Prioridad nacional
Voy a reflexionar sobre mi país. Como siempre estableciendo una escala de valores, irrenunciables. Recordando las nuevas generaciones de los DERECHOS HUMANOS cuando se convierten en el amparo que sostiene a los Derechos que definen la ciudadanía -fuente de derechos- Y así recurro a los clásicos del pensamiento científico. El malestar en la cultura es un ensayo de Sigmund Freud publicado en 1930. Este trabajo, en conjunto con Psicología de las masas y análisis del yo que había escrito en 1921, se reconoce entre las obras más relevantes de Freud en el área de la psicología social y se considera uno de los textos críticos más influyentes del siglo xx en ciencias sociales.
El tema principal de la obra es el irremediable antagonismo existente entre las exigencias pulsionales y las restricciones impuestas por la cultura. Es decir, una contradicción entre la cultura y las pulsiones donde rige lo siguiente: mientras la cultura intenta instaurar unidades sociales cada vez mayores, restringe para ello el despliegue y la satisfacción de las pulsiones sexuales y agresivas, transformando una parte de la pulsión agresiva en sentimiento de culpa. Por eso, la cultura genera insatisfacción y sufrimiento. Cuanto más se desarrolla la cultura, más crece el malestar.
Lo que antecede me lleva a sospechar que tan sólo la cultura nos hace críticos con la gestión del poder y libres con herramientas que nos permiten "vacunarnos" de la pandemia social que denominamos MANIPULACION. Y así recurro a otro de mis autores de cabecera.
Ortega considerará que la vida del individuo está compuesta por dos elementos que se relacionan de manera dinámica e interdependiente. Por un lado, un «yo» o personaje íntimo que busca realizarse, y, por otro, una «circunstancia» en la cual este personaje podrá o no volverse efectivo. Por esta razón, la vida humana no puede pensarse nunca como algo estático sino como un proyecto que exige a cada instante su realización. En ese sentido, el filósofo afirmará en varias oportunidades que el hombre no tiene naturaleza sino historia. La circunstancia es, en rigor, aquel mundo vital en que se halla inmerso el individuo. Allí se encuentra, por un lado, con su cuerpo y su alma; por otro, con aquel mundo físico o paisaje que lo envuelve; pero, en gran medida, lo que el individuo halla es la cultura y el tiempo en que vive. En ellos se topa con usos vigentes, creencias, opiniones, modos de sentir, costumbres, valoraciones, que lo conducirán todos ellos a adoptar una determinada sensibilidad ante el mundo y la vida. Ninguno de estos elementos depende de que él los acepte, sino que ya se encuentran allí y se le imponen como realidades con las que, quiera o no, tiene que contar. Ortega se refiere a todo este sistema como «vida colectiva» y considera que constituye el factor más importante de la circunstancia.
Muchas veces recurro al pasado para encontrar respuestas que me gustaría proyectar en presente. Tener muy claro quien somos. Que nadie nos lo tenga que dibujar o manipular con la inteligencia artificial. Y desde ese yo, surge la personalidad. Esa herramienta mental que me permite sobre ponerme a las manipulaciones, masificaciones y modas interesadas. Desde luego siempre con la mala intención de anularnos como personas, ciudadanos, sujetos de derecho, humanos más que humanoides, libre pensadores o versos libres irreductibles por conocimiento y análisis desde nuestra cultura. Quizá por esto último lo primero que esos tiranos que hace unos días señaló el Santo Padre lo primero que combaten es la cultura. Aun no habiendo leído a los clásicos algo les dice que no hay ser más peligroso que un ciudadano/a culto.
En el año 2002, el escritor francés Sylvain Timsit publicó un decálogo de las estrategias que son utilizadas con mayor frecuencia por los medios de comunicación y por las élites políticas para manipular a las masas. Fomentar la distracción. Es un proceso que puede ser fácilmente utilizado como una estrategia para desviar la atención de los conflictos políticos o económicos. Crear los problemas y también las soluciones. Apelar a la gradualidad. Aplicar los cambios que son importantes de manera gradual, para que las reacciones públicas y políticas sean igualmente graduales y más fáciles de contener. Hacer diferir y dejar para mañana. Apelar más a las emociones que a la reflexión. Reconocer al otro como ignorante y mediocre. Promover la complacencia en la mediocridad. Reforzar autoculpabilidad. Conocer a las personas mejor de lo que ellas mismas se conocen. Infantilizar al interlocutor.
Lamentablemente los debates en Las Cortes y otros Parlamentos la preparación y la dialéctica de los oradores que se suponen son la oposición al sanchismo, provablemente ni conocen lo que digo antes, y así las sesiones de tales Cámaras son un grosero espectáculo dónde prima el insulto sobre el argumento, hecho que sin duda beneficia al gran actor del sainete que no es otro que Pedro Sanchez.
Por si fuera poco lo dicho hasta el calendario le favorece. Las guerras y las excentricidades de Donald Trumpo, ponen los dispositivos audiovisuales como herramientas para distraer al personal de los auténtico, de la ideología, de las excelencias del sistema democrático. Y así hasta ciertos mensajes son eficaces. ¡No a la guerra!. Nadie en su sano juicio y cargado de moral puede querer la guerra. Pero, ¿al tal Sanchez de verdad le importan las guerras o tan sólo son la cortina de humo en la que se envuelve retóricamente para que no se le vean los descosidos de las mentiras y la corrupción?.
Alguien debería poner un anuncio. " SE BUSCA ESPAÑOL CULTO Y HONESTO QUE NOS SAQUE DEL INFAME PATIO DE VECINOS TIPO SALVAME O AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA ".
