Los cambios que estamos viviendo y su impacto
Me atrevo a decirlo. Un nuevo orden mundial se avecina o a empezado como antaño, es decir con guerra. El viejo e insuperable sistema democrático es como aquellos barcos de madera que navegaban por mi Cantábrico Galaico y que después de la galerna en julio de 1961 dejaron constancia sobre inseguridad para sus tripulaciones. La democracia que hemos disfrutado y nos ha reglado la convivencia hace aguas y se hunde con mostros, los habitantes de Occidente como tripulación.
La izquierda del sanchismo ha dado el primer paso que recuerda a los hechos de 1931. Quieren ofertar como eje de su nueva campaña una República de repúblicas. Quieren acabar con la Monarquía constitucional. Quieren otra Constitución pues la de 1978 se les antoja inservible para sus propósitos.
La incógnita está en la reacción y posición del resto del arco político. Me ha gustado como de costumbre la claridad con la que suele pronunciarse esa noble dama Cayetana Álvarez de Toledo. Lo hace siempre desde las tribunas. Muestra convicciones y argumentos culturales que echo de menos en otros dirigentes de mi nación. Pero terminará por obligar a derechas e izquierdas a tomar partido sobre la propuesta. La Monarquía es mucho más que esa conducta de Don Juan Carlos el 23 -F. Es mucho más que las limitaciones a las que reinar pero no gobernar ponen sordina a los pensamientos de S.M. Felipe VI, al que estoy seguro le hacen llegar impulsos muchos de sus compañeros de formación militar. Pero también y más allá de la lucha por el espacio virtual del centro derecha, tendrán que pronunciarse PP y VOX, sin olvidarnos del auténtico partido socialista al que hoy más que nunca representa el discurso cada día más encendido de Felipe González.
Pero tenemos otra cuestión. La escalada bélica que representa un conflicto armado entre civilizaciones. Se va extendiendo y tal táctica está en el manual de los ideólogos de un nuevo orden mundial que comienza con una guerra a estilo siglo XXI. Son las herramientas sin tripulantes pero con mando a distancia y tecnología sorpresiva y más allá de lo que hasta ahora nos habían enseñado o les habían vendido a Ucrania como material excedente.
En esta guerra del siglo XXI los países de la vieja Europa y más allá de Instituciones Obsoletas como la ONU, deberán posicionarse y cumplir alianzas físicas. Pero el problema de España es: ¿dónde nos colocarán estos mandarines del sanchismo?. Hoy más que nunca reclamo que estemos con Occidente, sin ambages, sin complejos, sin discursos mediocres a inventario de los socios a la izquierda del sanchismo o de los nacionalistas que buscan la oportunidad de alcanzar sus apetencias independentista.
Irán no es Venezuela. Obvio. Parece que lo de la república bolivariana era simplemente garantizarse el suministro de crudo para suplir las consecuencias de la guerra con Irán. Pero los ayatolas tenían prevista la sucesión y me temo que ahora son los primeros interesados en extender al máximo la guerra atacando con sus aliados y apuntando a Europa. Es la manera de desestabilizar el orden mundial y así en el caos generalizado obligar a ese discurso de buenismo que reclama el contenido del Derecho Internacional que hoy dudamos pueda ser garantía de convivencia.
La guerra que no ha hecho más que empezar dejará en segundo plano los problemas del régimen sanchista con los españoles y la oposición. Mucho más y como me temo, los soldados de España van a tener que participar por situación y compromiso, lo que abrirá un duro debate sobre las relaciones de España con los Estados Unidos, como ya lo abrió, aunque no se diga, con Israel, que deberíamos recordar nos ayudó en el conflicto con la banda terrorista ETA, de lo que fui testigo. Hoy más que nunca me gustaría conocer el contenido de las grabaciones por el sistema Pegasus.
Vamos a saber a ciencia cierta cuáles son las disponibilidades de armas que tiene Irán. Vamos a saber hasta dónde están dispuestos a implicarse rusos y chinos. Vamos a saber si Corea del Norte se incorpora a la escalada. Vamos a saber si el debate pasa a formar parte de los discursos en las campañas electorales que están ahí. Vamos a saber qué grado de impacto económico nos produce la dependencia del petróleo. Vamos a saber dónde nos coloca el Gobierno de España en un conflicto muy intenso y extenso.
Hemos entrado en una nueva época y como siempre a caballo de otra guerra. Tan importante como su duración y metodología será el nuevo orden geopolítico y las nuevas disposiciones legislativas que promoverá en el espacio del Derecho Internacional.
