Investigación
11-M: La verdadera historia del tren de Santa Eugenia
Más de dos décadas después de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, una investigación realizada por el ingeniero de caminos Carlos Sánchez de Roda vuelve a poner el foco en uno de los episodios más controvertidos de la gestión posterior a la tragedia: el destino del tren que explotó en la estación de Santa Eugenia. La investigación del autor sostiene que el coche 190M de ese convoy —en el que una bomba causó la muerte de 14 personas y dejó decenas de heridos— no fue desguazado, como se afirmó durante el proceso judicial, sino reparado y reincorporado al servicio en la red de Cercanías de Madrid.
Según el autor, documentación interna de Renfe y diversas declaraciones judiciales indicarían que el convoy no siguió el mismo destino que otros trenes afectados por los atentados. Tras la explosión, el material fue trasladado a la estación de mercancías de Vicálvaro, donde permaneció durante meses. Posteriormente, el coche dañado fue llevado a los talleres de Tafesa, en Villaverde, para su reparación y posterior vuelta al servicio, lo que, según la investigación, contradiría la idea difundida durante años de que todos los trenes implicados habían sido desguazados inmediatamente después de los atentados.
El artículo también sostiene que durante la reparación se retiraron piezas y fragmentos procedentes de la zona de la explosión que fueron almacenados en las instalaciones del taller. Esos restos, afirma el autor, no fueron mencionados en el proceso judicial ni en los informes periciales realizados durante la investigación del 11-M, pese a que podrían haber constituido material relevante para análisis posteriores.
Años después, en enero de 2012, el hallazgo de esos restos en un cobertizo de las instalaciones de Tafesa motivó la intervención de la Fiscalía. La Guardia Civil llegó a precintar el lugar y se abrió una investigación para determinar la cadena de custodia de ese material y su posible valor probatorio. Según la investigación citada, se constató que los restos habían sido conservados, aunque no habían sido analizados durante el proceso judicial.
Sin embargo, el trabajo asegura que el material terminó desapareciendo en 2013 durante el saqueo de las instalaciones industriales donde se encontraba almacenado, sin que se produjeran detenciones ni se recuperaran los fragmentos. De acuerdo con el relato del autor, la desaparición de esos restos se produjo pese a que el lugar había sido previamente precintado y vigilado.
La investigación concluye recordando que el coche 190M, profundamente transformado tras su reparación, seguiría circulando en la red de Cercanías de Madrid, lo que lo convertiría en el último vestigio material de los trenes afectados por los atentados del 11-M. El autor plantea que ese vagón podría preservarse en el futuro como elemento memorial en recuerdo de las víctimas.
Los lectores pueden consultar y descargar la investigación completa de Carlos Sánchez de Roda en este enlace
Más de dos décadas después de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, una investigación realizada por el ingeniero de caminos Carlos Sánchez de Roda vuelve a poner el foco en uno de los episodios más controvertidos de la gestión posterior a la tragedia: el destino del tren que explotó en la estación de Santa Eugenia. La investigación del autor sostiene que el coche 190M de ese convoy —en el que una bomba causó la muerte de 14 personas y dejó decenas de heridos— no fue desguazado, como se afirmó durante el proceso judicial, sino reparado y reincorporado al servicio en la red de Cercanías de Madrid.
Según el autor, documentación interna de Renfe y diversas declaraciones judiciales indicarían que el convoy no siguió el mismo destino que otros trenes afectados por los atentados. Tras la explosión, el material fue trasladado a la estación de mercancías de Vicálvaro, donde permaneció durante meses. Posteriormente, el coche dañado fue llevado a los talleres de Tafesa, en Villaverde, para su reparación y posterior vuelta al servicio, lo que, según la investigación, contradiría la idea difundida durante años de que todos los trenes implicados habían sido desguazados inmediatamente después de los atentados.
El artículo también sostiene que durante la reparación se retiraron piezas y fragmentos procedentes de la zona de la explosión que fueron almacenados en las instalaciones del taller. Esos restos, afirma el autor, no fueron mencionados en el proceso judicial ni en los informes periciales realizados durante la investigación del 11-M, pese a que podrían haber constituido material relevante para análisis posteriores.
Años después, en enero de 2012, el hallazgo de esos restos en un cobertizo de las instalaciones de Tafesa motivó la intervención de la Fiscalía. La Guardia Civil llegó a precintar el lugar y se abrió una investigación para determinar la cadena de custodia de ese material y su posible valor probatorio. Según la investigación citada, se constató que los restos habían sido conservados, aunque no habían sido analizados durante el proceso judicial.
Sin embargo, el trabajo asegura que el material terminó desapareciendo en 2013 durante el saqueo de las instalaciones industriales donde se encontraba almacenado, sin que se produjeran detenciones ni se recuperaran los fragmentos. De acuerdo con el relato del autor, la desaparición de esos restos se produjo pese a que el lugar había sido previamente precintado y vigilado.
La investigación concluye recordando que el coche 190M, profundamente transformado tras su reparación, seguiría circulando en la red de Cercanías de Madrid, lo que lo convertiría en el último vestigio material de los trenes afectados por los atentados del 11-M. El autor plantea que ese vagón podría preservarse en el futuro como elemento memorial en recuerdo de las víctimas.
Los lectores pueden consultar y descargar la investigación completa de Carlos Sánchez de Roda en este enlace






















