José Uribe Fritz: "El marxismo cultural es patrimonio de Gramsci"
José Uribe Fritz. Analista politico con más de 30 años de trabajo de investigación teórico práctica sobre el pensamiento político moderno. Especialista en el proceso de renovación ideológica del marxismo y su nuevo modelo revolucionario de matriz gramsciana socio cultural inmanente. Con diversos trabajos de análisis politológico publicados desde hace 15 años en Argentina, España, Ecuador y otros países de hispanoamérica.
Dicta regularmente un curso de “Metodología de análisis y decodificación ideológica", como así mismo el taller “El desarrollo histórico teológico de la revolución”, enfocado al público en general sobre el pensamiento revolucionario moderno desde el humanismo renacentista hasta el progresismo y neomarxismo actuales. Y un taller enfocado a los padres llamado “Ideología, cultura y familia", donde se abordan las ideas y la simbología revolucionaria exitencialistas, relativistas y satanistas entre otras, asimiladas por niños y jóvenes por medio de las distintas expresiones artísticas modernas divulgadas en la música, cine, televisión, anime, moda, etc.
¿Se podría afirmar que Gramsci reformuló de nuevo el marxismo?
La respuesta a esta interrogante pasa por establecer una proposición que afirma una certeza política y derriba un mito ideológico al mismo tiempo. Sin embargo, existe un tercer elemento a contemplar y que puede ser considerado como la llave maestra que permitirá acceder a una solución plena de lógica y sentido práctico a esta interrogante.
Ese tercer elemento no es más que la tan recurrente crítica dialéctica marxista.
En efecto, sin un conocimiento fidedigno de la crítica como piedra angular, no ya de la especulación intelectual filosófica marxista, sino como veremos, del pensamiento práctico marxista, no es posible entender que sigue vigente en la teoría marxista, que fue reformulado y que nació de esa reformulación. En este mismo sentido cabe refrendar que el comunismo desarrolla una teoría ideológica para informar una praxis revolucionaria que tiene como fin modificar de raíz la realidad humana y social al mismo tiempo. Y en esta indisoluble unidad de teoría y praxis, se encuentra la clave que nos da la importancia de la crítica y de Gramsci como elementos fundamentales en el rediseño del proceso revolucionario comunista.
Al respecto, existe un arsenal tanto de teóricos marxistas como de trabajos especulativos sobre la crítica y su función. Y antes de darle la palabra a algunos de sus más señeros teóricos, nosotros afirmamos a riesgo de ser simplistas para los exigentes, que la crítica no es más que la pieza intelectual, la única por cierto; que produce el desarrollo y el movimiento del proceso revolucionario, porque permite corregir dicho proceso y redireccionarlo al depurarlo de sus errores.
Retomando la proposición hecha al principio diremos que esta consiste en afirmar sin asomo de duda alguna; que la reformulación de los principios ideológicos del marxismo, no es más que una profundización ideológica estratégica de los mismos y no una renuncia a los mismos o para mayor abundancia, no es tampoco asumir categorías políticas democráticas ajenas a la teoría y doctrina marxista. Tal cosa como afirmar que el socialismo se puede democratizar, equivale a afirmar que una cosa puede contradecirse a sí misma y seguir existiendo siendo idéntica a sí misma. Dicho en otras palabras, el marxismo a lo que sí renunció fue a una “teoría estratégica” y a un “modelo revolucionario” que evidentemente fracasaron en su intento de modificar de raíz la realidad, pero eso no significa bajo ninguna circunstancia que renunció a su “objetivo ideológico” de modificar de raíz la realidad.
Vayamos ahora a los teóricos fundamentales del marxismo para entender qué es la crítica para la teoría del “socialismo científico” para así aclarar completamente las recientes afirmaciones. En primer lugar, apenas transcurridos 20 años de la muerte de K. Marx, Rosa Luxemburgo ante la “crítica” sobre la falta de desarrollo del marxismo, ya aseguraba que “Esta arma nueva y espléndida se herrumbra por falta de uso; la teoría del materialismo histórico está tan incompleta y fragmentaria como nos la dejaron sus creadores cuando la formularon por primera vez. No puede afirmarse, pues, que la rigidez y el acabado de la estructura marxista sean la explicación de que sus herederos no hayan proseguido la edificación”. En el mismo sentido afirmaba que “No es cierto que Marx ya no satisface nuestras necesidades. Por el contrario, nuestras necesidades todavía no se adecúan a la utilización de las ideas de Marx”. Por otro lado, augura que “Debemos recordar que cada época forma su propio material humano; que si un periodo realmente exige exponentes teóricos, el periodo mismo creará las fuerzas necesarias para la satisfacción de esa exigencia”.
Lenin por su lado afirma con toda su autoridad de gurú de la estrategia revolucionaria; que “La crítica tiene que limitarse a comparar y contrastar un hecho no con la idea, sino con otro hecho”. Es decir, la crítica nunca debe cuestionar la validez o legitimidad de una norma revolucionaria; sino que la naturaleza de los hechos que deben plasmar de manera adecuada la idea en la praxis como forma correcta de modificación de la realidad. Hugo Chávez como riguroso leninista sentencia por su parte que “La autocrítica debe ser para revisar, para rectificar y para re impulsar siempre la revolución dentro de ella misma”.
Finalmente, para cerrar esta parte introductoria sobre la crítica y sin la cual es imposible entender la obra revisionista de Gramsci, debemos citar a quien precisamente propició los vientos de cambio que hicieron posible la masificación de la nueva estrategia gramsciana de modificación de la realidad, nos referimos a M. Gorbachov. Gorbachov al igual que Chavez no solo es también un riguroso leninista en lo que respecta a la teoría revolucionaria, sino que además; un rescatador salamero de la figura de Lenin a quien define como “un ejemplo imperecedero de elevada fuerza moral”. Gorbachov comienza más que aclarando, haciendo una advertencia a ese Occidente democrático que lo recibió con los brazos abiertos como si fuera uno de los suyos y le dice en su cara. “Hay en Occidente quienes creen que hemos implementado nuestras reformas para dejar de ser socialistas, que no se equivoquen; porque nuestras reformas son para profundizar nuestro socialismo”. Sobre Lenin asegura que “Las obras de Lenin y sus ideales del socialismo siguieron siendo para nosotros una fuente inextinguible de pensamiento dialéctico creativo, riqueza teórica y sagacidad política”. Y afirma además que “derribando todas las barreras levantadas por académicos y dogmáticos, el interés de Lenin y la sed de conocerlo mejor en el original crecieron a medida que se acumulaban los fenómenos negativos en la sociedad”.
Precisamente en la acumulación de esos fenómenos negativos en la sociedad, es de donde surge la necesidad de la crítica externa sobre “las condiciones objetivas de la revolución” (Lenin) por parte de la teoría marxista y la autocrítica sobre cuanto había influido efectivamente dicha teoría en la aplicación del socialismo científico sobre esas condiciones objetivas sobre las cuales el proceso revolucionario descargaba toda su praxis.
Estos fenómenos negativos los podemos traducir, en una primera etapa revolucionaria, como los sonados fracasos de la expansión del comunismo soviético al resto de la Europa Occidental y cuyo resumen es el siguiente:
1.- 1919 Fracaso de la República de los soviets húngaros.
2.- 1919 Fracaso de la República de los soviets de Baviera.
3.- 1919-1921 Fracaso de la invasión soviética a Polonia.
Ante estas derrotas políticas, ideológicas y militares, el cuestionamiento natural que surgió, fue preguntarse ¿Porqué el comunismo fracasó en su intento de expansión, cuales fueron las “causas objetivas” que frenaron dicha expansión? Dos ideólogos entran aquí a elaborar las primeras reflexiones; G. Lukács y A. Gramsci. El primero, ministro de propaganda y cultura de la efímera República de los soviets húngaros, afirma que el freno que contuvo la expansión del materialismo dialéctico fue “ese “hombre que está en la cruz”, a quien hay “que bajar de esa cruz y humanizarlo”. Vemos en esta afirmación el germen teórico de lo que más adelante se conocería como “la teología de la liberación”. Por su parte, Gramsci da cuenta de otra causa objetiva: “las masas proletarias son profundamente cristianas, viven insertas en una sociedad y cultura cristianas desarrolladas durante 19 siglos”. Bajo estos mismos malos auspicios para la expansión del comunismo, es que se funda en Frankfurt Alemania, la Escuela de Frankfurt, llamada Instituto de Investigación Social que tiene objeto de su ser una sola cosa; ”repensar el marxismo”.
Frente a estos hechos históricos insoslayables, se impone entonces la necesaria autocrítica y la revisión obligada de la estrategia revolucionaria y quien lo hace en mayor profundidad y más acierto es sin duda Gramsci y quien lo profundiza a su vez, es su camarada de juventud P. Togliatti, ese gran desconocido que complementa a Gramsci desarrollando un pensamiento completamente afín al de su camarada.
En síntesis, Gramsci es la fuente en la que beberán la gran mayoría de teóricos de tercera generación para desarrollar un nuevo modelo teórico revolucionario. Algunos, deshonestos, como F. Guattari quien desarrolla su “revolución molecular” sin mencionar que la “idea” de lo “molecular” es de Gramsci, quien sugiere un proceso revolucionario de “movimientos sociales moleculares”.
Una última aclaración o reiteración sobre la crítica antes de terminar. El desarrollo de la crítica tiene como objeto, desarrollar a su vez; la teoría científica del marxismo manteniéndose siempre dentro del marxismo. El progreso ideológico está al interior del marxismo, en profundizarlo, no en abrirse hacia afuera y asumir algo distinto. Lo único que queda afuera del marxismo y sujeto a renuncia, son las formas y sujetos revolucionarios que mostraron ineficacia en la encarnación práctica de la teoría, lo que Lenin denomina como “los agentes subversivos del cambio epocal”.
