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Pedro Chacón
Viernes, 10 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

Este régimen vasco de pesadilla en el que vivimos

El nacionalismo vasco se inventó un pueblo vasco donde no existía tal cosa. Es más, al principio se inventó una raza vasca, porque todos los naturalistas de la época, del último cuarto del siglo XIX, estaban empeñados en que eso existía. Y entonces los primeros nacionalistas lo pensaron un momento y dedujeron que sí, que teniendo apellidos eusquéricos formaban una raza distinta del resto de españoles. Y como cada dos por tres, por aquella época, aparecía un libro hablando de las razas y algunos de ellos incluso hablaban de raza vasca, pues ya estaba, había una raza vasca y por tanto un pueblo vasco.


Y ahora solo era cuestión de ir buscando aquí y allá a ver dónde podía reflejarse esa idea de pueblo vasco que hasta entonces nadie había reparado en él pero que seguro que si rascabas en la historia encontrabas algo que dijera algo que pudiera aprovecharse para el caso. Los vascones por ejemplo, el reino de vasconia o wasconia y cosas así. Total, que el pueblo vasco había existido pero lo que pasaba es que había estado sometido y por eso no aparecía en las historias normales, porque todo el mundo se había confabulado en que no apareciera por ninguna parte, por aquello de que la historia la escriben los vencedores.


Era curioso que no hubiera rastro por ninguna parte de pueblo vasco, que las provincias vascas se hubieran delimitado a espaldas del pueblo vasco, que todo se hiciera sin tenerle en cuenta para nada. Los fueros, por ejemplo, estaban escritos en castellano, ¿por qué? Y las principales poblaciones vascas todas fundadas por reyes castellanos o navarros. ¿Dónde estaba el pueblo vasco? Qué clase de exterminio se había producido sobre él que no le habían dejado que apareciera por ningún lado. Aquello era un genocidio en toda regla. ¿Y por qué estaban todas las historias españolas llenas de militares, políticos, religiosos y artistas de apellidos eusquéricos? Pues porque España había tratado por todos los medios de anular al pueblo vasco y de tenerlo sometido y oprimido. Todos los que habían participado en empresas españolas lo habían hecho engañados. Porque en el fondo no querían hacerlo pero fueron obligados.
Y así es como se ha reescrito la historia de un pueblo vasco que nunca existió pero no porque no existiera realmente sino porque había estado oprimido y ninguneado, completamente excluido de todas las decisiones que se habían tomado siempre a sus espaldas, en su contra, con tal de negarle la existencia.


Y los vascos que se habían enriquecido y ennoblecido sirviendo en empresas en nombre de los reyes de España lo habían hecho porque no habían tenido más remedio. Y los muchos vascos que vivían repartidos por toda España, principalmente en Madrid, lo hacían por puro interés, por pura necesidad muchas veces, pero para nada convencidos de que fueran españoles: ellos seguían siendo y sintiéndose solo vascos.


Aunque parezca mentira, esto es lo que ha colado y está colando en el imaginario vasco actual dominado por el nacionalismo. Vivimos un mundo completamente disparatado donde la historia entera se ha puesto patas arriba para servir a esta alucinación colectiva en la que estamos.


De ese modo, la guerra civil española no fue tal cosa en realidad, por lo menos no la vivida aquí. La guerra civil fue una guerra de España contra los vascos, una vez más, como había ocurrido a lo largo de la historia, solo que esta vez ya de una manera más declarada, más descarada, porque lo que quisieron fue destruir de manera sañuda todo vestigio del pueblo vasco, toda señal de que aquí había habido un pueblo vasco con sus costumbres ancestrales y con sus instituciones propias y democráticamente elegidas.
El bombardeo de Guernica, por ejemplo, fue el ejemplo más acabado de esta guerra de España contra los vascos. Un bombardeo por el que todavía el Estado español no ha pedido perdón. Por eso pintó Picasso su cuadro titulado “Guernica”, para demostrar que aquí había habido una guerra y un intento de destruir al pueblo vasco. Y por eso el nacionalismo reclama ahora ese cuadro, que les pertenece por derecho propio, porque es la demostración evidente de que aquí se quiso destruir a un pueblo.


Y esta teoría tan alucinante es la que también sirvió para que existiera ETA. ETA surgió al calor de esta interpretación de la historia y lo que quiso fue vengar al pueblo vasco de ese sometimiento injusto al que le sometió el Estado español tras la guerra de 1936.


¿Sirve de algo que expliquemos que la historia no fue así, que no existió pueblo vasco, que los fueros eran algo típico de la política castellana en todos sus dominios, que Vizcaya tuvo un señor y un señorío, y que aquí se impartía justicia en nombre del rey por medio del corregidor, lo mismo que en Guipúzcoa? ¿Y que si Álava no tuvo corregidor fue porque el rey de Castilla no lo estimó conveniente? ¿Sirve de algo que expliquemos que Álava y Navarra fueron entusiastas decididas de la sublevación militar que quiso terminar de una vez con la pesadilla de una Segunda República que nunca aceptó tampoco la historia como venía dada sino que quiso cambiarlo todo de la noche a la mañana? ¿Sirve de algo que digamos que Guipúzcoa cayó enseguida ente el empuje de las Brigadas de Navarra porque el PNV no se quiso implicar en su defensa hasta que no tuvieran claro qué iba a pasar? ¿Sirve de algo que digamos que el PNV solo se implicó cuando le dieron el Estatuto de Autonomía y le dejaron que hiciera a su antojo todo lo que quisiera en la Vizcaya sitiada, convertida en una especie de Estadito vasco, con todos los cargos peneuvistas colocados y cobrando del presupuesto de la república durante nueve meses?
Ahora el PNV, pasados noventa años desde entonces, quiere que le dejen durante esos nueve meses el cuadro “Guernica” de Picasso, porque consideran que es lo justo y necesario para conmemorar aquel primer gobierno vasco de la historia con el que cambió la propia historia del nacionalismo, que de ser de derechas pasó a ser no se sabe muy bien qué, con el consentimiento de todas las izquierdas españolas y viviendo del presupuesto del Estado con esas ideas que venimos diciendo desde el principio. Es decir, eso de que existió un pueblo vasco a lo largo de la historia y que España siempre hizo todo lo posible por mantenerlo sometido y oprimido, porque España siempre odió a los vascos y siempre actuó con envidia contra ellos, porque siempre se sintió inferior a ellos y no sabía cómo hacer para que no pudieran levantar la cabeza.
Hoy el régimen político que nos gobierna piensa así desde lo más profundo de su ser, como vengo contando desde el principio en este artículo. Sus dirigentes piensan así y todo lo que hacen va dirigido por esa idea. La verdad, no sé cómo vamos a salir de esta. Tampoco sé cómo pudimos llegar a esto. Y lo peor de todo es que no creo que los que vivimos en el País Vasco podamos salir de esta pesadilla por nuestras propias fuerzas solas, porque el nacionalismo vasco dominante hoy en día cuenta con el respaldo del Estado español, al que han vampirizado por completo y al que tienen hoy en día a su merced.

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