Profesores perseguidos en la universidad y sindicalistas excluidos de la Corrica: cuando la tiranía vasca se manifiesta
Esta semana han coincidido dos fenómenos de persecución y de exclusión protagonizados por la misma caterva que nos viene amargando la vida aquí desde hace cincuenta años ya. La tiranía eusquérico-radical se ha manifestado como solo ella sabe hacerlo: amenazando, excluyendo, persiguiendo, acosando, agobiando y angustiando. Contra los profesores que han osado expresar su indignación por la constante, machacona, vulgar, insustancial, retrógrada, iletrada, vacua, infame y amoral tiranía que invade todos los espacios públicos de la universidad vasca y lleva a cabo en los mismos una suerte de desafío o torneo (medieval, por la oscuridad y lobreguez que lo caracteriza) por ver cuál de sus dos propuestas o variantes u ofertas es más absurda, inapropiada, insoportable, indigerible, incomprensible o indignante, si la de los aprendices de terrorista o si la de los aprendices de una vuelta a la ideología más dañina, casposa, maloliente y turiferaria de lo peor de la humanidad, que nos asaltó durante el siglo XIX y se enseñoreó de medio mundo en el siglo XX, por suerte relegada al rincón de las ideologías muertas, pero que hasta que eso sucedió sembró a su paso la muerte, destrucción y desolación de poblaciones enteras, enterrando en vida la dignidad de millones de personas. Y, mira tú por dónde, esa variante es la que últimamente ha arraigado en una parte de la juventud vasca, como una desgracia, como una maldición para todos los que vivimos aquí, como la demostración más acabada de que algo muy hondo y muy profundo se lleva haciendo rematadamente mal durante los últimos cincuenta años de nuestra historia por el régimen nacionalista que nos tiene aquí aplatanados y que nos seca el cerebro.
Del mismo modo, esa tiranía eusquérico-radical se ha pronunciado excluyendo a un sindicato no nacionalista, lo cual ha generado la autoexclusión de otros partidos, como el PSE, que se han retirado de esa suerte de celebración de la hegemonía por parte de una curiosa experiencia consentida estoicamente por la mayoría social y que habría que ver si hay otro lugar en el mundo donde ocurra algo similar. Me refiero a eso tan extraño, tóxico, increíble, absurdo, incomprensible e inhumano de reivindicar una lengua como es el eusquera sin necesidad de tener que hablarla siquiera o, por lo menos, sin necesidad de tener que hablarla mínimamente bien, que se llama la Corrica, que se celebra cada dos años, organizada por una entidad que se llama AECA, como suena, y que siempre se ha distinguido por su concepción del eusquera asociado a la independencia, desde que aquella lumbrera de su inspirador, que se llamaba Chiyardegui, decidió imponer sobre el eusquera una profecía aberrante, catastrófica, atrabiliaria, repugnante e inaguantable, a saber, que solo si hubiera independencia del País Vasco o de lo que sea como sea que se llame eso, esa lengua tendría posibilidades de sobrevivir, porque, si no, lo tendría muy crudo, por no decir imposible. Y así es como sus seguidores, cual borregada analfabeta, se emplearon a fondo en el experimento de mantener viva una lengua sin necesidad de hablarla habitualmente, ni siquiera mínimamente. Y para ello había que conseguir antes la independencia como fuera, a bombazo limpio, matando gente, como fuera, con tal de que el eusquera tenga una oportunidad de salvarse. Se podrían haber buscado otra excusa, pero se buscaron esa. La cosa era tirar para adelante con algo. Y como resulta que ese sindicato que han excluido había presentado demandas contra la imposición a machamartillo del eusquera en las convocatorias públicas de empleo, pues eso no puede ser. Los barrenderos de todo el País Vasco tienen que saber eusquera lo mejor posible, entre escobazo y escobazo, ahora, eso sí, los asesores que cobran diez veces más que los barrenderos, contratados por esos mismos partidos que imponen el eusquera a los barrenderos, esos no tienen por qué aprenderlo. Seguro que ha sido porque como han tenido que estudiar mucho para su profesión, pues no les ha quedado tiempo de aprender eusquera, por eso están disculpados y, sobre todo, porque ayudan al partido. Por ejemplo, el actual director general de la Radio Televisión Pública vasca no sacó el perfil lingüístico correspondiente, pero ahí está, tan campante en su puestazo, cobrando un pastizal. Y qué decir del consejero de Sanidad del Gobierno Vasco. Por él mismo reconocido nada más tomar posesión de su cargo. Que ni siquiera sabe eusquera. Ni falta que le hace, a la vista está. Pero luego a los médicos, enfermeros y celadores les machacan con el aprendizaje, pero al jefe de todos ellos pues no, porque es político. Y como estos dos ejemplos podemos encontrar una tropa de beneficiados por los partidos mayoritarios, que ocupan la mayoría de alcaldías, concejalías, asesorías y empresas públicas en el País Vasco y deciden quién tiene que aprender eusquera y quién no. Bueno, mejor dicho, en términos reales: quién tiene que sacarse el título y quién no.