Voy a reflexionar sobre mi país. Como siempre estableciendo una escala de valores, irrenunciables. Recordando las nuevas generaciones de los DERECHOS HUMANOS cuando se convierten en el amparo que sostiene a los Derechos que definen la ciudadanía -fuente de derechos- Y así recurro a los clásicos del pensamiento científico. El malestar en la cultura es un ensayo de Sigmund Freud publicado en 1930. Este trabajo, en conjunto con Psicología de las masas y análisis del yo que había escrito en 1921, se reconoce entre las obras más relevantes de Freud en el área de la psicología social y se considera uno de los textos críticos más influyentes del siglo xx en ciencias sociales.
El tema principal de la obra es el irremediable antagonismo existente entre las exigencias pulsionales y las restricciones impuestas por la cultura. Es decir, una contradicción entre la cultura y las pulsiones donde rige lo siguiente: mientras la cultura intenta instaurar unidades sociales cada vez mayores, restringe para ello el despliegue y la satisfacción de las pulsiones sexuales y agresivas, transformando una parte de la pulsión agresiva en sentimiento de culpa. Por eso, la cultura genera insatisfacción y sufrimiento. Cuanto más se desarrolla la cultura, más crece el malestar.
Lo que antecede me lleva a sospechar que tan sólo la cultura nos hace críticos con la gestión del poder y libres con herramientas que nos permiten "vacunarnos" de la pandemia social que denominamos MANIPULACION. Y así recurro a otro de mis autores de cabecera.
Ortega considerará que la vida del individuo está compuesta por dos elementos que se relacionan de manera dinámica e interdependiente. Por un lado, un «yo» o personaje íntimo que busca realizarse, y, por otro, una «circunstancia» en la cual este personaje podrá o no volverse efectivo. Por esta razón, la vida humana no puede pensarse nunca como algo estático sino como un proyecto que exige a cada instante su realización. En ese sentido, el filósofo afirmará en varias oportunidades que el hombre no tiene naturaleza sino historia. La circunstancia es, en rigor, aquel mundo vital en que se halla inmerso el individuo. Allí se encuentra, por un lado, con su cuerpo y su alma; por otro, con aquel mundo físico o paisaje que lo envuelve; pero, en gran medida, lo que el individuo halla es la cultura y el tiempo en que vive. En ellos se topa con usos vigentes, creencias, opiniones, modos de sentir, costumbres, valoraciones, que lo conducirán todos ellos a adoptar una determinada sensibilidad ante el mundo y la vida. Ninguno de estos elementos depende de que él los acepte, sino que ya se encuentran allí y se le imponen como realidades con las que, quiera o no, tiene que contar. Ortega se refiere a todo este sistema como «vida colectiva» y considera que constituye el factor más importante de la circunstancia.
Muchas veces recurro al pasado para encontrar respuestas que me gustaría proyectar en presente. Tener muy claro quien somos. Que nadie nos lo tenga que dibujar o manipular con la inteligencia artificial. Y desde ese yo, surge la personalidad. Esa herramienta mental que me permite sobre ponerme a las manipulaciones, masificaciones y modas interesadas. Desde luego siempre con la mala intención de anularnos como personas, ciudadanos, sujetos de derecho, humanos más que humanoides, libre pensadores o versos libres irreductibles por conocimiento y análisis desde nuestra cultura. Quizá por esto último lo primero que esos tiranos que hace unos días señaló el Santo Padre lo primero que combaten es la cultura. Aun no habiendo leído a los clásicos algo les dice que no hay ser más peligroso que un ciudadano/a culto.
En el año 2002, el escritor francés Sylvain Timsit publicó un decálogo de las estrategias que son utilizadas con mayor frecuencia por los medios de comunicación y por las élites políticas para manipular a las masas. Fomentar la distracción. Es un proceso que puede ser fácilmente utilizado como una estrategia para desviar la atención de los conflictos políticos o económicos. Crear los problemas y también las soluciones. Apelar a la gradualidad. Aplicar los cambios que son importantes de manera gradual, para que las reacciones públicas y políticas sean igualmente graduales y más fáciles de contener. Hacer diferir y dejar para mañana. Apelar más a las emociones que a la reflexión. Reconocer al otro como ignorante y mediocre. Promover la complacencia en la mediocridad. Reforzar autoculpabilidad. Conocer a las personas mejor de lo que ellas mismas se conocen. Infantilizar al interlocutor.
Lamentablemente los debates en Las Cortes y otros Parlamentos la preparación y la dialéctica de los oradores que se suponen son la oposición al sanchismo, provablemente ni conocen lo que digo antes, y así las sesiones de tales Cámaras son un grosero espectáculo dónde prima el insulto sobre el argumento, hecho que sin duda beneficia al gran actor del sainete que no es otro que Pedro Sanchez.
Por si fuera poco lo dicho hasta el calendario le favorece. Las guerras y las excentricidades de Donald Trumpo, ponen los dispositivos audiovisuales como herramientas para distraer al personal de los auténtico, de la ideología, de las excelencias del sistema democrático. Y así hasta ciertos mensajes son eficaces. ¡No a la guerra!. Nadie en su sano juicio y cargado de moral puede querer la guerra. Pero, ¿al tal Sanchez de verdad le importan las guerras o tan sólo son la cortina de humo en la que se envuelve retóricamente para que no se le vean los descosidos de las mentiras y la corrupción?.
Alguien debería poner un anuncio. " SE BUSCA ESPAÑOL CULTO Y HONESTO QUE NOS SAQUE DEL INFAME PATIO DE VECINOS TIPO SALVAME O AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA ".

















