Un estudio sostiene que las "entidades demoníacas" serían parásitos energéticos ocultos en la estructura del universo
Un estudio teórico publicado en marzo de 2026 plantea una hipótesis radical: que las entidades tradicionalmente descritas como demonios podrían interpretarse como formas de vida no humanas que existirían en niveles más profundos del vacío cuántico y que se alimentarían de estados emocionales negativos humanos. El trabajo, firmado por Thomas Minderle (Montalk) y titulado Entropic Parasites: Demonic Entities in the Nested Condensate Model of the Quantum Vacuum, propone un marco inspirado en física de condensados para reinterpretar la demonología como un fenómeno cosmológico y energético.
Según el documento, al que ha tenido acceso este periódico, el universo sería un “condensado cuántico” incrustado dentro de otros niveles de realidad —un modelo jerárquico en el que existirían dominios físico, etérico y astral— conectados por estructuras de transferencia de energía e información. En ese contexto, las entidades demoníacas serían configuraciones estables de campo (solitones) originadas en regiones altamente entrópicas del nivel superior, descritas como inteligencias “de servicio a sí mismas”, predatorias y carentes de conexión con fuentes energéticas más ordenadas.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
El estudio sostiene que dichas entidades no tendrían cuerpo físico propio y necesitarían proyectarse hacia nuestro plano mediante energía extraída del entorno humano. Para ello, dependerían de dos “economías energéticas”: una forma de energía asociada a emociones intensas negativas —miedo, odio, desesperación— que mantendría su existencia en su plano nativo, y otra energía vinculada a procesos vitales humanos que les permitiría interactuar localmente.
El modelo describe un ciclo parasitario de cuatro flujos energéticos. Entre ellos se incluirían el drenaje de vitalidad de individuos cercanos, la amplificación de emociones negativas en las víctimas y la retroalimentación de esas emociones como fuente de sustento. Según el autor, este mecanismo explicaría relatos históricos recurrentes de agotamiento físico, miedo persistente o cambios de conducta asociados a supuestas influencias malignas.
Asimismo, el trabajo introduce el concepto de “terraformación dual”, según el cual estas entidades modificarían tanto el entorno energético como el emocional de un lugar para hacerlo más favorable a su presencia. Espacios asociados a sufrimiento prolongado —como escenarios de violencia o tragedias— podrían conservar, según esta hipótesis, condiciones energéticas propicias para su manifestación.
El documento también intenta traducir prácticas espirituales tradicionales a términos físicos. Lugares considerados sagrados se describen como entornos de alta coherencia energética que resultarían incompatibles con estas entidades, mientras que estados emocionales positivos actuarían como factores de desestabilización para ellas.
Aunque el autor afirma que su propuesta genera predicciones potencialmente verificables —como cambios biométricos específicos o anomalías ambientales medibles—, el estudio no presenta datos experimentales directos. Se trata de un marco conceptual que busca reinterpretar testimonios culturales y paranormales mediante analogías con teorías de campos y física del vacío.
La investigación se sitúa fuera de la física convencional y no ha sido validada por la comunidad científica mayoritaria. Sin embargo, refleja una tendencia creciente en ciertos círculos de investigación especulativa que intenta integrar fenómenos espirituales o paranormales dentro de modelos inspirados en la física moderna.
Un estudio teórico publicado en marzo de 2026 plantea una hipótesis radical: que las entidades tradicionalmente descritas como demonios podrían interpretarse como formas de vida no humanas que existirían en niveles más profundos del vacío cuántico y que se alimentarían de estados emocionales negativos humanos. El trabajo, firmado por Thomas Minderle (Montalk) y titulado Entropic Parasites: Demonic Entities in the Nested Condensate Model of the Quantum Vacuum, propone un marco inspirado en física de condensados para reinterpretar la demonología como un fenómeno cosmológico y energético.
Según el documento, al que ha tenido acceso este periódico, el universo sería un “condensado cuántico” incrustado dentro de otros niveles de realidad —un modelo jerárquico en el que existirían dominios físico, etérico y astral— conectados por estructuras de transferencia de energía e información. En ese contexto, las entidades demoníacas serían configuraciones estables de campo (solitones) originadas en regiones altamente entrópicas del nivel superior, descritas como inteligencias “de servicio a sí mismas”, predatorias y carentes de conexión con fuentes energéticas más ordenadas.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
El estudio sostiene que dichas entidades no tendrían cuerpo físico propio y necesitarían proyectarse hacia nuestro plano mediante energía extraída del entorno humano. Para ello, dependerían de dos “economías energéticas”: una forma de energía asociada a emociones intensas negativas —miedo, odio, desesperación— que mantendría su existencia en su plano nativo, y otra energía vinculada a procesos vitales humanos que les permitiría interactuar localmente.
El modelo describe un ciclo parasitario de cuatro flujos energéticos. Entre ellos se incluirían el drenaje de vitalidad de individuos cercanos, la amplificación de emociones negativas en las víctimas y la retroalimentación de esas emociones como fuente de sustento. Según el autor, este mecanismo explicaría relatos históricos recurrentes de agotamiento físico, miedo persistente o cambios de conducta asociados a supuestas influencias malignas.
Asimismo, el trabajo introduce el concepto de “terraformación dual”, según el cual estas entidades modificarían tanto el entorno energético como el emocional de un lugar para hacerlo más favorable a su presencia. Espacios asociados a sufrimiento prolongado —como escenarios de violencia o tragedias— podrían conservar, según esta hipótesis, condiciones energéticas propicias para su manifestación.
El documento también intenta traducir prácticas espirituales tradicionales a términos físicos. Lugares considerados sagrados se describen como entornos de alta coherencia energética que resultarían incompatibles con estas entidades, mientras que estados emocionales positivos actuarían como factores de desestabilización para ellas.
Aunque el autor afirma que su propuesta genera predicciones potencialmente verificables —como cambios biométricos específicos o anomalías ambientales medibles—, el estudio no presenta datos experimentales directos. Se trata de un marco conceptual que busca reinterpretar testimonios culturales y paranormales mediante analogías con teorías de campos y física del vacío.
La investigación se sitúa fuera de la física convencional y no ha sido validada por la comunidad científica mayoritaria. Sin embargo, refleja una tendencia creciente en ciertos círculos de investigación especulativa que intenta integrar fenómenos espirituales o paranormales dentro de modelos inspirados en la física moderna.




