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Sábado, 14 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Director Ejecutivo de OpenAI, creadora del celebérrimo GPT

Sam Altman anuncia la “inteligencia bajo demanda”: el futuro en el que pensar será un servicio que se puede comprar

[Img #30033]El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, ha lanzado una de las predicciones más disruptivas —y controvertidas— sobre el futuro de la humanidad tecnológica: la inteligencia artificial acabará convirtiéndose en una infraestructura universal accesible a voluntad, capaz de amplificar la mente humana como hoy lo hacen la electricidad o Internet. Según el empresario, nos dirigimos hacia un escenario en el que cualquier persona podrá disponer de potencia cognitiva prácticamente ilimitada “cuando la necesite”, pagando solo por su uso.

 

Altman ha afirmado que su visión es que la inteligencia misma se transforme en un servicio básico. “Vemos un futuro en el que la inteligencia será una utilidad, como la electricidad o el agua”, declaró en un foro internacional, explicando que los usuarios accederán a sistemas de IA bajo demanda mediante unidades de consumo —los llamados “tokens”— que miden la actividad de cálculo. 

 

La implicación es profunda: no se trataría simplemente de herramientas informáticas avanzadas, sino de una prótesis cognitiva universal capaz de razonar, planificar, investigar, crear y decidir junto al usuario en tiempo real.

 

Una nueva era de “amplificación mental”

 

En la práctica, este modelo supondría que estudiantes, profesionales, investigadores o gobiernos podrían acceder instantáneamente a capacidades intelectuales muy superiores a las humanas en tareas concretas: desde resolver problemas científicos hasta diseñar infraestructuras o analizar conflictos geopolíticos complejos.

 

Altman sostiene además que el coste de la IA continúa cayendo a gran velocidad y que su potencia crece de forma superexponencial, lo que facilitaría su difusión masiva. 

 

Sin embargo, advierte de un obstáculo crítico: la enorme demanda de potencia informática. La industria prevé necesidades de cálculo sin precedentes, con inversiones colosales en centros de datos y energía para sostener este nuevo “suministro de inteligencia”.

 

¿Democratización del conocimiento… o desigualdad cognitiva?

 

La idea de inteligencia como servicio plantea también interrogantes políticos y éticos. Si el acceso depende del pago por uso, podría surgir una brecha inédita entre quienes puedan permitirse grandes cantidades de capacidad cognitiva artificial y quienes no.

 

El propio Altman ha reconocido implícitamente esta tensión al advertir que, si la capacidad computacional es limitada, los precios podrían subir o el acceso podría tener que regularse.

 

Algunos críticos ya califican esta visión de distópica, al considerar que podría convertir el pensamiento avanzado en un recurso económico más, sometido a las dinámicas del mercado global. 

 

Más allá de las aplicaciones: una transformación civilizatoria

 

Aunque no se trata de aumentar biológicamente la inteligencia humana, el resultado funcional sería equivalente: individuos dotados de “mentes extendidas” capaces de operar a niveles de complejidad antes reservados a élites científicas o institucionales.

 

Altman ha defendido repetidamente que la IA no sustituirá necesariamente a las personas, sino que desencadenará una fase de reajuste social “dolorosa pero productiva”, con nuevos trabajos y estructuras económicas aún desconocidas. 

 

El CEO de OpenAI también subraya que esta revolución exige infraestructuras energéticas masivas y sostenibles, señalando la energía como el principal cuello de botella del progreso de la inteligencia artificial.

 

El nacimiento de la “sociedad aumentada”

 

Si las previsiones de Altman se cumplen, el acceso instantáneo a capacidades cognitivas superiores podría redefinir la educación, la economía, la política y la propia noción de talento individual. En lugar de competir por quién es más inteligente, la clave pasaría a ser quién sabe utilizar mejor esa inteligencia artificial disponible.

 

La humanidad, en ese escenario, no se volvería más inteligente por evolución biológica, sino por simbiosis tecnológica.

 

Y esa posibilidad —pensar con una mente más poderosa que la propia— podría convertirse en el cambio más profundo desde la invención de la escritura.

 

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