En fin, el llamado frente a una realidad europea post Revolución Rusa adversa y que se resiste a cambios substanciales, es a revisar la teoría revolucionaria, de tal manera de hacer que el comunismo con su visión diametralmente opuesta al cristianismo, sea digerible para las masas cristianas, presentando postulados materialistas reacondicionados que propicien el abandono voluntario de la creencia y práctica cristiana y su reemplazo por una visión del hombre y del mundo anticristianas primero, acristianas más tarde y por último derechamente demoníacas, sin generar la consabida resistencia que lleva al cristiano a preferir el martirio, antes que renunciar a su fe. Fidel Castro, siendo rigurosamente gramsciano lo dijo sin pelos en la lengua en 1994 frente a una audiencia de estudiantes en la Universidad de la Habana: “Bien sabemos nosotros que la sangre de los mártires es semilla que crea nuevos mártires, pero nosotros no haremos mártires, haremos apóstatas, miles y miles de apóstatas”.
Teniendo en claro todos estos antecedentes ¿cual es entonces el aporte de Gramsci a la reformulación del marxismo?
Primero Gramsci es rigurosamente marxista y lo que hace con respecto a ciertas ideas marxistas, es simplemente darle una vuelta de tuerca, no renuncia a ellas, solo las reformula de acuerdo al contexto histórico y sustrato sociocultural donde deben ser aplicadas, reordenándolas y redefiniéndolas como veremos en seguida, para que así adecuadas a una realidad nacional adquieran toda su eficacia. En síntesis, Gramsci profundiza ideológicamente en el marxismo, dándole una nueva interpretación a ciertos postulados, reestructurando otros dentro del esquema superestructura vs estructura y llevando otros a una depuración tal, que simplifica enormemente algunos aspectos de la práctica revolucionaria. Así, el comunismo deja de ser inflexible, dogmático y una extensión de los intereses del PC soviético ruso; y una vez liberado de esa carga rígida de “un país, un socialismo”, “un partido, una revolución”, “una vanguardia, una clase social”, se concentra no en la conquista del mundo, sino en la decontrucción de cada nación en particular, la que es tomada como una hegemonía específica nacional con su sistema de creencias y cultura propias, sobre la cual no debe aplicarse un socialismo uniforme obligando a esa sociedad a entrar con fórceps a ese modelo teórico socialista de transformación radical de la realidad, generando con ello resistencia por la visibilidad abierta de dominio y control social por parte del pensamiento único y el gobierno único del único Estado revolucionario posible como fueron “los socialismos reales” tras la cortina de hierro o el mismísimo Estado soviético ruso.
¿Por qué la religión es la causa primera de la renovación ideológica del marxismo?
La obra de Gramsci junto a las de otros teóricos de la renovación marxista, se desarrolla en torno a una inquietud histórica coyuntural de extrema importancia, como lo fue el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia en 1917. El éxtasis y la euforia que provocó el nacimiento del primer Estado comunista de la historia, fue poco a poco cediendo paso a la perplejidad al constatar que las masas proletarias del resto de Europa, no solo no seguían el impulso revolucionario soviético inicial y no se levantaban contra sus opresores, sino que se oponían con sus vidas al comunismo. ¿Qué había sucedido? ¿Porque no se había encendido la llama de la revolución en el resto de estos países con un proletariado industrial enorme? Los dos intentos calcados de exportar la revolución de los soviets bolcheviques a Europa Occidental después de una efímera existencia, son decididamente aplastados primero en Baviera, Alemania y luego en Hungría, ambos en el año de 1919. ¿Cuál había sido el freno que detuvo el impulso arrollador del octubre rojo soviético? La respuesta a la causa del freno contra revolucionario no es otra que el cristianismo que penetraba a las masas proletarias, les daba el sustento ideológico para el significado de la vida y para el orden social y moral, impidiéndoles de esta manera abrazar en toda su integridad el materialismo de la doctrina comunista.
La creciente articulación del pensamiento revolucionario de Gramsci, la Escuela de Frankfurt y otros teóricos, por una parte, es provocada por la realidad de una Europa profundamente cristiana y por otro; la constatación de la inutilidad de las consignas materialistas ateas que no logran permear el entendimiento humano. Esta circunstancia última no es menor, pues da cuenta del garrafal error ideológico doctrinario de poner el énfasis en la eliminación de la fe, de Dios y de la iglesia por decreto. Es decir, la ley revolucionaria obliga a doblegar la voluntad humana para que no ejecute acto alguno religioso externo. Ya lo gritaban los comunistas y anarquistas durante la guerra civil española: “ninguna cruz del pie, ningún hombre de rodillas”. Pero este voluntarismo dejaba libre la primera potencia del alma, el entendimiento, donde Dios es sostenido por la fuerza racional de las ideas. De allí la importancia de retomar a Marx, volver a sus escritos filosóficos para ver de que manera Marx abarca el problema de la religión y al mismo tiempo retomar a Lenin como el gran referente estratégico en la aplicación práctica del marxismo. Y aquí se nos impone una aclaración puntual y necesaria. El gran error en el análisis político de la mayoría de quienes estudian el comunismo, es hacerlo omitiendo una premisa fundamental sobre el mismo; el comunismo debe ser visto y analizado como “un sistema de pensamiento estratégico”. Y algunas consignas “tácticas” de Lenin respecto al desarrollo estratégico de la guerra revolucionaria son por ejemplo, “primero debemos persuadir, después obligar”; “conservad la cáscara, pero vaciad el contenido”. Y una que particularmente retomará Gramsci; “evitad las discusiones acerca de la existencia de Dios, simplemente difamad a la iglesia”. Estas consignas y muchas otras que sería largo citar, fueron aplicadas a la guerra contra Dios, la religión y la doctrina católica. Y lo fueron en el sentido en que Marx en una inequívoca sentencia llena de sentido estratégico define al comunismo, como “una guía para la acción”. En este caso, una guía para desarrollar una nueva forma de luchar contra la religión, el gran, único y mayor obstáculo para el éxito en la transformación del mundo por parte de la revolución.
Volviendo a Marx, este afirma sin dejar duda alguna, “Mi filosofía tiene por punto de partida la abolición resuelta y positiva de la religión. La crítica de la religión es la condición preliminar de toda crítica”. “El opio del pueblo”es decir, la religión -afirma también Marx- es alienación porque en primer lugar, desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano, el mundo de la finitud expresado en la vida social y económica (materialismo).Y en segundo lugar, porque es una invención humana que consuela al hombre de los sufrimientos en este mundo, disminuye la capacidad revolucionaria para transformar la auténtica causa del sufrimiento (que hay que situar en la explotación económica de una clase por otra) y lo más importante… LEGITIMIZA DICHA OPRESIÓN.
En síntesis, la alienación de la religión para Marx que Gramsci conoce a la perfección, consiste en la siguiente argumentación: puesto que la religión orienta la actividad humana fuera de la realidad y de la existencia concreta material del hombre hacia algo que es de por sí irreal, el hombre se desvaloriza a sí mismo y por consiguiente subordina todo el valor de lo humano incluido su origen y destino, a una supuesta realidad espiritual trascendente y divina, que no es más que una invención del hombre. Al respecto, Marx es claro al señalar que “no es Dios quien crea al hombre sino el hombre el que crea a Dios”. Se produce entonces, la postergación y desviación a la solución de lo apremiante de las necesidades materiales de la vida del hombre, hacia un mundo espiritual que no solo carece de sustento real para su existencia en el sentido que es contrario a lo “razonable”, sino que además, es “ilegítimo” en el sentido moral de lo “justo” pues carece de la intención y voluntad de otorgar justicia, igualdad y felicidad plena al hombre en el presente, por medio de una clara determinación de modificar el orden político, social y económico opresor, explotador y culpable. Por lo tanto, la religión en vez de centrar su actividad en aquello que produce el sufrimiento humano para “liberar” al hombre, contribuye a su sometimiento al prometer soluciones en un mundo “irreal”, en un “más allá espiritual” hacia el cual el hombre no trascenderá nunca. De esta forma, lo único que obtiene el hombre es un falso “consuelo” a las penurias que le toca vivir. Finalmente la crítica a la religión se hace más específica y afirma que ésta, se inclina con todo el peso de su autoridad moral, concepción del mundo y la realidad, a favor del orden existente al ponerse de lado de las clases dominantes opresoras justificando de esta forma, la injusticia, la opresión y el sometimiento de las clases desposeídas; por medio de principios teológico doctrinales y morales. Lenin lo expresa en forma categórica afirmando que “todas las formas de religión son órganos de reacción burguesa llamados a defender la explotación de la clase obrera… la opresión religiosa es una de las formas de consolidar la explotación económica”.
En resumen, podemos afirmar que el mayor error del modelo revolucionario soviético, fue no haber enfrentado con éxito a su enemigo principal; Dios y la religión y en cambio; haber dado primacía al “materialismo científico” como fuente del supuesto necesario que explica al hombre y al mundo, dejando sin tocar el otro supuesto como opción conocida y válida para asumir; el espíritu y la sobrenaturalización de la vida con lo sagrado en cada acto cotidiano. Este error será corregido especialmente por Gramsci y desarrollado en mayor profundidad por la Escuela de Frankfurt y su cáfila de teóricos sociales, del lenguaje, del poder, de la sexualidad. Aprendieron una lección evangélica simple; no es posible reformar la sociedad sin reformar al hombre primero. Es decir, reconocieron el orden ontológico que existe en la creación y que en tal orden; el hombre es la fuente de los accidentes metafísicos sociales como son, la familia, la comunidad de vida y de trabajo, la sociedad, el gobierno y el Estado. El hecho es que en cualquier tiempo como H. Belloc señala “la doctrina de una creencia forma la naturaleza de los hombres y que las naturalezas así formadas determinan el futuro de la sociedad constituida por esos hombres”.
