jamenei y rechazó al hijo del líder religioso como candidato: "Es inaceptable".
Washington no solo quiere destruir el programa nuclear iraní, ni solo hundir su marina, ni solo eliminar a su liderazgo. Quiere elegir quién lo sustituye. Es una aspiración que, dicha en voz alta, resuena en los archivos de la historia: el mismo tipo de injerencia que en Irán dejó una herida que sangró durante décadas y acabó desembocando en la revolución de 1979. La ironía es tan densa que casi resulta difícil de procesar.
El Líbano: 77 muertos y 91.000 desplazados en seis días
Los ataques israelíes en Líbano hasta el 5 de marzo han causado 77 muertos y 527 heridos, y han obligado a huir de sus casas a 91.000 personas. Beirut vuelve a vivir escenas que creía haber dejado atrás. Los residentes de los suburbios del sur de la capital huyen en masa tras una orden de evacuación israelí que afecta a toda la zona de Dahiyeh, considerada bastión de Hezbolá. En Europa, Macron llamó a Netanyahu, a los líderes libaneses, y pidió el regreso al alto el fuego. Desde el terreno, la respuesta de Hezbolá fue clara: sus ataques contra Israel continuarán. Por su parte, el ultra inútil y fanático ignorante que dirige el Gobierno español, Pedro Sánchez, alza la pancarta del "No a la guerra" para tapar sus ya innumerables casos de corrupción, pero mientras lo hace permite que más de 20 vuelos de EEUU hacia Irán hallan despegado de bases española. Como siempre, de cada dos palabras que pronuncia el Presidente socialista español, tres son mentira.
La guerra se cuela en Azerbaiyán y Baréin
Lo que no es mentira es que el conflicto sigue ampliando su geografía de maneras que nadie anticipaba. Un dron lanzado desde territorio iraní golpeó un edificio en el aeropuerto del enclave azerbaiyano de Najicheván, ubicado entre Armenia, Turquía e Irán. Azerbaiyán, un país neutral que comparte frontera con Irán, se ve arrastrado de manera involuntaria a las consecuencias de la guerra.
En Baréin, la pequeña isla que alberga la Quinta Flota de EE.UU., ataques iraníes tuvieron como objetivo un hotel y dos edificios residenciales en la capital, Manama, provocando incendios. La guerra ya no respeta la distinción entre objetivos militares y civiles, si es que alguna vez lo hizo.
100 horas de "Furia Épica": el vídeo propagandístico
El Comando Central de EE.UU. publicó un vídeo titulado "100 horas de la Operación Furia Épica", que muestra las operaciones militares conjuntas con Israel contra Irán. Trump advierte al final que los ataques continuarán hasta cumplir todos los objetivos. Es un documento de propaganda militar notable por su franqueza: Washington no solo hace la guerra, la escenifica y la distribuye en redes sociales como si fuera un tráiler de película.
La polémica Rubio y el origen real de la guerra
Una frase pronunciada días atrás por el secretario de Estado sigue generando ondas. Marco Rubio declaró: "Sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que ello precipitaría un ataque iraní contra fuerzas estadounidenses, y sabíamos que si no íbamos a por ellos preventivamente antes de que lanzasen estos ataques, sufriríamos fuertes bajas." Las palabras de Rubio abrieron una brecha: ¿fue EE.UU. arrastrado por Israel a la guerra, o tomó la decisión de forma soberana? Para cerrar la controversia, Trump dijo simplemente: "Creo que Irán iba a atacar primero. Así que quizás forcé la mano de Israel."
Una frase que no aclara nada, y que lo aclara todo.
Irán resiste, pero acumula fracturas
Teherán sigue en pie, pero el estado del régimen es el de alguien que sangra por varios frentes simultáneamente. Internet lleva más de 100 horas cortado en gran parte del país. La Marina ha sido destruida. La cúpula militar y de inteligencia ha sido decapitada. Un consejo de tres hombres con visiones divergentes gobierna sin líder supremo.
Y sin embargo, los misiles siguen saliendo. Los drones siguen volando. El régimen, herido y sin cabeza visible, sigue combatiendo. Es su mayor argumento, y también el más costoso: cada misil que lanza es una prueba de que sigue vivo; cada ciudad del Golfo que alcanza, un recordatorio de que puede hacer daño aunque no pueda ganar.
Una semana. ¿Y ahora qué?
Siete días después del primer bombardeo, la guerra ha producido más de 1.000 muertos civiles iraníes, decenas de víctimas en el Golfo y el Líbano, seis soldados estadounidenses muertos, la destrucción de la marina iraní y el asesinato del líder supremo junto a gran parte de su cúpula. Ha paralizado el tráfico aéreo regional, disparado el precio del petróleo y del gas, y fracturado la relación entre EE.UU. y España dentro de la OTAN.
Lo que no ha producido, al menos de momento, es un final visible. Trump ha prometido que la "gran oleada" aún está por llegar. Hegseth dice que lo que viene será mayor que lo visto hasta ahora. Y el sucesor de Jameneí —sea quien sea, si es que Washington lo permite— heredará un país bajo bombardeo, una marina hundida y un programa nuclear en estado desconocido.
El día 8 amanecerá mañana, como todos los días. Pero esta semana, ese amanecer tiene un peso diferente.











