Pedro Sánchez, el moderado
Agotado el caladero de la extrema izquierda, Pedro Sánchez hace guiños a un centro que pretende recuperar.
Hasta ahora, el Gobierno y el partido que lo sustenta, el PSOE, han practicado una política radicalmente izquierdista, intentando captar todo lo que se movía en ese sector. El éxito ha sido evidente, pues ha hundido a la ultraizquierda que llegó a tener un peso importante en la política de este país. La conquista de este espacio ha sido, sin embargo, agridulce, pues si bien ha permitido al partido socialista mantener unas razonables expectativas de voto, le ha enajenado los apoyos del sector más moderado de sus votantes históricos.
Así se ha visto en las últimas elecciones autonómicas y en los diferentes sondeos de opinión. Si esa política no ha llevado, por contra, a un mayor crecimiento del Partido Popular, se debe a que muchos electores habituales de esa formación se han pasado a Vox, que ha aumentado su cuota en la vida política, al menos hasta los últimos líos y purgas en ese partido.
Por eso, ahora, cumplido el primero de sus objetivos, Pedro Sánchez hace gestos variados y las más de las veces intrascendentes para convencer a los ciudadanos de que él es el centro y la moderación de la escena política y no el PP. Algunos de esos ademanes chocan con la actitud tradicional del Gobierno, como la protesta ante Israel por no permitir la liturgia cristiana en los santos lugares cuando ni siquiera es capaz de felicitar la Navidad y sí hacerlo, por el contrario, con el Ramadán.
Otros gestos son de más calado, como el cambio gubernamental con Carlos Cuerpo de vicepresidente en lugar de María Jesús Montero y la significación de giro a la derecha que ello conlleva.
La combinación de ese movimiento con otros más anecdóticos, como llenar el escenario de un acto del partido con la bandera española o conceder la nacionalidad al opositor venezolano Leopoldo López, muestran a las claras la voluntad de Pedro Sánchez en erigirse como un centrista que puede llevar, y sólo él, al país por la senda de la moderación.
Agotado el caladero de la extrema izquierda, Pedro Sánchez hace guiños a un centro que pretende recuperar.
Hasta ahora, el Gobierno y el partido que lo sustenta, el PSOE, han practicado una política radicalmente izquierdista, intentando captar todo lo que se movía en ese sector. El éxito ha sido evidente, pues ha hundido a la ultraizquierda que llegó a tener un peso importante en la política de este país. La conquista de este espacio ha sido, sin embargo, agridulce, pues si bien ha permitido al partido socialista mantener unas razonables expectativas de voto, le ha enajenado los apoyos del sector más moderado de sus votantes históricos.
Así se ha visto en las últimas elecciones autonómicas y en los diferentes sondeos de opinión. Si esa política no ha llevado, por contra, a un mayor crecimiento del Partido Popular, se debe a que muchos electores habituales de esa formación se han pasado a Vox, que ha aumentado su cuota en la vida política, al menos hasta los últimos líos y purgas en ese partido.
Por eso, ahora, cumplido el primero de sus objetivos, Pedro Sánchez hace gestos variados y las más de las veces intrascendentes para convencer a los ciudadanos de que él es el centro y la moderación de la escena política y no el PP. Algunos de esos ademanes chocan con la actitud tradicional del Gobierno, como la protesta ante Israel por no permitir la liturgia cristiana en los santos lugares cuando ni siquiera es capaz de felicitar la Navidad y sí hacerlo, por el contrario, con el Ramadán.
Otros gestos son de más calado, como el cambio gubernamental con Carlos Cuerpo de vicepresidente en lugar de María Jesús Montero y la significación de giro a la derecha que ello conlleva.
La combinación de ese movimiento con otros más anecdóticos, como llenar el escenario de un acto del partido con la bandera española o conceder la nacionalidad al opositor venezolano Leopoldo López, muestran a las claras la voluntad de Pedro Sánchez en erigirse como un centrista que puede llevar, y sólo él, al país por la senda de la moderación.















