¿Qué tal si odiamos al Hodio?
El Gobierno del corrupto Sánchez ha aprobado, con la inestimable ayuda del PP y del resto de la Cámara, adscrito al wokismo y a la descomposición de España, un observatorio del odio en las redes. Y lo llaman Hodio. Y, para empezar, cabría definir qué es odio. Veamos lo que dice la RAE que para estas cuestiones conceptuales parece una instancia solvente y autorizada.
Dice la RAE que ”[...]es la emoción intensa, prolongada y negativa caracterizada por un profundo rechazo, aversión y hostilidad hacia personas, ideas o cosas. Implica el deseo de causar daño, evitar o destruir aquello que genera disgusto o dolor, siendo a menudo una respuesta a la ira, la injusticia o el resentimiento”.
Observemos que en la definición de la RAE hay dos partes. Una puede llevar a la otra, pero no necesariamente.
Es decir; el hecho de que el que experimenta el sentimiento de odio simplemente lo sienta, viva la emoción debido a un estímulo que el sujeto, de forma personal e intransferible, considere repudiable, inmoral, injusto o simplemente peligroso para la sociedad, no supone que vaya a actuar en consonancia a ese sentimiento, sino que simplemente implica la indignación, una actitud de rechazo por la simple búsqueda del bien y el amor al prójimo. Es decir que no realiza una acción punible, sino que comunica a otros congéneres que eso que él considera satánico, indeseable, inmoral, despreciable, etc, implica un rechazo para regenerar a la sociedad de esos vicios, situaciones delictivas, que llevan a la alarma social; y que supone la pérdida de bienes intangibles como es la antropología heredada, la cultura, el desarrollo de la infancia, el rechazo sin paliativos a la prostitución de menores, la fragmentación de la familia, el aborto como liquidación de vidas en potencia, el asesinato cometido por determinados grupos sociales, políticos o culturales, enemigos de la propia visión cosmogónica. Y así nos podríamos extender hasta el infinito. Es mera y exclusivamente una expresión nacida del libre albedrío que no conlleva actos de agresión ni atentados contra los bienes o personas, sino una indignación compartida.
¿Eso es digno de ser espiado en redes, calificado, extorsionado, perseguido, en definitiva, eliminado? ¿Desde cuándo el sentir, el pensar, el emocionarse con algo, negativa o positivamente, es objeto de control?
Es un renacer de una inquisición más o menos explícita para segregar de la sociedad a sectores que no comulgan con ruedas de molino ni aceptan marcos de violencia implícita contra determinadas formas de concebir la vida en común.
¿Acabaremos de esta manera persiguiendo a determinados colectivos por el simple hecho de practicar determinadas religiones contrarias a las prácticas masónicas de control social y de logro del poder por vías ilegítimas? ¿Nos damos cuenta del peligro que conlleva que una mayoría del Congreso perciba los valores de la democracia en función de un sesgo u otro político, no en base al deseo de la libertad, la justicia, la belleza y la bondad? ¿Pero a dónde vamos a llegar?
El Derecho Natural preserva ante todo y sobre todo la naturaleza del hombre, su libertad y su dignidad. Y esa libertad, nacida de la dignidad y del hecho de que todos los humanos somos hijos de Dios por el hecho de haber nacido con la naturaleza de personas, es inviolable. Y si no se permite tener sentimientos ni emociones según el cristal con el que se considere aceptable por el tirano de turno, la democracia es un simple eslogan sin ingredientes que le den forma aceptable y por esa vía se llega al exterminio del contrario por no ser del pensamiento de quien alcanza el poder.
Yo me pregunto si la oposición; salvo en el caso de algún partido que es calificado de extrema derecha cuando paradójicamente es el que aboga por la libertad y la seguridad de los españoles para que sigan teniendo el espacio común que se llama nación en el que puedan vivir, relacionarse y sentir conforme a su componente espiritual e histórico; tiene entre sus elementos racionales la idea de a qué Constitución sirven, porque la que actualmente está en ejercicio a través de la práctica política no tiene nada que ver con aquella que yo voté y que hoy considero manifiestamente mejorable.
Estamos en una situación de anomia y en manos de desaprensivos que buscan la eliminación de la libertad formal y material porque nos quieren dóciles, manejables y adocenados.
Qué asco.
