Datos de 2025
Díaz Ayuso aplasta a Imanol Pradales: Madrid capta 30 veces más inversión extranjera que el País Vasco
La inversión extranjera dibuja un mapa económico cada vez más desequilibrado en España, con un claro ganador y varias economías regionales que quedan muy por detrás. El contraste más evidente se produce entre la Comunidad de Madrid y el País Vasco: mientras el territorio en manos de Isabel Díaz Ayuso concentra la mayor parte del capital internacional que llega al país, la Euskadi de Imanol Pradales se mantiene en una posición secundaria, con cifras que evidencian una pérdida de atractivo relativo en el contexto nacional.
En 2025, la Comunidad de Madrid captó 15.970 millones de euros de inversión extranjera directa, lo que supone el 51,9% de todo el capital internacional recibido en España. Frente a ello, el País Vasco apenas alcanzó los 531 millones de euros, una cifra que representa tan solo el 1,73% del total nacional. La diferencia es contundente: Madrid atrajo aproximadamente treinta veces más inversión extranjera que Euskadi en el mismo periodo, consolidando, a pesar de los Pradales y los Sánchez de turno, su papel como gran polo financiero y empresarial del país.
La distancia no solo es cuantitativa, sino también cualitativa. Mientras Madrid continúa funcionando como un centro de atracción para grandes operaciones internacionales y nuevas implantaciones empresariales, en el País Vasco persiste una fuerte dependencia de inversiones orientadas a la adquisición de empresas ya existentes. De hecho, según los datos disponibles, apenas 4,89 millones de euros de la inversión recibida en Euskadi en 2025 se destinaron a proyectos de nueva creación, lo que refleja una notable debilidad en la captación de inversión productiva desde cero.
El contexto general en España refuerza aún más esta lectura. La inversión extranjera total (excluyendo entidades de tenencia de valores extranjeros) ascendió en 2025 a 30.764 millones de euros, en un escenario en el que, tras Madrid, el resto de comunidades se reparten el capital de forma mucho más fragmentada. Cataluña se sitúa como segunda autonomía con 4.510 millones, seguida por Aragón con 3.387 millones y Andalucía con 1.364 millones. Todas ellas superan ampliamente los registros del País Vasco.
Por detrás, en un escalón intermedio, aparecen la Comunidad Valenciana (772 millones), Castilla-La Mancha (666) y Castilla y León (581), esta última ligeramente por encima de Euskadi. El País Vasco queda así en octava posición, prácticamente empatado con Murcia (528 millones), y por delante de comunidades como La Rioja (436), Cantabria (378), Navarra (358), Canarias (327), Extremadura (324), Baleares (306) o Galicia (236). Asturias (73 millones) y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla (10 millones) cierran la clasificación.
El resultado es una estructura territorial de la inversión extranjera altamente concentrada, en la que Madrid absorbe más de la mitad de los flujos internacionales, mientras comunidades con tradición industrial como el País Vasco, hundidas por sus políticas nacionalsocialistas, quedan relegadas a un papel secundario. En el caso vasco, además, la caída del 50% registrada en 2025 respecto al año anterior y el escaso peso de los proyectos “greenfield” apuntan a un desafío estructural: no solo atraer capital, sino lograr que ese capital se traduzca en nuevas iniciativas empresariales capaces de generar tejido productivo propio.
La inversión extranjera dibuja un mapa económico cada vez más desequilibrado en España, con un claro ganador y varias economías regionales que quedan muy por detrás. El contraste más evidente se produce entre la Comunidad de Madrid y el País Vasco: mientras el territorio en manos de Isabel Díaz Ayuso concentra la mayor parte del capital internacional que llega al país, la Euskadi de Imanol Pradales se mantiene en una posición secundaria, con cifras que evidencian una pérdida de atractivo relativo en el contexto nacional.
En 2025, la Comunidad de Madrid captó 15.970 millones de euros de inversión extranjera directa, lo que supone el 51,9% de todo el capital internacional recibido en España. Frente a ello, el País Vasco apenas alcanzó los 531 millones de euros, una cifra que representa tan solo el 1,73% del total nacional. La diferencia es contundente: Madrid atrajo aproximadamente treinta veces más inversión extranjera que Euskadi en el mismo periodo, consolidando, a pesar de los Pradales y los Sánchez de turno, su papel como gran polo financiero y empresarial del país.
La distancia no solo es cuantitativa, sino también cualitativa. Mientras Madrid continúa funcionando como un centro de atracción para grandes operaciones internacionales y nuevas implantaciones empresariales, en el País Vasco persiste una fuerte dependencia de inversiones orientadas a la adquisición de empresas ya existentes. De hecho, según los datos disponibles, apenas 4,89 millones de euros de la inversión recibida en Euskadi en 2025 se destinaron a proyectos de nueva creación, lo que refleja una notable debilidad en la captación de inversión productiva desde cero.
El contexto general en España refuerza aún más esta lectura. La inversión extranjera total (excluyendo entidades de tenencia de valores extranjeros) ascendió en 2025 a 30.764 millones de euros, en un escenario en el que, tras Madrid, el resto de comunidades se reparten el capital de forma mucho más fragmentada. Cataluña se sitúa como segunda autonomía con 4.510 millones, seguida por Aragón con 3.387 millones y Andalucía con 1.364 millones. Todas ellas superan ampliamente los registros del País Vasco.
Por detrás, en un escalón intermedio, aparecen la Comunidad Valenciana (772 millones), Castilla-La Mancha (666) y Castilla y León (581), esta última ligeramente por encima de Euskadi. El País Vasco queda así en octava posición, prácticamente empatado con Murcia (528 millones), y por delante de comunidades como La Rioja (436), Cantabria (378), Navarra (358), Canarias (327), Extremadura (324), Baleares (306) o Galicia (236). Asturias (73 millones) y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla (10 millones) cierran la clasificación.
El resultado es una estructura territorial de la inversión extranjera altamente concentrada, en la que Madrid absorbe más de la mitad de los flujos internacionales, mientras comunidades con tradición industrial como el País Vasco, hundidas por sus políticas nacionalsocialistas, quedan relegadas a un papel secundario. En el caso vasco, además, la caída del 50% registrada en 2025 respecto al año anterior y el escaso peso de los proyectos “greenfield” apuntan a un desafío estructural: no solo atraer capital, sino lograr que ese capital se traduzca en nuevas iniciativas empresariales capaces de generar tejido productivo propio.









