Trump fija el precio de la paz: rendición total, líder elegido por EE.UU y el modelo Venezuela
La guerra entra en su segunda semana sin señales de remisión. A las pocas horas de que el presidente Donald Trump publicara en Truth Social la frase que marcó la jornada —"No habrá acuerdo con Irán, salvo una rendición incondicional"— el presidente iraní Masoud Pezeshkian respondió en un discurso transmitido por la televisión estatal: "Se llevarán sus sueños de nuestra rendición incondicional a la tumba."
Así quedó dibujada, con una brutalidad casi simétrica, la distancia entre las partes en este octavo día de conflicto.
La declaración presidencial amplió considerablemente los objetivos de la guerra. Lo que comenzó como una operación para destruir el programa nuclear iraní y degradar su capacidad de misiles derivó en una demanda de capitulación total y cambio de régimen. Trump explicó en una entrevista a CNN que su estrategia para Irán sigue el modelo aplicado en Venezuela, donde Washington capturó a Nicolás Maduro y colocó en el poder a figuras afines.
Ante la pregunta de cómo se traduciría concretamente la "rendición incondicional", la portavoz de la Casa Blanca ofreció una definición propia: "Lo que el presidente quiere decir es que cuando él, como comandante en jefe, determine que Irán ya no representa una amenaza para Estados Unidos y que los objetivos de la Operación Furia Épica se hayan cumplido plenamente, Irán estará esencialmente en una posición de rendición incondicional, lo digan ellos mismos o no."
Es decir: Trump decide cuándo se rinde Irán, con independencia de lo que diga Irán.
El presidente evaluó el resultado militar con su escala habitual: "De 1 a 10 a esta guerra le doy un 12 o un 15."
Pezeshkian, al frente del consejo de liderazgo de transición que gobierna Irán desde la muerte de Jamenei hace una semana, ha adoptado una decisión con consecuencias regionales inmediatas: el consejo de liderazgo interino aprobó que los países vecinos ya no serán atacados, a menos que un ataque contra Irán se origine desde su territorio.
La medida constituye un intento de reducir el frente abierto en el Golfo y, al mismo tiempo, una señal de que Teherán acepta implícitamente la imposibilidad de sostener una guerra contra quince países simultáneamente. En la misma jornada, el presidente iraní indicó que algunos países han comenzado a intentar ejercer una mediación, sin precisar cuáles.
Moscú, entretanto, dejó clara su posición: Vladímir Putin mantuvo una conversación telefónica con Pezeshkian, una señal de que Rusia no está dispuesta a soltar la mano del país que le ha surtido de drones para la guerra en Ucrania.
En la base aérea de Dover, Delaware, se ha celebrado, mientras tanto, el traslado digno de los seis militares estadounidenses muertos en el conflicto. Se esperaba la asistencia de Trump y el vicepresidente J.D. Vance. Fue la primera ceremonia de esta naturaleza desde el inicio de la guerra, y ocurrió el mismo día en que el presidente calificaba las operaciones de éxito rotundo. La imagen de los féretros cubiertos por la bandera de las barras y estrellas convivió, sin aparente contradicción para Washington, con el tono triunfalista de Truth Social.
En el plano militar, Israel lanzó ayer un ataque de gran envergadura contra el búnker subterráneo del difunto líder supremo, que continuaba siendo infraestructura activa del régimen. Unos 50 aviones de combate de las fuerzas aéreas israelíes participaron en la operación, sumada a una amplia oleada de ataques contra infraestructura del régimen en Teherán y en Isfahan. Las explosiones se escucharon desde las primeras horas de la madrugada. Un vídeo publicado por la emisora estatal iraní IRIB mostró los daños en un centro deportivo del sur de Teherán.
El ejército israelí afirma haber logrado "superioridad aérea casi completa" sobre Irán, con 2.500 ataques ejecutados y el 80% de los sistemas de defensa aérea iraníes destruidos.
Desde el inicio del conflicto, Irán ha disparado más de 500 misiles balísticos y navales y casi 2.000 drones, de los cuales aproximadamente el 40% se dirigieron hacia Israel y el 60% hacia objetivos estadounidenses en la región. Estados Unidos, por su parte, ha atacado más de 3.000 objetivos en Irán desde el pasado sábado, según el Mando Central.