El Gobierno del corrupto Sánchez ha aprobado, con la inestimable ayuda del PP y del resto de la Cámara, adscrito al wokismo y a la descomposición de España, un observatorio del odio en las redes. Y lo llaman Hodio. Y, para empezar, cabría definir qué es odio. Veamos lo que dice la RAE que para estas cuestiones conceptuales parece una instancia solvente y autorizada.
Dice la RAE que ”[...]es la emoción intensa, prolongada y negativa caracterizada por un profundo rechazo, aversión y hostilidad hacia personas, ideas o cosas. Implica el deseo de causar daño, evitar o destruir aquello que genera disgusto o dolor, siendo a menudo una respuesta a la ira, la injusticia o el resentimiento”.
Observemos que en la definición de la RAE hay dos partes. Una puede llevar a la otra, pero no necesariamente.
Es decir; el hecho de que el que experimenta el sentimiento de odio simplemente lo sienta, viva la emoción debido a un estímulo que el sujeto, de forma personal e intransferible, considere repudiable, inmoral, injusto o simplemente peligroso para la sociedad, no supone que vaya a actuar en consonancia a ese sentimiento, sino que simplemente implica la indignación, una actitud de rechazo por la simple búsqueda del bien y el amor al prójimo. Es decir que no realiza una acción punible, sino que comunica a otros congéneres que eso que él considera satánico, indeseable, inmoral, despreciable, etc, implica un rechazo para regenerar a la sociedad de esos vicios, situaciones delictivas, que llevan a la alarma social; y que supone la pérdida de bienes intangibles como es la antropología heredada, la cultura, el desarrollo de la infancia, el rechazo sin paliativos a la prostitución de menores, la fragmentación de la familia, el aborto como liquidación de vidas en potencia, el asesinato cometido por determinados grupos sociales, políticos o culturales, enemigos de la propia visión cosmogónica. Y así nos podríamos extender hasta el infinito. Es mera y exclusivamente una expresión nacida del libre albedrío que no conlleva actos de agresión ni atentados contra los bienes o personas, sino una indignación compartida.
¿Eso es digno de ser espiado en redes, calificado, extorsionado, perseguido, en definitiva, eliminado? ¿Desde cuándo el sentir, el pensar, el emocionarse con algo, negativa o positivamente, es objeto de control?
Es un renacer de una inquisición más o menos explícita para segregar de la sociedad a sectores que no comulgan con ruedas de molino ni aceptan marcos de violencia implícita contra determinadas formas de concebir la vida en común.
¿Acabaremos de esta manera persiguiendo a determinados colectivos por el simple hecho de practicar determinadas religiones contrarias a las prácticas masónicas de control social y de logro del poder por vías ilegítimas? ¿Nos damos cuenta del peligro que conlleva que una mayoría del Congreso perciba los valores de la democracia en función de un sesgo u otro político, no en base al deseo de la libertad, la justicia, la belleza y la bondad? ¿Pero a dónde vamos a llegar?
El Derecho Natural preserva ante todo y sobre todo la naturaleza del hombre, su libertad y su dignidad. Y esa libertad, nacida de la dignidad y del hecho de que todos los humanos somos hijos de Dios por el hecho de haber nacido con la naturaleza de personas, es inviolable. Y si no se permite tener sentimientos ni emociones según el cristal con el que se considere aceptable por el tirano de turno, la democracia es un simple eslogan sin ingredientes que le den forma aceptable y por esa vía se llega al exterminio del contrario por no ser del pensamiento de quien alcanza el poder.
Yo me pregunto si la oposición; salvo en el caso de algún partido que es calificado de extrema derecha cuando paradójicamente es el que aboga por la libertad y la seguridad de los españoles para que sigan teniendo el espacio común que se llama nación en el que puedan vivir, relacionarse y sentir conforme a su componente espiritual e histórico; tiene entre sus elementos racionales la idea de a qué Constitución sirven, porque la que actualmente está en ejercicio a través de la práctica política no tiene nada que ver con aquella que yo voté y que hoy considero manifiestamente mejorable.
Estamos en una situación de anomia y en manos de desaprensivos que buscan la eliminación de la libertad formal y material porque nos quieren dóciles, manejables y adocenados.
Qué asco.














