EE. UU. negocia en secreto con el nieto de Raúl Castro para forzar cambios en Cuba
Estados Unidos, a través del secretario de Estado Marco Rubio, ha mantenido conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro —nieto y estrecho colaborador de Raúl Castro— en lo que se interpreta como un intento de influir en el futuro político de Cuba al margen del Gobierno oficial de La Habana.
Según diversas fuentes citadas por el portal Axios, los contactos se habrían realizado fuera de los canales diplomáticos habituales, lo que refleja la convicción de Washington de que el verdadero centro de poder en la isla continúa en manos del círculo de Raúl Castro, pese a que la presidencia formal recae en Miguel Díaz-Canel.
Rodríguez Castro, de 41 años, es considerado una figura influyente dentro de la élite cubana y próximo al aparato militar. Funcionarios estadounidenses lo ven como representante de una generación más joven y pragmática del régimen, interesada en mejorar las relaciones con Washington tras décadas de confrontación.
Un alto responsable estadounidense aseguró que la posición de su Gobierno es clara: “el régimen tiene que desaparecer”, aunque el modo en que podría producirse esa transformación aún no está definido y dependerá en última instancia del presidente Donald Trump.
Las conversaciones, más que negociaciones formales, serían “discusiones sobre el futuro” de Cuba en un contexto de fuerte presión económica y diplomática sobre el país caribeño.
Estos contactos se producen en medio de una grave crisis energética en Cuba, agravada por la interrupción de los suministros de petróleo —especialmente desde Venezuela— tras la detención del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, lo que ha provocado apagones generalizados y escasez de combustible.
El propio Díaz-Canel confirmó posteriormente la existencia de intercambios con Washington, presentándolos como intentos de encontrar “soluciones mediante el diálogo” a las diferencias entre ambos países.
Analistas consideran que la estrategia estadounidense busca explorar una posible transición política sin depender directamente del Gobierno cubano actual, apostando por figuras internas del sistema capaces de impulsar reformas o un acercamiento a Estados Unidos.
Sin embargo, el papel real de Rodríguez Castro es objeto de debate. Algunos expertos lo describen más como intermediario de su abuelo que como un negociador autónomo con capacidad para tomar decisiones políticas de gran calado.
La revelación de estos contactos ha generado interrogantes sobre la estrategia de Washington hacia Cuba y sobre si existe un plan concreto para promover cambios en la isla o simplemente explorar escenarios futuros.
Por ahora, ni el Departamento de Estado ni el propio Rubio han confirmado públicamente los detalles de estas conversaciones, alegando la sensibilidad del asunto.
Estados Unidos, a través del secretario de Estado Marco Rubio, ha mantenido conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro —nieto y estrecho colaborador de Raúl Castro— en lo que se interpreta como un intento de influir en el futuro político de Cuba al margen del Gobierno oficial de La Habana.
Según diversas fuentes citadas por el portal Axios, los contactos se habrían realizado fuera de los canales diplomáticos habituales, lo que refleja la convicción de Washington de que el verdadero centro de poder en la isla continúa en manos del círculo de Raúl Castro, pese a que la presidencia formal recae en Miguel Díaz-Canel.
Rodríguez Castro, de 41 años, es considerado una figura influyente dentro de la élite cubana y próximo al aparato militar. Funcionarios estadounidenses lo ven como representante de una generación más joven y pragmática del régimen, interesada en mejorar las relaciones con Washington tras décadas de confrontación.
Un alto responsable estadounidense aseguró que la posición de su Gobierno es clara: “el régimen tiene que desaparecer”, aunque el modo en que podría producirse esa transformación aún no está definido y dependerá en última instancia del presidente Donald Trump.
Las conversaciones, más que negociaciones formales, serían “discusiones sobre el futuro” de Cuba en un contexto de fuerte presión económica y diplomática sobre el país caribeño.
Estos contactos se producen en medio de una grave crisis energética en Cuba, agravada por la interrupción de los suministros de petróleo —especialmente desde Venezuela— tras la detención del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, lo que ha provocado apagones generalizados y escasez de combustible.
El propio Díaz-Canel confirmó posteriormente la existencia de intercambios con Washington, presentándolos como intentos de encontrar “soluciones mediante el diálogo” a las diferencias entre ambos países.
Analistas consideran que la estrategia estadounidense busca explorar una posible transición política sin depender directamente del Gobierno cubano actual, apostando por figuras internas del sistema capaces de impulsar reformas o un acercamiento a Estados Unidos.
Sin embargo, el papel real de Rodríguez Castro es objeto de debate. Algunos expertos lo describen más como intermediario de su abuelo que como un negociador autónomo con capacidad para tomar decisiones políticas de gran calado.
La revelación de estos contactos ha generado interrogantes sobre la estrategia de Washington hacia Cuba y sobre si existe un plan concreto para promover cambios en la isla o simplemente explorar escenarios futuros.
Por ahora, ni el Departamento de Estado ni el propio Rubio han confirmado públicamente los detalles de estas conversaciones, alegando la sensibilidad del asunto.