Cortados los lazos sobrenaturales del hombre con Dios, el orden natural cae irremisiblemente; modificadas las categorías trascendentales del pensamiento metafísico que informan al entendimiento humano, el hombre adquiere otra conciencia de si mismo, luego por extensión, todo cambiará en la sociedad.
En síntesis -tanto para Marx como para Gramsci- la religión es el principal impedimento para la vida plena del hombre en la tierra. Al respecto Gramsci afirmará ya en el inicio de sus estudios sobre la religión; que “el hombre moderno puede y debe vivir sin religión, y yo entiendo sin religión revelada, o positiva o mitológica, o como se quiera. Este punto me parece todavía hoy la mayor contribución a la cultura mundial de los intelectuales italianos modernos; me parece una CONQUISTA CIVIL que no debe ser perdida”.
¿Cuales son las tres ideas fuerza marxistas y cómo las reformula?
Las tres ideas fuerzas del marxismo son; el materialismo como causa final, la lucha de clases causa eficiente del movimiento o desarrollo humano y el cristianismo como causa formal que impide dicho progreso.
Para el marxismo bien es sabido que la matriz de su pensamiento es el materialismo, específicamente el materialismo científico descubierto por K. Marx y con el cual se resuelven todos los problemas del hombre y del mundo; porque a fin de cuentas, no es más que una cosmovisión que explica precisamente el origen, naturaleza, forma, atributos y fin tanto del hombre como del mundo. La concepción materialista científica de la historia es la única forma de concebir la realidad y su dialéctica la única especulación intelectual para inteligir la realidad, transformándola así, en una guía y método infalible para enfrentar y asumir la vida en su integridad. Pero ¿se aplica para resolver que cosas de la vida específicamente? Siguiendo el orden establecido por Marx, para resolver en primer lugar, la lucha de clases, motor de la historia. Esta requiere la explicación científica de la explotación, que es a su vez; la causa de la lucha de clases. Esta explotación tiene dos causas: la plusvalía y la acumulación progresiva del capital. Se soluciona así en segundo lugar, la necesidad del movimiento obrero para combatir la explotación del proletariado. La necesidad del movimiento obrero lleva a su vez, a la inevitable socialización del proceso de producción (expropiación y fin de la propiedad privada) y esta a su vez, soluciona la necesidad científica de las bases objetivas de la revolución. La solución a este orden injusto la da Marx En el tomo I de “El Capital”. Alli deduce que la explotación de los “expropiadores”, es el resultado inevitable y definitivo de la plusvalía y de la acumulación progresiva del capital. Dicho de otro modo, el materialismo científico plantea una solución determinista, mecanicista y economicista de la vida humana y expresado de esa forma fue resistido y combatido porque exigía y planteaba además, como única alternativa de transformación social, la violencia.
1.- (NUEVO) MATERIALISMO. Para el materialismo, al no reconocer una causa, superior, distinta y anterior al hombre, transforma a éste, en la suprema realidad del universo. Marx afirma tajantemente; “La filosofía no lo oculta. Hace suya la profesión de fe de Prometeo: “¡En una palabra, odio a todos los dioses!". Y opone esta divisa a todos los dioses del cielo y de la tierra que no reconozcan como suprema divinidad a la autoconciencia humana. Esta no tolera rival". Este pensamiento Gramsci lo acepta sin problema. Sin embargo, tal vez lo más ilustrativo como expresión del materialismo comunista y que Gramsci considera burdo, como de manual de colegio, sean los conceptos de F. Engels quien asegura: “La materia es lo primario y es de por sí en consecuencia, el concepto general”; “la materia es increada”, “la materia es eterna”, “la materia está en permanente movimiento, evolución o autodesarrollo”; “todo es materia”; “el automovimiento se origina por la lucha de las contradicciones que anidan en el seno de la materia” etc. Durante el régimen soviético, la propaganda antirreligiosa llega incluso a los absurdos materialistas más grotescos, que podrían servir perfectamente para el libreto de una tétrica comedia de humor negro. Por ejemplo, “…Nikita kruschev declaraba en 1964 en Budapest: hemos enviado a Gagarín para ver donde podía estar metido el Dios de los creyentes; no encontró nada. La cuestión está terminada.” Por la misma fecha salen en el diario “Le monde”, las declaraciones de la “cosmonauta” Valentina Terechkova, quien afirma que “no es posible aliar convicciones religiosas y pilotaje de aviones supersónicos”. Más adelante señala que “Las Sagradas Escrituras afirman que el reino celestial está situado en el jardín del paraíso en el cielo (sic). Nuestros cosmonautas han efectuado numerosas revoluciones alrededor del planeta y no descubrieron esos jardines celestes”.
Volviendo a los conceptos nombrados más arriba y que definen el materialismo ideológico hasta ese entonces, Gramsci establecerá sobre el mismo, el primer punto de inflexión que desde ahora en adelante modificará radicalmente todo el proceso revolucionario. Partiendo por identificar al cristianismo como el freno que impide la concientización ideológica del proletariado, seguirá afirmando que puesto que Europa es cristiana, la gran responsable de la construcción de la identidad cultural y sostén por tanto del orden valórico y socio económico, es la iglesia católica. En efecto, la iglesia es quien transmite el sentido de “TRASCENDENCIA” de la vida y de espiritualidad de la misma. Por lo tanto, frente a este sentido espiritual cristiano de la vida, Gramsci se pregunta cómo antítesis radical… ¿Qué es el materialismo? Y la respuesta que da es la siguiente: “MATERIALISMO ES TODO LO QUE SE OPONE AL ESPÍRITU”. Vemos aquí en esta redifinición del materialismo, no una síntesis de una especulación filosófica, sino que una nueva y evolucionada consigna revolucionaria como síntesis de un pensamiento práctico, que nos lleva a volver a señalar lo afirmado más atrás; se debe concebir al comunismo como “un sistema de pensamiento estratégico” no como un reduccionismo del mismo, sino como un atributo propio de su naturaleza inferido de una de las tres definiciones que su autor K.Mark emplea para denominarlo: una guía para la acción.
2.- (NUEVO) ANTICRISTIANISMO: De este modo, Gramsci supera no solo un materialismo burdo y de manual como el descrito, sino que al mismo tiempo, afirma que ese “tipo” de materialismo se había transformado en una especie de realidad externa al hombre, anterior y superior a él, con rígidos principios dogmáticos tal como la irrealidad del mundo espiritual que la iglesia propaga, por lo tanto, le resta toda eficacia para combatir a la religión su principal y mortal enemigo. Es así, que para lograr el objetivo estratégico de una efectiva “descristianización” de las masas , para Gramsci pasa por re significar el concepto ideológico del materialismo y codificarlo en función de un nuevo objetivo estratégico como fuente de una nueva praxis revolucionaria y no esgrimirlo como parte de un “catecismo revolucionario” que era enseñado para repetirlo de memoria; lo que lo convertía en prácticamente “letra muerta” y es así que opone a la noción de “trascendencia” de la vida, un nuevo materialismo que se debe expresar en el sentido “inmanente” de la vida. Y siendo ahora el “materialismo inmanente” la categoría suprema que explica toda la realidad, marxismo pasa a ser sinónimo de “inmanencia”, es decir, de un sentido “terrenal” absoluto de la vida en todo orden de cosas y que se debe expresar en una nueva forma de vida, no en una nueva forma de producción. Como dato curioso debemos señalar que el concepto “inmanente”, no existe en ningún diccionario soviético del materialismo filosófico. El término fue asumido recién en los años 90 como resultado precisamente del revisionismo inspirado en Gramsci.
3.- (NUEVA) LUCHA DE CLASES. Para el marxismo la lucha de clases viene a ser el motor de la historia. Por lo tanto, la clave de la historia está en el conflicto que se produce entre clases opresoras y clases oprimidas. La vida humana además, en su totalidad se explica, justifica, desarrolla, adquiere sentido, valor y finalidad, de acuerdo a la naturaleza de las relaciones de explotación económica mediante las cuales el hombre satisface sus necesidades. Sin embargo, el origen y la naturaleza de ese conflicto vital fue reformulado por Gramnsci y marca el segundo gran punto de inflexión que este ideólogo provoca en la teoría marxista. En efecto, para Marx el desarrollo de toda sociedad depende de la relación entre la infraestructura y la superestructura. Para Marx, la infraestructura es todo el conjunto de materiales y relaciones económicas de producción (economía), que vienen a ser los fundamentos del funcionamiento y desarrollo de la sociedad y al mismo tiempo; el soporte que condiciona los componentes de la superestructura, es decir, en la superestructura se encuentran como resultado o producto de la infraestructura, el Estado capitalista y sus instituciones, la familia, la iglesia (cristiana por supuesto), las universidades, el sistema político demócrata burgués, etc. En otras palabras, sobre el sistema de propiedad capitalista se levanta todo el sistema de relaciones sociales, por lo tanto, es en primer lugar la relación social de la producción económica la que explica todo el andamiaje del resto del entramado político, ideológico, social y el conjunto de ideas y creencias de tipo religioso, jurídico y filosófico, entre otras.
