COVITE acusa a Zapatero de "blanquear a la banda terrorista ETA" y de promover el olvido de las víctimas
El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) ha dirigido una carta pública al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en la que cuestiona duramente sus recientes declaraciones sobre la convivencia en el País Vasco y su valoración política de EH Bildu. En el escrito, fechado en San Sebastián el 5 de marzo de 2026, la presidenta de la asociación reprocha al exmandatario que hable de “olvido”, “perdón” y “reconciliación” sin afrontar —según sostienen— las responsabilidades políticas y morales derivadas del final negociado de ETA.
La organización, que agrupa a más de 500 víctimas del terrorismo y cuenta con estatus consultivo especial ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC), afirma que la convivencia democrática en Euskadi no puede construirse “sobre el blanqueamiento de ETA ni sobre la desmemoria de sus víctimas”. Según expone la carta, las recientes declaraciones de Zapatero en el Senado, en las que defendía la participación política de Bildu y el papel de ciertos actores en la consolidación de la paz, han causado un profundo malestar entre quienes sufrieron directamente la violencia de la organización terrorista.
“Legalidad no equivale a legitimidad”
Uno de los ejes centrales del documento es la distinción entre legalidad y legitimidad democrática. La carta reconoce que EH Bildu es una formación legal y que sus votantes tienen derecho a representación política. Sin embargo, COVITE sostiene que esa legalidad no implica automáticamente legitimidad mientras el espacio político de la izquierda abertzale no condene de manera inequívoca la trayectoria criminal de ETA ni reconozca la injusticia radical del terrorismo.
La asociación recuerda que dirigentes como Arnaldo Otegi continúan representando ese espacio político y que, a juicio de las víctimas, no se ha producido una ruptura real con el pasado. Según el texto, la estrategia política de ese entorno sigue girando en torno a la reivindicación de los presos de ETA, a quienes califican habitualmente como “presos políticos”.
Desde esta perspectiva, COVITE considera inaceptable presentar a ese sector político como ejemplo de compromiso democrático mientras —afirman— no exista una condena clara del terrorismo ni una autocrítica pública sobre las décadas de violencia.
La memoria del terrorismo sigue presente
El documento también cuestiona la afirmación de que la sociedad vasca es hoy un ejemplo pleno de convivencia. Aunque reconoce que el fin de los atentados ha supuesto un alivio histórico y que ya no se vive bajo la amenaza cotidiana de ETA, la asociación sostiene que el legado del terrorismo continúa muy presente en el espacio público.
Entre los ejemplos citados figuran los homenajes a antiguos miembros de ETA, los actos públicos en favor de los presos de la organización y la normalización política de quienes, según denuncian, nunca han realizado una autocrítica real por el daño causado.
Para las víctimas, estos hechos demuestran que la libertad sigue condicionada en determinados ámbitos sociales y que la legitimación simbólica del terrorismo no ha desaparecido completamente de la vida pública vasca.
Crítica al proceso político que llevó al final de ETA
La carta dedica también una parte importante a cuestionar el relato dominante sobre el final de ETA. COVITE sostiene que el final de la organización terrorista fue el resultado de una negociación política iniciada durante el primer Gobierno de Zapatero, y no únicamente de la presión policial y judicial.
Según el texto, a comienzos de los años 2000 el Estado de derecho estaba cerca de derrotar definitivamente a ETA mediante la acción de las fuerzas de seguridad, la justicia y la ilegalización de su entramado político. Sin embargo, tras la llegada de Zapatero al Gobierno en 2004 se optó por negociar las condiciones del final de la organización, una decisión que el propio expresidente reconoció públicamente en el Congreso en 2006.
En ese contexto, la asociación señala varias concesiones que, a su juicio, marcaron el desarrollo posterior del proceso.
La legalización del entorno político de ETA
La primera de esas decisiones fue la legalización del espacio político de la izquierda abertzale. La carta recuerda que el Tribunal Supremo se había opuesto en 2009 a la legalización de las marcas electorales vinculadas a ese entorno. Sin embargo, posteriormente el Tribunal Constitucional revirtió esa decisión y permitió su regreso a las instituciones.
COVITE sostiene que esa legalización formaba parte de la hoja de ruta negociada para el final de ETA y recuerda una frase atribuida al propio Zapatero en aquel contexto: “Eso lo arregla el Tribunal Constitucional”.
Según el colectivo, esa decisión abrió la puerta al retorno político de quienes habían formado parte del entramado político de la organización terrorista.
