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Elena García
Viernes, 27 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

La muerte de Noelia

Decía un personaje en la famosa novela de Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski, “Si Dios ha muerto todo está permitido”, y ya por aquellas fechas Nietzsche, en La gaya ciencia, pone en boca de un “hombre loco” otra frase igualmente significativa sobre lo que sucede en nuestros días, “Dios ha muerto y lo hemos matado nosotros (…) ¿no vamos errantes como a través de una nada infinita?”. La desorientación y el vacío en que ha caído Occidente lo han llenado nuestros políticos y nuestros filosofillos con ideologías en las que ellos se convierten en dioses para dictarnos sobre la vida y la muerte. Ideologías que nos prometen el paraíso en la tierra y que nos solucionaran todos los males como nos solucionaron el Covid con encierros y vacunas.

     

El aborto –100.000 niños al año asesinados en el vientre de su madre ante la indiferencia, cuando no aprobación, del 80% de la población–, o la eutanasia en aumento, aceptada igualmente con indiferencia por la gente –algunos diciéndose ante la enfermedad de sus padres cuando se les propone la eutanasia en el hospital “si es que está sufriendo mucho”– porque es muy fácil coger a una persona inconsciente, o deprimida, y en horas bajas y animarla a morir, que es lo que hasta donde sabemos ha sucedido con esta joven.

 

Parece que el caso de Noelia ha supuesto una cierta conmoción en la sociedad, digo “cierta” porque en nuestra época todo es efímero. Cualquier noticia dura un día o dos por grave que sea, a no ser que nos quieran entretener en los medios para que no pensemos en otras cosas. El caso es que, en la tarde de su muerte, según numerosas manifestaciones en las redes sociales, un gran número de personas se pronunciaban sobrecogidas ante la muerte de una mujer joven con un horizonte de vida abierto a superaciones depresivas.

 

“Dios está muerto” y la iglesia agoniza, podríamos añadir. Un obispo en redes pide que se rece por ella “para que sea acogida”. Ya está, solucionado. “Algo esencial en la ley se ha quebrado”, dice después. Enigmáticas palabras. ¿Qué ley? Las leyes no se quiebran solas, las leyes hoy son la voluntad de los que tienen el poder, lo mismo en “democracia” que en “dictadura”. Producidas por hombres en los que cuenta la ideología, pero sobre todo el interés de dinero o de poder.  ¿No debemos obedecer las leyes de la naturaleza que en último término son las leyes de Dios? ¿No deberíamos rebelarnos ante su infracción, conducidos por aquellos que dicen ser los pastores?

 

Mientras a unos se les facilita la eutanasia o incluso son inducidos a ella, sin ofrecerles ayuda –la sociedad se libera de una carga–, otros recurren a todo tipo de tratamientos para lograr “la eterna juventud”.

  

“Los débiles y malogrados deben perecer: artículo primero de nuestro amor a los hombres. Y además se debe ayudarlos a perecer”.  Estas palabras de Nietzsche se harían realidad un siglo después,  es lo que votaron en 2021 la mayoría de los partidos que componen nuestro parlamento,  y todo en nombre de la “compasión”.

 

Noelia era débil, debía perecer.

 

  

  

 

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