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Elena García
Viernes, 10 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

Al Señor Ministro de Derechos Sociales le preocupa la soledad (II)

Ya nos hemos referido a la soledad en niños y adolescentes, vayamos ahora con las mujeres. La soledad no deseada es más acusada entre las mujeres que entre los hombres, una brecha que se acentúa a partir de los 55 años. En el grupo de personas mayores de 65 años, el 19,85% de las mujeres manifiesta sentirse solas frente al 12% de los hombres (Observatorio Estatal de la Soledad). Y, como ya decíamos, entre las causas están la ausencia de familiares cercanos, ya sea por viudedad, porque no se han casado o se han divorciado o porque han tenido un hijo o ninguno, y si tenían han emigrado, están lejos. Esto se incrementará aun más pues la tendencia es seguir en esta dinámica.  

   

Según un estudio (La soledad en España, Fundación ONCE, 2015), “Numerosas investigaciones de ciencias sociales demuestran sin lugar a dudas que la familia sigue siendo la institución principal y más valorada por los individuos en todas las sociedades, sin excepción (…); mejor evaluada que la política, la religión, el trabajo, etc., en países de los cinco continentes”. Y parece que “los casados y con empleo estable son el colectivo más inmune a la soledad”, mientras que “el colectivo de solteros desempleados es el que más experimenta la soledad”.

      

Pues no, esto al señor ministro no se le ocurre: que una familia comprometida con y entre todos sus miembros puede organizarse –sacrificios y recompensan van unidos– para atenderse entre sí en las dificultades y estar acompañados. No, sus miembros no sentirán soledad porque todos se ayudan en los momentos difíciles del día o de la vida.

      

Claro habría sido demasiado contradictorio pensar en la familia, cuando sus afanes y los de su ideología son promover su destrucción en cuanto surge algún obstáculo, “no hay por que aguantar, si las cosas no van bien cada uno por su lado”, aunque, a veces, las desavenencias podrían haber sido superables con la paciencia y la responsabilidad de todos. Esto es lo que se impulsa con el individualismo progresista, tanto de las llamadas izquierdas como de las denominadas derechas, que en realidad abogan por lo mismo: los que hoy llaman valores occidentales en boca de unos y de otros. Me atrevería a formular las premisas en que se asientan estos valores: la primera, vive el presente y no te preocupes por el futuro, es decir, sacrificios y preocupaciones las mínimas, responsabilidad por las consecuencias cero. La segunda: si algo falla, ahí esta el Estado –que ha sustituido a Dios– para resolvértelo. Te proporcionará residencias para tu vejez, te pagará los abortos por tus momentos de placer sin control, te protegerá si te maltrata la pareja con la que apresuradamente y casi sin conocerla te pusiste a convivir, te proporcionará tratamientos de cambio de identidad si no te sientes a gusto con la que tienes, te proporcionará tratamientos para tus ETS, y, en fin, ahora te ayudará a paliar tu soledad. Y si no lo consigue pues te ofrecerá la eutanasia. Eso sí, todo previa confiscación de tu patrimonio; ahí se acaba la libertad.

   

¿Y como propone el señor ministro paliar la soledad? Pues parece que “garantizando que haya una comunidad a la que acudir cuando se busque compañía”, “crear entornos  de proximidad en los que participar, desde una perspectiva inclusiva, y luchar contra la discriminación…” “fomento de iniciativas comunitarias estables, intergeneracionales y de apoyo mutuo”. Así es como va a resolver la perdida de convivencia y la ausencia de familiares, que es la principal causa de la soledad, según el estudio de la ONCE.

 

En fin, las propuestas son una serie de vaciedades que no llevan a ninguna parte. En una palabra, visitas dominicales solidarias, y organización de actividades para entretener a los recluidos en las residencias. Medidas “paliativas” de la soledad, diríamos. Cuando lo que necesita el solitario forzoso es contar con una persona a la que pueda recurrir en cualquier momento y decirle ¡ven, te necesito! ¡necesito tu cariño!

 

 

 

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