La tiranía eusquérico-radical se ha manifestado esta semana contra unos profesores que han osado cuestionarla en la universidad y contra unos sindicalistas que han osado cuestionarla en la Corrica. Eso es. Pero también tengo que decir que no me dan mucha pena estas nuevas víctimas de la tiranía. Y no me la dan porque tanto esos profesores como esos sindicalistas están próximos, en su inmensa mayoría (quitando algunas honrosas excepciones, pero excepciones al fin y al cabo) a partidos de izquierda. Porque ya sabemos que en el régimen de la tiranía solo se tolera a los propios, a los convencidos, a los aborregados o si no a las gentes de izquierda que comprenden y respetan e incluso colaboran con la tiranía si se da el caso (que se da muchas veces, por cierto). Ahí está el PSE, apoyando la tiranía nacionalista, la del PNV, la que generó todo el régimen eusquérico que tenemos, y apoyándola en todas las instituciones para que el PNV se erija en su máximo representante. Y con el presidente nacional de los socialistas, Pedro Sánchez, apoyándose en el Parlamento español nada menos que en Bildu, la variante radical de la tiranía eusquérica, y últimamente ambos, Sánchez y Bildu al alimón, favoreciendo la salida masiva de presos etarras de las cárceles a base de retorcer el reglamento penitenciario y tergiversar las condiciones para subir de grado penitenciario.
Estas gentes mayoritariamente de izquierdas, tanto profesores como sindicalistas, perseguidas y excluidas ahora por la tiranía eusquérico-radical, ¿por qué no le dicen a su jefe, a Pedro Sánchez, lo que les pasa en el País Vasco, por qué no le cuentan que esos que le apoyan en el Congreso tienen aquí montada una tiranía con sus dos variantes, la hegemónico-institucional y la coaccionadora-callejera-universitaria-cultural, que no dejan que nadie pueda expresar otra idea, otra realidad, otro proyecto de sociedad y a la que reprimen a la mínima ocasión en que pretenden manifestarse?
Dirán que es que una de las facciones de los perseguidores y acosadores y excluidores no están controlados por Bildu, porque no son de sus juventudes sino de otra parte de las juventudes eusquérico-radicales que no aceptan las consignas del partido nodriza y se enfrentan a él para hacerse con todo el frente de juventudes. Bueno, y a mí qué. Esas juventudes radicales enfrentadas a sus jefes luego, cuando la hacen parda, cuando revientan un campus, cuando apalean a periodistas, cuando destrozan todo, cuando se enfrentan a la erchaña, pues son exculpadas, comprendidas y justificadas por esos mismos jefes a los que se enfrentan. ¡Pues que se las apañen entre ellos ahora!
Estos profesores de universidad injustamente, lacerantemente perseguidos y esos sindicalistas abyectamente, obscenamente excluidos a quien primero tendrían que ir a quejarse es a Pedro Sánchez, el presidente del PSOE que está consiguiendo que toda la izquierda en España le vote a él, incluidos los votantes de Podemos y de Sumar y de Izquierda Unida y de todos los radicalismos a su izquierda. Que le cuenten lo que hay aquí. A su jefe primero. Y que luego, si ya se lo han dicho, pues que nos cuenten su respuesta. Y cuando hagan eso, ya veremos los demás si nos apiadamos de su situación y nos solidarizamos con ellos o más bien hacemos como ellos han hecho desde siempre cuando ven cómo se excluye y se persigue aquí, habitualmente, sistemáticamente, a los que no son ni nacionalistas ni de izquierdas.
