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Jueves, 26 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Según el Instituto Bernabeu de Medicina Reproductiva

Más de 100.000 embriones congelados están abandonados en España

[Img #30147]Los tanques de nitrógeno de clínicas de reproducción asistida de toda España acumulan miles de embriones que permanecen congelados, suspendidos en el tiempo sin un destino claro y representan un problema importante para estos centros. Según el Instituto Bernabeu de Medicina Reproductiva, se estima que el número de embriones criopreservados en España que se encuentran en una situación de abandono alcanza los 100.000 y sigue creciendo exponencialmente.
 
 
Esta situación se ve pronunciada ante el incremento sostenido de los tratamientos de fertilidad, que deriva a su vez en el aumento del número total de embriones criopreservados, que ha experimentado un crecimiento acumulado cercano al 45% en los últimos cinco años hasta superar los 791.000 embriones, según los últimos datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Según los expertos del Instituto Bernabeu, si se mantiene este crecimiento anual del 7% al 8% observado, en la próxima década se superará la cifra de 1,5 millones de embriones congelados.
 
 
Actualmente, se estima que alrededor del 12% de los embriones criopreservados acaban en esta situación de abandono y, tan solo en España, la cifra ya supera los 100.000. Pero, ¿qué es un embrión abandonado? “Cuando hablamos de embriones abandonados nos referimos a aquellos para los que no existe una respuesta activa sobre su destino. No siempre hay una voluntad explícita de abandono, sino una ausencia de decisión por parte de los pacientes sobre su destino que se prolonga en el tiempo y ‘obliga’ a las clínicas a mantenerlos criopreservados a pesar de que sus progenitores se hayan despreocupado de ellos”, explica Jaime Guerrero, del Instituto Bernabeu.
 
 
El fenómeno responde a múltiples factores. “En muchos casos, las parejas ya han completado su proyecto reproductivo, pero no quieren destruir los embriones ni tampoco donarlos. Esa indecisión sostenida es una de las principales causas de acumulación. A ello se suman situaciones como separaciones, discrepancias entre los miembros de la pareja o la dificultad emocional que implica decidir entre donación, investigación o cese de conservación”, señala Guerrero. El problema se agrava cuando rompen relación con el centro médico sin haber plasmado su decisión, ya que el mantenimiento de estos embriones congelados pasa a asumirlo íntegramente la cínica.
 
 
Desde el punto de vista legal, la normativa española establece cuatro posibles destinos para estos embriones: su uso por la propia mujer o su pareja, la donación con fines reproductivos, la donación a la investigación o el cese de su conservación. La ley obliga además a renovar el consentimiento cada dos años. Sin embargo, si tras dos intentos consecutivos no se obtiene respuesta de los progenitores, los embriones quedarían a disposición del centro.
 
 
Congelados sine die sin poder destruirse
 
 
Sin embargo, esta disposición legal choca con importantes limitaciones. “Aunque la ley contempla que los centros puedan decidir el destino, lo cierto es que existen barreras clínicas, éticas y operativas. No todos los embriones son aptos para donación, no siempre hay proyectos de investigación disponibles, y además persiste la incertidumbre sobre qué ocurriría si los progenitores reaparecen años después”, señala Guerrero.
 
 
Este vacío normativo, unido a la prudencia de las clínicas, conduce en muchos casos a una conservación indefinida. “La tendencia general es la de mantener la custodia ante la posibilidad de que los pacientes los reclamen en el futuro”, añade el especialista, lo que contribuye a engrosar unas cifras ya de por sí elevadas. La eventual reaparición de los progenitores años después de haber perdido el contacto podría abrir conflictos legales si los embriones ya hubieran sido donados, utilizados en investigación o destruidos.
 

 

Además, desde el punto de vista ético, los expertos se enfrentan a un gran dilema debido a los embriones que fueron creados con un fin reproductivo concreto, pero permanecen congelados durante años sin un propósito claro. “Se genera un conflicto entre la autonomía de los progenitores, el estatus jurídico del embrión y la responsabilidad de los centros”, explica Guerrero.
 
 
El coste de mantener embriones abandonados
 
 
El impacto no es solo ético o legal, sino también logístico y económico. El mantenimiento de los embriones requiere infraestructuras complejas: tanques de nitrógeno, sistemas de control y trazabilidad, auditorías constantes y personal altamente cualificado. A medida que el volumen crece, también lo hacen los costes y la necesidad de espacio en los centros de reproducción asistida, una problemática ya señalada por los especialistas del sector y que supone un grave problema para las clínicas al tensionar el sistema.
 
 
Si la tendencia actual se mantiene, los expertos dibujan un horizonte de 10 años en el que España supere el millón y medio de embriones criopreservados, lo que obligará a replantear tanto el marco legal como la gestión clínica de una amenaza estructural dentro del sistema de reproducción asistida y, mientras tanto, miles de embriones permanecerán en un limbo clínico y legal.
 

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