Un final “sin vencedores ni vencidos”
La segunda crítica se refiere al relato político que acompañó al final de ETA. La asociación denuncia la construcción de una narrativa basada en la idea de un final “sin vencedores ni vencidos”, que, en su opinión, ha contribuido a diluir la derrota de la organización terrorista.
Como símbolo de ese proceso, la carta menciona el acto de autodisolución de ETA celebrado en 2018 en la localidad francesa de Cambo-les-Bains. Según COVITE, en una democracia no deberían ser las organizaciones terroristas quienes escenifiquen su propio final para obtener rédito propagandístico, sino el Estado a través de la acción policial y judicial.
Para las víctimas, ese proceso supuso la pérdida de lo que consideran la “verdadera foto de la derrota de ETA”.
Denuncia de la impunidad
La tercera crítica se refiere a las consecuencias judiciales del final del terrorismo. El colectivo denuncia que el proceso político posterior ha consolidado un escenario de impunidad, caracterizado por excarcelaciones de antiguos miembros de ETA y por la existencia de decenas de prófugos de la justicia que, según señalan, no han sido detenidos.
A juicio de la asociación, esta situación constituye una grave vulneración del derecho de las víctimas a la justicia y representa el precio que han tenido que pagar por el final negociado de la organización terrorista.
“La paz no se construyó sobre el olvido”
En el tramo final de la carta, COVITE reprocha directamente a Zapatero haber alabado públicamente a Bildu como uno de los “artífices de la paz” y, al mismo tiempo, no haber expresado —según afirman— un reconocimiento equivalente hacia las víctimas del terrorismo.
Para la asociación, ese planteamiento supone una falta de consideración hacia quienes perdieron familiares o sufrieron heridas permanentes a causa de la violencia de ETA.
El documento subraya que el final del terrorismo fue posible, en gran medida, porque las víctimas renunciaron a responder a la violencia con más violencia y defendieron el Estado de derecho incluso en los años más duros del terrorismo.
Memoria, verdad y justicia
La carta concluye con una reflexión sobre los fundamentos de la convivencia democrática. Según COVITE, una sociedad libre solo puede construir una paz duradera sobre tres pilares: la verdad sobre lo ocurrido, la memoria de quienes fueron asesinados o perseguidos y la deslegitimación total del terrorismo.
Todo lo que se aparte de ese camino —advierte el colectivo— no servirá para cerrar las heridas del pasado, sino para reabrirlas.
El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) ha dirigido una carta pública al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en la que cuestiona duramente sus recientes declaraciones sobre la convivencia en el País Vasco y su valoración política de EH Bildu. En el escrito, fechado en San Sebastián el 5 de marzo de 2026, la presidenta de la asociación reprocha al exmandatario que hable de “olvido”, “perdón” y “reconciliación” sin afrontar —según sostienen— las responsabilidades políticas y morales derivadas del final negociado de ETA.
La organización, que agrupa a más de 500 víctimas del terrorismo y cuenta con estatus consultivo especial ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC), afirma que la convivencia democrática en Euskadi no puede construirse “sobre el blanqueamiento de ETA ni sobre la desmemoria de sus víctimas”. Según expone la carta, las recientes declaraciones de Zapatero en el Senado, en las que defendía la participación política de Bildu y el papel de ciertos actores en la consolidación de la paz, han causado un profundo malestar entre quienes sufrieron directamente la violencia de la organización terrorista.
“Legalidad no equivale a legitimidad”
Uno de los ejes centrales del documento es la distinción entre legalidad y legitimidad democrática. La carta reconoce que EH Bildu es una formación legal y que sus votantes tienen derecho a representación política. Sin embargo, COVITE sostiene que esa legalidad no implica automáticamente legitimidad mientras el espacio político de la izquierda abertzale no condene de manera inequívoca la trayectoria criminal de ETA ni reconozca la injusticia radical del terrorismo.
La asociación recuerda que dirigentes como Arnaldo Otegi continúan representando ese espacio político y que, a juicio de las víctimas, no se ha producido una ruptura real con el pasado. Según el texto, la estrategia política de ese entorno sigue girando en torno a la reivindicación de los presos de ETA, a quienes califican habitualmente como “presos políticos”.
Desde esta perspectiva, COVITE considera inaceptable presentar a ese sector político como ejemplo de compromiso democrático mientras —afirman— no exista una condena clara del terrorismo ni una autocrítica pública sobre las décadas de violencia.
La memoria del terrorismo sigue presente
El documento también cuestiona la afirmación de que la sociedad vasca es hoy un ejemplo pleno de convivencia. Aunque reconoce que el fin de los atentados ha supuesto un alivio histórico y que ya no se vive bajo la amenaza cotidiana de ETA, la asociación sostiene que el legado del terrorismo continúa muy presente en el espacio público.