Por lo tanto, el triunfo de la revolución para Marx está en la expropiación y el control por parte de la clase obrera de los medios de producción y el quiebre de la economía capitalista y las instituciones que la sostienen en la infraestructura (bancos, FF.AA. policía, etc.) y que son la fuente del poder de la clase burguesa y como resultado de este “quiebre y expropiación” de la economía y los medios de producción en la mencionada infraestructura, la superestructura terminará derrumbándose al no existir ya la base que es su sustento. El gran hito estratégico del antiguo modelo revolucionario entonces, que es el requisito fundamental para el triunfo de la revolución y la transformación de una sociedad demócrata burguesa a una de “clase y socialista”, lo constituye el cambio “por la fuerza revolucionaria” de una economía capitalista a una comunista. Y este cambio por supuesto solo es posible por medio de la implementación de una de dos estrategias o la combinación de ambas. La “vía armada” al poder por medio del aparato militar del Partido Comunista o la “vía democrática” donde las armas están subordinadas al “proyecto democrático” y se usan para corregir o acelerar el proceso revolucionario de toma definitiva del poder. En síntesis, la máxima teórica que explica la razón de ser y la dinámica de este modelo antiguo revolucionario es “quien controla la economía controla la ideología”. Pero para Gramsci la toma del poder político es su preocupación central y el motivo que guía todas sus disquisiciones ideológicas, por lo que de su reformulación de la superestructura nacerá la consigna “quien controla la cultura controla la ideología” como veremos en seguida.
Si Trotsky, F. Engels -y con ellos otros teóricos del antiguo modelo revolucionario- siguiendo rigurosamente a Marx sostiene el primero que: “Las ideas religiosas, como las demás, nacen en el terreno de las condiciones materiales de la vida”. El segundo por su parte afirmará que “Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte o religión”. Por su parte, Gramsci diferirá substancialmente de todos ellos y sostendrá que;
1.- No se debe absolutizar el rol de la economía como el único y más importante campo revolucionario, pues no siempre la naturaleza de las ideas religiosas u otras, junto con los cambios sociales, políticos, ideológicos e históricos están determinados por la modificación en la naturaleza de las condiciones materiales de la vida social o lo que es lo mismo, en las relaciones de explotación y producción económicas. El orden social entonces, no está subordinado ni mucho menos nace de la naturaleza de la propiedad capitalista u otra, sino de la naturaleza de las ideas hegemónicas dominantes.
2.- Niega que la relación entre “infraestructura y superestructura” sea de causa y efecto. Es decir, que la existencia de una infraestructura económica sea la causa única y necesaria, del origen de una superestructura “político-ideológica”. De esta forma invierte los factores y pone el acento de la revolución en una nueva jerarquía…desde arriba hacia abajo, de la superestructura a partir del ambiente de la cultura hasta llegar a la infraestructura y todas sus expresiones formales siendo las últimas las económicas y político estatales.
De esta forma, Gramsci revaloriza la superestructura que en Marx es secundaria y accidental y establece una nueva guerra de clases no ya de naturaleza económica ni en la infraestructura; y lo hace, bajo la interacción de dos grandes instituciones de la superestructura a las que les otorga un original papel: la sociedad política y la sociedad civil.
Es así que la sociedad civil está constituida por “la totalidad de los organismos que comúnmente se denominan privados”. Estos organismos como la iglesia, la escuela y todos los medios de expresión cultural, son los que difunden el pensamiento “hegemónico doctrinario” y su rol es precisamente establecer dicha hegemonía de las clases dominantes sobre la sociedad en su conjunto, logrando de esta forma, la adhesión y el control de las masas a una determinada concepción del hombre, el Estado, el gobierno, ciertos valores afines y la misma estructura social, pues “enseñan a pensar” y reproducen por medio de la cultura, las categorías del pensamiento necesarias para en función de una determinada concepción de la realidad (espiritual-trascendente) justificar y sostener el orden establecido.
Por su parte, la sociedad política está constituida por todas aquellas instituciones “públicas” necesarias para sostener “coercitivamente”, esto es; por medio de la fuerza legal, el orden establecido. Es decir, componen la sociedad política entre otras instituciones, los tribunales de justicia, las FF.AA. y la policía. Gramsci determina que a la sociedad política le corresponde “La función del ‘dominio directo’ o del mando, que se expresa en el Estado y en el gobierno ‘jurídico’. De tal modo, que el rol de “coacción por el uso legal de la fuerza” que le corresponde a la sociedad política, es en función de complementar o asegurar el rol “hegemónico doctrinario” de las instituciones de la sociedad civil. Para Gramsci “entre la base económica y el Estado con su legislación y su aparato coercitivo, se encuentra la sociedad civil” y es precisamente en el seno de la sociedad civil donde se produce la confrontación de las ideas que definirán el rumbo de la misma. En consecuencia, quien logre vencer en esta disputa ideológica, logrará crear una sociedad a “su imagen y semejanza doctrinaria”.
De esta manera, como ya lo hemos mencionado, se producen una serie de modificaciones cardinales en la esencia misma del proceso revolucionario, en su forma tradicional de dinámica de la praxis, en el sujeto-objeto de la revolución y en la superación de la “lucha de clases” por una nueva forma de guerra social. Algunas de estas innovaciones más importantes son las siguientes:
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El eje de la revolución es desplazado desde “una clase social” –el proletariado- a la sociedad “civil” en su conjunto y de la cual la clase obrera forma parte. Y junto con la cual además, el proletariado recibe el mismo adoctrinamiento ideológico por parte de las instituciones de sociedad civil. Por lo tanto, se hace imperativo la “liberación” de la sociedad en su conjunto para liberar por medio de este amplio e integral proceso revolucionario, a la clase obrera en particular. Ya no se trata entonces de liberar en primer lugar a una clase social…el proletariado, de la explotación económica; sino de liberar al conjunto de la sociedad civil de la “opresión cultural” que le imponen las instituciones culturales y que genera y sostiene el modelo económico opresivo.
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El obrero es desplazado del eje de la revolución en cuanto sujeto y objeto de la misma y la economía deja de ser por antonomasia el campo revolucionario de la teoría y praxis del proceso de liberación del hombre. En su reemplazo, surge el “ciudadano” como ente social básico de la sociedad, el cual es determinado por el contexto cultural que le es impuesto desde “arriba” por las instituciones del poder hegemónico de la sociedad civil. El medio ambiente cultural de esta forma, pasa a ser en nuevo campo donde se debe desarrollar toda la dinámica y las categorías ideológicas del nuevo modelo revolucionario.
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Por medio de este nuevo materialismo inmanente el hombre “ciudadano” debe tomar conciencia en primer lugar, no de su clase; si no de sí mismo y su realidad. De esta manera, el primer ejercicio revolucionario es la “auto emancipación” cultural condición sine qua non para la consecuente “autodeterminación” política que debe ir desde el plano personal al colectivo. En este sentido se entienden las nuevas categorías sexuales, homosexualismo, lesbianismo, etc.; la política de género; el indigenismo; el empoderamiento de la mujer, el aborto y el feminismo entre muchas otras nuevas prácticas revolucionarias. Esta dimensión subjetiva de la praxis revolucionaria por parte de los agentes subversivos de la revolución, será profundizada por la Escuela de Frankfurt y llevada a sus últimas expresiones filosóficas por los teóricos deconstruccionistas franceses.
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La guerra de clases se transforma en una “guerra social” total que encubre bajo las formas de “sociedad política” a las clases adineradas; la burguesía, y en la “sociedad civil” a las clases asalariadas, el proletariado. Es así que el triunfo de la revolución ya no pasa por una confrontación directa de clases determinada por el control de los medios de producción económicos; sino por el control de los medios de transmisión cultural que moldean la realidad que el ciudadano vive cotidianamente y asimila como buena, legítima y verdadera de acuerdo a las categorías del pensamiento que explican su “propia” naturaleza, el orden socio-económico, la moral que debe practicar, la naturaleza del gobierno que lo rige y las instituciones por medio de las cuales desarrolla la particularidad de su “ser”.
¿Es por lo tanto el creador del marxismo cultural o fue más bien Marcusse y la Escuela de Frankfurt?
Que la escuela de Frankfurt sea el principal órgano de desarrollo del marxismo cultural, no lo hace acreedor de la idea en su gestación. Tal idea no es más que patrimonio de Gramsci. Ahora, que hayan acrecentado este patrimonio estratégico revolucionario explorando todas sus posibilidades, es lo único que les pertenece.
En efecto, el nuevo enfoque de la lucha antirreligiosa y cultural, lo obtiene Gramsci no profundizando el marxismo ateo. Su formación ideológica comunista “tradicional” ya estaba completada y cerrada. Había viajado a la URSS y entablado contacto con Lenin, Trotsky y Stalin, los grandes prohombres que gestaron la revolución bolchevique de 1917. Sino estudiando en primer lugar, a la iglesia y el rol que le cupo en la formación de la Civilización Occidental a la que le dio su impronta y nombre… Cristiana. En consecuencia, es lógico que afirme con absoluta seguridad, que “El mundo civilizado ha sido saturado de cristianismo durante dos mil años”. Y que infiera desde allí una nueva forma de guerra revolucionaria: “Por ello, una tal cultura, basada en tal religión, sólo puede ser vencida desde dentro.” Este es el punto de partida del que se origina el impulso que orientará en segundo lugar, la necesidad de estudiar y profundizar la teoría marxista y el materialismo. Y de allí saldrá su reformulación ideológica del “materialismo inmanente”, su nuevo concepto de superestructura, de la nueva “formalidad” de la lucha de clases, y por último, la hegemonía cultural como sustento del poder político y la necesaria guerra de posiciones como movimiento táctico tendiente a lograr el objetivo de alcanzar posiciones de poder de hegemonía ideológica cultural, cuyo fin último; es el desplazamiento y la sustitución de la creencia cristiana dominante, por un nuevo comunismo radical, despojado de todo materialismo “dogmático”, mecanicista, mesiánico y economicista, que será desarrollado en profundidad más tarde por la Escuela de Frankfurt y específicamente por los teóricos franceses.