Esta semana han coincidido dos fenómenos de persecución y de exclusión protagonizados por la misma caterva que nos viene amargando la vida aquí desde hace cincuenta años ya. La tiranía eusquérico-radical se ha manifestado como solo ella sabe hacerlo: amenazando, excluyendo, persiguiendo, acosando, agobiando y angustiando. Contra los profesores que han osado expresar su indignación por la constante, machacona, vulgar, insustancial, retrógrada, iletrada, vacua, infame y amoral tiranía que invade todos los espacios públicos de la universidad vasca y lleva a cabo en los mismos una suerte de desafío o torneo (medieval, por la oscuridad y lobreguez que lo caracteriza) por ver cuál de sus dos propuestas o variantes u ofertas es más absurda, inapropiada, insoportable, indigerible, incomprensible o indignante, si la de los aprendices de terrorista o si la de los aprendices de una vuelta a la ideología más dañina, casposa, maloliente y turiferaria de lo peor de la humanidad, que nos asaltó durante el siglo XIX y se enseñoreó de medio mundo en el siglo XX, por suerte relegada al rincón de las ideologías muertas, pero que hasta que eso sucedió sembró a su paso la muerte, destrucción y desolación de poblaciones enteras, enterrando en vida la dignidad de millones de personas. Y, mira tú por dónde, esa variante es la que últimamente ha arraigado en una parte de la juventud vasca, como una desgracia, como una maldición para todos los que vivimos aquí, como la demostración más acabada de que algo muy hondo y muy profundo se lleva haciendo rematadamente mal durante los últimos cincuenta años de nuestra historia por el régimen nacionalista que nos tiene aquí aplatanados y que nos seca el cerebro.
Del mismo modo, esa tiranía eusquérico-radical se ha pronunciado excluyendo a un sindicato no nacionalista, lo cual ha generado la autoexclusión de otros partidos, como el PSE, que se han retirado de esa suerte de celebración de la hegemonía por parte de una curiosa experiencia consentida estoicamente por la mayoría social y que habría que ver si hay otro lugar en el mundo donde ocurra algo similar. Me refiero a eso tan extraño, tóxico, increíble, absurdo, incomprensible e inhumano de reivindicar una lengua como es el eusquera sin necesidad de tener que hablarla siquiera o, por lo menos, sin necesidad de tener que hablarla mínimamente bien, que se llama la Corrica, que se celebra cada dos años, organizada por una entidad que se llama AECA, como suena, y que siempre se ha distinguido por su concepción del eusquera asociado a la independencia, desde que aquella lumbrera de su inspirador, que se llamaba Chiyardegui, decidió imponer sobre el eusquera una profecía aberrante, catastrófica, atrabiliaria, repugnante e inaguantable, a saber, que solo si hubiera independencia del País Vasco o de lo que sea como sea que se llame eso, esa lengua tendría posibilidades de sobrevivir, porque, si no, lo tendría muy crudo, por no decir imposible. Y así es como sus seguidores, cual borregada analfabeta, se emplearon a fondo en el experimento de mantener viva una lengua sin necesidad de hablarla habitualmente, ni siquiera mínimamente. Y para ello había que conseguir antes la independencia como fuera, a bombazo limpio, matando gente, como fuera, con tal de que el eusquera tenga una oportunidad de salvarse. Se podrían haber buscado otra excusa, pero se buscaron esa. La cosa era tirar para adelante con algo. Y como resulta que ese sindicato que han excluido había presentado demandas contra la imposición a machamartillo del eusquera en las convocatorias públicas de empleo, pues eso no puede ser. Los barrenderos de todo el País Vasco tienen que saber eusquera lo mejor posible, entre escobazo y escobazo, ahora, eso sí, los asesores que cobran diez veces más que los barrenderos, contratados por esos mismos partidos que imponen el eusquera a los barrenderos, esos no tienen por qué aprenderlo. Seguro que ha sido porque como han tenido que estudiar mucho para su profesión, pues no les ha quedado tiempo de aprender eusquera, por eso están disculpados y, sobre todo, porque ayudan al partido. Por ejemplo, el actual director general de la Radio Televisión Pública vasca no sacó el perfil lingüístico correspondiente, pero ahí está, tan campante en su puestazo, cobrando un pastizal. Y qué decir del consejero de Sanidad del Gobierno Vasco. Por él mismo reconocido nada más tomar posesión de su cargo. Que ni siquiera sabe eusquera. Ni falta que le hace, a la vista está. Pero luego a los médicos, enfermeros y celadores les machacan con el aprendizaje, pero al jefe de todos ellos pues no, porque es político. Y como estos dos ejemplos podemos encontrar una tropa de beneficiados por los partidos mayoritarios, que ocupan la mayoría de alcaldías, concejalías, asesorías y empresas públicas en el País Vasco y deciden quién tiene que aprender eusquera y quién no. Bueno, mejor dicho, en términos reales: quién tiene que sacarse el título y quién no.