Entre los ejemplos citados figuran los homenajes a antiguos miembros de ETA, los actos públicos en favor de los presos de la organización y la normalización política de quienes, según denuncian, nunca han realizado una autocrítica real por el daño causado.
Para las víctimas, estos hechos demuestran que la libertad sigue condicionada en determinados ámbitos sociales y que la legitimación simbólica del terrorismo no ha desaparecido completamente de la vida pública vasca.
Crítica al proceso político que llevó al final de ETA
La carta dedica también una parte importante a cuestionar el relato dominante sobre el final de ETA. COVITE sostiene que el final de la organización terrorista fue el resultado de una negociación política iniciada durante el primer Gobierno de Zapatero, y no únicamente de la presión policial y judicial.
Según el texto, a comienzos de los años 2000 el Estado de derecho estaba cerca de derrotar definitivamente a ETA mediante la acción de las fuerzas de seguridad, la justicia y la ilegalización de su entramado político. Sin embargo, tras la llegada de Zapatero al Gobierno en 2004 se optó por negociar las condiciones del final de la organización, una decisión que el propio expresidente reconoció públicamente en el Congreso en 2006.
En ese contexto, la asociación señala varias concesiones que, a su juicio, marcaron el desarrollo posterior del proceso.
La legalización del entorno político de ETA
La primera de esas decisiones fue la legalización del espacio político de la izquierda abertzale. La carta recuerda que el Tribunal Supremo se había opuesto en 2009 a la legalización de las marcas electorales vinculadas a ese entorno. Sin embargo, posteriormente el Tribunal Constitucional revirtió esa decisión y permitió su regreso a las instituciones.
COVITE sostiene que esa legalización formaba parte de la hoja de ruta negociada para el final de ETA y recuerda una frase atribuida al propio Zapatero en aquel contexto: “Eso lo arregla el Tribunal Constitucional”.
Según el colectivo, esa decisión abrió la puerta al retorno político de quienes habían formado parte del entramado político de la organización terrorista.
Un final “sin vencedores ni vencidos”
La segunda crítica se refiere al relato político que acompañó al final de ETA. La asociación denuncia la construcción de una narrativa basada en la idea de un final “sin vencedores ni vencidos”, que, en su opinión, ha contribuido a diluir la derrota de la organización terrorista.
Como símbolo de ese proceso, la carta menciona el acto de autodisolución de ETA celebrado en 2018 en la localidad francesa de Cambo-les-Bains. Según COVITE, en una democracia no deberían ser las organizaciones terroristas quienes escenifiquen su propio final para obtener rédito propagandístico, sino el Estado a través de la acción policial y judicial.
Para las víctimas, ese proceso supuso la pérdida de lo que consideran la “verdadera foto de la derrota de ETA”.
Denuncia de la impunidad
La tercera crítica se refiere a las consecuencias judiciales del final del terrorismo. El colectivo denuncia que el proceso político posterior ha consolidado un escenario de impunidad, caracterizado por excarcelaciones de antiguos miembros de ETA y por la existencia de decenas de prófugos de la justicia que, según señalan, no han sido detenidos.
A juicio de la asociación, esta situación constituye una grave vulneración del derecho de las víctimas a la justicia y representa el precio que han tenido que pagar por el final negociado de la organización terrorista.
“La paz no se construyó sobre el olvido”
En el tramo final de la carta, COVITE reprocha directamente a Zapatero haber alabado públicamente a Bildu como uno de los “artífices de la paz” y, al mismo tiempo, no haber expresado —según afirman— un reconocimiento equivalente hacia las víctimas del terrorismo.
Para la asociación, ese planteamiento supone una falta de consideración hacia quienes perdieron familiares o sufrieron heridas permanentes a causa de la violencia de ETA.
El documento subraya que el final del terrorismo fue posible, en gran medida, porque las víctimas renunciaron a responder a la violencia con más violencia y defendieron el Estado de derecho incluso en los años más duros del terrorismo.
Memoria, verdad y justicia
La carta concluye con una reflexión sobre los fundamentos de la convivencia democrática. Según COVITE, una sociedad libre solo puede construir una paz duradera sobre tres pilares: la verdad sobre lo ocurrido, la memoria de quienes fueron asesinados o perseguidos y la deslegitimación total del terrorismo.
Todo lo que se aparte de ese camino —advierte el colectivo— no servirá para cerrar las heridas del pasado, sino para reabrirlas.