José Uribe Fritz. Analista politico con más de 30 años de trabajo de investigación teórico práctica sobre el pensamiento político moderno. Especialista en el proceso de renovación ideológica del marxismo y su nuevo modelo revolucionario de matriz gramsciana socio cultural inmanente. Con diversos trabajos de análisis politológico publicados desde hace 15 años en Argentina, España, Ecuador y otros países de hispanoamérica.
Dicta regularmente un curso de “Metodología de análisis y decodificación ideológica", como así mismo el taller “El desarrollo histórico teológico de la revolución”, enfocado al público en general sobre el pensamiento revolucionario moderno desde el humanismo renacentista hasta el progresismo y neomarxismo actuales. Y un taller enfocado a los padres llamado “Ideología, cultura y familia", donde se abordan las ideas y la simbología revolucionaria exitencialistas, relativistas y satanistas entre otras, asimiladas por niños y jóvenes por medio de las distintas expresiones artísticas modernas divulgadas en la música, cine, televisión, anime, moda, etc.
¿Se podría afirmar que Gramsci reformuló de nuevo el marxismo?
La respuesta a esta interrogante pasa por establecer una proposición que afirma una certeza política y derriba un mito ideológico al mismo tiempo. Sin embargo, existe un tercer elemento a contemplar y que puede ser considerado como la llave maestra que permitirá acceder a una solución plena de lógica y sentido práctico a esta interrogante.
Ese tercer elemento no es más que la tan recurrente crítica dialéctica marxista.
En efecto, sin un conocimiento fidedigno de la crítica como piedra angular, no ya de la especulación intelectual filosófica marxista, sino como veremos, del pensamiento práctico marxista, no es posible entender que sigue vigente en la teoría marxista, que fue reformulado y que nació de esa reformulación. En este mismo sentido cabe refrendar que el comunismo desarrolla una teoría ideológica para informar una praxis revolucionaria que tiene como fin modificar de raíz la realidad humana y social al mismo tiempo. Y en esta indisoluble unidad de teoría y praxis, se encuentra la clave que nos da la importancia de la crítica y de Gramsci como elementos fundamentales en el rediseño del proceso revolucionario comunista.
Al respecto, existe un arsenal tanto de teóricos marxistas como de trabajos especulativos sobre la crítica y su función. Y antes de darle la palabra a algunos de sus más señeros teóricos, nosotros afirmamos a riesgo de ser simplistas para los exigentes, que la crítica no es más que la pieza intelectual, la única por cierto; que produce el desarrollo y el movimiento del proceso revolucionario, porque permite corregir dicho proceso y redireccionarlo al depurarlo de sus errores.
Retomando la proposición hecha al principio diremos que esta consiste en afirmar sin asomo de duda alguna; que la reformulación de los principios ideológicos del marxismo, no es más que una profundización ideológica estratégica de los mismos y no una renuncia a los mismos o para mayor abundancia, no es tampoco asumir categorías políticas democráticas ajenas a la teoría y doctrina marxista. Tal cosa como afirmar que el socialismo se puede democratizar, equivale a afirmar que una cosa puede contradecirse a sí misma y seguir existiendo siendo idéntica a sí misma. Dicho en otras palabras, el marxismo a lo que sí renunció fue a una “teoría estratégica” y a un “modelo revolucionario” que evidentemente fracasaron en su intento de modificar de raíz la realidad, pero eso no significa bajo ninguna circunstancia que renunció a su “objetivo ideológico” de modificar de raíz la realidad.
Vayamos ahora a los teóricos fundamentales del marxismo para entender qué es la crítica para la teoría del “socialismo científico” para así aclarar completamente las recientes afirmaciones. En primer lugar, apenas transcurridos 20 años de la muerte de K. Marx, Rosa Luxemburgo ante la “crítica” sobre la falta de desarrollo del marxismo, ya aseguraba que “Esta arma nueva y espléndida se herrumbra por falta de uso; la teoría del materialismo histórico está tan incompleta y fragmentaria como nos la dejaron sus creadores cuando la formularon por primera vez. No puede afirmarse, pues, que la rigidez y el acabado de la estructura marxista sean la explicación de que sus herederos no hayan proseguido la edificación”. En el mismo sentido afirmaba que “No es cierto que Marx ya no satisface nuestras necesidades. Por el contrario, nuestras necesidades todavía no se adecúan a la utilización de las ideas de Marx”. Por otro lado, augura que “Debemos recordar que cada época forma su propio material humano; que si un periodo realmente exige exponentes teóricos, el periodo mismo creará las fuerzas necesarias para la satisfacción de esa exigencia”.
Lenin por su lado afirma con toda su autoridad de gurú de la estrategia revolucionaria; que “La crítica tiene que limitarse a comparar y contrastar un hecho no con la idea, sino con otro hecho”. Es decir, la crítica nunca debe cuestionar la validez o legitimidad de una norma revolucionaria; sino que la naturaleza de los hechos que deben plasmar de manera adecuada la idea en la praxis como forma correcta de modificación de la realidad. Hugo Chávez como riguroso leninista sentencia por su parte que “La autocrítica debe ser para revisar, para rectificar y para re impulsar siempre la revolución dentro de ella misma”.
Finalmente, para cerrar esta parte introductoria sobre la crítica y sin la cual es imposible entender la obra revisionista de Gramsci, debemos citar a quien precisamente propició los vientos de cambio que hicieron posible la masificación de la nueva estrategia gramsciana de modificación de la realidad, nos referimos a M. Gorbachov. Gorbachov al igual que Chavez no solo es también un riguroso leninista en lo que respecta a la teoría revolucionaria, sino que además; un rescatador salamero de la figura de Lenin a quien define como “un ejemplo imperecedero de elevada fuerza moral”. Gorbachov comienza más que aclarando, haciendo una advertencia a ese Occidente democrático que lo recibió con los brazos abiertos como si fuera uno de los suyos y le dice en su cara. “Hay en Occidente quienes creen que hemos implementado nuestras reformas para dejar de ser socialistas, que no se equivoquen; porque nuestras reformas son para profundizar nuestro socialismo”. Sobre Lenin asegura que “Las obras de Lenin y sus ideales del socialismo siguieron siendo para nosotros una fuente inextinguible de pensamiento dialéctico creativo, riqueza teórica y sagacidad política”. Y afirma además que “derribando todas las barreras levantadas por académicos y dogmáticos, el interés de Lenin y la sed de conocerlo mejor en el original crecieron a medida que se acumulaban los fenómenos negativos en la sociedad”.
Precisamente en la acumulación de esos fenómenos negativos en la sociedad, es de donde surge la necesidad de la crítica externa sobre “las condiciones objetivas de la revolución” (Lenin) por parte de la teoría marxista y la autocrítica sobre cuanto había influido efectivamente dicha teoría en la aplicación del socialismo científico sobre esas condiciones objetivas sobre las cuales el proceso revolucionario descargaba toda su praxis.
Estos fenómenos negativos los podemos traducir, en una primera etapa revolucionaria, como los sonados fracasos de la expansión del comunismo soviético al resto de la Europa Occidental y cuyo resumen es el siguiente:
1.- 1919 Fracaso de la República de los soviets húngaros.
2.- 1919 Fracaso de la República de los soviets de Baviera.
3.- 1919-1921 Fracaso de la invasión soviética a Polonia.
Ante estas derrotas políticas, ideológicas y militares, el cuestionamiento natural que surgió, fue preguntarse ¿Porqué el comunismo fracasó en su intento de expansión, cuales fueron las “causas objetivas” que frenaron dicha expansión? Dos ideólogos entran aquí a elaborar las primeras reflexiones; G. Lukács y A. Gramsci. El primero, ministro de propaganda y cultura de la efímera República de los soviets húngaros, afirma que el freno que contuvo la expansión del materialismo dialéctico fue “ese “hombre que está en la cruz”, a quien hay “que bajar de esa cruz y humanizarlo”. Vemos en esta afirmación el germen teórico de lo que más adelante se conocería como “la teología de la liberación”. Por su parte, Gramsci da cuenta de otra causa objetiva: “las masas proletarias son profundamente cristianas, viven insertas en una sociedad y cultura cristianas desarrolladas durante 19 siglos”. Bajo estos mismos malos auspicios para la expansión del comunismo, es que se funda en Frankfurt Alemania, la Escuela de Frankfurt, llamada Instituto de Investigación Social que tiene objeto de su ser una sola cosa; ”repensar el marxismo”.
Frente a estos hechos históricos insoslayables, se impone entonces la necesaria autocrítica y la revisión obligada de la estrategia revolucionaria y quien lo hace en mayor profundidad y más acierto es sin duda Gramsci y quien lo profundiza a su vez, es su camarada de juventud P. Togliatti, ese gran desconocido que complementa a Gramsci desarrollando un pensamiento completamente afín al de su camarada.
En síntesis, Gramsci es la fuente en la que beberán la gran mayoría de teóricos de tercera generación para desarrollar un nuevo modelo teórico revolucionario. Algunos, deshonestos, como F. Guattari quien desarrolla su “revolución molecular” sin mencionar que la “idea” de lo “molecular” es de Gramsci, quien sugiere un proceso revolucionario de “movimientos sociales moleculares”.
Una última aclaración o reiteración sobre la crítica antes de terminar. El desarrollo de la crítica tiene como objeto, desarrollar a su vez; la teoría científica del marxismo manteniéndose siempre dentro del marxismo. El progreso ideológico está al interior del marxismo, en profundizarlo, no en abrirse hacia afuera y asumir algo distinto. Lo único que queda afuera del marxismo y sujeto a renuncia, son las formas y sujetos revolucionarios que mostraron ineficacia en la encarnación práctica de la teoría, lo que Lenin denomina como “los agentes subversivos del cambio epocal”.
