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Miércoles, 25 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Encuentro exorcista en el Vaticano

La Santa Sede contra el Diablo: El Papa convoca a los principales cazadores de demonios del mundo

[Img #30132]Hay reuniones que el Vaticano celebra a plena luz, con fotógrafos y comunicados solemnes. Y hay otras que transcurren en la penumbra calculada de la diplomacia espiritual, lejos de los focos, en esa Roma eterna donde lo sagrado y lo siniestro llevan siglos mirándose a los ojos. La audiencia del pasado 13 de marzo pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.

 

En una sala del Palacio Apostólico, el Papa León XIV recibió durante media hora a los máximos representantes de la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE): el obispo Karel Orlita, presidente de la asociación, y el padre Francesco Bamonte, vicepresidente. Treinta minutos. Los mismos que tardaría cualquier ejecutivo en revisar un informe trimestral. Pero lo que se puso sobre la mesa no eran balances financieros, sino algo mucho más antiguo e inquietante: un diagnóstico sobre el estado del alma del mundo.

 

La delegación presentó un informe detallado que advertía de un aumento en los casos vinculados al ocultismo, el esoterismo y el satanismo, con una advertencia explícita: muchas personas están sufriendo graves consecuencias espirituales como resultado.

 

El demonio, según los hombres que más saben de él, está muy ocupado últimamente.

 

El hombre de Chicago frente al informe más oscuro

 

León XIV —Robert Francis Prevost, nacido en Chicago hace setenta años— lleva poco tiempo en el trono de Pedro, pero ya ha dado muestras de que no le asustan los asuntos incómodos. El papa de origen estadounidense ha reconocido previamente que el trabajo de los exorcistas católicos es "delicado", pero "absolutamente necesario", animando a los sacerdotes a vivirlo "como un ministerio de liberación y de consolación, acompañando con la oración a los fieles verdaderamente poseídos por el Maligno".

 

No es, pues, un escéptico. Ni un hombre que mire hacia otro lado.

 

Durante el encuentro emergió incluso un detalle que deleitó al Pontífice: León XIV había conocido y apreciado personalmente al padre Gabriele Amorth, el sacerdote italiano que fundó la Asociación Internacional de Exorcistas y que durante décadas fue el exorcista más célebre de la Iglesia Católica. Amorth, a quien Russell Crowe inmortalizó en el cine en 2023, era un hombre que hablaba del diablo con la misma naturalidad con que otros hablan del tiempo. León XIV lo conoció. Y ahora sus herederos espirituales le traen noticias que ningún pontífice querría escuchar.

 

La petición: un exorcista en cada diócesis del planeta

 

La reunión no fue solo un intercambio de cortesías. Fue, en el fondo, una operación de presión pastoral con consecuencias globales.

 

Los representantes de la AIE pidieron al Papa que garantice que cada diócesis católica del mundo cuente con "uno o más" sacerdotes exorcistas debidamente formados, citando lo que describen como un aumento sin precedentes de casos vinculados a prácticas ocultistas y sufrimiento espiritual.

 

El padre Bamonte fue explícito en los riesgos de la inacción. Ignorar estas demandas, advirtió, "deja a muchos fieles sin una respuesta adecuada a graves sufrimientos espirituales, empujándolos a veces hacia soluciones inapropiadas".

 

La formación, añadió, debería incluir criterios para discernir cuándo es necesaria la intervención de un exorcista, y debería comenzar ya durante el seminario. Porque el enemigo, al parecer, no espera a que el cura esté listo.

 

Un manual de campo para la batalla espiritual

 

Durante la audiencia, el Papa recibió también el libro Directrices para el Ministerio del Exorcismo, junto con una imagen de San Miguel Arcángel procedente del santuario de Monte Sant'Angelo. San Miguel: el guerrero celeste, el que derribó a Lucifer. Un regalo que es, también, un mensaje.

 

El libro —revisado por varios dicasterios del Vaticano— es en esencia un manual de combate. Ofrece orientación doctrinal y práctica, y entre sus contenidos se incluyen protocolos de discernimiento para manejar casos pastorales complejos. Porque una de las grandes tensiones de este ministerio siempre ha sido la misma: distinguir entre lo que pertenece a la psiquiatría y lo que pertenece al ritual. Entre el enfermo que necesita un médico y el fiel que necesita un sacerdote con agua bendita y latín milenario.

 

El siglo XXI y sus demonios

 

Hay algo de paradoja fascinante en esta historia. En una era de inteligencia artificial, de física cuántica y de colonización marciana como horizonte posible, el informe presentado al Papa señala un aumento visible en personas que recurren a prácticas ocultistas y sectas esotéricas —incluyendo el satanismo— en múltiples regiones del planeta, lo que ha generado llamadas a una respuesta pastoral más estructurada.

 

Los exorcistas no lo ven como una contradicción. Lo ven como una consecuencia. El vacío espiritual que deja la modernidad, argumentan, no permanece vacío mucho tiempo.

 

En el corazón de la discusión está el impacto sobre personas corrientes. Los funcionarios de la Iglesia subrayan que quienes se adentran en prácticas ocultistas suelen buscar sentido, sanación o soluciones a sus problemas personales, y que sin una guía adecuada pueden volverse más vulnerables al sufrimiento psicológico o a la explotación.

 

La reunión del 13 de marzo no apareció en los titulares hasta diez días después. El Vaticano, en su sabiduría o su prudencia, dejó reposar la noticia. Pero ahora está sobre la mesa, en toda su extraña y perturbadora actualidad: el Papa más joven que ha elegido el nombre de León, nacido en la ciudad de los vientos, recibe a los cazadores de demonios del mundo y les escucha con atención durante media hora.

 

Afuera, en la Plaza de San Pedro, los turistas fotografían el obelisco egipcio que Calígula trajo de Heliópolis. Dos mil años de historia acumulada en una sola piedra. Algunos males, parece querer recordarnos la Iglesia, son más viejos que la propia civilización que intenta combatirlos.

 

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