Washington ha aprobado este viernes una transferencia de emergencia: el Departamento de Estado anunció el equivalente a 151,8 millones de dólares en municiones para Israel, incluyendo 12.000 bombas de 450 kilogramos, invocando una emergencia que dispensaba de la aprobación del Congreso.
La presión sobre los aliados europeos se intensificó. Irán advirtió que los países que se sumen militarmente al lado de EE.UU. serán considerados objetivos legítimos. En Chipre, helicópteros británicos equipados con sistemas anti-dron comenzaron a llegar el viernes. Italia envió armamento defensivo al Golfo, aunque su ministro de Defensa afirmó que el ataque de EE.UU. e Israel contra Irán había violado el derecho internacional.
España mantuvo su posición singular dentro de la OTAN. El ultra Pedro Sánchez calificó la guerra de "extraordinario error que vamos a pagar" y aclaró que el envío de una fragata a Chipre es una operación de "defensa y rescate". Pero, aunque el Gobierno socialista lo niegue, decenas de vuelos norteamericanos participantes en la guerra de Irán están partiendo desde bases españolas. La AESA, agencia europea de seguridad aérea, amplió hasta el 11 de marzo su advertencia a las aerolíneas para que no operen en el espacio aéreo de Oriente Medio, incluyendo Arabia Saudí, Baréin, Catar, Emiratos, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano y Omán.
Los tanques de almacenamiento de petróleo se están llenando en toda la región porque las exportaciones prácticamente se han detenido. El barril Brent alcanzó los 91 dólares por primera vez desde octubre de 2023. Cada subida de diez dólares en el precio del petróleo puede añadir algo más de un punto a la inflación general en Europa y restar alrededor de 0,3 puntos al PIB real.
Maersk se convirtió en la segunda gran naviera en suspender operaciones en Oriente Medio.
La segunda semana de guerra comienza como terminó la primera: con bombardeos al amanecer sobre Teherán, Trump midiendo el éxito en una escala propia y un régimen iraní que, descabezado y castigado, no muestra intención de ceder. Entre ambas posiciones —la rendición incondicional y los sueños que llegarán a la tumba— no hay, por ahora, ningún territorio negociable.
La guerra entra en su segunda semana sin señales de remisión. A las pocas horas de que el presidente Donald Trump publicara en Truth Social la frase que marcó la jornada —"No habrá acuerdo con Irán, salvo una rendición incondicional"— el presidente iraní Masoud Pezeshkian respondió en un discurso transmitido por la televisión estatal: "Se llevarán sus sueños de nuestra rendición incondicional a la tumba."
Así quedó dibujada, con una brutalidad casi simétrica, la distancia entre las partes en este octavo día de conflicto.
La declaración presidencial amplió considerablemente los objetivos de la guerra. Lo que comenzó como una operación para destruir el programa nuclear iraní y degradar su capacidad de misiles derivó en una demanda de capitulación total y cambio de régimen. Trump explicó en una entrevista a CNN que su estrategia para Irán sigue el modelo aplicado en Venezuela, donde Washington capturó a Nicolás Maduro y colocó en el poder a figuras afines.
Ante la pregunta de cómo se traduciría concretamente la "rendición incondicional", la portavoz de la Casa Blanca ofreció una definición propia: "Lo que el presidente quiere decir es que cuando él, como comandante en jefe, determine que Irán ya no representa una amenaza para Estados Unidos y que los objetivos de la Operación Furia Épica se hayan cumplido plenamente, Irán estará esencialmente en una posición de rendición incondicional, lo digan ellos mismos o no."
Es decir: Trump decide cuándo se rinde Irán, con independencia de lo que diga Irán.
El presidente evaluó el resultado militar con su escala habitual: "De 1 a 10 a esta guerra le doy un 12 o un 15."
Pezeshkian, al frente del consejo de liderazgo de transición que gobierna Irán desde la muerte de Jamenei hace una semana, ha adoptado una decisión con consecuencias regionales inmediatas: el consejo de liderazgo interino aprobó que los países vecinos ya no serán atacados, a menos que un ataque contra Irán se origine desde su territorio.
La medida constituye un intento de reducir el frente abierto en el Golfo y, al mismo tiempo, una señal de que Teherán acepta implícitamente la imposibilidad de sostener una guerra contra quince países simultáneamente. En la misma jornada, el presidente iraní indicó que algunos países han comenzado a intentar ejercer una mediación, sin precisar cuáles.