En fin, el llamado frente a una realidad europea post Revolución Rusa adversa y que se resiste a cambios substanciales, es a revisar la teoría revolucionaria, de tal manera de hacer que el comunismo con su visión diametralmente opuesta al cristianismo, sea digerible para las masas cristianas, presentando postulados materialistas reacondicionados que propicien el abandono voluntario de la creencia y práctica cristiana y su reemplazo por una visión del hombre y del mundo anticristianas primero, acristianas más tarde y por último derechamente demoníacas, sin generar la consabida resistencia que lleva al cristiano a preferir el martirio, antes que renunciar a su fe. Fidel Castro, siendo rigurosamente gramsciano lo dijo sin pelos en la lengua en 1994 frente a una audiencia de estudiantes en la Universidad de la Habana: “Bien sabemos nosotros que la sangre de los mártires es semilla que crea nuevos mártires, pero nosotros no haremos mártires, haremos apóstatas, miles y miles de apóstatas”.
Teniendo en claro todos estos antecedentes ¿cual es entonces el aporte de Gramsci a la reformulación del marxismo?
Primero Gramsci es rigurosamente marxista y lo que hace con respecto a ciertas ideas marxistas, es simplemente darle una vuelta de tuerca, no renuncia a ellas, solo las reformula de acuerdo al contexto histórico y sustrato sociocultural donde deben ser aplicadas, reordenándolas y redefiniéndolas como veremos en seguida, para que así adecuadas a una realidad nacional adquieran toda su eficacia. En síntesis, Gramsci profundiza ideológicamente en el marxismo, dándole una nueva interpretación a ciertos postulados, reestructurando otros dentro del esquema superestructura vs estructura y llevando otros a una depuración tal, que simplifica enormemente algunos aspectos de la práctica revolucionaria. Así, el comunismo deja de ser inflexible, dogmático y una extensión de los intereses del PC soviético ruso; y una vez liberado de esa carga rígida de “un país, un socialismo”, “un partido, una revolución”, “una vanguardia, una clase social”, se concentra no en la conquista del mundo, sino en la decontrucción de cada nación en particular, la que es tomada como una hegemonía específica nacional con su sistema de creencias y cultura propias, sobre la cual no debe aplicarse un socialismo uniforme obligando a esa sociedad a entrar con fórceps a ese modelo teórico socialista de transformación radical de la realidad, generando con ello resistencia por la visibilidad abierta de dominio y control social por parte del pensamiento único y el gobierno único del único Estado revolucionario posible como fueron “los socialismos reales” tras la cortina de hierro o el mismísimo Estado soviético ruso.
¿Por qué la religión es la causa primera de la renovación ideológica del marxismo?
La obra de Gramsci junto a las de otros teóricos de la renovación marxista, se desarrolla en torno a una inquietud histórica coyuntural de extrema importancia, como lo fue el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia en 1917. El éxtasis y la euforia que provocó el nacimiento del primer Estado comunista de la historia, fue poco a poco cediendo paso a la perplejidad al constatar que las masas proletarias del resto de Europa, no solo no seguían el impulso revolucionario soviético inicial y no se levantaban contra sus opresores, sino que se oponían con sus vidas al comunismo. ¿Qué había sucedido? ¿Porque no se había encendido la llama de la revolución en el resto de estos países con un proletariado industrial enorme? Los dos intentos calcados de exportar la revolución de los soviets bolcheviques a Europa Occidental después de una efímera existencia, son decididamente aplastados primero en Baviera, Alemania y luego en Hungría, ambos en el año de 1919. ¿Cuál había sido el freno que detuvo el impulso arrollador del octubre rojo soviético? La respuesta a la causa del freno contra revolucionario no es otra que el cristianismo que penetraba a las masas proletarias, les daba el sustento ideológico para el significado de la vida y para el orden social y moral, impidiéndoles de esta manera abrazar en toda su integridad el materialismo de la doctrina comunista.
La creciente articulación del pensamiento revolucionario de Gramsci, la Escuela de Frankfurt y otros teóricos, por una parte, es provocada por la realidad de una Europa profundamente cristiana y por otro; la constatación de la inutilidad de las consignas materialistas ateas que no logran permear el entendimiento humano. Esta circunstancia última no es menor, pues da cuenta del garrafal error ideológico doctrinario de poner el énfasis en la eliminación de la fe, de Dios y de la iglesia por decreto. Es decir, la ley revolucionaria obliga a doblegar la voluntad humana para que no ejecute acto alguno religioso externo. Ya lo gritaban los comunistas y anarquistas durante la guerra civil española: “ninguna cruz del pie, ningún hombre de rodillas”. Pero este voluntarismo dejaba libre la primera potencia del alma, el entendimiento, donde Dios es sostenido por la fuerza racional de las ideas. De allí la importancia de retomar a Marx, volver a sus escritos filosóficos para ver de que manera Marx abarca el problema de la religión y al mismo tiempo retomar a Lenin como el gran referente estratégico en la aplicación práctica del marxismo. Y aquí se nos impone una aclaración puntual y necesaria. El gran error en el análisis político de la mayoría de quienes estudian el comunismo, es hacerlo omitiendo una premisa fundamental sobre el mismo; el comunismo debe ser visto y analizado como “un sistema de pensamiento estratégico”. Y algunas consignas “tácticas” de Lenin respecto al desarrollo estratégico de la guerra revolucionaria son por ejemplo, “primero debemos persuadir, después obligar”; “conservad la cáscara, pero vaciad el contenido”. Y una que particularmente retomará Gramsci; “evitad las discusiones acerca de la existencia de Dios, simplemente difamad a la iglesia”. Estas consignas y muchas otras que sería largo citar, fueron aplicadas a la guerra contra Dios, la religión y la doctrina católica. Y lo fueron en el sentido en que Marx en una inequívoca sentencia llena de sentido estratégico define al comunismo, como “una guía para la acción”. En este caso, una guía para desarrollar una nueva forma de luchar contra la religión, el gran, único y mayor obstáculo para el éxito en la transformación del mundo por parte de la revolución.
Volviendo a Marx, este afirma sin dejar duda alguna, “Mi filosofía tiene por punto de partida la abolición resuelta y positiva de la religión. La crítica de la religión es la condición preliminar de toda crítica”. “El opio del pueblo”es decir, la religión -afirma también Marx- es alienación porque en primer lugar, desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano, el mundo de la finitud expresado en la vida social y económica (materialismo).Y en segundo lugar, porque es una invención humana que consuela al hombre de los sufrimientos en este mundo, disminuye la capacidad revolucionaria para transformar la auténtica causa del sufrimiento (que hay que situar en la explotación económica de una clase por otra) y lo más importante… LEGITIMIZA DICHA OPRESIÓN.
En síntesis, la alienación de la religión para Marx que Gramsci conoce a la perfección, consiste en la siguiente argumentación: puesto que la religión orienta la actividad humana fuera de la realidad y de la existencia concreta material del hombre hacia algo que es de por sí irreal, el hombre se desvaloriza a sí mismo y por consiguiente subordina todo el valor de lo humano incluido su origen y destino, a una supuesta realidad espiritual trascendente y divina, que no es más que una invención del hombre. Al respecto, Marx es claro al señalar que “no es Dios quien crea al hombre sino el hombre el que crea a Dios”. Se produce entonces, la postergación y desviación a la solución de lo apremiante de las necesidades materiales de la vida del hombre, hacia un mundo espiritual que no solo carece de sustento real para su existencia en el sentido que es contrario a lo “razonable”, sino que además, es “ilegítimo” en el sentido moral de lo “justo” pues carece de la intención y voluntad de otorgar justicia, igualdad y felicidad plena al hombre en el presente, por medio de una clara determinación de modificar el orden político, social y económico opresor, explotador y culpable. Por lo tanto, la religión en vez de centrar su actividad en aquello que produce el sufrimiento humano para “liberar” al hombre, contribuye a su sometimiento al prometer soluciones en un mundo “irreal”, en un “más allá espiritual” hacia el cual el hombre no trascenderá nunca. De esta forma, lo único que obtiene el hombre es un falso “consuelo” a las penurias que le toca vivir. Finalmente la crítica a la religión se hace más específica y afirma que ésta, se inclina con todo el peso de su autoridad moral, concepción del mundo y la realidad, a favor del orden existente al ponerse de lado de las clases dominantes opresoras justificando de esta forma, la injusticia, la opresión y el sometimiento de las clases desposeídas; por medio de principios teológico doctrinales y morales. Lenin lo expresa en forma categórica afirmando que “todas las formas de religión son órganos de reacción burguesa llamados a defender la explotación de la clase obrera… la opresión religiosa es una de las formas de consolidar la explotación económica”.
En resumen, podemos afirmar que el mayor error del modelo revolucionario soviético, fue no haber enfrentado con éxito a su enemigo principal; Dios y la religión y en cambio; haber dado primacía al “materialismo científico” como fuente del supuesto necesario que explica al hombre y al mundo, dejando sin tocar el otro supuesto como opción conocida y válida para asumir; el espíritu y la sobrenaturalización de la vida con lo sagrado en cada acto cotidiano. Este error será corregido especialmente por Gramsci y desarrollado en mayor profundidad por la Escuela de Frankfurt y su cáfila de teóricos sociales, del lenguaje, del poder, de la sexualidad. Aprendieron una lección evangélica simple; no es posible reformar la sociedad sin reformar al hombre primero. Es decir, reconocieron el orden ontológico que existe en la creación y que en tal orden; el hombre es la fuente de los accidentes metafísicos sociales como son, la familia, la comunidad de vida y de trabajo, la sociedad, el gobierno y el Estado. El hecho es que en cualquier tiempo como H. Belloc señala “la doctrina de una creencia forma la naturaleza de los hombres y que las naturalezas así formadas determinan el futuro de la sociedad constituida por esos hombres”.
