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Martes, 17 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Publicación "Nature Astronomy"

Hallazgo histórico: encuentran los “ladrillos del ADN” en un asteroide

El hallazgo podría cambiar nuestra comprensión del origen de la vida en la Tierra. Un equipo internacional de científicos ha confirmado que las muestras del asteroide Ryugu traídas por la misión japonesa Hayabusa2 contienen las cinco bases nitrogenadas fundamentales que forman el ADN y el ARN, es decir, los “ladrillos” químicos de la información genética de todos los seres vivos. Adenina, guanina, citosina, timina y uracilo —las moléculas que codifican y transmiten la herencia biológica— han sido detectadas en material extraterrestre prístino, no contaminado por la biosfera terrestre, lo que refuerza con una fuerza inédita la hipótesis de que los ingredientes básicos de la vida no surgieron exclusivamente en nuestro planeta, sino que pudieron llegar desde el espacio en los primeros tiempos del Sistema Solar.

 

El estudio, publicado recientemente en la revista Nature Astronomy, señala que estas moléculas orgánicas son esenciales no solo para la genética, sino también para el metabolismo celular, ya que participan en procesos energéticos y bioquímicos fundamentales. Su presencia en un asteroide rico en carbono sugiere que los cuerpos primitivos que bombardearon la Tierra hace más de 3.500 millones de años pudieron aportar un “inventario químico prebiótico” indispensable para el surgimiento de la vida. En otras palabras, nuestro planeta habría recibido desde el espacio parte de los componentes necesarios para que la química se transformara en biología. Los autores subrayan además que la detección de estas sustancias demuestra su amplia distribución en el Sistema Solar, lo que refuerza la idea de que los precursores de la vida pueden formarse de manera natural en entornos extraterrestres.

 

La importancia del descubrimiento radica también en la pureza de las muestras analizadas. A diferencia de los meteoritos recogidos en la superficie terrestre, que pueden contaminarse con compuestos orgánicos de origen biológico, el material de Ryugu fue recolectado directamente del asteroide, sellado y transportado a la Tierra en condiciones controladas. Esto permite estudiar la química del Sistema Solar primitivo con una fiabilidad sin precedentes y descartar que las moléculas detectadas procedan de contaminación terrestre. De hecho, la composición observada difiere de la de los sistemas biológicos actuales, lo que respalda su origen abiótico y extraterrestre.

 

Los investigadores compararon además estas muestras con las de otros cuerpos primitivos, como el asteroide Bennu o varios meteoritos carbonáceos, y encontraron nucleobases en todos ellos, aunque en proporciones distintas. Estas variaciones apuntan a que la síntesis de moléculas prebióticas depende de las condiciones físico-químicas de cada cuerpo progenitor, como la presencia de agua líquida, amoníaco o compuestos ricos en nitrógeno. En conjunto, los datos sugieren que la química necesaria para la vida pudo desarrollarse en múltiples entornos del espacio, desde nubes interestelares hasta pequeños asteroides, antes incluso de la formación de los planetas.

 

Sin embargo, los científicos advierten de que este hallazgo no implica la existencia de vida fuera de la Tierra ni que Ryugu haya albergado organismos. Lo que se ha encontrado son los componentes químicos previos a la biología, capaces de formarse mediante procesos naturales sin intervención de sistemas vivos. El paso desde estas moléculas simples a estructuras autorreplicantes capaces de evolucionar sigue siendo uno de los mayores enigmas de la ciencia.

 

Aun así, las implicaciones son profundas. Si los “ladrillos” de la vida están ampliamente distribuidos en el cosmos, entonces la aparición de vida podría no ser un fenómeno excepcional. Este escenario refuerza el interés por otros mundos potencialmente habitables del Sistema Solar, como Marte o las lunas heladas Europa y Encélado, donde condiciones similares podrían haber permitido la evolución química hacia sistemas biológicos. El análisis de Ryugu no ofrece una respuesta definitiva al origen de la vida, pero sí aporta una evidencia sólida de que la materia prima necesaria para que surja no es exclusiva de la Tierra. Más bien, podría ser un legado cósmico común, sembrado por asteroides y cometas en los albores del Sistema Solar, lo que abre una pregunta tan fascinante como inquietante: si los ingredientes están por todas partes, ¿cuántos mundos podrían haber llegado a utilizarlos?

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