Moscú, entretanto, dejó clara su posición: Vladímir Putin mantuvo una conversación telefónica con Pezeshkian, una señal de que Rusia no está dispuesta a soltar la mano del país que le ha surtido de drones para la guerra en Ucrania.
En la base aérea de Dover, Delaware, se ha celebrado, mientras tanto, el traslado digno de los seis militares estadounidenses muertos en el conflicto. Se esperaba la asistencia de Trump y el vicepresidente J.D. Vance. Fue la primera ceremonia de esta naturaleza desde el inicio de la guerra, y ocurrió el mismo día en que el presidente calificaba las operaciones de éxito rotundo. La imagen de los féretros cubiertos por la bandera de las barras y estrellas convivió, sin aparente contradicción para Washington, con el tono triunfalista de Truth Social.
En el plano militar, Israel lanzó ayer un ataque de gran envergadura contra el búnker subterráneo del difunto líder supremo, que continuaba siendo infraestructura activa del régimen. Unos 50 aviones de combate de las fuerzas aéreas israelíes participaron en la operación, sumada a una amplia oleada de ataques contra infraestructura del régimen en Teherán y en Isfahan. Las explosiones se escucharon desde las primeras horas de la madrugada. Un vídeo publicado por la emisora estatal iraní IRIB mostró los daños en un centro deportivo del sur de Teherán.
El ejército israelí afirma haber logrado "superioridad aérea casi completa" sobre Irán, con 2.500 ataques ejecutados y el 80% de los sistemas de defensa aérea iraníes destruidos.
Desde el inicio del conflicto, Irán ha disparado más de 500 misiles balísticos y navales y casi 2.000 drones, de los cuales aproximadamente el 40% se dirigieron hacia Israel y el 60% hacia objetivos estadounidenses en la región. Estados Unidos, por su parte, ha atacado más de 3.000 objetivos en Irán desde el pasado sábado, según el Mando Central.
Washington ha aprobado este viernes una transferencia de emergencia: el Departamento de Estado anunció el equivalente a 151,8 millones de dólares en municiones para Israel, incluyendo 12.000 bombas de 450 kilogramos, invocando una emergencia que dispensaba de la aprobación del Congreso.
La presión sobre los aliados europeos se intensificó. Irán advirtió que los países que se sumen militarmente al lado de EE.UU. serán considerados objetivos legítimos. En Chipre, helicópteros británicos equipados con sistemas anti-dron comenzaron a llegar el viernes. Italia envió armamento defensivo al Golfo, aunque su ministro de Defensa afirmó que el ataque de EE.UU. e Israel contra Irán había violado el derecho internacional.
España mantuvo su posición singular dentro de la OTAN. El ultra Pedro Sánchez calificó la guerra de "extraordinario error que vamos a pagar" y aclaró que el envío de una fragata a Chipre es una operación de "defensa y rescate". Pero, aunque el Gobierno socialista lo niegue, decenas de vuelos norteamericanos participantes en la guerra de Irán están partiendo desde bases españolas. La AESA, agencia europea de seguridad aérea, amplió hasta el 11 de marzo su advertencia a las aerolíneas para que no operen en el espacio aéreo de Oriente Medio, incluyendo Arabia Saudí, Baréin, Catar, Emiratos, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano y Omán.
Los tanques de almacenamiento de petróleo se están llenando en toda la región porque las exportaciones prácticamente se han detenido. El barril Brent alcanzó los 91 dólares por primera vez desde octubre de 2023. Cada subida de diez dólares en el precio del petróleo puede añadir algo más de un punto a la inflación general en Europa y restar alrededor de 0,3 puntos al PIB real.
Maersk se convirtió en la segunda gran naviera en suspender operaciones en Oriente Medio.
La segunda semana de guerra comienza como terminó la primera: con bombardeos al amanecer sobre Teherán, Trump midiendo el éxito en una escala propia y un régimen iraní que, descabezado y castigado, no muestra intención de ceder. Entre ambas posiciones —la rendición incondicional y los sueños que llegarán a la tumba— no hay, por ahora, ningún territorio negociable.