Cortados los lazos sobrenaturales del hombre con Dios, el orden natural cae irremisiblemente; modificadas las categorías trascendentales del pensamiento metafísico que informan al entendimiento humano, el hombre adquiere otra conciencia de si mismo, luego por extensión, todo cambiará en la sociedad.
En síntesis -tanto para Marx como para Gramsci- la religión es el principal impedimento para la vida plena del hombre en la tierra. Al respecto Gramsci afirmará ya en el inicio de sus estudios sobre la religión; que “el hombre moderno puede y debe vivir sin religión, y yo entiendo sin religión revelada, o positiva o mitológica, o como se quiera. Este punto me parece todavía hoy la mayor contribución a la cultura mundial de los intelectuales italianos modernos; me parece una CONQUISTA CIVIL que no debe ser perdida”.
¿Cuales son las tres ideas fuerza marxistas y cómo las reformula?
Las tres ideas fuerzas del marxismo son; el materialismo como causa final, la lucha de clases causa eficiente del movimiento o desarrollo humano y el cristianismo como causa formal que impide dicho progreso.
Para el marxismo bien es sabido que la matriz de su pensamiento es el materialismo, específicamente el materialismo científico descubierto por K. Marx y con el cual se resuelven todos los problemas del hombre y del mundo; porque a fin de cuentas, no es más que una cosmovisión que explica precisamente el origen, naturaleza, forma, atributos y fin tanto del hombre como del mundo. La concepción materialista científica de la historia es la única forma de concebir la realidad y su dialéctica la única especulación intelectual para inteligir la realidad, transformándola así, en una guía y método infalible para enfrentar y asumir la vida en su integridad. Pero ¿se aplica para resolver que cosas de la vida específicamente? Siguiendo el orden establecido por Marx, para resolver en primer lugar, la lucha de clases, motor de la historia. Esta requiere la explicación científica de la explotación, que es a su vez; la causa de la lucha de clases. Esta explotación tiene dos causas: la plusvalía y la acumulación progresiva del capital. Se soluciona así en segundo lugar, la necesidad del movimiento obrero para combatir la explotación del proletariado. La necesidad del movimiento obrero lleva a su vez, a la inevitable socialización del proceso de producción (expropiación y fin de la propiedad privada) y esta a su vez, soluciona la necesidad científica de las bases objetivas de la revolución. La solución a este orden injusto la da Marx En el tomo I de “El Capital”. Alli deduce que la explotación de los “expropiadores”, es el resultado inevitable y definitivo de la plusvalía y de la acumulación progresiva del capital. Dicho de otro modo, el materialismo científico plantea una solución determinista, mecanicista y economicista de la vida humana y expresado de esa forma fue resistido y combatido porque exigía y planteaba además, como única alternativa de transformación social, la violencia.
1.- (NUEVO) MATERIALISMO. Para el materialismo, al no reconocer una causa, superior, distinta y anterior al hombre, transforma a éste, en la suprema realidad del universo. Marx afirma tajantemente; “La filosofía no lo oculta. Hace suya la profesión de fe de Prometeo: “¡En una palabra, odio a todos los dioses!". Y opone esta divisa a todos los dioses del cielo y de la tierra que no reconozcan como suprema divinidad a la autoconciencia humana. Esta no tolera rival". Este pensamiento Gramsci lo acepta sin problema. Sin embargo, tal vez lo más ilustrativo como expresión del materialismo comunista y que Gramsci considera burdo, como de manual de colegio, sean los conceptos de F. Engels quien asegura: “La materia es lo primario y es de por sí en consecuencia, el concepto general”; “la materia es increada”, “la materia es eterna”, “la materia está en permanente movimiento, evolución o autodesarrollo”; “todo es materia”; “el automovimiento se origina por la lucha de las contradicciones que anidan en el seno de la materia” etc. Durante el régimen soviético, la propaganda antirreligiosa llega incluso a los absurdos materialistas más grotescos, que podrían servir perfectamente para el libreto de una tétrica comedia de humor negro. Por ejemplo, “…Nikita kruschev declaraba en 1964 en Budapest: hemos enviado a Gagarín para ver donde podía estar metido el Dios de los creyentes; no encontró nada. La cuestión está terminada.” Por la misma fecha salen en el diario “Le monde”, las declaraciones de la “cosmonauta” Valentina Terechkova, quien afirma que “no es posible aliar convicciones religiosas y pilotaje de aviones supersónicos”. Más adelante señala que “Las Sagradas Escrituras afirman que el reino celestial está situado en el jardín del paraíso en el cielo (sic). Nuestros cosmonautas han efectuado numerosas revoluciones alrededor del planeta y no descubrieron esos jardines celestes”.
Volviendo a los conceptos nombrados más arriba y que definen el materialismo ideológico hasta ese entonces, Gramsci establecerá sobre el mismo, el primer punto de inflexión que desde ahora en adelante modificará radicalmente todo el proceso revolucionario. Partiendo por identificar al cristianismo como el freno que impide la concientización ideológica del proletariado, seguirá afirmando que puesto que Europa es cristiana, la gran responsable de la construcción de la identidad cultural y sostén por tanto del orden valórico y socio económico, es la iglesia católica. En efecto, la iglesia es quien transmite el sentido de “TRASCENDENCIA” de la vida y de espiritualidad de la misma. Por lo tanto, frente a este sentido espiritual cristiano de la vida, Gramsci se pregunta cómo antítesis radical… ¿Qué es el materialismo? Y la respuesta que da es la siguiente: “MATERIALISMO ES TODO LO QUE SE OPONE AL ESPÍRITU”. Vemos aquí en esta redifinición del materialismo, no una síntesis de una especulación filosófica, sino que una nueva y evolucionada consigna revolucionaria como síntesis de un pensamiento práctico, que nos lleva a volver a señalar lo afirmado más atrás; se debe concebir al comunismo como “un sistema de pensamiento estratégico” no como un reduccionismo del mismo, sino como un atributo propio de su naturaleza inferido de una de las tres definiciones que su autor K.Mark emplea para denominarlo: una guía para la acción.
2.- (NUEVO) ANTICRISTIANISMO: De este modo, Gramsci supera no solo un materialismo burdo y de manual como el descrito, sino que al mismo tiempo, afirma que ese “tipo” de materialismo se había transformado en una especie de realidad externa al hombre, anterior y superior a él, con rígidos principios dogmáticos tal como la irrealidad del mundo espiritual que la iglesia propaga, por lo tanto, le resta toda eficacia para combatir a la religión su principal y mortal enemigo. Es así, que para lograr el objetivo estratégico de una efectiva “descristianización” de las masas , para Gramsci pasa por re significar el concepto ideológico del materialismo y codificarlo en función de un nuevo objetivo estratégico como fuente de una nueva praxis revolucionaria y no esgrimirlo como parte de un “catecismo revolucionario” que era enseñado para repetirlo de memoria; lo que lo convertía en prácticamente “letra muerta” y es así que opone a la noción de “trascendencia” de la vida, un nuevo materialismo que se debe expresar en el sentido “inmanente” de la vida. Y siendo ahora el “materialismo inmanente” la categoría suprema que explica toda la realidad, marxismo pasa a ser sinónimo de “inmanencia”, es decir, de un sentido “terrenal” absoluto de la vida en todo orden de cosas y que se debe expresar en una nueva forma de vida, no en una nueva forma de producción. Como dato curioso debemos señalar que el concepto “inmanente”, no existe en ningún diccionario soviético del materialismo filosófico. El término fue asumido recién en los años 90 como resultado precisamente del revisionismo inspirado en Gramsci.
3.- (NUEVA) LUCHA DE CLASES. Para el marxismo la lucha de clases viene a ser el motor de la historia. Por lo tanto, la clave de la historia está en el conflicto que se produce entre clases opresoras y clases oprimidas. La vida humana además, en su totalidad se explica, justifica, desarrolla, adquiere sentido, valor y finalidad, de acuerdo a la naturaleza de las relaciones de explotación económica mediante las cuales el hombre satisface sus necesidades. Sin embargo, el origen y la naturaleza de ese conflicto vital fue reformulado por Gramnsci y marca el segundo gran punto de inflexión que este ideólogo provoca en la teoría marxista. En efecto, para Marx el desarrollo de toda sociedad depende de la relación entre la infraestructura y la superestructura. Para Marx, la infraestructura es todo el conjunto de materiales y relaciones económicas de producción (economía), que vienen a ser los fundamentos del funcionamiento y desarrollo de la sociedad y al mismo tiempo; el soporte que condiciona los componentes de la superestructura, es decir, en la superestructura se encuentran como resultado o producto de la infraestructura, el Estado capitalista y sus instituciones, la familia, la iglesia (cristiana por supuesto), las universidades, el sistema político demócrata burgués, etc. En otras palabras, sobre el sistema de propiedad capitalista se levanta todo el sistema de relaciones sociales, por lo tanto, es en primer lugar la relación social de la producción económica la que explica todo el andamiaje del resto del entramado político, ideológico, social y el conjunto de ideas y creencias de tipo religioso, jurídico y filosófico, entre otras.