La tiranía eusquérico-radical se ha manifestado esta semana contra unos profesores que han osado cuestionarla en la universidad y contra unos sindicalistas que han osado cuestionarla en la Corrica. Eso es. Pero también tengo que decir que no me dan mucha pena estas nuevas víctimas de la tiranía. Y no me la dan porque tanto esos profesores como esos sindicalistas están próximos, en su inmensa mayoría (quitando algunas honrosas excepciones, pero excepciones al fin y al cabo) a partidos de izquierda. Porque ya sabemos que en el régimen de la tiranía solo se tolera a los propios, a los convencidos, a los aborregados o si no a las gentes de izquierda que comprenden y respetan e incluso colaboran con la tiranía si se da el caso (que se da muchas veces, por cierto). Ahí está el PSE, apoyando la tiranía nacionalista, la del PNV, la que generó todo el régimen eusquérico que tenemos, y apoyándola en todas las instituciones para que el PNV se erija en su máximo representante. Y con el presidente nacional de los socialistas, Pedro Sánchez, apoyándose en el Parlamento español nada menos que en Bildu, la variante radical de la tiranía eusquérica, y últimamente ambos, Sánchez y Bildu al alimón, favoreciendo la salida masiva de presos etarras de las cárceles a base de retorcer el reglamento penitenciario y tergiversar las condiciones para subir de grado penitenciario.
Estas gentes mayoritariamente de izquierdas, tanto profesores como sindicalistas, perseguidas y excluidas ahora por la tiranía eusquérico-radical, ¿por qué no le dicen a su jefe, a Pedro Sánchez, lo que les pasa en el País Vasco, por qué no le cuentan que esos que le apoyan en el Congreso tienen aquí montada una tiranía con sus dos variantes, la hegemónico-institucional y la coaccionadora-callejera-universitaria-cultural, que no dejan que nadie pueda expresar otra idea, otra realidad, otro proyecto de sociedad y a la que reprimen a la mínima ocasión en que pretenden manifestarse?
Dirán que es que una de las facciones de los perseguidores y acosadores y excluidores no están controlados por Bildu, porque no son de sus juventudes sino de otra parte de las juventudes eusquérico-radicales que no aceptan las consignas del partido nodriza y se enfrentan a él para hacerse con todo el frente de juventudes. Bueno, y a mí qué. Esas juventudes radicales enfrentadas a sus jefes luego, cuando la hacen parda, cuando revientan un campus, cuando apalean a periodistas, cuando destrozan todo, cuando se enfrentan a la erchaña, pues son exculpadas, comprendidas y justificadas por esos mismos jefes a los que se enfrentan. ¡Pues que se las apañen entre ellos ahora!
Estos profesores de universidad injustamente, lacerantemente perseguidos y esos sindicalistas abyectamente, obscenamente excluidos a quien primero tendrían que ir a quejarse es a Pedro Sánchez, el presidente del PSOE que está consiguiendo que toda la izquierda en España le vote a él, incluidos los votantes de Podemos y de Sumar y de Izquierda Unida y de todos los radicalismos a su izquierda. Que le cuenten lo que hay aquí. A su jefe primero. Y que luego, si ya se lo han dicho, pues que nos cuenten su respuesta. Y cuando hagan eso, ya veremos los demás si nos apiadamos de su situación y nos solidarizamos con ellos o más bien hacemos como ellos han hecho desde siempre cuando ven cómo se excluye y se persigue aquí, habitualmente, sistemáticamente, a los que no son ni nacionalistas ni de izquierdas.












