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Viernes, 10 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:
Guía moral para "Claude"

Un sacerdote católico entra en el corazón de la inteligencia artificial: Silicon Valley busca una “conciencia moral” para sus máquinas

[Img #30246]La inteligencia artificial ha cruzado una frontera inesperada: la religiosa. Un sacerdote católico, antiguo ejecutivo tecnológico, ha participado directamente en la redacción del código ético de una de las compañías más avanzadas del mundo en IA, en un movimiento que refleja hasta qué punto Silicon Valley busca respuestas morales fuera de sí mismo.

 

Se trata de Brendan McGuire, párroco en California y antiguo ingeniero, quien ha colaborado con la empresa Anthropic en la elaboración de la llamada “Constitución de Claude”, el conjunto de principios que guía el comportamiento de Claude, su sistema de inteligencia artificial. La implicación no es simbólica: McGuire aportó criterios teológicos y éticos para orientar el desarrollo de la IA hacia lo que él denomina una “formación de conciencia”.

 

El caso ilustra un cambio de paradigma. Las grandes tecnológicas, acusadas durante años de avanzar sin freno ético, están recurriendo ahora a instituciones religiosas y pensadores morales para afrontar dilemas cada vez más complejos. Según el propio sacerdote, la industria acudió directamente a entornos vinculados al Vaticano ante la rapidez del desarrollo tecnológico y la ausencia de marcos morales claros. 

 

La cuestión de fondo es inquietante: ¿puede una máquina desarrollar algo parecido a una conciencia? McGuire lo niega en sentido estricto, pero sostiene que es posible “inclinar” a los sistemas hacia el bien mediante entrenamiento y principios normativos. Sin ese esfuerzo, advierte, la IA no haría más que reflejar —y amplificar— tanto lo mejor como lo peor del ser humano.

 

Este debate no se queda en lo filosófico. La participación de expertos católicos en el diseño ético de la IA coincide con tensiones reales entre empresas tecnológicas y gobiernos. Anthropic ha llegado incluso a enfrentarse al Pentágono por negarse a permitir el uso de sus sistemas en vigilancia masiva o armamento autónomo, decisiones respaldadas por teólogos que consideran esos límites “mínimos éticos” indispensables.

 

En este contexto, la irrupción de la religión en el desarrollo de la inteligencia artificial ya no es anecdótica, sino estructural. Lo que está en juego no es solo cómo funcionan las máquinas, sino qué valores incorporan. Y, en última instancia, quién decide esos valores en una tecnología que aspira a redefinir la sociedad.

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