Por lo tanto, el triunfo de la revolución para Marx está en la expropiación y el control por parte de la clase obrera de los medios de producción y el quiebre de la economía capitalista y las instituciones que la sostienen en la infraestructura (bancos, FF.AA. policía, etc.) y que son la fuente del poder de la clase burguesa y como resultado de este “quiebre y expropiación” de la economía y los medios de producción en la mencionada infraestructura, la superestructura terminará derrumbándose al no existir ya la base que es su sustento. El gran hito estratégico del antiguo modelo revolucionario entonces, que es el requisito fundamental para el triunfo de la revolución y la transformación de una sociedad demócrata burguesa a una de “clase y socialista”, lo constituye el cambio “por la fuerza revolucionaria” de una economía capitalista a una comunista. Y este cambio por supuesto solo es posible por medio de la implementación de una de dos estrategias o la combinación de ambas. La “vía armada” al poder por medio del aparato militar del Partido Comunista o la “vía democrática” donde las armas están subordinadas al “proyecto democrático” y se usan para corregir o acelerar el proceso revolucionario de toma definitiva del poder. En síntesis, la máxima teórica que explica la razón de ser y la dinámica de este modelo antiguo revolucionario es “quien controla la economía controla la ideología”. Pero para Gramsci la toma del poder político es su preocupación central y el motivo que guía todas sus disquisiciones ideológicas, por lo que de su reformulación de la superestructura nacerá la consigna “quien controla la cultura controla la ideología” como veremos en seguida.
Si Trotsky, F. Engels -y con ellos otros teóricos del antiguo modelo revolucionario- siguiendo rigurosamente a Marx sostiene el primero que: “Las ideas religiosas, como las demás, nacen en el terreno de las condiciones materiales de la vida”. El segundo por su parte afirmará que “Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte o religión”. Por su parte, Gramsci diferirá substancialmente de todos ellos y sostendrá que;
1.- No se debe absolutizar el rol de la economía como el único y más importante campo revolucionario, pues no siempre la naturaleza de las ideas religiosas u otras, junto con los cambios sociales, políticos, ideológicos e históricos están determinados por la modificación en la naturaleza de las condiciones materiales de la vida social o lo que es lo mismo, en las relaciones de explotación y producción económicas. El orden social entonces, no está subordinado ni mucho menos nace de la naturaleza de la propiedad capitalista u otra, sino de la naturaleza de las ideas hegemónicas dominantes.
2.- Niega que la relación entre “infraestructura y superestructura” sea de causa y efecto. Es decir, que la existencia de una infraestructura económica sea la causa única y necesaria, del origen de una superestructura “político-ideológica”. De esta forma invierte los factores y pone el acento de la revolución en una nueva jerarquía…desde arriba hacia abajo, de la superestructura a partir del ambiente de la cultura hasta llegar a la infraestructura y todas sus expresiones formales siendo las últimas las económicas y político estatales.
De esta forma, Gramsci revaloriza la superestructura que en Marx es secundaria y accidental y establece una nueva guerra de clases no ya de naturaleza económica ni en la infraestructura; y lo hace, bajo la interacción de dos grandes instituciones de la superestructura a las que les otorga un original papel: la sociedad política y la sociedad civil.
Es así que la sociedad civil está constituida por “la totalidad de los organismos que comúnmente se denominan privados”. Estos organismos como la iglesia, la escuela y todos los medios de expresión cultural, son los que difunden el pensamiento “hegemónico doctrinario” y su rol es precisamente establecer dicha hegemonía de las clases dominantes sobre la sociedad en su conjunto, logrando de esta forma, la adhesión y el control de las masas a una determinada concepción del hombre, el Estado, el gobierno, ciertos valores afines y la misma estructura social, pues “enseñan a pensar” y reproducen por medio de la cultura, las categorías del pensamiento necesarias para en función de una determinada concepción de la realidad (espiritual-trascendente) justificar y sostener el orden establecido.
Por su parte, la sociedad política está constituida por todas aquellas instituciones “públicas” necesarias para sostener “coercitivamente”, esto es; por medio de la fuerza legal, el orden establecido. Es decir, componen la sociedad política entre otras instituciones, los tribunales de justicia, las FF.AA. y la policía. Gramsci determina que a la sociedad política le corresponde “La función del ‘dominio directo’ o del mando, que se expresa en el Estado y en el gobierno ‘jurídico’. De tal modo, que el rol de “coacción por el uso legal de la fuerza” que le corresponde a la sociedad política, es en función de complementar o asegurar el rol “hegemónico doctrinario” de las instituciones de la sociedad civil. Para Gramsci “entre la base económica y el Estado con su legislación y su aparato coercitivo, se encuentra la sociedad civil” y es precisamente en el seno de la sociedad civil donde se produce la confrontación de las ideas que definirán el rumbo de la misma. En consecuencia, quien logre vencer en esta disputa ideológica, logrará crear una sociedad a “su imagen y semejanza doctrinaria”.
De esta manera, como ya lo hemos mencionado, se producen una serie de modificaciones cardinales en la esencia misma del proceso revolucionario, en su forma tradicional de dinámica de la praxis, en el sujeto-objeto de la revolución y en la superación de la “lucha de clases” por una nueva forma de guerra social. Algunas de estas innovaciones más importantes son las siguientes:
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El eje de la revolución es desplazado desde “una clase social” –el proletariado- a la sociedad “civil” en su conjunto y de la cual la clase obrera forma parte. Y junto con la cual además, el proletariado recibe el mismo adoctrinamiento ideológico por parte de las instituciones de sociedad civil. Por lo tanto, se hace imperativo la “liberación” de la sociedad en su conjunto para liberar por medio de este amplio e integral proceso revolucionario, a la clase obrera en particular. Ya no se trata entonces de liberar en primer lugar a una clase social…el proletariado, de la explotación económica; sino de liberar al conjunto de la sociedad civil de la “opresión cultural” que le imponen las instituciones culturales y que genera y sostiene el modelo económico opresivo.
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El obrero es desplazado del eje de la revolución en cuanto sujeto y objeto de la misma y la economía deja de ser por antonomasia el campo revolucionario de la teoría y praxis del proceso de liberación del hombre. En su reemplazo, surge el “ciudadano” como ente social básico de la sociedad, el cual es determinado por el contexto cultural que le es impuesto desde “arriba” por las instituciones del poder hegemónico de la sociedad civil. El medio ambiente cultural de esta forma, pasa a ser en nuevo campo donde se debe desarrollar toda la dinámica y las categorías ideológicas del nuevo modelo revolucionario.
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Por medio de este nuevo materialismo inmanente el hombre “ciudadano” debe tomar conciencia en primer lugar, no de su clase; si no de sí mismo y su realidad. De esta manera, el primer ejercicio revolucionario es la “auto emancipación” cultural condición sine qua non para la consecuente “autodeterminación” política que debe ir desde el plano personal al colectivo. En este sentido se entienden las nuevas categorías sexuales, homosexualismo, lesbianismo, etc.; la política de género; el indigenismo; el empoderamiento de la mujer, el aborto y el feminismo entre muchas otras nuevas prácticas revolucionarias. Esta dimensión subjetiva de la praxis revolucionaria por parte de los agentes subversivos de la revolución, será profundizada por la Escuela de Frankfurt y llevada a sus últimas expresiones filosóficas por los teóricos deconstruccionistas franceses.
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La guerra de clases se transforma en una “guerra social” total que encubre bajo las formas de “sociedad política” a las clases adineradas; la burguesía, y en la “sociedad civil” a las clases asalariadas, el proletariado. Es así que el triunfo de la revolución ya no pasa por una confrontación directa de clases determinada por el control de los medios de producción económicos; sino por el control de los medios de transmisión cultural que moldean la realidad que el ciudadano vive cotidianamente y asimila como buena, legítima y verdadera de acuerdo a las categorías del pensamiento que explican su “propia” naturaleza, el orden socio-económico, la moral que debe practicar, la naturaleza del gobierno que lo rige y las instituciones por medio de las cuales desarrolla la particularidad de su “ser”.
¿Es por lo tanto el creador del marxismo cultural o fue más bien Marcusse y la Escuela de Frankfurt?
Que la escuela de Frankfurt sea el principal órgano de desarrollo del marxismo cultural, no lo hace acreedor de la idea en su gestación. Tal idea no es más que patrimonio de Gramsci. Ahora, que hayan acrecentado este patrimonio estratégico revolucionario explorando todas sus posibilidades, es lo único que les pertenece.
En efecto, el nuevo enfoque de la lucha antirreligiosa y cultural, lo obtiene Gramsci no profundizando el marxismo ateo. Su formación ideológica comunista “tradicional” ya estaba completada y cerrada. Había viajado a la URSS y entablado contacto con Lenin, Trotsky y Stalin, los grandes prohombres que gestaron la revolución bolchevique de 1917. Sino estudiando en primer lugar, a la iglesia y el rol que le cupo en la formación de la Civilización Occidental a la que le dio su impronta y nombre… Cristiana. En consecuencia, es lógico que afirme con absoluta seguridad, que “El mundo civilizado ha sido saturado de cristianismo durante dos mil años”. Y que infiera desde allí una nueva forma de guerra revolucionaria: “Por ello, una tal cultura, basada en tal religión, sólo puede ser vencida desde dentro.” Este es el punto de partida del que se origina el impulso que orientará en segundo lugar, la necesidad de estudiar y profundizar la teoría marxista y el materialismo. Y de allí saldrá su reformulación ideológica del “materialismo inmanente”, su nuevo concepto de superestructura, de la nueva “formalidad” de la lucha de clases, y por último, la hegemonía cultural como sustento del poder político y la necesaria guerra de posiciones como movimiento táctico tendiente a lograr el objetivo de alcanzar posiciones de poder de hegemonía ideológica cultural, cuyo fin último; es el desplazamiento y la sustitución de la creencia cristiana dominante, por un nuevo comunismo radical, despojado de todo materialismo “dogmático”, mecanicista, mesiánico y economicista, que será desarrollado en profundidad más tarde por la Escuela de Frankfurt y específicamente por los teóricos franceses.