Me atrevo a decirlo. Un nuevo orden mundial se avecina o a empezado como antaño, es decir con guerra. El viejo e insuperable sistema democrático es como aquellos barcos de madera que navegaban por mi Cantábrico Galaico y que después de la galerna en julio de 1961 dejaron constancia sobre inseguridad para sus tripulaciones. La democracia que hemos disfrutado y nos ha reglado la convivencia hace aguas y se hunde con mostros, los habitantes de Occidente como tripulación.
La izquierda del sanchismo ha dado el primer paso que recuerda a los hechos de 1931. Quieren ofertar como eje de su nueva campaña una República de repúblicas. Quieren acabar con la Monarquía constitucional. Quieren otra Constitución pues la de 1978 se les antoja inservible para sus propósitos.
La incógnita está en la reacción y posición del resto del arco político. Me ha gustado como de costumbre la claridad con la que suele pronunciarse esa noble dama Cayetana Álvarez de Toledo. Lo hace siempre desde las tribunas. Muestra convicciones y argumentos culturales que echo de menos en otros dirigentes de mi nación. Pero terminará por obligar a derechas e izquierdas a tomar partido sobre la propuesta. La Monarquía es mucho más que esa conducta de Don Juan Carlos el 23 -F. Es mucho más que las limitaciones a las que reinar pero no gobernar ponen sordina a los pensamientos de S.M. Felipe VI, al que estoy seguro le hacen llegar impulsos muchos de sus compañeros de formación militar. Pero también y más allá de la lucha por el espacio virtual del centro derecha, tendrán que pronunciarse PP y VOX, sin olvidarnos del auténtico partido socialista al que hoy más que nunca representa el discurso cada día más encendido de Felipe González.
Pero tenemos otra cuestión. La escalada bélica que representa un conflicto armado entre civilizaciones. Se va extendiendo y tal táctica está en el manual de los ideólogos de un nuevo orden mundial que comienza con una guerra a estilo siglo XXI. Son las herramientas sin tripulantes pero con mando a distancia y tecnología sorpresiva y más allá de lo que hasta ahora nos habían enseñado o les habían vendido a Ucrania como material excedente.
En esta guerra del siglo XXI los países de la vieja Europa y más allá de Instituciones Obsoletas como la ONU, deberán posicionarse y cumplir alianzas físicas. Pero el problema de España es: ¿dónde nos colocarán estos mandarines del sanchismo?. Hoy más que nunca reclamo que estemos con Occidente, sin ambages, sin complejos, sin discursos mediocres a inventario de los socios a la izquierda del sanchismo o de los nacionalistas que buscan la oportunidad de alcanzar sus apetencias independentista.
Irán no es Venezuela. Obvio. Parece que lo de la república bolivariana era simplemente garantizarse el suministro de crudo para suplir las consecuencias de la guerra con Irán. Pero los ayatolas tenían prevista la sucesión y me temo que ahora son los primeros interesados en extender al máximo la guerra atacando con sus aliados y apuntando a Europa. Es la manera de desestabilizar el orden mundial y así en el caos generalizado obligar a ese discurso de buenismo que reclama el contenido del Derecho Internacional que hoy dudamos pueda ser garantía de convivencia.
La guerra que no ha hecho más que empezar dejará en segundo plano los problemas del régimen sanchista con los españoles y la oposición. Mucho más y como me temo, los soldados de España van a tener que participar por situación y compromiso, lo que abrirá un duro debate sobre las relaciones de España con los Estados Unidos, como ya lo abrió, aunque no se diga, con Israel, que deberíamos recordar nos ayudó en el conflicto con la banda terrorista ETA, de lo que fui testigo. Hoy más que nunca me gustaría conocer el contenido de las grabaciones por el sistema Pegasus.
Vamos a saber a ciencia cierta cuáles son las disponibilidades de armas que tiene Irán. Vamos a saber hasta dónde están dispuestos a implicarse rusos y chinos. Vamos a saber si Corea del Norte se incorpora a la escalada. Vamos a saber si el debate pasa a formar parte de los discursos en las campañas electorales que están ahí. Vamos a saber qué grado de impacto económico nos produce la dependencia del petróleo. Vamos a saber dónde nos coloca el Gobierno de España en un conflicto muy intenso y extenso.
Hemos entrado en una nueva época y como siempre a caballo de otra guerra. Tan importante como su duración y metodología será el nuevo orden geopolítico y las nuevas disposiciones legislativas que promoverá en el espacio del Derecho Internacional.













